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futuro, pues, no lo supe ver, pero se me hizo muy presente el pasado más
remoto, el inmenso volumen de una cordillera en el lugar donde habían
chocado dos continentes. El granito fundido se había solidificado,
acababa de agrietarse y, todavía caliente, calentaba el agua que
lo rodeaba y que, circulando por las grietas en corrientes de convección,
disolvía los minerales preexistentes y creaba de nuevos. Empezaron
a formarse bellísimas estructuras cristalinas en las grietas y
cavidades.
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