2005-15
10è ANIVERSARI

titol

Cómo actúa nuestra mente o lo que de verdad importa

«Inputs» mentales y competencia selectiva

Conociendo mejor cómo actúa nuestra mente

El camino cerebral hacia la plenitud: apostar por lo esencial

A menudo ocupamos nuestra mente con pequeñeces, minucias insignificantes, cuando no con “pasatiempos” banales y estériles… nos distraemos con lo más “divertido, entretenido, ameno, grato” de nuestro entorno. Así a veces nos pasan desapercibidos cuestiones y temas de capital importancia.

En eso consiste precisamente nuestra tarea existencial como seres humanos: descubrir a qué cosas vale la pena realmente prestar atención, ver qué priorizar en cada momento y aprender a dedicarles los debidos recursos en vista a la realización de una vida más plena.

¿Qué intereses, aspiraciones, deseos, anhelos, inquietudes, nos “pre-ocupan” y “ocupan” nuestra mente? ¿Por qué parte de la realidad nos interesamos? ¿Cuáles son los aspectos por los que realmente nos interesamos? 

Es un deber ineludible de cada uno superar la mediocridad y la banalidad de la vida y centrarnos  en aquellas cuestiones de las que depende y está en juego nuestra propia felicidad. 

Nuestra mente está continuamente en marcha, ocupada, atareada, siempre actuando, funcionando, siempre activa. Nuestra vida mental suele ser variada e intensa. ¿Qué es lo que pre-ocupa y ocupa nuestra mente, en qué ocupamos nuestra actividad psíquica?  

«Inputs» mentales y competencia selectiva

Nuestra actividad mental está condicionada por multitud de factores. Las fuentes de donde se nutre nuestra mente son muy diversas. Por una parte, nosotros mismos somos generadores de ingente cantidad de información. Nuestro propio cuerpo y nuestro psiquismo son constantes productores de informaciones múltiples. Por otra, a las preocupaciones propias de cada día, a circunstancias personales y familiares, le debemos añadir las presentes en el ambiente, en nuestro entorno social, en la opinión pública.

Nos desbordan los estímulos procedentes de la realidad, de nuestro entorno, de los medios de comunicación social: anuncios, ofertas, tendencias, modas, propaganda, promesas, sugerencias, proclamas, modelos diferentes, estilos de vida diversos... Ante tantas ofertas y anuncios, reclamos sugerentes, tentaciones seductoras, modelos y estilos de vida atrayentes, voces cautivadoras... ante tal superabundancia de estímulos,  mensajes y reclamos... ¿qué hacer, cómo orientarse, hacia dónde decantarse?

Saturados de tantas informaciones recibidas, si no queremos hundirnos en la marea de todos estos estímulos, en ese total revoltijo, tenemos que aprender a distinguir las «voces» de los «ecos», aquello que para nosotros es importante y lo que no lo es, lo que tiene sentido y lo que no lo tiene.  Ello implica aprender a distinguir, aprender a escoger, a ser selectivos. Sin embargo no todos los individuos tienen desarrollada adecuadamente esa competencia. La educación de hoy, a menudo desnortada y alejada de lo esencial, debería ayudar a desarrollar esa competencia y enseñar a ser “selectivo”.

En nuestra experiencia diaria, a menudo podemos comprobar como muchas personas, inmersas como todos en el turbulento mar de la cotidianeidad, absortos en sus quehaceres, sumidos en sus preocupaciones diarias, tienden a ignorar, les pasan desapercibidos –o a percibir como ajenos- valores, cuestiones y temas de capital importancia.

Una gran parte de nuestra producción mental, de los “productos” que pululan por nuestra mente dependen de nuestros afectos, de nuestros intereses personales, de aquello que nos llama la atención, de las cuestiones en las que nuestra idiosincrática estructura mental acostumbra a focalizar su atención.  

Un cerebro en el que cabe todo: información consciente e inconsciente

Nuestra mente no para de actuar, está llena de contenidos, de cosas que vemos, que percibimos, de informaciones diversas (ideas, imaginaciones, sueños…) y realiza actividades como hablar, entender, recordar, imaginar, soñar, disfrutar, amar, sufrir... un conjunto de capacidades que llenan nuestra mente hasta rebosar...

Nuestro cerebro «procesa» cantidades ingentes de información. Procesa unos 400.000 millones de bits de información por segundo. Pero nosotros solo somos conscientes de unos 2.000 de ellos. Lo único que “vemos”, es decir, de lo que realmente somos conscientes es tan sólo una pequeña parte del total percibido, la punta del iceberg, el resto escapa a nuestra consciencia.

El cerebro percibe la información de la realidad, aunque no siempre da acceso consciente a toda esa información. No sabemos realmente todo lo que hay dentro de nuestros cerebros porque realmente no somos conscientes de toda la información que alberga. De todo lo percibido solamente nos quedamos con aquello que mejor concuerda con nuestros intereses. El cerebro, además de los contenidos que nos son conscientes, tiene muchas más informaciones dentro. Lo consciente es solamente una parte muy pequeña de todo lo que hay en el cerebro.

Un «procesamiento»  selectivo. Estamos bombardeados constantemente por cantidades ingentes de información. Esa información entra en nuestro cuerpo por vías sensoriales, extrasensoriales, reflexivas, intuitivas… y la procesamos.  En esa fase de «procesamiento » la información percibida la vamos filtrando más y más…e inconscientemente  vamos desechando la que no responde a nuestros intereses. Es decir, nuestro cerebro actúa selectivamente. Finalmente, de todo lo que percibimos solamente nos quedamos con una pequeña parte,  aquello que nos sirve mejor, aquello que mejor se adecua con nuestros intereses, que nos es más útil  de acuerdo con nuestros afectos e intereses.

Por otra parte, nuestro cerebro a la hora de actuar se suele enfrentar a la realidad no ex-novo, sino con una idea previa, con una expectativa, con un pre-diseño de lo que pretende llevar a cabo, de lo que pretende realizar, de lo que quisiera hacer en un determinado momento o en un futuro; nuestro cerebro tiene la capacidad de imaginarse, de representarse previamente el futuro, lo que le gustaría hacer o lo que desea alcanzar. Imagina lo que le gustaría realizar y luego busca el cómo y los medios para conseguirlo. En la actividad mental entra en juego toda la información que posee, tanto la consciente como la inconsciente.

Jerarquizar los intereses… aprender a focalizar la atención

Dentro de nuestro cerebro caben muchas, muchísimas cosas… como acabamos de ver caber caben todas. Ahora bien, uno de los grandes desafíos para cada uno de nosotros es saber a qué dedicar preferentemente nuestra atención, a qué cosas de las que hay dentro de nuestro cerebro prestar atención.

En este sentido uno de los grandes retos de nuestra vida es descubrir en qué cuestiones vale la pena focalizar nuestra atención mental; a qué cosas vale realmente la pena dedicar la atención, a cuáles de las cosas que pululan por nuestro cerebro vale la pena prestarles la debida atención, en vistas a nuestra satisfacción plena, en vistas a nuestra felicidad.

Y aquí se nos presenta un arduo trabajo de discernimiento, de selección, de jerarquización, de priorización de nuestros intereses. Aprender a identificar las cuestiones que nos llenan, para desechar lo prolijo y superfluo y centrarnos en aquellas cuestiones que sabemos que nos hacen realmente felices. Porque corremos el riesgo de quedar ahogados en medio de ese proceloso mar de informaciones, de que nuestro cerebro se despiste, pierda el norte, se distraiga de lo esencial, y nos dediquemos a prestar atención a cuestiones insignificantes, epidérmicas, secundarias, a cuestiones que no nos llenan realmente, a cuestiones triviales, banales, a cuestiones que no nos hacen verdaderamente felices.

Hemos de aprender a establecer prioridades y descubrir, de entre la infinidad de informaciones que pueblan nuestra mente, a qué cosas vale realmente la pena prestar atención, dedicando nuestra atención preferentemente a aquellas cosas que realmente sabemos que nos van a llenar. Todo un reto para toda una vida. Aprender a discernir, en palabras de Machado, las «voces» de los «ecos», y entre las voces «una». Nuestro gran reto, pues, en vistas a una realización personal más plena consiste en ir descubriendo aquello que realmente nos llena y aprender a prestar atención a aquellas cosas, de entre las que pululan por nuestro cerebro, que nos resulten verdaderamente relevantes. E ir dedicando nuestras energías y nuestro esfuerzo a aquello que intuimos que realmente nos va a llenar y nos va a hacer felices... En esto consiste el gran reto que tenemos por delante cada uno de nosotros: descubrir todo aquello que resulte importante en nuestra existencia, aquello que realmente puede llenar de sentido nuestra vida, en orden a la realización de una vida más plena, a fin de dedicarle la atención y las energías debidas. Si cada uno de nosotros lograse orientar su mente  a ese objetivo, habríamos progresado mucho humanamente.

VMC