La unió dinastica: Isabel i Ferran

               La unión de las coronas de los distintos reinos peninsulares en una sola cabeza venía precedida por una tradición histórica y unas relaciones de orden político, a veces amistosas, otras antagónicas. Robusteció la primera el ideal humanista, que resucitó, no ya la España visigótica, tal y como la habían concebido el legitimismo astur o el pensamiento cancilleresco leonés sino la anterior Hispania romana, con su régimen de dos grandes entidades provinciales -la Hispania citerior y la Hispania ulterior -que se amoldaban a la situación territorial legada por la lucha contra los musulmanes.

Jaume Vicens i Vives, Aproximación a la Historia de España, p. 101 i 102, 1960

       
L' aristocràcia castellana durant el regnat del Reis Catòlics

               Tras la fachada de autoritarismo monárquico, tras la aparente sumisión política a la Corona de la nobleza, ésta se irguió, desde sus encomiendas, señoríos y latifundios, como gran dominadora del país, robustecida por continuas concesiones de grandeza, repartos de tierras (las de Granada) y establecimiento de mayorazgos. Estos hechos comprometieron el futuro de la agricultura castellana. La facilidad del negocio lanero, en que tantos intereses económicos había acumulado la aristocracia y tantas soluciones fiscales arbitrado la Corte, determinó la consolidación de los privilegios de la Mesta, con su inevitable secuela de ampliación de eriales y cotos cerrados a la actividad agrícola. Desde 1502 fue preciso tasar los granos, porque la producción del campo no respondía a las necesidades de la población; desde entonces, el espectro del hambre no dejó de amenazar a Castilla.

Jaume Vicens i Vives, Aproximación a la Historia de España, p. 113 i 114, 1960