El nacionalisme italià
       Som un poble de 21 o 22 milions d'homes, designats des de temps immemorial sota un mateix nom -el poble italià-, enclosos entre els límits naturals més preciosos que Déu ha traçat mai, el mar i les muntanyes més altes d'Europa; parlem la mateixa llengua, tenim les mateixes creences, els mateixos costums, els mateixos hàbits, i estem orgullosos del passat polític, científic i artístic més gran que es coneix de la història europea. No tenim bandera, ni nom polític, ni rang entre les nacions europees. Ens trobem desmembrats els uns dels altres, sense aliança, sense unitat d'objectius, sense relació organitzada. No hi ha llibertat ni d'impremta, ni d'associació, ni de paraula, ni de petició col.lectiva, ni d'introducció de llibres estrangers, ni d'educació, ni de res. Un d'aquests estats, que té un extensió corresponent a la quarta part de la península, pertany a Àustria; els altres en sofreixen cegament la influència.
Mazzini, Itàlia, Àustria i el Papa, 1845


El "volksgeist"
       Puesto que el hombre nace de una raza y dentro de ella, su cultura, educación y mentalidad tienen carácter genético. De ahí esos caracteres nacionales tan peculiares y tan profundamente impresos en los pueblos más antiguos que se perfilan tan inequívocamente en toda su actuación sobre la tierra. Así como la fuente se enriquece con los componentes, fuerzas activas y sabor propios del suelo de donde brotó, así también el carácter de los pueblos antiguos se originó de los rasgos raciales, la región que habitaban, el sistema de vida adoptado y la educación, como también de las ocupaciones preferidas y las hazañas de su temprana historia que le eran propias. Las costumbres de los mayores pentraban profundamente y servían al pueblo de sublime modelo.

J.G.Herder, Ideas para una Filosofía de la Historia de la Humanidad, 1784-1791

       El nacionalisme alemany
       He ahí con toda claridad y plenamente expresada nuestra descripción del pueblo alemán. Su rasgo distintivo es la creencia en algo primario, absoluto, original que existe en el hombre mismo, en la libertad y el progreso moral infinitos, en el perpetuo perfeccionamiento de nuestra raza; en todo lo cual no creen los otros pueblos y aun les parece ser evidente todo lo contrario. (...) En la nación que hasta nuestros días se ha llamado propiamente pueblo, o sea alemán, la colectiviad ha mantenido hasta hoy el progreso y la vida; y a esa misma, una filosofía clara por esencia le ofrece ahora un espejo en que ella ve reflejada su propia naturaleza, que la guiaba hasta hoy sin revelarse explícitamente, y ve así a qué se halla destinada por su vocación, a la vez que le propone formarse en ese destino con arte reflexivo y razonado, volviendo a anudar sus alianzas y a cerrar su  propio círculo. Ante ella queda expuesto el principio conforme al cual debe cerrarlo; quienquiera que crea en la cultura del espíritu y en su libertad y desee la eterna permanencia de esa cultura suprasensible mediente la libertad, ése, cualquiera que sea el lugar de su origen y la lengua que hable, pertenece a nuestra raza y será nuestro. Por el contrario, quien crea en la inmovilidad, en el retroceso y en la rutina, y coloque a la cabeza y dirección del mundo una naturaleza muerta, ése, cualquiera que sea el lugar de su nacimiento y el  idioma que hable, será extraño a nosotros y habrá que desear que se aparte completamente de nuestro lado, cuanto antes mejor.

J.G.Fichte, Discursos a la nación alemana, 1807