Ser auténticos
Ser «auténticos», ser libremente lo que se es, expresarse de forma espontánea y auténtica, es el mayor regalo que nos pueden hacer y que nosotros podemos hacer a los demás.
«Autenticidad» es aceptarte y atreverte a ser quién eres en cualquier circunstancia de tu vida.
La «autenticidad» hace que la persona sea confiable en tanto que se muestra tal y como es, sin dobleces y siendo coherente con sus principios y valores.
Los seres humanos somos una especie sociable, y es con el fin de agradar a los demás que muchas veces adaptamos nuestra personalidad o conductas al entorno en el que nos encontramos. El sentido de pertenencia a un grupo, a una comunidad, a un colectivo, nos aporta confort, seguridad, la sensación de sentirnos protegidos. Todos deseamos sentirnos amados, aceptados, reconocidos, que somos importantes para otras personas. Sin embargo, en pos de ser aceptados por los demás vamos poco a poco acallando nuestra singularidad, nuestra propia naturaleza para no sentirnos rechazados, hasta construir una identidad más orientada a satisfacer las expectativas de los demás que a ser fieles a la llamada de nuestro ser auténtico. A menudo vamos acomodando nuestra singularidad personal a las circunstancias a fin de encajar en el «sistema», ya sea en la familia, empresa, grupo de amigos o la sociedad en general… Y vamos dejando de ser nosotros mismos creando una especie de pseudo-identidad, y recubriéndonos de una serie de máscaras y personajes a representar ante los demás, más orientados a satisfacer las expectativas de los otros que a expresamos con transparencia y autenticidad… Es así como poco a poco, una persona puede entrar en conflicto con ella misma, con sus principios y valores más personales.
En esta sociedad solemos estar mediatizados en gran medida por un determinado tipo de discurso cultural, político, económico, ideológico, etc. y tendemos a tomar como referentes a pequeños ídolos con pies de barro y a gente que internamente está rota y que en el fondo poca cosa sustanciosa tiene que aportar y vamos adoptando del entorno ideas, creencias, valores y principios que lentamente nos van moldeando, asumiendo actitudes, formas y filosofías de vida, maneras de pensar y de actuar, a menudo artificiosamente creadas, que nos van alejando de la mejor versión de nosotros mismos. Hay demasiada gente cegada por la ideología dominante que enfoca su vida mucho más a perseguir determinadas metas artificiosamente creadas por el «sistema» que a cultivarse a sí misma y proponerse dar la mejor versión de sí mismos, orillando aspectos que quizás verdaderamente les harían más felices… Deberíamos cultivar aspectos de nuestra personalidad que verdaderamente nos llenen y generen hábitos que perduran a lo largo del tiempo. Vivimos permanentemente en contradicción con nosotros mismos adoptando actitudes que en ocasiones son muy poco coherentes con quien se ha propuesto adentrarse por el camino del desarrollo y crecimiento personal. ¿Dónde queda la «autenticidad» dentro de todo este contexto de condicionamiento, dónde queda la autenticidad de quien se propone transitar el camino hacia su propia mejora? Un individuo presenta una personalidad auténtica, cuando se muestra como tal y como es, evitando el postureo.
Para trabajar por la mejor versión de nosotros mismos no deberíamos olvidarnos de quiénes somos, empezando por profundizar en el conocimiento de nosotros mismos… Se trata de mejorarte a ti mismo, de que no te olvides de quién eres, ni abdiques de ser tú mismo… Un ser auténtico es aquél que trabaja por encontrar la mejor versión de sí mismo. Siendo auténtico, evitando presentar una falsa imagen externa, expresándome con transparencia y mostrándome tal cual soy, puedo contribuir a que también el otro deje fluir su propia autenticidad. ¡Aprendamos a ser nosotros mismos, aprendamos a ser auténticos!
«Ser uno mismo en un mundo que constantemente intenta transformarte en algo diferente, es el mayor logro» (Ralph Waldo Emerson)
¿Has tenido alguna vez la sensación de estar actuando, de estar fingiendo ser alguien que en realidad no eres? ¿Actúas como crees que debes actuar o como los demás quieren, esperan, que actúes? A veces aceptamos y nos plegamos a las influencias y expectativas de los demás para evitar la confrontación o sencillamente para no decepcionar. O nos limitamos a decir lo que creemos que los demás quieren oír, y actuamos ocultando nuestros propios criterios y principios a cambio de la aprobación de los otros. Podemos proponernos ser auténticos, actuar de acuerdo con nuestros valores y nuestros principios y no como comparsas de las expectativas de los demás.
¿Qué es ser auténtico?
Todos tenemos la posibilidad de ser auténticos o inauténticos. Ser auténtico significa ser fiel a uno mismo y vivir de acuerdo con los principios y valores propios. Somos auténticos cuando somos conscientes de lo que somos, de nuestras creencias y de nuestros valores, cuando estamos dispuestos a asumir la responsabilidad de nuestros actos, de nuestra vida. El ser auténtico se define como aquella persona que no pretende mostrarse diferente de cómo es, no aparenta ser otra cosa distinta a la que en realidad es, piensa o siente y en consecuencia actúa “verdaderamente”, con absoluta transparencia y coherencia de acuerdo con sus valores y creencias más personales.
Ser nosotros mismos es mucho más difícil de lo que pueda parecer. Continuamente nos vemos condicionados por factores externos y personas a nuestro alrededor que dificultan que podamos ser nosotros mismo y mostrar nuestro lado más auténtico. ¿Y por qué nos resulta tan difícil ser nosotros mismos? Por miedo. Tenemos miedo a nosotros mismos y a los demás, miedo a conocer, descubrir, cómo somos realmente… En realidad, nos conocemos más bien poco. Nuestro ‘yo’ superficial, a menudo cimentado en opiniones, juicios y creencias subjetivas, nos ofrece una imagen a menudo distorsionada de quiénes somos realmente… pero nos identificamos con él, con esa imagen, mientras mantenemos velado nuestro verdadero ‘yo’. Libera tu ‘yo’ auténtico. Dejemos aflorar aquello que surge espontáneamente de lo más profundo de nuestro ser. Ser «auténticos» no significa ser perfectos ni «maravillosos». Simplemente dejemos expresar a través de nuestras acciones lo que realmente somos, sentimos y pensamos. Ser auténtico es ser consistente a lo largo del tiempo.
Las personas auténticas suelen caracterizarse por ser resilientes y fieles a sus ideas y actúan de manera coherente. Ser auténtico consiste en mostrarte como eres. Se trata de ser sincero con uno mismo y de dejar de lado las apariencias, los postureos, los roles impostados. Siendo auténtico podrás conectar con los otros de forma más auténtica y podrás vivir sin la tensión de procurar complacer a los demás en cada circunstancia.
Características de una persona «auténtica». Las personas auténticas se expresan sin miedo, actúan por convicción, cultivan el autoconocimiento y cuidan su autoestima. Irradian seguridad y bienestar. La persona auténtica se expresa con su personalidad genuina, no ficticia, y es fiel a las propias convicciones. Al conocerse mejor, sabe valorarse adecuadamente reconociendo sus fortalezas y también sus debilidades. Son conocedoras de sí mismas y estiman lo que valen. Dado que estas personas han logrado aceptarse tal como son, les es más fácil relacionarse con los demás. Procuran tener amistades sinceras y positivas, rodeándose de personas que se identifiquen con su forma de pensar y de ser. Expresan sus opiniones con normalidad y sin temor al qué dirán. Actúan por convicción propia, siguiendo sus motivaciones internas, y no se dejan influenciar por los demás. No juzgan a los otros a la ligera. No emplean sus energías en hablar mal de los demás. Procuran dar la mejor la mejor versión de sí mismos. Practican la sinceridad consigo mismas y no pierden el tiempo adoptando estereotipos ni modas banales y superficiales. Nada de falsas apariencias y pretensiones, pues ello está lejos de la filosofía de ser uno mismo. Suelen centrarse en lo que realmente importa. No gastan energías intentando aparentar ser lo que en realidad no son. Procuran vivir de acuerdo con su propósito de vida. Aceptan sus defectos y trabajan en ellos para mejorarse cada día. Procuran cuidarse y cultivarse a sí mismas a todos los niveles posibles.
Steve Jobs: Tu tiempo es limitado, así que no lo malgastes viviendo la vida de otros. No te dejes engañar por los dogmas, es decir, vivir como otros piensan que deberías vivir. No dejes que el ruido de las opiniones de los demás acalle tu propia voz interior. Y, lo que es más importante, ten el coraje para hacer lo que te dicen tu corazón y tu intuición. Ellos ya saben de algún modo en qué quieres convertirte realmente. Todo lo demás es secundario.
Recordar que uno va a morir es la mejor manera que conozco para evitar la trampa de pensar que hay algo que perder. No hay razón alguna para no seguir los consejos del corazón. Prácticamente todo — las expectativas de los demás, el orgullo, el miedo al fracaso o al ridículo — se desvanecen frente a la muerte, dejando sólo aquello que es verdaderamente importante.
Pero ¿qué es la autenticidad?
La sociedad actual tiende a uniformizarnos y nos está incitando al postureo y a la apariencia, cuando lo verdaderamente importante es ser honesto con uno mismo y mostrar nuestro verdadero yo sin adulterar, sin filtros ni condicionantes. Son muchos los obstáculos que encontramos para ello y es la propia inercia social la que a menudo nos conduce a formar parte del redil. La preocupación por el qué pensarán o el qué dirán nos llevan a ocultar características genuinas de nuestra personalidad, para así adaptarnos al grupo y sentirnos aceptados.
«Autenticidad» es sinónimo de originalidad, coherencia, honestidad, rectitud y de expresar la propia personalidad sin complejos. Es a través de esta cualidad que podemos mostrarnos como realmente somos, en lugar de fingir ser alguien que no somos, y desprendernos de la máscara con que a veces nos revestimos. La autenticidad nos permite dar la mejor versión de nosotros mismos. Autenticidad significa vivir de acuerdo con lo que realmente somos, sin engaño ni presunción. La autenticidad requiere un profundo conocimiento de uno mismo, ausencia de hipocresía y profunda honestidad, y una conexión abierta con los demás. Ser auténtico significa también sentirse cómodo con la propia vulnerabilidad.
Una sugerente perspectiva de la biblia etíope sobre el camino hacia la autenticidad. Jesús enfrentó su sombra en el desierto durante 40 días de ayuno, cuando el demonio lo tentó ofreciéndole poder, ofreciéndole seguridad, ofreciéndole reconocimiento. Esas no eran tentaciones externas, eran aspectos de su propia psique humana emergiendo a la superficie, aspectos que él necesitaba integrar conscientemente para poder cumplir su misión. Y él las enfrentó, las reconoció, las rechazó cuando eran inconsistentes con su propósito superior, pero no las negó ciegamente. Las vio con claridad, las comprendió y eligió conscientemente el camino del servicio sobre el camino del poder personal. Y esto es lo que él te pide a ti también, que enfrentes tus propias tentaciones, tus propias sombras con honestidad radical. Que no pretendas ser mejor de lo que eres. Que no te escondas detrás de una máscara de santidad superficial mientras por dentro hierves de resentimientos, de envidias, de miedos no reconocidos. Porque es en la honestidad brutal contigo mismo donde comienza la verdadera sanación. Cuando puedes mirarte a ti mismo tal como realmente eres, sin justificaciones, sin excusas, sin negaciones, entonces recién estás en posición de cambiar, de transformarte, de trascender tus limitaciones. Vivir una vida virtuosa y auténtica es el verdadero camino hacia la salvación.
La autenticidad, es una cualidad que podemos cultivar... Pareciera que se nos ha atrofiado esa cualidad y cada vez más caemos en la trampa de acomodar nuestras respuestas y nuestras acciones a las circunstancias. La persona «auténtica» es aquélla que no pretende mostrarse diferente de cómo es, no pretende aparentar ser cosa distinta a la que en realidad es y en consecuencia actúa con absoluta transparencia y coherencia en función a sus valores y motivaciones más personales e íntimas. La autenticidad se convierte entonces en un valor, en una forma de vida natural, pasa a formar parte de nuestra naturaleza más personal en la cual lo más importante es ser nosotros mismos, dejando fluir libremente lo que realmente en el fondo ya somos.
El camino hacia la autenticidad
Ser auténtico es casi un «un don natural», es nuestra naturaleza originaria y que a lo largo de la vida por no irla cultivando se nos ha ido atrofiando. El camino hacia la autenticidad se realiza de dentro hacia fuera. Ser auténtico nos lleva a encontrarnos a nosotros mismos, con nuestra verdadera esencia, con la persona que realmente somos, revisando las falsas creencias que nos encorsetan y nos limitan, las heridas emocionales que arrastramos, los miedos, las corazas y personajes que representamos y que uno mismo ha ido creando a lo largo de los años para protegerse... Ser auténtico no se consigue de un día para otro. El ser humano, ese ser “arrojado al mundo”, puede desenvolverse de muchas maneras. Es responsabilidad nuestra elegir una u otra determinada manera de ser y comportarnos. Ser auténtico no es tarea fácil y para caminar hacia ello se requiere de un alto grado de conciencia. Implica conocernos mejor, darnos permiso para ser nosotros mismos, asumir nuestro derecho a equivocarnos y permitir que los demás juzguen nuestro comportamiento. Es una meta, que debe surgir desde nuestro interior, desde nuestro corazón, y que requiere de un verdadero compromiso con nosotros mismos, con los demás y con la vida. Es el resultado de una firme decisión y de un compromiso con uno mismo encaminado a embarcarnos en un proceso de crecimiento y desarrollo personal que nos permita liberarnos de las máscaras y corazas que hayamos poder crear consciente o inconscientemente a lo largo de nuestra vida y que tiene que ver también con el compromiso personal de ayudar a los demás a dar la mejor versión de sí mismos…
Ser auténtico constituye un proceso de reconstrucción personal, a través del cual mucho de lo aprendido e interiorizado como propio debe ser abandonado para permitir que surja lo más puro y genuino de nuestro interior. Ser auténtico permite liberarnos de las adherencias tóxicas adquiridas, de la carga personal y social nociva que arrastramos, y manifestar con transparencia y sin dobleces, los dones con los que hemos sido dotados, y ponerlos al servicio de nuestros prójimos en beneficio suyo como consecuencia de nuestro compromiso con su plena realización y perfeccionamiento. Todo ello nos abre a la posibilidad de liberarnos de cuanto nos encorseta, de todo aquello que nos impide reencontrarnos con nosotros mismos… Así transitamos hacia nuestra transformación interior… es el gran camino hacia la autenticidad.
6. Esta verdad de cada persona tantas veces está oculta debajo de mucha hojarasca que la disimula, y esto hace que se vuelva difícil sentir que uno se conoce a sí mismo y más aún que conoce a otra persona: «Nada más tortuoso que el corazón humano y no tiene arreglo: ¿quién puede penetrarlo?» (Jr 17,9). Así entendemos por qué el libro de los Proverbios nos reclama: «Con todo cuidado vigila tu corazón, porque de él brotan las fuentes de la vida. Aparta de ti las palabras perversas y aleja de tus labios la maldad» (4,23-24). La pura apariencia, el disimulo y el engaño dañan y pervierten el corazón. Más allá de tantos intentos por mostrar o expresar algo que no somos, en el corazón se juega todo, allí no cuenta lo que uno muestra por fuera y los ocultamientos, allí somos nosotros mismos. Y esa es la base de cualquier proyecto sólido para nuestra vida, ya que nada que valga la pena se construye sin el corazón. La apariencia y la mentira sólo ofrecen vacío. (carta enciclica-dilexit-nos)
Pasos a seguir para el cultivo de la autenticidad
Siguiendo las orientaciones de Sara Sanchis, Psicóloga General Sanitaria especializada en el Crecimiento Personal, en su artículo “Cómo ser auténtico"… veamos sintéticamente algunos de pasos a seguir para el cultivo de la autenticidad.
- Tomar consciencia de nuestro ego. Una gran parte de lo que somos pertenece a un ser "construido" a partir de miedos y obediencias ciegas que han dado lugar a lo que llamamos "ego". El "ego" limita nuestra conducta mediante una gran cantidad de miedos y normas rígidas que acallan y boicotean nuestro ser real y auténtico.
- Iniciar un proceso de introspección personal que permitirá tomar conciencia de las dos voces que existen en nuestro interior: la voz de nuestra mente, generalmente dominada por el ego, y la voz de nuestro corazón. Desde lo más profundo de nuestro ser, nuestra voz interior nos susurra las mejores acciones a seguir para liberarnos de las cadenas limitantes del “ego”.
- Aprender a diferenciar la voz de la mente y del corazón. La voz del ego: se manifiesta a través de la mente. Se trata de una voz rígida, autoritaria, que nos oprime internamente, pues nos empuja a realizar conductas estereotipadas y forzadas. Suele estar relacionada con pensamientos negativos, limitantes, normativos o vejatorios hacia uno/a mismo/a o hacia los demás. La voz de nuestro ser auténtico: surge del corazón. A modo de intuición, nos susurra lo mejor en cada uno de nuestros pasos. Cuando obedecemos a esta voz nuestra alma se siente sosegada, y conciliada con la realidad.
- Contradecir la voz del ego. Luchar contra la voz de la mente, cuyo objetivo es acallar nuestro potencial interior. Lo más efectivo es acallar, rechazarla esa voz con actos contrarios a lo que esta voz nos indica. Estas acciones la debilitan y van, poco a poco, rompiendo las cadenas que nos atan a ella.
- Aprender a escuchar a nuestro corazón. Para ser auténtico es necesario iniciar un trabajo de reconocimiento de la voz interior, puesto que se trata de una voz auténtica y pacífica que nos guía en nuestro camino...
- Confiar en la voz interna de la sabiduría. La voz de la mente obstaculizará nuestros esfuerzos por liberarnos de ella porque no perder el control sobre nosotros. Si confiamos en que la voz interna constituye la voz de la sabiduría y permanecemos en esta actitud de cambio y liberación personal, nuestra fuerza interior para combatir los continuos impedimentos será mayor y nuestro ser reflejará, cada vez más, el ser auténtico que somos.
- Ir reconociendo nuestros dones. Al ser guiado por tu voz interior se irán manifestando aquellos dones con los que has sido creado. De manera sencilla y natural, estos fluirán a través de ti.
- Entregar estos dones al mundo. Una vez reconocidos y manifestados, es tu deber entregarlos al mundo, ya que estos no te han sido dados exclusivamente para provecho personal, sino para beneficio de todos los seres humanos. Buscar un beneficio egoísta y personal a través de estos dones alimentará la voz del ego y debilitará la voz luminosa y conciliadora de tu corazón.
- Ayudar a los demás a ser auténticos. Convertirte en alguien auténtico es un proceso que dura toda la vida. Permanenciendo en camino, cada vez será más clara la manifestación de tu ser real. De este modo, podrás ser un ejemplo claro y verdadero para los demás. Ayudar a los demás en su camino para ser auténticos se convertirá también en tu responsabilidad.
(Ver el artículo completo “Cómo ser auténtico” de Sara Sanchis)
Elaboración a partir de materiales diversos
Ver también la seccioón: VALORS A L'ALÇA
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(Miguel d'Unamuno, escriptor i filosof espanyol)
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