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las cuatro de la tarde la chiquillería de la escuela pública
de la plazuela del Limón salió atropelladamente de clase,
con algazara de mil demonios. Ningún himno a la libertad,
entre los muchos que se han compuesto en las diferentes naciones
es tan hermoso como el que entonan lo oprimidos de la enseñanza
elemental
al soltar el grillete de la disciplina escolar y echarse
a la calle piando y saltando. La furia insana con que se lanzan
a los más arriesgados ejercicios de volatinería, los estropicios
que suelen causar a algún pacífico transeúnte, el delirio
de la autonomía individual que a veces acaba en porrazos,
lágrimas y cardenales, parecen bosquejo de los triunfos revolucionarios
que en edad menos dichosa han de celebrar los hombres.
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