Texto 2

Del ensayo de 1946, El existencialismo es un humanismo, donde podemos encontrar un esbozo de las más relevantes ideas existencialistas. La no existencia de Dios supone la no existencia de puntos de referencia absolutos; en estas circunstancias, cada hombre ha de inventar al hombre.

  El existencialismo, por el contrario, piensa que es muy incómodo que Dios no exista, porque con él desaparece toda posibilidad de encontrar valores en un cielo inteligible; ya no se puede tener el bien a priori, porque no hay más conciencia infinita y perfecta para pensado; no está escrito en ninguna parte que el bien exista, que haya que ser honrado, que no haya que mentir; puesto que precisa­mente estamos en un plano donde solamente hay hombres.

Dostoievsky escribe: "Si Dios no existiera, todo estaría permitido". Este es el punto de partida del existencialismo. En efecto, todo está permitido si Dios no existe y en consecuencia el hombre está abandonado, porque no encuentra ni ensí ni fuera de sí una posibilidad de aferrarse. No encuentra ante todo excusas. Si en efecto la
  existencia precede la esencia, no se podrá jamás explicar por referencia a una naturaleza humana dada y fija; dicho de otro modo, no hay determinismo, el hombre es libre, el hombre es libertad. Si, por otra parte, Dios no existe, no encontramos frente a nosotros valores u órdenes que legitimen nuestra conducta. Así, no tenemos ni detrás ni delante de nosotros, en el dominio luminoso de los valores, justificaciones o excusas. Estamos solos, sin excusas. Es lo que expresaré diciendo que el hombre está condenado a ser libre. Condenado, porque no se ha creado a sí mismo, y sin embargo, por otro lado libre, porque una vez arrojado al mundo es responsable de todo lo que hace. El existencialista no cree en el poder de la pasión. No pensará nunca que una bella pasión es un torrente devastador que conduce fatalmente al hombre a ciertos actos y que por consecuencia es una excusa; piensa que el hombre es responsable de su pasión. El existencialista tampoco pensará que el hombre puede encontrar socorro en un signo dado sobre la tierra que lo oriente; porque piensa que el hom­bre descifra por si mismo el signo como prefiere. Piensa, pues, que el hombre, sin ningún apoyo ni socorro, está con­denado a cada instante a inventar al hombre.»
Francis Bacon, Pintura, 1950