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Se trata de discontinuidades físicas por dónde la roca se
puede partir en el momento de cortarla. Son verdaderas pesadillas para
el escultor; no tanto para el cantero, que las suele aprovechar por extraer
los bloques.
Las diaclasas (pelos)
suelen ser planas y pueden alcanzar recorridos relativamente grandes.
Los estilolitos son una variedad de trazado sinuoso.
Las fisuras (repelos) son más cortas y pueden tener trazados con
curvas o irregulares como resultado de heterogeneidades del material;
siendo el caso más frecuente la presencia de fósiles.
Habitualmente, cuando
se labra una caliza con fósiles, la esquirla se desprende no en
la dirección deseada por el escultor sino siguiendo el contacto
de la concha con el resto de la roca. Este es el tipo de repelo más
frecuente. Tanto las fisuras como las diaclasas pueden estar abiertas
o cerradas. El primer caso presupone que la roca ya está “rota”
por la discontinuidad mientras que el segundo (y aunque se trate d’una
zona de debilidad), ofrece una cierta resistencia mecánica.
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