Los niveles de consciencia son niveles de evolución de la consciencia en el reino humano en su expresión más avanzada: evolución del alma. El Mapa de la Conciencia es una visión de la vida, una visión del mundo. Los niveles son al estados emocionales, intelectuales y espirituales. Estos campos de energía son formas en las que vemos el mundo. Es el color de los anteojos que nos ponemos. Cuanto más alto, más poder. Debajo de 200 son todos niveles de debilidad.
Una impactante y revolucionaria realidad existencial: el ser humano es un espíritu encarnado. El ser humano básicamente está constituido por cuerpo físico y espíritu o alma-conciencia. Cunado la «evidencia» se sobrepone a la «fe» y se convierte en «certeza», en «consciencia cierta». El espíritu o alma-conciencia es el ser que realmente soy. Para el alma-conciencia, para el espíritu, no hay tiempo, ni espacio. El ser espiritual, el alma-conciencia, siempre está en el eterno presente.
La verdadera aspiración en la vida humana tras las grandes preguntas que en el fondo todos los seres humanos nos hacemos. La vida como una joya que hemos de llegar a pulir de tal manera que refleje todos los talentos, todas las posibilidades que se nos han otorgado por el hecho de haber nacido. ¿Cómo cocinas tú tu vida...? ¡Aprende a cocinar bien tu vida!
Indiferencia es lo que predomina en nuestro mundo. hemos aprendido a inmunizarnos ante el dolor del otro, a ignorar el sufrimiento ajeno, a pasar de largo ante el dolor de los demás. A una parte de la población nos ha sorprendido con vergüenza y rubor la indiferencia de la población ante la destrucción, la barbarie o el exterminio de los últimos tiempos.
En busca de la «sabiduría». Comprendiendo quiénes somos y cuál es la finalidad de la vida humana. Hacia la necesidad de una transformación interna profunda. Cómo el ser humano puede alcanzar una más plena humanidad. Cambio en nuestro nivel de conciencia.
La Iglesia necesita una reforma tanto en la forma de transmitir su mensaje como en la forma de presentarse ante la sociedad actual. Una Iglesia que en su dimensión cultual se presenta todavía bajo apariencia medieval, sin esta renovación, no tiene futuro en el mundo moderno. Hay que desempolvar nuestra fe del lenguaje y representaciones más bien propias de tiempos pasados, para formularla en un lenguaje mucho más actual y comprensible para el mundo de hoy.
Corren tiempos de incertidumbre espiritual y grandes contradicciones. Los seres humanos no estamos completos si no cultivamos, desarrollamos y dejamos expesar nuestro espíritu. Las necesidades reales y esenciales del ser humano no han cambiado mucho a lo largo de los siglos. «La perfección humana reside en esto, que el amor a Dios debe conquistar el corazón humano y habitarlo por completo, e incluso si no lo habita por completo, debería predominar en el corazón sobre el amor a todas las cosas».