Per què serveix la geografia?

               Todos creen que la geografía no es más que una disciplina escolar y universitaria cuya función consiste en ofrecer los elementos de una descripción del mundo, en una determinada concepción " desinteresada" de la cultura llamada general... ¿Cuál puede ser, en caso contrario, la utilidad de esas migajas heteróclitas de las lecciones que hemos aprendido en el instituto? Las regiones de la cuenca parisina, los macizos de los Prealpes del Norte, la altitud del Mont Blanc, la densidad de población de Bélgica y Holanda, los deltas del Asia de los monzones, el clima bretón, longitud-latitud y usos horarios, los nombres de las principales cuencas hulleras de la URSS y los de los grandes lagos americanos, la industria textil del Norte, etc. ¿Para qué sirve todo esto?
       Una disciplina molesta pero en último término facilona, pues como todos saben " en geografía no hay nada que entender, basta con la memoria"... En cualquier caso, desde hace unos años los alumnos no quieren ni oír hablar de esas lecciones que enumeran, en cada país o en cada región, relieve-clima-ríos-vegetación-población-agricultura-ciudades-industrias. Es posible que antes sirviera de algo, pero ahora ¿acaso la televisión, las revistas ilustradas y los diarios no presentan mejor los países al compás de la actualidad, y el cine no muestra mucho mejor los paisajes?
       Pues bien, la geografía sirve, de entrada, para hacer la guerra. En realidad, la función ideológica esencial del discurso de la geografía escolar y universitaria ha sido sobretodo enmascarar, mediante unos procedimientos que no son evidentes, la utilidad práctica del análisis del espacio, tanto fundamentalmente para la dirección de la guerra, como para la organización del Estado y la práctica del poder. La proeza ha consistido en hacer pasar un saber estratégico militar y político por un discurso pedagógico o  científico totalmente inofensivo. Las consecuencias de este engaño son graves.

Adaptació, Yves Lacoste, La Geografía: un arma para la guerra, p. 5 a 9, 1976

La cartografia

               Se calcula que los mapas existen desde hace casi unos 5.000 años, y desde hace casi unos 3.000 el planisferio constituye la base principal de la concepción que el ser humano tiene del mundo. Filósofos, astrónomos, historiadores, papas y matemáticos dibujaron mapas del mundo antes de que existieran los cartógrafos.
               Todos ellos asumieron totalmente la confección de mapas desde la era de los grandes descubrimientos geográficos -que pasó a ser la época de la conquista y la explotación del mundo por los europeos-, y con su autoridad de expertos bloquearon el progreso de la cartografía.
               Desde que, hace más de 400 años, Mercator elaboró el planisferio correspondiente a la era de la hegemonía europea, los cartógrafos conservan esta concepción eurocéntrica del mundo, ya largamente desfasada, y procuran mantenerla vigente mediante arreglos cosméticos.
               Pero, a pesar, de que el avance de la historia ya ha dejado muy atrás semejante imagen del mundo, el gremio de los cartógrafos, con sus teorías basadas en la veja imagen de la Tierra, es incapaz de elaborar esa representación nueva y paritaria que constituye la única base cartográfica válida en nuestra época de igualdad entre todos los pueblos.
               La nueva cartografía supone una verdadera revolución porque consigue superar todas las ideologías que hasta hoy condicionaban los diferentes planisferios que se han elaborado. Su primera aplicación práctica es el nuevo planisferio (proyección Peters).

Adaptació, Arno Peters, La nueva cartografía, p. 121 i 122, 1992

El fals mapamundi

               La línea del ecuador no atraviesa por la mitad el mapamundi que aprendimos en la escuela. Hace más de medio siglo, el investigador alemán Arno Peters advirtió esto que todos habían mirado pero que nadie había visto: el rey de la geografía estaba desnudo.
               El mapamundi que nos enseñaron otorga dos tercios al norte y un tercio al sur. Europa es, en el mapa, más extensa que América latina, aunque en realidad América latina duplica la superficie de Europa. La India parece más pequeña que Escandinavia, aunque es tres veces mayor. Estados Unidos y Canadá ocupan, en el mapa, mas espacio que África, y en la realidad apenas llegan a las dos terceras partes del territorio africano.
               El mapa miente. La geografía tradicional roba el espacio, como la economía imperial roba la riqueza, la historia oficial roba la memoria y la cultura formal roba la palabra.


Eduardo Galeano, Patas Arriba