PERSPECTIVAS DE FUTURO EN LA ENSEÑANZA SECUNDARIA

DOCUMENTO DE REFLEXIÓN, ANÁLISIS Y PROPUESTAS

 


En las actuales circunstancias, no tendría demasiado sentido establecer diferencias significativas entre los ciclos obligatorios y postobligatorios, entre la llamada ESO y el disminuido bachillerato actual. En efecto, puesto que los problemas y las amenazas son comunes, también deben ser comunes, al menos en numerosos aspectos, las soluciones que se propongan, si bien con distinto énfasis y enfoque.

Y es que parece evidente que las actuales propuestas de alargar el bachillerato, desgraciadamente minoritarias incluso entre los sindicatos de profesores, y con poca receptividad por parte de la tacañería política, no fructificarán. Por tanto, la única prolongación posible del bachillerato, imprescindible además, es hacia atrás, hacia la invasión de los últimos cursos de la ESO y su conquista definitiva en valores, actitudes, en profesionalización del estudiante como tal y apertura real y definitiva de los alumnos a la cultura auténtica, a la que tienen derecho todos por igual, y a la verdadera madurez y responsabilidad. Tampoco son muy separables estos conceptos, pues tanto más libre se es para tomar decisiones que afectan al futuro personal, cuanto más culto, tanto más verdaderamente responsable cuanto más conscientemente enraizado se está en la tierra de la que brota la propia cultura y la propia historia.

Se trata, pues, de extender el espíritu del bachillerato hacia toda la etapa de la secundaria obligatoria, con especial énfasis en el segundo ciclo, pero sin olvidar tampoco que los alumnos de primero y segundo deben romper con la artificial infantilización de que son víctimas y ambicionar cuanto antes alcanzar el máximo de las potencialidades psíquicas y físicas de las que son depositarios y crecientemente responsables únicos.

Pero empecemos por analizar las amenazas que los alumnos, hoy por hoy, afrontan y buena parte de ellos -no seamos falsamente pesimistas- pugnan por evitar, no siempre de manera exitosa:

1. La inmigración. Es un riesgo enorme. No sólo por el carácter masivo y continuado a lo largo del curso, sino también por el enfoque radicalmente erróneo con que se está afrontando el problema por parte de las autoridades. Las actuales aulas de acogida tienen como único y patético horizonte el meramente asistencial y adoctrinador: son un instrumento político al servicio del nacionalismo excluyente sin la más mínima propedéutica de integración efectiva en el sistema- y un elemento de degradación acelerada de los niveles de la enseñanza obligatoria. Ya hemos asistido a ceremonias de la confusión, como claustros o reuniones de curso en las que los profetas de la llamada cohesión social amenazaban con exigir a la larga más asignaturas manipulativas, menor rigor académico y una logsización aún más catastrófica de la sufrida desde mediados de los 90. Todo ello adobado con la pretensión de que los profesores nos convirtamos en empleadillos de ONG que no tienen ningún amor propio profesional sobre sus funciones reales y sus auténticas responsabilidades. Y ello en muchas zonas equivale simplemente a la desaparación de la única posibilidad de mejora cultural y proyección social para la población general, humilde mayoritariamente y desprovista de capacidad compensatoria en la educación de los hijos, si el sistema público acumula aún más pérdidas. Supone a medio plazo la liquidación del bachillerato, en definitiva, y la reconversión de la red pública de enseñanza en funciones meramente asistenciales.
 

2. La contrarreforma logsiana. Ya se percibe en el horizonte, con claridad, el perfil de este segundo jinete del Apocalipsis. Envalentonados por su inmerecido éxito electoral y por la inhabilitación efectiva de la LOCE, los retroprogres y sus antiguos cómplices en el desmantelamiento del BUP se preparan para culminar su obra de aniquilación del bachillerato y todo lo que tenga el más mínimo aspecto de cultura auténtica y sobre todo occidental. En ese milenarismo multicultural y diverso, militan también muchos "profesores", que si bien no pueden ser apartados de la docencia, sí deberían serlo de cualquier tarea directiva o de coordinación. Podríamos citar algunos maestros, ni mucho menos todos, resentidos con quien ni lo es ni lo quiere ser, determinados profesores de formación profesional que pretenden la total nivelación, la desmemoria general para ocultar sus orígenes mediocres, titulares de asignaturas menores con complejo de marías... Son muchas las causas, (y no es la menor el medro personal económico), que explican que los que se vieron favorecidos indebidamente por la LOGSE, ahora recientemente aliviados por la desactivación de la LOCE, aprovechen la oportunidad para conjurarse de tal modo que sea ya para siempre punto menos que imposible una reacción a la desastrosa paleopedagogía reinante. Esta será una de las más destructivas ondas expansivas para España de las explosiones de Atocha.
 

3. La no por cacareada menos real pérdida de valores. Y no es que hagamos coros a los típicos cantos de sirena recalcitrantes de los neoconservadores más sectarios, sino que denunciamos la culturilla progre que en España, y particularmente en Cataluña, está en condiciones de imponer, sin posibilidad de retorno, su relativismo, confusionismo, pensamiento débil, supersticiones y sucedáneos de religión en todos los ámbitos. Una malentendida caridad, que ahora se disfraza de solidaridad, y que aplicada a los jóvenes produce los efectos más destructivos en la personalidad adolescente, por naturaleza inclinada a la indolencia y al mínimo esfuerzo. Sustituir las clases por talleres manipulativos; confundir la docencia con la fiesta y la "incorporación del ocio al currículo"; desespecializar la secundaria en aras de una estúpida y estupefaciente transversalidad inaprensible; predicar el desánimo entre el profesorado, al que se culpabiliza y se le prestan redenciones prêt-à-porter en forma de cursillos de reciclaje; hipostasiar las tecnologías, cuando nunca pueden ser fines educativos en sí mismos, sino medios para alcanzar saberes; nivelar la importancia de las civilizaciones y sus manifestaciones artísticas, como si la historia no dejara evidente a ojos vistas que solo la cultura occidental está en condiciones de hacer viable a largo plazo la presencia de la especie sobre el planeta y que es la única que lidera el único desarrollo posible, y que Fidias, Aristóteles, Galileo y Fra Angelico son enormemente superiores a los ídolos aztecas, Mahoma, la acupuntura o las pinturas rupestres, etc. Todo un complejo entramado de ideas que están en el ambiente, que nadie se atreve a atacar aunque nadie defiende con argumentos -sería ridículo-, nos dan una situación de rey desnudo en la que muy pocos dicen en voz alta lo que todos podemos ver, triste éxito de la censura que lo políticamente correcto impone en toda la sociedad y señaladamente en ámbitos especialmente infectados de progresismo, como la docencia, desde mediados de los ochenta en España.
 

4. La mala educación. Este es un frente social, pero que repercute con especial crudeza dentro de los institutos. Los niños, convertidos en los tiranos de las familias, llegan a la secundaria sumidos en una anomia patológica y que en muchos casos se complica enormemente con la natural crisis de identidad y rebeldía propia de la adolescencia. Criados en la abundancia, la permisividad y el desistimiento paterno, cuando no la ausencia, muchos alumnos son auténticos expertos en el chantaje emocional, el mobbing horizontal -contra compañeros- o vertical -como cianuro dosificado día a día contra el profesor dotado de autoridad y responsabilidad académica. Si a ello se añade la dejación que muchas juntas directivas practican, presionadas doblemente, por determinadas familias cuasimafiosas y por una inspección sistemáticamente entrenada en echar tierra, y no precisamente sobre los culpables, sino para cubrir la fosa de los excompañeros, no será de extrañar que las jubilaciones anticipadas menudeen, que las bajas crezcan año tras año y que el debilitado cuerpo de profesores acumule resignación, absentismo y patología psíquica, en proporciones variables según la personalidad de cada afectado.
 

5. La menor capacitación profesional de los claustros. Bajo el eufemismo de nuevos perfiles, se anuncia el incremento deletéreo de personal que no tendrá nada que decir en las aulas, sino el quintacolumnista cometido de vigilar el cumplimiento de las supersticiones paleopedagógicas elevadas a rango de ley. La falsa pedagogía, auténtico tomismo entre las jerarquías educativas central y autonómicas, no será fácilmente desalojada de la prosa jurídica ni de los despachos oficiales a los que se aferra como estómago agradecido y pertinaz ácaro de moqueta. De tan estrambótico estado mayor, partirán las barcazas de monitores, psicólogos, asesores en TIC, psicópatas varios que desembarcarán crecientemente en los institutos con sus tests, sus cursillos, sus reuniones, sus peroratas y demás armas de destrucción masiva.


Bien. Hasta ahora hemos acumulado solamente algunas de las amenazas que a vuela pluma nos vienen a la tecla. Y el pesimismo se impone. Las posibilidades de acudir al facultativo con las nuevecitas libretas blancas de partes de baja se incrementan de manera alarmante. La pregunta brota rápidamente: ¿vale la pena luchar? ¿Existen soluciones globales o al menos "muertes dignas" en semejante batalla? No es fácil responder a tan hamletiano y desgarrado planteamiento. Lo intentaremos, no obstante. Don Quijote ha de cabalgar en el año de su cuarto centenario para hacer, como el Cid, otra salida, la cuarta, aun después de trescientos noventa años muerto.
 

Benjamín Gomollón García