Las Fábulas

    1. El león y el ratón (Esopo)

    2. El cuervo y el zorro (Esopo)

    3. El Perro avaricioso (Fedro)

    4. Ejemplo del lobo, de la cabra y de la grulla (Arcipreste de Hita)

    5. La cigarra y la hormiga (La Fontaine)

    6. El burro flautista (Tomás de Iriarte)

    7. Los puerco-espines (Arthur Schopenhauer)

    8. Una fábula breve (Franz Kafka)

     

 

 

 

1. El león y el ratón (Esopo)

Estando un león durmiendo en la falda de una montaña, los ratones del campo, que andaban jugando, llegaron allí, y uno de ellos saltó sobre el león, y éste le cogió. El ratón, viéndose preso, suplicaba al león que tuviese misericordia de él, pues no había saltado con malicia, por lo que pedía humildemente perdón. El león, viendo que no podía tomar venganza de aquel ratón, por ser cosa tan pequeña, y que el matarle antes le sería crimen e ignominia, que gloria ni alabanza, dejóle ir sin hacerle mal. El ratón se fue, dándole muchas gracias. Después de algunos días el león cayó preso en una red, y viéndose así alcanzado, comenzó a rugir con mucho sentimiento y dolor. Y como el mismo ratón oyese este clamor, fue y preguntóle qué cosa le había acaecido, y qué mal era de que tanto se sentía. Y viendo que estaba preso en aquella red; le dijo: "¡Oh, señor, toma buen esfuerzo, pues no es cosa de que debas temer; yo me acuerdo del bien que de ti recibí, por lo que quiero corresponderte!" Y así comenzó a roer con sus dientes y romper los ligamentos, ataduras y lazos en aquellos lugares y partes donde conocía que era necesario para deshacer y desatarlo, de manera que poco a poco quedó el león libre y exento de aquella prisión.

[Quiere decir esta fábula que no deben los mayores menospreciar a los menores, porque en algún tiempo los han menester]

 


2. El cuervo y el zorro (Esopo)
(adaptación Bennet, traducción A.M. Matute)

 

La señora Cuervo, que se había apoderado de un queso, fue a posarse en un árbol para comérselo. Pero he aquí que pasó un zorro, se sentó al pie del árbol y empezó a hablar para adularla.

"Nunca había visto plumas tan blancas -dijo el zorro-. ¡Y qué porte tan gracioso! Si vuestra voz es también tan bella, ningún pájaro puede rivalizar con vos. ¡Decidme, pues, la palabra que nos unirá para toda nuestra vida!"

La señora Cuervo, encantada por este lenguaje, chilló "¡Sí!" con todas sus fuerzas y dejó caer el queso. El zorro lo cogió y se fue riéndose de la credulidad del desventurado pájaro.

[MORALEJA: Ricas viudas, cuando escuchéis adulaciones de un picarón, preguntaos antes si no habéis hablado demasiado de vuestros bienes]

 


3. El Perro avaricioso (Fedro)

Un perro, atravesando un río con un pedazo de carne en la boca, vio en el espejo de las aguas reflejada su imagen. Creyendo que era otro perro que llevaba otra presa, quiso quitársela, pero engañado por su codicia, se quedó sin la comida que tenía en la boca y no pudo obtener la que deseaba.

[con razón pierde lo propio, el que desea lo ajeno]

 

4. Ejemplo del lobo, de la cabra
y de la grulla

(Arcipreste de Hita)

El lobo se comía la cabra por merienda;
se le atravesó un hueso: con él está en contienda;
estaba para ahogarse y pedía, a sabiendas,
cirujanos y médicos: quería hacer enmienda.

Prometió al que curase tesoro y gran riqueza,
vino la grulla a él de lo alto de la alteza,
el hueso con el pico sacó con sutileza:
el lobo quedó sano; comía sin pereza.

Dijo la grulla al lobo le quisiese pagar;
el lobo dijo: "¡Cómo!, ¿no pudiera tragar
tu cuello con mis dientes, si quisiera apretar?
Pues séate soldada no quererte matar."

Esto mismo haces tú ahora que estás lleno
de pan y de dineros robados de lo ajeno;
no quieres dar al pobre un poco de centeno,
y así te secarás como rocío y heno.

El hacer bien al malo en nada te aprovecha;
hombre que no agradece el favor nunca pecha;
el buen conocimiento el mal hombre desecha:
el bien que se le hace dice es cosa derecha.

 

5. La cigarra y la hormiga

(La Fontaine)


Cantó la cigarra durante todo el verano, retozó y descansó, y se ufanó de su arte, y al llegar el invierno se encontró sin nada: ni una mosca, ni un gusano.
Fue entonces a llorar su hambre a la hormiga vecina, pidiéndole que le prestara de su grano hasta la llegada de la próxima estación.

-Te pagaré la deuda con sus intereses; -le dijo- antes de la cosecha, te doy mi palabra.

Mas la hormiga no es nada generosa, y este es su menor defecto. Y le preguntó a la cigarra:

-¿ Qué hacías tú cuando el tiempo era cálido y bello ?

-Cantaba noche y día libremente- respondió la despreocupada cigarra.

-Conque cantabas ? ¡ Me gusta tu frescura ! Pues entonces ponte ahora a bailar, amiga mía.

No pases tu tiempo dedicado sólo al placer. Trabaja, y guarda de tu cosecha para los momentos de escasez.

 

6. El burro flautista
(Tomás de Iriarte)


Esta fabulilla,
salga bien o mal,
me ha ocurrido ahora
por casualidad.

Cerca de unos prados
que hay en mi lugar,
pasaba un borrico
por casualidad.

Una flauta en ellos
halló, que un zagal
se dejó olvidada
por casualidad.

Acercóse a olerla
el dicho animal,
y dio un resoplido
por casualidad .

En la flauta el aire
se hubo de colar,
y sonó la flauta
por casualidad.

"¡Oh!" dijo el borrico;
"¡qué bien sé tocar!
¡Y dirán que es mala
la música asnal!"

Sin reglas del arte,
borriquitos hay
que una vez aciertan
por casualidad.

 

7. Los puerco-espines
(A. Schopenhauer)

Un día crudísimo de invierno, en el que el viento silbaba cortante, unos puerco-espines se apiñaban, en su madriguera, lo más estrechamente que podían.

Pero resultaba que, al estrecharse, se clavaban mutuamente sus agudas púas.

Entonces volvían a separarse; pero el frío penetrante los obligaba, de nuevo, a apretujarse.

Volvían a pincharse con sus púas, y volvían a separarse.

Y así una y otra vez, separándose, y acercándose, y volviéndose a separar, estuvieron hasta que, por fin, encontraron una distancia que les permitía soportar el frío del invierno, sin llegar a estar tan cerca unos de otros como para molestarse con sus púas, ni tan separados como para helarse de frío.

A esa distancia justa la llamaron urbanidad y buenos modales.

 

8. Una fábula breve
(F. Kafka)

-¡Ay!-dijo el ratón. El mundo se hace cada día más pequeño. Al principio era tan amplio y era feliz de poder ver, al fin, en la lejanía, muros a derecha e izquierda, pero esos muros tan largos comenzaron a cerrarse con tal rapidez, uno detrás de otro, que ya me encuentro en la última habitación, y allí, en el rincón, está la trampa en la que caeré.

-Sólo tienes que cambiar la dirección- dijo el gato; y se lo comió.