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IV. Ascesi i esperit capitalista
Pel pensament calvinista (i moviments protestants afins) el treball entés com a vocació no era un mal necessari, una càrrega o un càstig; ben contràriament constituía la contribució positiva i necessària de l’home a la manifestació de la glòria de Déu. Per aquesta manifestació calia que el treball fos excel·lentment ben fet, continuat, útil i productiu; un treball impregnat de racionalitat i incorporant la ciència experimental.
«Pero, además de esto, el trabajo es fundamentalmente un fin absoluto de la vida, prescrito por Dios. El principio paulino: “quien no trabaja que no coma” se aplica incondicionalmente a todos; sentir disgusto en el trabajo es prueba de que falta el estado de gracia.» (pàgina 218).
«Hasta que punto una profesión es útil o grata a Dios, se determina, en primer lugar, según criterios éticos y, en segundo lugar, con arreglo a la importancia que tienen para la “colectividad” los bienes que en ella han de producirse; a lo que se añade como tercer criterio -el más importante, desde luego, desde el punto de vista práctico- el “provecho” económico que produce al individuo: en efecto, cuando Dios (al que el puritano considera actuante en los más nimios detalles de la vida) muestra a uno de los suyos la posibilidad de un lucro, lo hace con algún fin; por tanto, al cristiano creyente no le queda otro camino que escuchar el llamamiento y aprovecharse de él.» (pàgines 223-224).
Per altra banda, el creient havia de portar una vida austera, evitant tot tipus de luxe, de comoditats i de plaers. La riquesa només és reprovable quan incita a la comoditat i a la sensualitat. Però com a deure professional constitueix un precepte obligatori; i les riqueses acumulades no s’havien de conservar inactives, sinó invertir-les en noves activitats productives.
«… la valoración ética del trabajo incesante, continuado y sistemático en la profesión, como medio ascético superior y como comprobación absolutamente segura y visible de regeneración y de autenticidad de la fe, tenía que constituir la más poderosa palanca de expansión de la concepción de la vida que hemos llamado “espíritu del capitalismo”. Si a la estrangulación del consumo juntamos la estrangulación del espíritu de lucro de todas sus trabas, el resultado inevitable será la formación de un capital como consecuencia de esa coacción ascética para el ahorro. Como el capital formado no debía gastarse inútilmente, fuerza era invertirlo en finalidades productivas.» (pàgines 244-245).
«… pues desde el momento en que el ascetismo abandonó las celdas monásticas para instalarse en la vida profesional y dominar la moralidad mundana, contribuyó en lo que pudo a construir el grandioso cosmos de orden económico moderno que, vinculado a las condiciones técnicas y económicas de la producción mecánico-maquinista, determina hoy con fuerza irresistible el estilo vital de cuantos individuos nacen en él (no sólo de los que en él participan activamente), y de seguro lo seguirá determinando durante muchísimo tiempo más.» (pàgina 258)
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