titulo de la web

¿Cuál es el fin supremo del ser humano?

En los tiempos actuales, muchas personas creen que el curro, el trabajo, el laboreo, la productividad es lo más importante en su vida.

Muchos, en estos tiempos, no viven, sobreviven: para algunos ese es su mundo fundamental, su escenario casi exclusivo, su ámbito de actuación esencial, su entorno primordial, la matrix en la que están atrapados... apenas se dan oportunidad para levantar la mirada, para otear otros escenerios existenciales y ahí residencian sus horizontes vitales fundamentales...

Según la sabiduría antigua “El hombre es un ser racional y alcanza su plenitud si ha cumplido el fin para el que ha nacido". La sabiduría griega nos orienta: el hombre no ha nacido tan solo para «hacer», sino para «contemplar», para contemplar y perseguir las más altas cotas de la existencia.

Séneca: «El hombre es un ser racional, por lo tanto, él alcanza su plenitud si ha cumplido el fin para el que ha nacido» .

La Sabiduría antigua nos enseña que el hacer-por-el-hacer-mismo y el producir-siempre-más no llenan al hombre, sino que, por el contrario, lo vacían.

Nuestras vidas a menudo corren enfrascadas y ajetreadas. Para muchos, aún más en esta época de culto a lo emocional, sentir la vida es igual a vivirla a tope, a dejarse arrastrar por las pasiones, a meterse en todas las batallas que se presenten. Parece que si uno no está instalado en la euforia no está vivo, ni gozando de la vida. Muchos, en estos tiempos, no viven, sobreviven... la vida les pasa inadvertida sujetos a un sistema de vida que enferma todo lo que toca. De hecho, en este momento nos estamos hundiendo, muriendo, precisamente por la falta de sentido. Cuando se pierde el sentido, se muere colectiva e individualmente. En la Grecia clásica, de la que tanto tenemos que aprender, se preocupaban e interrogaban por el sentido último de la existencia humana. Una sociedad no puede vivir si no tiene nada que decir sobre el sentido global de la existencia.

La sociedad moderna parece haberse quedado sin horizontes ni destino claros, sin metas ni puntos de referencia consistentes. Nos encontramos insertos en una cultura que mitifica la productividad, la eficacia, el activismo y el éxito. Anestesiados como estamos por el consumismo y la industria del entretenimiento, nos perdernos en las cosas accidentales y secundarias, olvidándonos de lo esencial. Atrapados por lo urgente, lo importante se eclipsa. Lo esencial se desvanece. Una sensación de insatisfacción y de vacío nos invaden. Todas las personas buscan referencias que les sirvan de orientación, que aclaren su horizonte, que motiven su esfuerzo, que nos orienten hacia metas que sean capaces de despertar nuestro entusiasmo, nuestra confianza, nuestra ilusión. En definitiva, encontrar horizontes por los cuáles valga la pena realmente "vivir".

Así como el propósito de una flor es florecer y aun cuando no haya nadie observando su belleza ésta florece y expande su fragancia a los cuatro vientos, el simple hecho de vivir es también para el ser humano un propósito en sí mismo. Preguntarse por la "causa final" o propósito de algo es preguntarse por el propósito, objetivo o meta por el cual existe o el "para qué" se produce una cosa. En la filosofía antigua, responde directamente a la pregunta "¿para qué sirve?" o "¿con qué fin se hizo?" "¿Qué es un hombre y qué cosa diversa le corresponde hacer a la naturaleza humana en relación a las otras naturalezas?"... estas son las cosas tras las que va y en cuya investigación se empeña a fondo el verdadero "sabio" (Sócrates). Según la sabiduría antigua “El hombre es un ser racional y alcanza su plenitud si ha cumplido el fin para el que ha nacido". Y en ese sentido dicha sabiduría nos orienta: el hombre no ha nacido para «hacer», sino para «contemplar», para contemplar las cosas más altas de la existencia.

Debido a la quiebra de las transmisiones culturales realizadas, muchos de nuestros contemporáneos no disponen del sustrato necesario para formularse los interrogantes decisivos de la existencia humana.

Aunque para algunos parece que no, hay horizontes más allá del solo reclamo del bienestar material, de la política, de la economía, de la competitividad por el éxito profesional o del imperante relativismo social. Cada uno debemos encontrar nuestro "propósito de vida". El propósito de vida da sentido a nuestra vida en su aspecto álmico. Lo que experimenta el alma enriquece al Ser, pero éste a su vez persigue un propósito mayor, el cual es común al resto de los seres de la creación. Este último y definitivo propósito que subyace en lo más profundo de nuestro inconsciente espiritual es el causante de esa permanente sensación de insatisfacción o vacío que tratamos de llenar de mil maneras distintas. Hasta que no descubramos cuál es ese destino último y nos dirijamos hacia él con pleno convencimiento, determinación y de manera consciente, jamás conseguiremos llenar ese vacío que nos acompaña a todas partes vayamos donde vayamos y hagamos lo que hagamos. Este Sentido Último es la respuesta al "por qué" y al "para qué" de nuestra presencia en el mundo.

Una buena Educación requiere una idea acerca de la finalidad de la vida y una idea clara del ser humano que queremos alumbrar, que hay que forjar. Para la persona madura la vida es algo más que la comida, la bebida, la seguridad o la sexualidad… Si no se desarrollan en una persona intereses más altos, vive en un nivel más próximo al animal que al humano… por tanto, de vez en cuando conviene pararse, y detenerse a pensar, contemplar, reflexionar sobre la orientación que damos a nuestra vida.

El secreto de la existencia humana no solo está en vivir, sino también en saber para qué se vive. (Fiódor Dostoievski)

"Ser lo que somos y convertirnos en lo que somos capaces de ser, es la única finalidad de la vida" (R. L. Stevenson)

A. El propósito de la vida humana, diferentes perspectivas

La teleología, es la disciplina encargada de profundizar en las finalidades últimas de las cosas que existen. La finalidad de la vida humana no es única ni universal, sino que depende de la perspectiva desde la que se analice. Desde la filosofía clásica hasta la biología moderna, el ser humano ha estructurado este propósito en diferentes dimensiones esenciales:

1. Perspectiva Filosófica

  • Eudamonía (Felicidad): Para pensadores como Aristóteles, la felicidad es el fin último del ser humano, alcanzada mediante la razón y la práctica de la virtud.
  • Construcción personal: El existencialismo sostiene que la vida no tiene un significado intrínseco; cada individuo debe definir libremente su propia función.

2. Perspectiva Biológica y Evolutiva

  • Supervivencia: Mantener las funciones vitales y adaptarse al entorno.
  • Reproducción: Perpetuar la especie mediante la transmisión de genes a las siguientes generaciones.

3. Perspectiva Psicológica y Social

  • Ikigai (Razón de ser) (*): Concepto japonés enfocado en la intersección entre lo que amas, lo que se te da bien, lo que el mundo necesita y por lo que te pueden pagar.
  • Conexión social: Desarrollar vínculos profundos, empatía y cuidado mutuo, entendiendo que la plenitud no se logra en aislamiento.

4. Perspectiva Trascendental o Espiritual

  • Evolución del alma: Escuelas espirituales y de yoga sugieren que venimos a aprender a amar, superar el dolor y expandir nuestra conciencia. Desde la ciencia de la conciencia se afirma que la finalidad de nuestra vida en esta dimensión tridimensional es descubrir nuestra supraconciencia. ¿Cuál es la finalidad de nuestra vida? ¿Por qué venimos aquí? Venimos aquí para desarrollar el ser, no el tener o el hacer. El ser es nuestra supraconciencia, el hacer o el tener es propio de nuestro ego. Nuestra finalidad en esta vida, como dice Pierre Teilhard de Chardin, es empezar en el punto Alfa lleno de impurezas propias del ego, irlas eliminando, hasta llegar el punto Omega, que representa la santidad, la budeidad o iluminación en las filosofías orientales…

B. ¿Cuál es el fin del ser humano, según la filosofía griega?

El fin supremo del ser humano según algunas corrientes de la filosofía griega es la eudaimonía (la felicidad o vida plena), la cual se alcanza mediante el ejercicio de la razón y la práctica de la virtud. Séneca afirmaba: “El hombre es un ser racional, por lo tanto, él alcanza su plenitud si ha cumplido el fin para el que ha nacido". La sabiduría griega nos orienta: el hombre no ha nacido para «hacer», sino para «contemplar» que es tanto como no "distraerse" y ejercitar una mirada directa, atenta y desinteresada sobre las cosas más altas de la existencia.

El concepto del Télos (propósito, finalidad, meta, objetivo último)

  • Naturaleza y función: Para los griegos, todo en el universo tiene un propósito u objetivo propio (télos).
  • La tarea humana: La función exclusiva del ser humano es la capacidad de pensar y actuar de manera racional.
  • La excelencia (areté): Cumplir de forma sobresaliente con esta función racional es lo que define la virtud humana.

Visiones principales de las escuelas griegas

  • Aristóteles: Sostenía que la felicidad (eudaimonía) es el bien supremo y la meta final de toda acción humana. No se trata de un estado pasajero de alegría, sino de una actividad del alma guiada por la virtud y la contemplación a lo largo de toda una vida.
  • Platón: Planteaba que el fin del hombre es la asimilación a lo divino a través del conocimiento del Bien, la justicia y la moderación de las pasiones mediante la razón.
  • Estoicos: Consideraban que el fin último es vivir de acuerdo con la naturaleza y la razón, alcanzando la imperturbabilidad (ataraxia) al aceptar con serenidad el orden del cosmos.

El pensamiento racional, columna vertebral del ser humano frente al animal humano.

El ser humano libre es aquel que es racional y no esclavo de sus impulsos afectivos o instintivos

En este nuestro mundo ajetreado y convulso, de vez en cuando podemos pararnos a pensar y reflexionar sobre el sentido y la orientación de nuestra vida y plantearnos: ¿Cuáles la finalidad de nuestra especie? ¿Cuál es el propósito o finalidad de la vida humana? Y la respuesta que encontramos en la filosofía antigua es que la causa final (el propósito, objetivo, finalidad o meta) del ser humano es el pensamiento racional, la vida racional, columna vertebral del humanismo frente al animal humano.

La creencia de que toda verdad es relativa ha llevado a obnubilar los fines que tiene nuestra especie. En los tiempos actuales, muchas personas creen que la productividad, el trabajo, es lo más importante en su vida; la productividad entendida como trabajo. Y si bien forma parte importante de nuestro día a día, la productividad y el trabajo no deberían ser considerados como el propósito u objetivo del ser humano. Entonces ¿cuál es la finalidad del ser humano? Veamos lo que decía la filosofía griega al respecto.

Un aspecto de la filosofía, la teleología, es la disciplina encargada de profundizar en las finalidades últimas de las cosas que existen en la realidad (animales, las plantas, los objetos, la naturaleza y el ser humano). Es la  encargada de estudiar las causas finales (propósito, objetivo o meta) de las cosas que existen (¿Para qué sirven? ¿cón que finalidad se crearon?). Filósofos como Platón y Aristóteles la emplearon frecuentemente para estudiar la finalidad de los seres, como los animales, las plantas, los objetos, la naturaleza y el ser humano. En ese sentido, los filósofos griegos se preguntaron frecuentemente acerca de lo que hacía diferente al ser humano con respecto a todos los demás seres de la naturaleza. En obras como la Metafísica y la Ética de Aristóteles se señala que el hombre es el único ser conocido que busca activamente la felicidad y la contemplación por medio del pensamiento.

Aristóteles señala que el hombre es el único ser que busca la contemplación por medio del pensamiento

Los objetos materiales creados por el hombre no tienen otra finalidad más que ser herramientas, un tipo de extensión corporal que ayuda con labores cotidianas con el único fin de hacer el trabajo más eficiente y facilitar su ejecución. Por ejemplo, una pala. La pala, al ser un objeto inanimado no cuenta con pensamiento, ni ninguna facultad propia de un ser viviente. Su causa final (finalida) es realizar un trabajo, pues para tal fin fue diseñada.

Por otro lado, las plantas tienen una facultad primaria que las cataloga como seres vivientes, y esta es la facultad nutritiva, que es la encargada de su conservación y desarrollo. La planta necesitará de un espacio adecuado y nutrientes provenientes del sustrato, el agua y el sol para poder desarrollarse. En este sentido, la planta es el primer eslabón de organismo vivo que interactúa con el ecosistema y los recursos naturales. Su causa final (su propósito o finalidad) es servir de alimento para otro organismo vivo y participar en el proceso de purificación del aire.

Los animales también cuentan con la facultad nutritiva, con la diferencia de que son seres que necesitan del movimiento continuo y tienen desarrollados los sentidos corporales. Por supuesto, el animal es un ser superior a las plantas por estos motivos. La causa final de los animales es superior a la de las plantas por el hecho de que la naturaleza los dotó de mayores capacidades físicas y de la capacidad de ser un ente predatorio de otras especies. Su supervivencia tiene que ver con el desarrollo de estas capacidades. De esta manera, los animales conforman el segundo eslabón de organismos vivos de la naturaleza. Su rol es servir de alimento a otros animales y al propio ser humano.

¿Y qué pasa con el papel del ser humano en el mundo? Aristóteles señala que somos la especie viviente más avanzada de la que se tenga conocimiento. Ciertamente, por este motivo, nuestra causa final (propósito, finalidad o meta) no puede ser la del trabajo como los objetos o las herramientas; tampoco la de la supervivencia como la de las plantas; ni siquiera la de la sobrevivir, moverse, ni el desarrollo de las capacidades físicas y predatorias tal como los animales. En cambio, el ser humano, al ser la especie mayormente dotada por naturaleza, tendría que ser capaz de realizar de cierto modo todo aquello que pueden hacer las herramientas, las plantas y los animales, con la diferencia de lo que nos hace especiales como especie: nuestra gran capacidad de pensamiento mediante la razón y no mediante el instinto.

El ser humano libre es aquel que es racional y no esclavo de sus impulsos afectivos o instintivos

Es en el ejercicio de la razón donde el ser humano encuentra la mayor satisfacción, pues ese es el lugar que la naturaleza le ha otorgado. El ser humano libre es aquel que es racional y no esclavo de sus impulsos afectivos o instintivos. De esta forma, el ser humano puede trabajar, respirar, moverse, comunicarse, alimentarse y además pensar y reflexionar. Al menos para Platón y Aristóteles, el único ser capaz de ejercer el pensamiento perfecto es dios, el cual no se refiere necesariamente al dios bíblico, sino mas bien a un dios filosófico, descrito como perfecto, impersonal y que representa el pensamiento puro. Consecuentemente, el ser humano dotado de razón se acercaría a la deidad y se alejaría de lo corpóreo y de las bestialidades propias de los animales. Así, la causa final (propósito, finalidad o meta) del ser humano es el pensamiento racional, columna vertebral de la filosofía y del humanismo frente al animal humano.

C. Perspectiva japonesa: Ikigai

Japón ha alcanzado un nuevo hito demográfico que, al mismo tiempo, pone de manifiesto uno de los grandes retos a los que se enfrenta el país. Por primera vez, el número de personas de 100 años o más ha superado las 100.000. El dato es un símbolo del éxito de Japón a la hora de alargar la esperanza de vida de su población. Las mujeres representan el 88% del total. Diversos factores explican esta longevidad. Entre los más destacados se encuentran una alimentación tradicional considerada saludable, el acceso generalizado a un sistema sanitario avanzado y determinados hábitos sociales. También influyen elementos culturales como el ikigai, una filosofía que invita a encontrar un sentido o un propósito a la vida y que, en algunos casos, contribuye a mantener a las personas activas durante más tiempo.

¿Cuál es tu razón de ser? Según los japoneses, todo el mundo tiene un ikigai, lo que un filósofo francés traduciría como raison d’être. Algunos lo han encontrado y son conscientes de su ikigai, otros lo llevan dentro, pero todavía lo están buscando. El ikigai está escondido en nuestro interior y requiere una exploración paciente para llegar a lo más profundo de nuestro ser y encontrarlo. Tener un ikigai claro y definido, una gran pasión, da satisfacción, felicidad y significado a la vida. Una de las cosas que te sorprenden cuando llevas un tiempo viviendo en Japón es ver lo activa que sigue la gente incluso después de jubilarse. De hecho, un gran número de japoneses nunca se «retira», sigue trabajando en lo que le gusta, siempre y cuando su salud se lo permita. «Tener un propósito vital es tan importante en esta cultura que por eso no tienen nuestro concepto de jubilación». En esta isla hay más personas mayores de 100 años por 100.000 habitantes que en cualquier otra región del planeta. Además de vivir muchos más años que el resto de la población mundial, padecen menos enfermedades crónicas como el cáncer o las dolencias cardiacas; también son menos comunes las afecciones inflamatorias. Hay numerosos centenarios con un envidiable nivel de vitalidad y un estado de salud que sería impensable para ancianos de otras latitudes. Los casos de demencia presentan también un índice notablemente más bajo que la media de la población mundial. Los investigadores resaltan que una parte importante de la salud y longevidad de sus habitantes se debe a su actitud «ikigai» ante la vida, lo cual procura un sentido profundo a cada día.

El Ikigai es un concepto japonés que se traduce como "la razón de ser" o "la razón para levantarse por la mañana". Combina dos palabras: iki (vida) y gai (valor o mérito). Representa el equilibrio perfecto entre tu pasión, tu vocación, tu profesión y tu misión en el mundo. Los 4 Pilares del Ikigai: para encontrar tu Ikigai, debes responder a cuatro preguntas fundamentales:

  • Lo que amas: Tus pasiones y lo que disfrutas hacer sin importar el tiempo.
  • En lo que eres bueno: Tus talentos, habilidades y fortalezas naturales o adquiridas.
  • Lo que el mundo necesita: Las demandas de tu comunidad o del planeta que puedes ayudar a resolver.
  • Por lo que te pueden pagar: Tu valor en el mercado laboral y cómo puedes monetizar tus conocimientos.

Las Intersecciones. Cuando estos pilares se cruzan, surgen diferentes estados:

  • Lo que amas + En lo que eres bueno = Pasión
  • Lo que amas + Lo que el mundo necesita = Misión
  • Lo que el mundo necesita + Por lo que te pueden pagar = Vocación
  • En lo que eres bueno + Por lo que te pueden pagar = Profesión

El Equilibrio Perfecto. El verdadero Ikigai se encuentra en el centro exacto, donde se cruzan las cuatro áreas. Si falta alguna, el equilibrio se rompe:

  • Sin dinero, tendrás satisfacción pero no riqueza.
  • Sin pasión, tendrás comodidad pero vacío emocional.
  • Sin utilidad para el mundo, tendrás éxito pero inutilidad aparente.

Fuente: https://ethic.es/cual-es-el-fin-del-ser-humano-segun-la-filosofia-griega? + otros

Ver también:

Diferentes objetivos por los que viven los seres humanos

Prioridad del «ser» sobre el «hacer»


Per a «construir» junts...

«És detestable aquest afany que tenen els qui, sabent alguna cosa, no procuren compartir aquests coneixements».
(Miguel d'Unamuno, escriptor i filosof espanyol)

Si el que aquí se t‘ofereix ho trobes interessant… No t’ho guardis per a tu sol... Les teves mans també són necessàries...

Comparteix-ho, passa-ho... Junts podem contribuir a ampliar la consciència «global»

Recorda, cada pensament que cultivem, cada acció que emprenem, cada petit acte d'amor i de comprensió que realitzem i cada connexió que establim amb altres ens apropa un pas més al futur que estem cridats a crear.
(Pierre Teilhard de Chardin (1881–1955) jesuïta, paleontòleg i filòsof francès)

Para «construir» juntos...

«Es detestable ese afán que tienen quienes, sabiendo algo, no procuran compartir esos conocimientos».
(Miguel de Unamuno, escritor y filósofo español)

Si lo que aquí se te ofrece lo encuentras interesante... no te lo guardes para ti solo... Tus manos también son necesarias...

Compártelo, pásalo... Juntos podemos contribuir a ampliar la conciencia «global»

Recuerda, cada pensamiento que cultivamos, cada acción que emprendemos, cada pequeño acto de amor y de comprensión que realizamos y cada conexión que establecemos con otros nos acerca un paso más al futuro que estamos llamados a crear. (Pierre Teilhard de Chardin (1881–1955) jesuita, paleontólogo y filósofo francès)