titulo de la web

Reencuentros que salvan

Tenemos sed de reencuentro, estamos sedientos de reencuentros… sed de encontrarnos también con gente con la que en realidad nos "ha pasado" la vida...

Hablamos de «reencuentro» con aspectos, relaciones, aspectos de la vida, aspectos de nuestro ser que en su momento dimos de lado porque no los supimos valorar bien, no nos dimos cuenta de lo importantes que realmente eran...

Por Natàlia Plà, Acompañante filosófica y espiritual. E. I. F. Palau



10': A mi este encuentro me sabe a reencuentro gustoso... Os voy a compartir una reflexión que como siempre yo comparto con lo que yo he vivido y contrasto también con aquello que he podido acompañar a vivir. Creo que hay una respuesta a la convocatoria de una "Espiritualidad del encuentro"  y a una charla que se titula “Reencuentros que salvan” porque tenemos sed de reencuentro, estamos sedientos de reencuentros… sed de encontrarnos también con gente con la que en realidad no es que nos haya pasado nada, simplemente nos ha pasado la vida, no hay un hecho especialmente distanciador, sino la constatación de que nos es imposible mantener activas todas las posibilidades, esa sensación de no poder llegar a todo lo que nos gustaría, a todo lo que nos sería bueno y no sin un cierto pesar ese no poder estar tan cerca como consideraría que es conveniente.. no llegamos a poder gozar de tantos encuentros como nos gustaría… pero no es que haya pasado nada.

¿Por qué hablar de «reencuentro» en un ciclo sobre la «espiritualidad del encuentro...»

El «encuentro» va asociado a una experiencia de novedad, a un cierto inicio. Porque de algún modo hay algo que aparece en nuestra vida… asociamos la experiencia del encuentro a algo que tal vez estaba, pero no se había mostrado, no se había desvelado, no se había… Inconscientemente cuando nos ponemos a pensar sobre el encuentro lo asociamos a esa novedad y nos hace visualizarlo como si todo comenzara ahí, aunque no lo sea un inicio... pero interiormente cuando reflexionamos sobre el encuentro pensamos que es ese inicio...

La cuestión es que la vida humana es un libro en blanco que comienza una vez, cuando apenas somos engendrados, ni siquiera cuando nacemos, porque hasta el tiempo que estamos en el seno materno es un tiempo que ya nos va configurando, que ya va escribiendo el relato de quién somos, ya va comenzando a activar aquello que va a ir siendo nuestra personalidad, nuestra sensibilidad, algunas de nuestras creencias... Todo lo que vamos viviendo hace que se vayan escribiendo páginas… Cuando vamos escribiendo ese libro que es la narrativa de nuestra vida, de nuestro ser, de la persona que somos, en ese escribir se van produciendo tachones, se arruga el papel, a veces esa arruga se rompe un poco… Cuando se produce un encuentro por primera vez no se produce un encuentro con un libro en blanco, se produce con un libro que tiene cosas escritas, que tiene sus tachones y tiene sus arrugas y tiene algún roto... Vamos siendo en ese dialogar con la vida, que eso es el vivir, el ir dialogando con la vida, vamos siendo al compás de ese dialogo con la vida, con las circunstancias, con las condiciones, con los condicionamientos, con los otros que van formando parte de nuestra vida…

Inevitablemente hay cosas que se van quedando por el camino... inevitablemente… no porque lo hagamos hecho mal, no… a veces porque no hay tiempo, no hay atención a todo al mismo tiempo, simultáneamente… En esa narración que es nuestro ser, que es nuestra persona, a veces arrancamos algún fragmento, alguna página, a veces nos la arrancan, a veces no somos nosotros quienes arrancamos esa página, en nuestra evolución hay huecos porque otro o porque otras circunstancias arrancaron ese fragmento, a veces hay una bifurcación y en esa bifurcación solo podemos tomar una opción y hay que desechar otra, a veces no queda otra...

¿Qué sucede..?. Que en alguna parada del camino, en un detenernos en eso que tan propiamente hay en lugares como este centro, en esos sitios, en esos momentos vitales en que necesitamos detenernos, remiramos lo qué hemos escrito, remiramos el libro que explica quiénes somos, qué somos, qué estamos siendo, qué estamos viviendo, qué estamos sintiendo… Releemos eso y tomamos conciencia de que nos falta algún pedazo, tomamos conciencia de que hay algo que en su momento lo tuvimos que dejar, que fue una bifurcación, tuvimos que optar… y no pasa nada… pero lo cierto es que, en ese remirar en un momento dado de nuestra vida, tomamos conciencia de que hay una carencia y la sentimos como tal carencia… Lo que me importa no es que me falte algo, sino que de repente lo echo en falta, que de repente tomo conciencia de que eso que no está es valioso para mí, que es valioso y entonces ¿qué hago…?

¿Qué hago…? y nos atrevemos a preguntarnos por eso… Mientras no lo hayamos detectado como carencia, como falta, mientras no lo hemos echado de menos, mientras no nos hemos dolido de ello… es la vida humana, todo no puede ser al mismo tiempo… ya está… Pero cuando nos detenemos y de repente hay cosas que sí aparecen y aparecen las cosas que percibimos como carencias y notamos que nos duelen, nos preguntamos, nos atrevemos a preguntarnos por ello … Y aquí se abre el tiempo de “revisión” y aquí se abre la posibilidad, de plantearnos la posibilidad del «reencuentro»… Por eso hablamos del «reencuentro» dentro de un ciclo dedicado a los «encuentros»… porque así como hablar del encuentro nos abre a asociarlo a las cosas que comienzan, hay una dimensión antropológica que es: ¿qué hacemos con lo que hemos perdido… cómo nos reencontramos con eso?

Ese ejercicio tiene algo de «kairos», el «reencuentro» entronca con ese tiempo oportuno, a veces es un tiempo de madurez, a veces es un tiempo de valor… nos atrevemos a ciertos «reencuentros» … porque estamos a punto para afrontar eso, a lo mejor en tiempo atrás, en otro momento no podíamos, pero ahora sí podemos, si nos sentimos preparados para ello…

¿Y por qué hay «reencuentros» que salvan?

¿Por qué salvan?... Hablamos de «salvar» cuando vemos que algo está en peligro, que está en riesgo y entonces queremos ponerlo a salvo, ponerlo en seguro... ¿Por qué  hablo de «reencuentros que salvan»? Porque veo el peligro en la vida, porque veo en peligro la vida que nos merecemos, porque veo en peligro la vida que merece la pena ser vivida y porque cuando acompaño a distintas personas en distintos procesos, en distintos momentos vitales pregunto qué te duele, qué necesitas, qué es aquello que está ahí y que está poniendo en riesgo que tu vida y valga la pena de ser vivida, que tu vida esté vibrante, qué es lo que te pasa…

Yo lo que veo es que en muchos casos lo que está en peligro es la vida y la vida que nos merecemos y eso veo que es por un problema de «calibración» … la «calibración» tiene que ver con la estimación, con el cálculo, con la valoración, con el ajuste… hay elementos de la vida que no están debidamente ajustados, no están bien calibrados... a veces no hemos calibrado bien nuestras proporciones en nuestra vida laboral, con nuestra vida familiar, con nuestra vida interior… la vida humana tiene un % de esto, un % de eso, un % de eso otro… mira en tu vida qué % está habiendo de estas dimensiones y mira si está bien ajustado, mira si está bien calibrado… porque a veces el «reencuentro» va a tener que ver con ese ejercicio de calibrar, de reajustar las proporciones…

Lo que veo en peligro es el propio ser, lo que veo en peligro es el yo de la persona, eso es lo que me preocupa y me hace pensar de algún modo en el «reencuentro» … porque hay veces que ese reencuentro con una dimensión, con una relación… en el fondo es el camino para podernos reencontrar con nosotros,  para poder reencontrar mi yo… es el momento y es la posibilidad de reencontrar a otros que son valiosos en mi vida y que por alguna razón no están ahí… y es el momento también de plantearse la posibilidad de reencontrar aspectos de la vida que en ese ir siendo.. se han perdido o se han quedado tan bajos que deterioran lo que la vida es… irnos adaptando a lo que vamos pudiendo y es como la cara y la cruz de la adaptabilidad del ser humano… la cara es evidentemente lo que nos fortalece, la capacidad de adaptarnos a casi cualquier cosa… pero la adaptabilidad también tiene una cruz y es la que asocia la adaptabilidad a irse conformando, a ir incorporando con naturalidad las rebajas… en el momento de plantearnos el reencuentro tenemos que plantearnos esa cara y esa cruz de la adaptabilidad… ¿a qué me he ido adaptando tanto, que no me he dado cuenta pero he ido haciendo rebajas y rebajas…? “Procuren ver con lo menos que pueden pasar” (decía Teresa, la santa) qué lista que es la santa…! no dice “procuren pasar con nada” ,  "vean con lo menos que pueden pasar…" ergo cada uno tendrá que ver cuál es su mínimo… claro que nos podemos ir adaptando y hay situaciones en las que en esa adaptación pasamos con lo mínimo ¿pero la vida humana es siempre pasar siempre con lo mínimo?

¿Pasar siempre con lo mínimo?

Tenemos variedades de flores, variedades de frutos, variedad de paisajes, tenemos variedad de todo… como para que no haga falta pasar con lo mínimo… como la protagonista de esa película en la que queda encerrada en su sordera y en su mero sobrevivir y en el que cada día come media manzana, un cuenco de arroz y un trozo de pollo… todos los días en su nevera, en su frigorífico sólo hay eso… es una persona que no se mata… pero se mantiene en la mera supervivencia y con eso puede pasar… media manzana, un cuenco de arroz, un trozo de pollo… y la metáfora visual de la película en la que se ve cómo esta persona se abre de nuevo a la vida, se reencuentra con la vida es el día en que con la bandeja de la persona a la que está cuidando, de lo que ese enfermo no ha podido comer, ella se sienta en un escalón y empieza a probarlo… y entran nuevos sabores en su vida… Podemos pasar con eso, con lo mínimo… ¿pero la vida humana es pasar con eso…? ¿La vida que merece la pena ser vivida es pasar con eso? Que bien que tenemos la fortaleza que nos permite pasar con eso cuando no hay otra.. pero y si nos atrevemos a preguntar si hay otra? Y si nos atrevemos a preguntar... ¿podría ser? ¿Por qué no? … y esa pregunta va adquiriendo fuerza...

¿Cómo entender «reencuentro»?

Qué matices veo yo a la hora de hablar de «reencuentro» y «reencuentros que salvan»… Hablamos de «reencuentro»  y no de «encuentro»  porque de algún modo era algo que ya era, que ya fue… aunque solo sea referencia a un yo que está ahí, a una relación que estuvo ahí, hablamos de reencuentro porque es relación con algo que fue, que estaba… pero que perdimos, lo perdimos porque no supimos o no pudimos atenderlo, porque nos lo quitaron o porque nos lo dificultaron, nos pusieron muchas trabas para que eso fuera vigente en nuestra vida… y nos planteamos la posibilidad del «reencuentro»  con aquello que alguien, algunos o unas circunstancias nos lo quitaron, nos lo dificultaron… Hablamos de «reencuentro» con aspectos, con relaciones, con aspectos de la vida, con aspectos de nuestro ser que dimos de lado porque no los supimos valorar bien, no nos dimos cuenta de lo importante que realmente eran… estábamos atendiendo otras cosas, priorizamos otras cosas… porque leímos mal, leímos mal relaciones, leímos mal contexto, leímos mal las circunstancias...

Son cosas o aspectos que competen a lo esencial de la vida por lo que al haberlos perdido estamos poniendo en riesgo esas cosas que hacen que la vida merezca la pena de ser vivida… por eso me preocupa… incluso porque son esos elementos que en un momento dado afectan a la posibilidad de sentir, esos elementos que al final uno dice es que es esto lo que al final me orienta… esto es lo que orienta el porqué de mi vivir, el porqué de mi quehacer… Cuando percibo la carencia como tal carencia y me doy cuenta que me está restando en algo que para mí es potencial dotador de sentido, es algo que ayudaría a orientarme mejor, es algo que me ayudaría a validar, dar por bueno lo que estoy haciendo con mi vida, lo que mi vida está siendo… y por eso me atrevería a reanudar esos «reencuentros» que de algún modo nos salvan… Esos «reencuentros» van a tener que ver con el perdón… pues sí… pero no sólo con el perdón, sobre todo con el permitirnos, con el permitir y con el permitirnos, con un darnos permisos, con reconocernos que tenemos derecho a ello…  a veces nos encontramos con cosas que decimos: ¿eso tan bueno va a poder ser para mi…? pues sí… permitirnos que eso tan bueno pueda ser para mi, plantearnos la posibilidad que a veces nos podemos reencontrar con cosas tan buenas, con esos aspectos de la vida tan buenos y que sí que son para nosotros…

Reencontrase tras un desencuentro…

Os decía que hay sed de «reencuentro» … pero hay sed también creo de una palabra sobre la posibilidad de reencontrase tras un desencuentro… ya no digo de un encontronazo, pero si de un desencuentro, un desencuentro que puede ser un desencuentro radical, una ruptura o puede ser un reencuentro más circunstancial, que quizás no llegue a ser tanto como un ruptura... pero puede ser un distanciamiento traumático, un distanciamiento que deja marca, que deja huella, que deja herida y que es duradero..  puede ser un desencuentro que ha dejado huella, que ha dejado marca…Seguramente que habría diferencias entre unos y otros desencuentros según el tiempo que haya pasado desde ese desencuentro, de esa ruptura o de ese distanciamiento..., tendrá que ver con la intensidad, pero tendrá también que ver con el paso del tiempo… y eso nos duele… porque las rupturas y porque los distanciamientos traumáticos, no porque estén cargados de razón, de razón de ser, no por eso, duelen menos y anhelaríamos poder dar cauce a ese dolor…

Por tanto aquí cuando hablamos de «reencuentros»  estamos hablando de un de «reencuentro»  que implicaría una cierta “reconciliación”… Acariciamos la posibilidad del «reencuentro» que es “reconciliación” cuando nos sentimos origen o causa de la ruptura o de ese distanciamiento y ahí especialmente anhelamos la posibilidad del de «reencuentro» … en cambio, miramos con precaución la opción de la “reconciliación”, incluso la demanda de la reconcialiación cuando creemos que somos nosotros los heridos, los agraviados, los que hemos sufrido por eso.

¿Todo anhelo de «reencuentro» ha de ser recibido, ha de ser correspondido? Pero si yo pienso en «reencuentros» que salvan qué es lo que... si yo pienso en la vivencia de ese reencuentro que implica desencuentro, que proviene de un desencuentro y que mantiene esa carga de dolor… no me basta con el pesar de lo sucedido, no basta con que a alguien le pese lo que ha sucedido para que demos cauce a esa “reconciliación” … Si no hay un cambio real de posición, es decir, si no hay un cambio en lo cotidiano y en las formas de que aquello que causó ese dolor, aquello que causó esa herida, ese comportamiento, esa forma de ser… si no hay un cambio de posición real y seguimos igual… no basta con que nos duela, no basta para que al menos abramos desprotegidamente esa reconciliación, la puerta de la reconciliación… Creo que cuando hablo de reencuentros que «salvan» desde el proceso de acompañamiento, creo que tenemos que medir muy bien qué es lo que nos protege y qué es lo que nos pone en peligro… y no nos tenemos que proteger de todo, pero no tenemos que dejar de protegernos de aquéllas cosas que nos ponen en peligro, que nos ponen en peligro existencialmente, que nos ponen en peligro en cuanto a ser , en cuanto a identidad... Es necesario un cambio de posición real, podrá haber una comprensión disculpadora en ese reencuentro que se plantea desde el desencuentro, puede haber una comprensión disculpadora, que permita una cierta cercanía, pero no un reencuentro pleno… Creo que aquí son muy importantes los matices, creo que tenemos que jugar con esos matices y con esas gradaciones que son las que a veces nos van a permitir “algo” y “algo” con respecto a la nada es infinitamente más, a lo mejor no es posible el todo, pero es posible el "algo"… Cuando hablamos del reencuentro en clave de reconciliación hay veces que no está de nuestra mano poder ofrecer ni poder demandar el todo, pero seguramente es más fácil que podamos ofrecer o demandar un algo… y el algo con respecto de la nada en clave metafísica es donde nos lo jugamos todo…

El reencuentro que salva en este tipo de reencuentros, el que tiene que ver con esos desencuentros que son rupturas o distanciamientos traumáticos, ese reencuentro que salva es el que busca el equilibrio entre que seamos generosos, perdonar, que demos, que seamos generosos, pero no a costa nuestro, no a costa de nuestro ser, no a costa de seguirnos violentando y eso sí que creo que es algo que tenemos que manejar con mucha cautela, con mucho cuidado… En ese «reencuentro» si es por generosidad, a costa de algo muy interior nuestro, si nos sigue violentando, volveremos a perdernos a nosotros mismos y para reencontramos con otro estaremos distanciándonos de nosotros… ese no es un «reencuentro que salva» … El «reencuentro que salva» tiene que lograr el equilibrio entre la generosidad del reencuentro con el otro, sin que el precio a pagar sea la unidad y el respeto a mi interior. Hay que jugar en distintos planos que no impliquen una disociación, distintos planos en que combinemos ese reencuentro con mi interior con mantener una especie de mantener una distancia relacional física-protectora con el otro. Hay que conseguir ese equilibrio entre el reencuentro que me permite reencontrarme conmigo, con las distintas dimensiones de mi ser, con mis emociones, con mis sentimientos, con mi memoria emocional… y al mismo tiempo con la distancia relacional física o presencial, la adecuada… medir cuál es el juego preciso para que ahí se produzca el equilibrio.

Un «reencuentro» en el ahora y aquí, en el presente

Un «reencuentro»  no es mayoritariamente un volver atrás y retomar en aquel momento, no es un volver atrás y reengancharnos ahí. El «reencuentro»  es ahora y aquí, en el presente, en nuestro ser presente. El reencuentro desde esa clave de reconciliación no es tanto recuperar lo que teníamos… como ver qué vida y qué vigencia puede tener hoy, esa relación a día de hoy, cuál es su lugar, cuál es papel, cuál es su función, cuál es su peso, reencontrarnos, reconciliarnos, no es irnos a “entonces” como si no hubiera pasado nada, eso fue… lo que no tenemos porqué subrayar su carga negativa, pero tampoco podemos obviarla...

Estamos dando la posibilidad de que esa relación sea hoy y aquí, en nuestro ser presente, en el del otro y en el de la relación, y en este momento, en esta circunstancia presente, en el presente de la relación y en este contexto cuál es la vida real que esta relación puede tener... y ese reencuentro tiene más que ver con ver cuál es la vida real posible hoy, qué puede ser hoy, que no con intentar reactivar lo que fue… aquello que fue, fue… lo que hoy activamos tiene que ver con aquello que fue, pero no hay una solución de continuidad…

Nos reencontramos con la persona, más que con la relación… por tanto damos una nueva oportunidad a que con esa persona exista algún tipo de relación o nos abrimos a que esa persona haga ese proceso… El reencuentro con esa persona será posible cuando hayamos hecho un ejercicio de desprendimiento de lo que fue, de cuál fue esa relación, de cuál era el papel, de cuál era la historia compartida, el vínculo concreto… a veces reencontrarnos con la persona... el precio que se tiene que pagar es renunciar a.. reproducir… a reengancharnos con aquel momento..

Otros aspectos del «reencuentro»

El «reencuentro como ayuntamiento». El «reencuentro» en este caso ya no como “reconciliación”, como necesidad de reconciliación desde la ruptura o desde el distanciamiento, sino  el «reencuentro como ayuntamiento»,   como ese conciliar, integrar, desde la dispersión. “Conciliar” tiene que ver con poner de acuerdo a dos o más personas o cosas, quiere decir que hay posiciones distintas y que hay ponerlas de acuerdo… no necesariamente en el reencuentro como conciliación, como integración como el ayuntamiento desde la dispersión … es una dispersión que no necesariamente proviene de que haya habido allí un conflicto previo sino desde la constatación de todo lo que somos, de lo que podemos ser, de todo lo que es la vida, de todo lo que son las posibles relaciones…. Hay una tarea para conciliar aspectos que están dispersos, aspectos que no se han encajado bien porque en nosotros esas posibles dimensiones quizás están, pero se encuentran desintegradas,  se tiene que integrar desde lo que cada quien es, integrar esas distintas dimensiones.

A veces hay una necesidad de «reencuentro»  porque nuestros afectos, nuestro pensamiento, nuestra razón, nuestros anhelos, nuestros principios están dispersos, no e se ha encajado bien… un ejercicio de reencuentro en el ser de la persona que tiene que ver con eso.. conciliar: hacer que se entiendan esos aspectos que forman parte de la vida humana… Ahí se da una pérdida porque no estamos optimizando nuestras posibilidades, porque más que conflicto hay un desconocimiento de nuestras propias posibilidades… conviene hacer un ejercicio, una revisión de aspectos a reencontrar desde esa dispersión, porque no nos conocemos, algo que no hemos sacado a la luz, entre esos aspectos dispersos y dimensiones que nos constituyen…

Hay un «reencuentro»  que tiene que ver con el “reconocimiento” y ese reconocimiento sí, se produce después de un proceso, después de una evolución, no es una dispersión en un estado natural sino que hay un proceso, hay una evolución… no tendría que haber tampoco una connotación negativa con respecto al recorrido… no es un  reencuentro porque haya habido un conflicto, sino porque simplemente la vida ha sido, porque ha habido un recorrido, porque hemos ido siendo, y en un determinado punto nos detenemos y nos damos cuenta de que tenemos que reencontrarnos con nosotros mismos, porque hemos ido evolucionando, porque ha habido un proceso, una evolución, y en esa narración pidiéndome quién soy tendré que remirar y definir cuáles son los hechos significativos que me definen, cuáles son los rasgos que me definen..

Pesoa: Llega un momento en que es necesario abandonar las ropas usadas… y hay que olvidar los caminos que nos llevan siempre a los mismos lugares, es el momento de la travesía y si no osamos emprenderla nos habremos quedado para siempre al margen de nosotros mismos… me miro y me digo: eso que había sido ahora ya no, ahora ya no… y me doy la oportunidad de que sea otra cosa… Eso mismo que implica ese acto de reconocernos en nuestra actualidad, en nuestro yo actual… ese nombrarnos de acuerdo a ese ser presente... Eso mismo lo podemos aplicar con respecto a otros que precisan también de este acto de reconocimiento, de que les reconozcamos en su ser actual... no que les “recordemos” ...¡que importante que es el reencuentro como reconocimiento después de un proceso o de una evolución…! ¡cuántos problemas de pareja debidos a que no admitimos la evolución y el proceso de la otra persona...!

Hay sed de reencontrarnos quienes nos queremos, quienes hemos compartido momentos importantes, vivencias íntimas, es una sed a volver a compartir, pero desde el hoy y el aquí, no desde lo que fue... Hay sed de podernos reencontrar con quien fue valioso, con quien compartimos algo valioso, porque constatamos que necesitamos y deseamos compartir, partir-con, con aquellos que han sido significativos e importantes en nuestra vida.

El reencuentro con la propia dispersión. En otros casos en este reencuentro como reconocimiento sí hay un proceso de dispersión o de salida de sí, de divertirse, que pasa por un cierto perderse, pasando períodos como “perdido”, en el que no sabemos muy bien quién somos, qué queremos, eso que forma parte de algunas etapas de la vida especialmente…, cuando nos planteamos eso… nos estamos dando la posibilidad de dar un salto, ahí estamos como “perdidos” y eso es un proceso bueno que nos va a permitir reencontrarnos luego, darnos la oportunidad de dar un salto, podemos saltar, podemos dar un salto… pero otras veces estamos perdidos, perdidos de verdad… y ahí sí hay riesgo… en esos procesos hay veces que nos sentimos tentados de buscarnos rehuyéndonos, de buscarnos como por contraste, de buscarnos poniéndonos en juego en casi lo contrario de lo que querríamos, haríamos, pasa por llevarnos la contraria, por negarnos… es un buscarnos a la desesperada que tenemos que vigilar, no sea que por querernos encontrar y darnos la oportunidad de dar un salto nos lleve al abismo… y ahí sí que tenemos que ser muy cuidadosos… en los procesos de acompañamiento no quedarnos en una primera mirada de lo que le está sucediendo a esa persona sino poder leer y poder leernos en qué es lo que de verdad estamos buscando… no te busques negándote, solo por intentar dar respuesta a lo que el mundo entiende, a las figuras, a los roles, a los caracteres, a las formas de ser que son más exitosas… cuidado con esos procesos… y ahí una variante importante: el reencuentro con nuestra fragilidad.

El reencuentro con nuestra fragilidad, el reencuentro con nuestra vulnerabilidad, ese poder reencontrarnos en nuestro ser, con que somos frágiles, que somos vulnerables, que no podemos todo, que no sabemos todo, que no lo podemos dar todo, que no nos podemos dar sin ese equilibrio que nos permite cuidarnos lo mínimo necesario, protegernos lo mínimo necesario…

El reencuentro desde una perspectiva de redimensionamiento o posicionamiento que proviene de la distancia que con el vivir se va dando, esa distancia no es un distanciamiento, es la posibilidad de ganar una perspectiva, no nos aleja, nos da la posibilidad de ver con nitidez y desde esa distancia redimensionadora… revalorizarnos, hacemos como una actualización dándonos cuenta de qué cosas son realmente valiosas, nos damos cuenta de esas carencias que percibimos como carencias... es un reencontrarse desde el redimensionar y desde el reposicionarnos...

¿Qué reencuentros salvan? Los reencuentros que salvan son esos reencuentros que te devuelven de algún modo la posibilidad de la plenitud… la plenitud que tiene que ver con que la vida tenga sentido… ¿y qué reencuentro es ese…? El reencuentro con la categoría de posibilidad, el reencuentro con lo posible, el reencuentro con que de repente me regale y me permita que hay cosas que son posibles, que a lo mejor es posible, que a lo mejor es para mí, que existen posibilidades, que me puedo regalar, me puedo permitir abrirme a lo posible… me saldrá bien o me saldrá mal… pero vuelvo a estar en el juego, he salido de esas rebajas... será o no será, la vida no es garantía de que sea, la vida es garantía de que hay posibilidades y que está a nuestro alcance también jugarlas… El reencuentro que me salva es reencontrarme con aquello que es posible y sacarle todo el partido posible, el reencuentro con lo posible aun en la vida pequeña… esto tiene que ver con recuperar la libertad y tiene mucho que ver con el vivir en verdad...

El lugar del reencuentro es la interioridad, el lugar del reencuentro no es la exterioridad, no son las formas, el lugar del reencuentro es el interior. Cuando se da el reencuentro en el interior es cuando los reencuentros se pueden dar en el exterior, mientras no se hace el trabajo interior… el reencuentro implica regalarnos la posibilidad de nacer, de re-nacer… a veces renacemos porque volvemos a ese yo... pero hay veces que hasta resucitamos y entonces a lo que accedemos es a una vida nueva.


Ver también:

Seccion: LA CULTURA DEL ENCUENTRO

Sección: LES RELACIONS HUMANES


Per a «construir» junts...

«És detestable aquest afany que tenen els qui, sabent alguna cosa, no procuren compartir aquests coneixements».
(Miguel d'Unamuno, escriptor i filosof espanyol)

Si el que aquí se t‘ofereix ho trobes interessant… No t’ho guardis per a tu sol... Les teves mans també són necessàries...

Comparteix-ho, passa-ho... Junts podem contribuir a ampliar la consciència «global»

Recorda, cada pensament que cultivem, cada acció que emprenem, cada petit acte d'amor i de comprensió que realitzem i cada connexió que establim amb altres ens apropa un pas més al futur que estem cridats a crear.
(Pierre Teilhard de Chardin (1881–1955) jesuïta, paleontòleg i filòsof francès)

Para «construir» juntos...

«Es detestable ese afán que tienen quienes, sabiendo algo, no procuran compartir esos conocimientos».
(Miguel de Unamuno, escritor y filósofo español)

Si lo que aquí se te ofrece lo encuentras interesante... no te lo guardes para ti solo... Tus manos también son necesarias...

Compártelo, pásalo... Juntos podemos contribuir a ampliar la conciencia «global»

Recuerda, cada pensamiento que cultivamos, cada acción que emprendemos, cada pequeño acto de amor y de comprensión que realizamos y cada conexión que establecemos con otros nos acerca un paso más al futuro que estamos llamados a crear. (Pierre Teilhard de Chardin (1881–1955) jesuita, paleontólogo y filósofo francès)