Miquel Blay i Fàbregas
Els primers freds



De la obra, Els primers freds, existen dos versiones, la del Museo de Arte Moderno de Barcelona, como podemos observar en las imágenes de abajo, y que están realizada en yeso, y la obra definitiva de 1892, efectuada en bronce, cuyas dimensiones son de 68x50x34 y se encuentra en el Museo regional de la Garrotxa, en Olot.


 

La formación de Miquel Blay i Fàbregas como escultor, comienza a la temprana edad de 14 años en el tallere de escultura religiosa de los hermanos Vayreda, una institución en Olot durante el último cuarto del siglo XIX. Adquiere un gran dominio del dibujo y de la técnica escultórica, creando un arte muy personal lleno de vida y fuerza expresiva. De estal manera, es un autor que destaca en una época decadente en cuanto a las artes plásticas.

Completó su formación en París y Roma entre la última década del XIX y comenzó a trabajar en Madrid y Barcelona, tanto en obras de taller como en proyectos monumentales, como la serie Els primers freds (1892) (Museu d'Art Modern de Barcelona), el  grupo escultórico del Palau de la Música Catalana, Cançó Popular, y la fuente de la plaza de España, entre otras obras. 

La primera de las versiones, la de yeso, responde a la época del idealismo, una corriente potenciada por el entonces influyente Cercle Artístic de Sant Lluc, cuyo escultor más conocido era Josep Llimona. Los personajes aparecen desnudos, lo que dramatiza aún más la escena, y se aprecia de una manera más patente, el contraste entre la figura del anciano, ruda, encorvada, resignada, y hasta patética, con la de la niña, suave, hecha con mimo y buscando la protección del mayor.

El grupo de bronce, es una síntesis entre el realismo, el idealismo, los sentimientos que inspiran los personajes y elementos del arte de Rodin, al que Blay había conocido durante su estancia en París. Aquí la figura del anciano parece más desafiante que en la anterior y el material transmite una mayor sensación de orgullo, que la resignación de la de yeso. Es muy claro el contraste entre el detallismo exagerado del rostro del anciano y la dulce difuminación en la niña, con un modelado muy suave y esfumado en los contornos.

Miquel Blay consigue romper con esta obra el lenguaje tradicional, aquella tradición realista que se mantenía durante todo el siglo XIX.. Aparecen aquí con fuerza el simbolismo y los principios que definen al modernismo, aunque en estas obras nos encontremos con un fuerte componente anecdótico. 

En su estancia en París había conocido las nuevas tendencias de la escultura francesa, el naturalismo social de Meunier, y el idealismo simbolista, por ello su obra se debate, como la de Josep Llimona entre el naturalismo y el idealismo, con los que trata en la misma obra al anciano y a la niña.

 

 
Pàgines de batxillerat humanístic i artístic. Javier Arrimada 2010