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gustos no hay nada escrito y cualquiera que sea el color de la roca, es
probable que tenga una aplicación estatuaria agradable y bella.
Sin embargo, si hacemos
una clasificación de los materiales usados, por ejemplo en las
estatuas del Museo del Prado, en función del color, podremos decir
que el blanco es el más empleado, seguido del bandeado gris/blanco,
negro y rojo, estos últimos con sus tonos más vivos. Hay
que aclarar que la preferencia por el blanco es un canon muy antiguo mientras
qué sobre todo al Renacimiento, se aprecian mármoles coloreados.
Respeto al color, se puede hacer una referencia a la homogeneidad de tono
cromático o a la homogeneidad de repetición de tonos en
los bandeados. En principio, esta homogeneidad es un factor positivo de
calidad ya que permite al artista prever/planificar el resultado final
de su trabajo.
Con los bandeados
conviene tener en cuenta la “forma” espacial de las bandas
que de acuerdo con la superficie de corte determinará el aspecto
definitivo en qué se podrán verse.
Respeto a los deterioros cromáticos hay que tener en cuenta que
los rojos son los más estables; su alteración, si se produce,
se debe más al deterioro de la roca que al color en sí mismo.
Por último señalar que algunos mármoles blancos son
especialmente sensibles a la alteración cromática por óxidos
de hierro, que les comunican un intenso color amarillo (típico
de orín de hierro). En este caso, la única solución
consiste en evitar el contacto del mármol con piezas metálicas
u óxidos de hierro.
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