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WB00726_.gif (618 bytes)Doce "Las Leyes de la vida"

Cuando somos criaturas creemos y estamos convencidos de que la vida consta en decir lo que sentimos; llorar si estamos tristes, reír si la alegría nos invade. Sin miedo fortalecemos ese maravilloso espíritu de
juegos y canciones.

A medida que vamos creciendo el miedo y el desamparo nos invaden y es ahí cuando comenzamos a refugiarnos en "imágenes". Entonces nos convertimos en espejos de aquellos que consideramos "mejores"

Mi ley de vida primera es la ley de la valoración de la "UNICIDAD". Esta unicidad esta profundamente relacionada con nuestro ser y hace que nuestra presencia sea un obsequio para el mundo. Unicidad no de egocentrismo sino en el sentido de dejar de buscar nuestra luz fuera sino más bien, abrir nuestra alma para que el sol resplandeciente que
allí se halla pueda iluminar con su propio color nuestra vida.

El ser único y ser consciente de ello nos abre las puertas a la mayor conquista; nuestro continuo y eterno crecimiento interior. Solo reconociendo nuestro infinito valor podemos reconocer el de otros y a su vez, con valentía e inteligencia, aceptar nuestras propias limitaciones. Nadie verá como nosotros vemos, nadie sentirá como nosotros sentimos y ésta es precisamente nuestra riqueza personal.

Valorándonos llegamos a conocernos más y de ésta forma descubrir y realizar nuestros sueños más profundos, que quizá también sean los más ocultos. Descubrir ésto constituye el verdadero significado de la vida y vale la pena vivir para encontrarlo. El momento y la forma de descubrirlo depende de cada uno y cuando se halla dentro nuestro ya nunca más se vuelve a perder, porque en realidad estuvo siempre allí y lo seguirá estando. La unicidad y su valoración tienen que ver con encontrar este camino que nos conduce a ese sueño o misión que cada uno de nosotros tiene en este mundo.

Solo así dejaremos una huella que pertenece a una serie de huellas que forman nuestro recorrido y que están inmersas en un camino cuya dirección es el fantástico proceso de hacerse persona . Cada una de estas huellas será inigualable porque son de alguien que se animó a ser quien era y que dejo de lado la confusión externa y abrió su alma a la claridad eterna.

El que recorre este camino se encuentra con la autenticidad y lucha por las cosas en las que cree. Y de esta forma tiene un presente pleno y un futuro pleno tambien.

En este proceso de transformación personal nos encontramos con el amor. Esta última es mi segunda ley. El amor es una de las sensaciones más formidables de la vida. Podemos sentir amor y dar amor. Él todo lo puede
porque con su magia trasciende las barreras de todo corazón y llega hasta donde él solo puede llegar. Sentir amor es no sentirse solo; por el contrario es sentirse entero y completo. Sin embargo de nada sirve si
no es expresado porque carece de sentido alguno. Si lo expresamos somos capaces de transmitir nuestra poca o mucha sabiduría desinteresadamente y por el solo hecho de amar.

Quizás una de las cosas mas importantes que encierra el amor es que es infinito y su remuneración es maravillosa; cuanto más amamos más amor recibimos.

La mejor muestra de amor que se puede hacer es procrear o sea continuar y fomentar la acción de este magnifico sentimiento.

La ley de la valoración de la unicidad y la ley del amor son para mi dos de las leyes más importantes de la vida, porque son trascendentes.

Su riqueza quizá no pueda verse en apariencia, pero si dejamos las imágenes de lado y miramos mas allá nos daremos cuenta de que son precisamente aquellas cosas que no se ven las que más importancia tienen. Porque sirven para crecer y para poder soñar con un mañana mejor que aunque por momentos no parezca aproximarse sabemos y tenemos la certeza de que es posible lograrlo.

Nombre: Romina Dziovenas
Edad: 18 años
Munro-Buenos Aires-República Argentina
Escuela: Escuela de Educación Media N º8
Profesora: Liliana Chobabindegui

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WB00726_.gif (618 bytes)Trece "Las leyes de la vida"

De chiquita me recuerdo como una nena con el pelo negro todo lleno de rulos, la cara sucia y trepando a los árboles como otro varoncito más entre mis primos.

Hoy sé que cambié, y hay muchas cosas que ya no siento, como las ganas de volver a trepar algún árbol o el miedo a que mi mamá descubriera que le había cortado el pelo al perro o que había jugado con sus cosméticos. Son cosas que no siento, pero que extraño. Pensar todo lo que maduré en tan poco tiempo, 17 años... y ahora que debo afrontar a las complicaciones  de la vida...

Sin embargo, mi corazón no deja de sentir los cambios, de madurar ante tantos sentimientos, de crecer. Y ésa, para mí, es la ley de la vida más importante; aprender a aceptar los cambios, que nada dura para siempre y que, por consecuencia, todo llega a su final.

¿Pero cómo crecer sin que duela en el corazón? ¿Cómo es más fácil aceptar que algo se termina?

Hace tan sólo una semanas terminé una amistad con una persona a quien quería mucho y sentía que la conocía desde siempre. Pero me equivoqué, y me costó mucho aceptar que se había terminado, hasta que caí en la cuenta de que no valía la pena derramar más lágrimas en ello, porque de algún modo el que se hubiera terminado significaba que algo nuevo iba a comenzar en su lugar.

Así como me sucedió a mí, a todos nos ocurre que hay tropiezos en la vida que nos hacen sentir que ya no importa nada más, que da lo mismo seguir viviendo o morir, y hasta en algunos casos nos hacen creer que lo más seguro es aislarse del mundo y sobrevivir solos el resto de nuestras vidas. Sin embargo, siempre hay una luz al final del túnel, y en este
caso quienes ofician como esa luz son los seres queridos, los amigos, la familia. Porque no hay nada más hermoso que sentir todo ese cariño y esa contención que ellos nos brindan ante nuestro llanto, y esa sensación de desahogo que se experimenta luego de haberse sacado ese "peso" de encima.

Ahora; parece ilógico decir que me peleé con un amigo y recurrí precisamente a otro, por ello debo retractarme y decir que no terminé una amistad, sino que culminé una etapa de mi vida y "crecí un poquito más". Y en consecuencia, una de las formas en que se crece es viviendoetapa a etapa (una por vez, claro).

Es difícil aceptar que se envejece, que el tiempo pasa y que algún día todo se terminará; pero igual de complicado es vivir los desafíos diarios de la vida, como el miedo ante un examen, el desengaño ante una persona en especial, o la muerte de un ser querido; pero son situaciones que el mismo paso del tiempo nos ayuda a superar. Sería hipócrita si
dijera que no le temo a morir, pero la verdad es que le temo a todos los finales en general; y sin embargo la vida no se detiene a consolar mi llanto, sino que continúa su curso y no me espera; situándome ante la elección de dejar que se aleje y quedarme estancada en ese contratiempo que ya no puedo solucionar o seguir peleándola y llegar hasta el final,
cueste lo que cueste.

Con esto no pretendo decir que sea sencillo, puesto que el grado de dificultad de un problema va de acuerdo a la predisposición y voluntad de uno mismo para solucionarlo. Por otro lado, no es bueno darle más importancia de la que merece como tampoco lo es el quitársela; a veces, se llega a un punto de angustia tal que hubiese sido de menor grado si
se hubiera tratado en el momento y con la importacia debida.

Comprendí con el tiempo que lo importante no es el porqué de las cosas, sino que lo que verdaderamente vale es el hecho de vivir, de conocer el magnífico milagro que significa pensar, sentir y crecer. Por último, quisiera aconsejar a aquellos que alguna vez han pasado por alguna situación penosa o complicada: lo que verdaderamente sirve no es
lamentarse de lo sucedido, puesto que el pasado ya se apoderó de ello tal cual está; sino que lo valioso es rescatar por sobre todo qué nos sirvió del inconveniente y aprender de los errores, pues en ello se esconde el arte de crecer...


Nombre: Sabrina Cecilia González
Edad: 17 años
Florida - Buenos Aires - República Argentina
Escuela : Escuela de Educación Media N º8
e-mail: esflorida@ciudad.com.ar
Profesora : Liliana Chobadindegui

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WB00726_.gif (618 bytes)Catorce ¿QUEDA ALGUNA ESPERANZA?

No cabe duda que durante las últimas décadas de este siglo los avances tecnológicos y científicos han sido múltiples y variados. Tampoco se puede negar que todo esto nos ha proporcionado un sin número de comodidades y ventajas.

El rápido desarrollo de los medios de comunicación y transporte han convertido al mundo en una “aldea global”.

Pero también es cierto que la humanidad se ha vuelto más fría y calculadora. En medio de una profunda crisis social, cada individuo atiende su propio “juego”, sin importarle lo que le sucede a los demás. Es así como muchas veces pasamos por alto la gran injusticia que se comete con numerosas cantidades de seres humanos, que, sin tener ninguna
diferencia con nosotros, deben padecer innumerables calvarios.

Un ejemplo claro sería la historia contada por Waris Dirie, ahora convertida en una conocida modelo somalí. En ese país, al este de Africa, se practica sistemáticamente la ablación a las niñas: les cortan el clítoris, los labios menores y mayores. Luego les cosen los muñones dejando una mínima abertura. El 98 % de las mujeres somalíes   son víctimas de esta mutilación, quienes la sufren sin quejarse, a  pesar de las infecciones, las esterilidades y las muertes.  Esto se realiza con el fin de negarles el placer, amparados bajo la  creencia de que las mujeres “tienen entre las piernas cosas muy malas  y sucias y que deben ser suprimidas”.

En otros lugares del mundo reina la guerra. Kosovo está poblado en un  90 % de kosovares de cultura albanesa y un 10 % de cultura serbia.  El presidente Milosevic decidió cambiar el modelo comunista por los nuevos hábitos del nacionalismo serbio y optó por convertir a Kosovo en la cuna de la nación serbia. Pero para lograr su objetivo debía
expulsar al 90 % de la población. Los kosovares albaneses fueron alejados de la administración, la policía y la educación.  Se convirtieron en ciudadanos de segunda y aparecen letreros, como en un hotel, que dicen “Prohibida la entrada a perros y albaneses”. En Marzo de 1998 los serbios comenzaron a incendiar aldeas y a asesinar mujeres y
niños. Ahora, Abril 1999, todos tememos el estallido de una tercera guerra mundial.

Tal es la situación actual del mundo, que se puede llegar a la conclusión de que ya no existe la esperanza y que hay un dominio absoluto de la violencia, la discriminación y la falta de respeto y consideración por el prójimo.

Pero no todo está acabado. Waris Dirie, la modelo somalí, se animó y contó toda la verdad sobre su suplicio en un programa de televisión norteamericano. La ONU la eligió como embajadora para llevar la bandera de combate contra la ablación; para convencer a la gente de que esta práctica, que afecta a más de 120 millones de mujeres en el mundo, es
una verdadera barbarie.

Sally Becker, una inglesa de 37 años y 1,60 metros de estatura, fue la primera occidental que pasó el sitio serbio, incluso antes de que la ONU decidiera intervenir. Su misión: salvar a mujeres y niños de la muerte, sin tener en cuenta que, para lograrlo, corría peligro su propia vida.

Los nombres de estas mujeres quizás no son los más escuchados en los medios de comunicación, como lo son los avances tecnológicos y científicos. Sería bueno que le demos igual importancia a ambos, ya que tiene la misma relevancia. Tomando como ejemplo a estas dos mujeres, cada ser humano sería capaz de aportar una pequeña ayuda que, por más
pequeña que sea, contribuiría a la restauración de la paz, la esperanza y la armonía entre los seres humanos.

Valeria Jones.
IPPI
Gaiman, Chubut, Argentina.

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