2005-15
10è ANIVERSARI

titol

El tránsito de la «materia» al «espíritu»

De la «biología» a la «espiritualidad»

El debate en torno al valor evolutivo y adaptativo de la «diemsnión trascendente» del ser humano.

  • «Solo se ama lo que se conoce».
  • Profundizando y ampliando con fundamento nuestra concepción y valoración de ese «anthropos», nuestro compañero de viaje permanente, y que a menudo nos resulta tan desconocido.
  • La «dimensión espiritual» constituye un elemento fundamental de la experiencia humana.
  • Los pasos del posible tránsito evolutivo de la «materia» al «espíritu», a la luz de los datos neurocientíficos.
  • El carácter superlativo de la «espiritualidad humana» se manifiesta en su incoercible tendencia a indagar o cuestionar las últimas dimensiones de la realidad y la propia experiencia.

Interioridad, inteligencia espiritual, espiritualidad, religiosidad, dimensión trascendente… Una invitación a abandonar viejos prejuicios ideológicos y a descubrir los saludables y positivos beneficios de una espiritualidad no alienante y unas formas religiosas antropológicamente bien integradas.

En medio de la realidad «global» a la que hacíamos referencia anteriormente (ver aquí) nos encontramos nosotros. Nuestra especie constituye una parte esencial de esa realidad, al menos por la importancia de su impacto ambiental y cultural en ella. Los humanos somos unos seres absolutamente singulares en el cosmos. Reflexionamos y tenemos consciencia sobre nosotros mismos y sobre cuanto nos rodea. Desde siempre los humanos además de preguntarnos sobre el por qué de las cosas (causas) y el para qué (sentido) de esa realidad, nos venimos interrogando sobre nosotros mismos, sobre nuestro ser, sobre nuestros orígenes, sobre nuestro status en medio del universo y sobre nuestro destino. ¿Quiénes somos los humanos?, ¿cuándo y cómo aparecimos en este planeta, ¿somos algo más que polvo de estrellas, que pura «materia cósmica»?¿hacia dónde vamos en nuestro devenir histórico? Son preguntas que los humanos nos hemos planteado desde que adquirimos consciencia de nosotros mismos.

Las respuestas a semejantes interrogantes han sido muy variadas en las diversas épocas y en los diversos pueblos. A lo largo de la historia se ha definido al ser humano de muy diversas maneras, destacando ora una, ora otra de sus más notables singularidades. Ya desde la antigüedad clásica, la filosofía griega, tras un período de especulación cosmológica, se orientó hacia la reflexión antropológica, definiendo al ser humano por su racionalidad como «animal racional», (homo sapiens), posteriormente se destacó la capacidad que mejor define nuestra especie, la competencia para el «lenguaje», su capacidad para expresarse mediante signos y símbolos: homo loquens (que habla), su capacidad técnica (homo faber), las actividades utilitarias (homo economicus), las necesidades obligatorias (homo prosaicus)...

Hoy, con una mirada mucho más integral, se considera que el ser humano es un ser muy complejo que integra en sí caracteres antagónicos: sapiens y  demens (racional y delirante) faber y  ludens (trabajador y lúdico) empiricus y  imaginarius (empírico e imaginador) economicus y  consumens (económico y dilapilador) prosaicus y  poeticus (prosaico y poético). El hombre de la racionalidad es también el de la afectividad, el hombre del mito y del delirio (demens), pero también un ser a la vez «trascendente» y «espiritual». Para comprender al ser humano en su integralidad, el siglo XXI deberá abandonar las visiones fragmentarias que definen al ser humano por sus aspectos parciales e intentar integrar esa diversidad de factores en una interpretación holística más acorde con la vasta complejidad que manifiesta.

«Ciencia» y «religión» dos de los grandes saberes interpretativos de la realidad, otrora a la greña, se dan hoy la mano y ponen su mejor empeño al servicio de un mejor y más completo y fundado conocimiento sobre nosotros mismos… A ello contribuye, sin duda, una nueva obra del profesor R. M. NOGUÉS, Catedrático emérito de Biología Humana en la Universidad Autónoma de Barcelona, que acaba de aparecer bajo el título NEUROCIENCIAS, ESPIRITUALIDADES Y RELIGIONES, dentro de la colección Ciencia y religión, Editorial Sal Terrae. Madrid 2016. Hacemos a continuación una breve presentación de esta sugestiva, didáctica,  asequible y esclarecedora obra que nos ayudará, sin duda, a ampliar con fundamento nuestra concepción  y valoración de ese «anthropos», compañero de viaje permanente nuestro y que a menudo nos resulta tan desconocido, partiendo de  una somera síntesis de su introducción titulada «Animales muy espirituales».

Ciencia y Religión

Algunos factores centrales de la cultura humana, entre ellos las espiritualidades y las religiones, se encuentran en plena reevaluación como consecuencia del pluralismo social debido a la globalización y los análisis críticos de la cultura moderna. Las neurociencias, en la punta de lanza del progreso científico en las ciencias de la vida, quedan emplazadas a participar en esta reevaluación.

El presente texto propone una valoración evolutiva del papel de espiritualidades y religiones, a través de la presentación de su interés adaptativo, su probable inevitabilidad y la importancia de sus aportaciones al lado de la ética o la estética. A partir del análisis de las relaciones cerebro-mente y de los sorprendentes productos a los que da lugar esta compleja estructura, singular si las hay en el animal humano, el texto analiza la naturaleza, las dimensiones, el interés y la variabilidad de las experiencias espirituales y religiosas, así como los indudables beneficios con los que algunas de sus aportaciones enriquecen a sus protagonistas. Las grandes espiritualidades así como las potentes religiosidades hindúes, africanas, judeocristianas o islámicas son considerados a la luz de los datos neurocientíficos.

Nos encontramos hoy ante un interesante panorama en el tema de las religiones/espiritualidades en el que, habiendo entrado en crisis el viejo debate ideológico sobre el valor de lo religioso, se replantea el problema en nuevas e interesantes perspectivas: nadie niega el valor de los intereses espirituales, entre ellos los de las espiritualidades. El debate se sitúa en la valoración de la dimensión espiritual, incluya o no lo religioso, como una dimensión trascendente igualmente válida, programada, positiva y eficaz como lo son la ética o la estética.

El texto puede ilustrar, enriquecer y dar calidad al vivo debate que estos temas suscitan en nuestras sociedades laicas que cada vez conviven más intensamente con la pluralidad cultural derivada del migracionismo humano. De este debate depende en buena parte la posibilidad de generar convivencias enriquecedoras entre humanos de orígenes culturales muy diversos.

Una de las singularidades humanas: la «dimensión trascendente» o «espritualidad»

Nuestra especie ha sido catalogada taxonómicamente como «Homo sapiens» y ha recibido también otras denominaciones,  destacando alguna característica de nuestra singularidad específica, como «animal racional» (Aristóteles), «mono desnudo» (Desmond Morris), «animal imperial», el «tercer chimpancé», la «especie elegida», o el «primate filósofo»… El autor sugiere denominar a los humanos «animales espirituales», subrayando así la originalidad humana manifestada en la impresionante aventura cultural de las espiritualidades y religiones.

Efectivamente, la descomunal presencia y éxito evolutivo de las dimensiones espirituales de la conducta humana, manifestadas en todas las épocas y localizaciones geográficas, autorizan a considerar que la dimensión espiritual constituye un elemento fundamental de la experiencia humana que puede caracterizar muy adecuadamente a nuestra singular especie humana. Si con el vocablo «palabra» indicamos aquello que distingue a los «humanos» de los demás «animales», elevando la «carne» a una condición singular («homo loquens») en la que se pueden expresan dimensiones nuevas de la evolución, la presente obra nos describe los pasos del posible tránsito evolutivo de la «materia» al «espíritu».

Somos animales.

En los animales aparece una nueva dimensión que denominamos «mente», capaz de generar y mantener una cierta reproducción interior del mundo que nos rodea.

Esta denominación aplicada a humanos nos suena a menosprecio. No debiera ser así. Animal significa «viviente» y vivir sigue siendo una maravilla. Termodinámicamente, un ser vivo es solamente un eslabón en el procesamiento de la energía. Un ser vivo se hace a sí mismo a partir de constituirse en centro de procesamiento y organización de materia-energía, constituye una realidad absolutamente sorprendente que está todavía, en su totalidad, por explicar, a pesar del conocimiento que tenemos de sus procesos parciales. Los vegetales constituyen ya un maravilloso mundo de vida y comunicación.  El viviente animal añade a la maravilla de vivir la capacidad de «sentir» y la capacidad de desplazarse en el medio eligiendo entornos favorables. Además, en los animales aparece una dimensión enigmática y profundamente interrogante que denominamos «mente», una capacidad de generar y mantener una cierta reproducción interior del mundo que rodea al animal.

Animales espirituales.

Los humanos, como animales singulares exhibimos una mente específicamente densa, reflexiva y recursiva que tradicionalmente ha sido designada como «espíritu». Una mente singular que presenta fenómenos tan enigmáticos como la conciencia, la experiencia del yo o la capacidad autobiográfica.

No es fácil definir la palabra «espiritualidad». En una primera aproximación podríamos definirla como «la búsqueda del significado existencial» (Doyle). Otra, «la forma en que los individuos indagan y expresan el significado, el camino y el propósito por el que pueden experimentar su conexión con el presente, ellos mismos, los otros, la naturaleza y el significado o lo sagrado». Esta espiritualidad es la que de forma insistente aparece y reaparece en la vida humana.

Muy espirituales.

La «espiritualidad humana» se manifiesta en su incoercible tendencia a indagar o cuestionar las últimas dimensiones de la realidad y la propia experiencia.

El carácter superlativo de la «espiritualidad humana» se manifiesta en su incoercible tendencia a indagar o cuestionar las últimas dimensiones de la realidad y la propia experiencia, como consecuencia de los reiterados «por qué» que los humanos, desde los primeros años de vida, añadimos con inusitada frecuencia a la simple experiencia de la realidad. Las preguntas con las que los pequeños adornan sus primeras aproximaciones al mundo se traducen posteriormente en profundas cuestiones trascendentales y en expresiones artísticas, en intenciones éticas o en expresiones rituales o arrobos místicos, que adornan y enriquecen la mente humana, expresión de una espiritualidad que impregna el devenir de los humanos.

La aproximación a estas singulares dimensiones antropológicas se hace fundamentalmente desde el mundo de las neurociencias, un mundo en la punta de lanza del progreso de las ciencias de la vida. Las neurociencias estudian el «aparato», pero, aun conociéndolo, nos queda por ver el «programa».  En el cerebro ya existe buena parte de programa adecuadamente grabado, pero quedan todavía (¡felizmente!) muchos detalles por concretar. Los datos de las neurociencias van aportando evidencias crecientes de la importancia que las referencias neurocientíficas tienen en la interpretación de fenómenos psíquicos de calibre, como son los relacionados con las nociones de libertad, responsabilidad, etc.

Tanto religiones como espiritualidades han aportado a la aventura humana mucho más de lo que han perjudicado.

El autor personalmente se inclina por definirse como persona espiritual religiosa. No ignora, sin embargo que las religiones o las espiritualidades institucionalizadas han protagonizado históricamente lamentables episodios de menosprecio de la condición humana o del respeto que hoy consideramos fundamental hacia toda persona. Considera, sin embargo, que tanto religiones como espiritualidades han aportado a la aventura humana mucho más de lo que han perjudicado.

Este animal espiritual, es decir, el humano, es el protagonista de esta epopeya evolutiva que ha supuesto el camino vital y revelador que conduce de la «carne» a la «palabra». Estas páginas quieren ser una posible descripción de los pasos con los que puede seguirse este tránsito apasionante de la «materia» al «espíritu».

Principales rasgos del contenido de la obra a través de su índice:

1. Vivir y conocer: Vida y sensibilidad, Nervios, cerebros y mente, Una estructura para sobrevivir, Dos procesadores integrados: los hemisferios, Un cerebro del organismo total, Conocer y recordar: memoria y biografía, Los sedimentos evolutivos que nos hicieron humanos: razón y emoción, El sexo: dos vivencias complementarias de lo humano. 2. Conciencia reflexiva y protagonismo del yo: Conciencia reflexiva y recursiva, El yo, un territorio de la conciencia, La libertad. 3.«Ir de sobrados por la vida»: más allá de las necesidades: Dimensiones de lujo, Enraizadas en la carne: las trascendencias, La estética, La ética, Espiritualidades/religiones, Intersecciones múltiples. 4. Espiritualidades: ¿De qué hablamos?, Naturalmente espirituales, Indicadores de salud. Puntos cardinales, Las espiritualidades, El genio original y el peaje institucional. 5. Las religiones, guinda de la espiritualidad: El factor «Dios»: Las imágenes de Dios. Relatos y símbolos, Elaboraciones de las imágenes de Dios, Nuestras aproximaciones a Dios, Un Dios en el que se pueda creer, Algunos desafíos actuales. 6. Ejercicios espirituales: hacia la liberación y la iluminación: Planes de vida: austeridad/contención y benevolencia, La meditación y sus funciones: la búsqueda de la integración interior y la iluminación, Registros y valoraciones neurocientíficas. 7. Panorama (a modo de epílogo): Los grandes sustratos de los que seguimos alimentándonos, Qué está cambiando, Espiritualidades variadas y serias, Bibliografía.

RAMÓN MARÍA NOGUÉS Doctor en Biología. Catedrático emérito de Biología Humana en la Universidad Autónoma de Barcelona. Especialista en investigación en genética de poblaciones y en evolución molecular del cerebro, ha publicado numerosos artículos y libros sobre evolución, genética y relaciones entre cerebro y experiencias espirituales y religiosas.


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