titulo de la web

Reconocer nuestra ignorancia

Nuestro «sistema de creencias» como impulsor u obstaculizador de nuestro desarrollo, crecimiento y transformación personal.

Nuestra transformacvión personal empieza reconociendo humildemente nuestra pequeñez y nuestra ignorancia. En perspectiva postmaterialista las personas debemos situarnos en un proceso continuo de transformación personal, purificando nuestro ser yendo del "punto alfa" al "punto omega" ( - ver aquí - ). Nuestro "sistema de creencias" a veces actúa más como obstáculo e impedimento que como impulsor y potenciador de nuestra transformación personal. La superación del sistema de creencias personales es el núcleo fundamental de cualquier proceso de transformación personal profundo. Nuestro sistema de creencias funciona como un "mapa mental" invisible o un filtro a través del cual interpretamos la realidad, tomamos decisiones y fijamos nuestros límites. Cuando logramos identificar y trascender las ideas rígidas que nos condicionan, abrimos paso a una reconfiguración de nuestra identidad y de nuestras capacidades, Las creencias no son verdades absolutas, sino interpretaciones arraigadas. Se dividen principalmente en dos grandes grupos: limitantes y potenciadoras.

Existen muchos tipos de "creencias" (las hay religiosas, pero también científicas, filosóficas, ideológicas, a la política, relativas al ambiente social, a la esfera de la vida cotidiana...) Las «creencias» las damos por supuestas. Son la base sobre la cual cada individuo construye su concepción de la realidad. Un «sistema de creencias» es el conjunto de ideas y principios que guían la forma en que una persona o grupo percibe el mundo y actúa en él. A menudo dependemos de creencias heredadas. Nuestro sistema de creencias es lo que opinamos sobre nosotros mismos, sobre los demás, sobre el mundo, sobre la vida. Está formado por el conjunto de valores sobre los cuales hemos decidido consciente o inconscientemente vivir nuestra vida. Nuestro sistemas de «creencias» determina nuestro estilo de vida. Lo que para nosotros es "real" o "bueno" depende de lo que nosotros “creemos” que es real o bueno. Cuando una creencia se instala en nosotros de forma sólida, nuestra mente descarta, no tiene en cuenta, las experiencias que no concuerdan con ella. Cuestionar nuestras creencias más arraigadas requiere de mucho coraje, implica aceptar nuestra ignorancia y admitir que tal vez hayamos podido estar equivocados. Para una más concreta aproximación a la cuestión ( - ver aquí - ).

Es propio de mentes «sensatas» reconocer humildemente nuestra contingencia y nuestra ignorancia. Para sobreponernos a nuestras creencias "limitantes" conviene empezar haciendo consciente lo inconsciente, con sentido crítico. Consiste en detectar qué pensamientos recurrentes alimentan nuestros miedos o bloqueos atávicos.

De todas las "creencias" que tenemos las auténticamente condicionantes son aquellas de las que no somos conscientes.

Lo que consideramos «realidad» no es, en el fondo, más que un conjunto de creencias que se van desmontando con el tiempo.

Algunas ideas destacadas:

  • Nuestras "creencias" condicionan nuestra vida más de lo que imaginamos.
  • Esas "creencias" nos limitan y destorsionan nuestra comprensión de la realidad.
  • Es preciso reconocer nuestra "ignorancia", si queremos salir de la prisión de la mente.
  • Tu mente está llena de conocimiento, opiniones, especulaciones, "creencias"...
  • No será posible alcanzar el saber "verdadero" para una mente que se cree sabia y llena de ideas.
  • Hasta que no seas capaz de vaciar tu mente, ni yo ni nadie podrá verter nuevos conocimientos en tu mente. A la mente le ocurre igual que a una taza de té, solamente recibe líquidos cuando está vacía.
  • El reconocimiento de la propia ignorancia y el contemplar la realidad sin prejuicios, los cimientos del auténtico saber.
  • Necesitamos liberarnos de nuestro "sistema de creencias"
  • Lo primero es reconocer que sabemos muy poco, en realidad, no sabemos casi nada: la realidad no siempre es como "parece" y la existencia nos resulta un misterio, comenzando por el misterio del nacimiento y de la muerte.
  • Es difícil apearnos de nuestro "sistema de creencias".
  • Lo que consideramos «realidad» no es, en el fondo, más que un conjunto de creencias, que se van desmoronando con el tiempo, dando lugar a nuevas creencias.
  • De todas nuestras "creencias", las auténticamente condicionantes son aquellas de las que no somos conscientes y con las cuales edificamos nuestra percepción del mundo.
  • Las "creencias" suelen ser efímeras: a partir de las precisas observaciones y experiencias de la física moderna, comienza a desmoronarse nuestra concepción tradicional de que ahí fuera existe una realidad separada e independiente de nosotros, los observadores humanos.
  • No percibimos el mundo tal como es, sino una imagen muy limitada del mismo, suministrada por unos limitados sentidos perceptivos.
  • Según la interpretación de Copenhague, no podemos saber qué es la Realidad, por nuestra limitada capacidad perceptiva solo podemos tener, obtener, una idea parcial, limitada, de ella.
  • La idea o imagen que nos formamos de la realidad está muy condicionada por las condiciones del observador. No hay una realidad sustantiva ajena al observador. No existe un mundo físico sustantivo, objetivo.
  • Vamos a tientas por el mundo, llegando a conclusiones y aparentes certezas a partir de la creencia (falsa) de que lo que estamos percibiendo es la realidad objetiva.
  • Nos mantenemos atrapados en la creencia de ser esa "falsa" imagen que nuestro "ego" ha forjado, que nos hemos formado de nosotros mismos.
  • En lugar de reconocer humildemente nuestra ignorancia y nuestra limitada capacidad perceptiva, quedamos atrapados por nuestras "creencias", estas suelen distorsionar la realidad y nos impiden avanzar hacia el conocimiento real.
  • Lo que no es el conocimiento de una realidad directa, inmediata, nos limita y nos extravía en nuestra búsqueda de la verdad y la libertad.
  • Puedes liberarte de tu "sistema de creencias". Para ello lo primero será tomar conciencia, darte cuenta, de hasta qué punto todos estamos sometidos, limitados, esclavizados por las creencias inconscientes que albergamos.
  • Somos esclavos de nuestro inconsciente, de esas creencias inconscientes que nos habitan y condicionan. Si queremos ser libres, necesitamos liberarnos de nuestras "creencias", la mayoría de ellas inconscientes.
  • Es posible dejar de identificarnos con lo que nuestro "ego" nos dice que somos. Para ello es necesario dar un salto en la consciencia a un estado de consciencia más expansivo, a otros niveles de consciencia superiores que nos permitirán ver con mayor claridad y lucidez.

Vamos a proponer algunas vías que permiten obtener a través de la reflexión mental un vislumbre razonable de la sabiduría y el orden del Universo. Pero para abordarlas con eficacia es imprescindible un paso previo fundamental: necesitamos liberarnos de nuestro "sistema de creencias" Es preciso reconocer nuestra ignorancia si queremos salir de la prisión de la mente y la ilusión. No hay posibilidad de alcanzar el saber para una mente que se cree sabia y que está llena de ideas. Tu mente está llena de conocimiento, opiniones y especulaciones. De nada sirve que quieras venir a mí para aprender, si tu mente continúa llena. Hasta que no seas capaz de vaciar tu mente y venir sin conocimientos previos, ni yo ni nadie podrá verter nuevos conocimientos en tu mente. A la mente le ocurre igual que a una taza de té, solamente recibe líquidos cuando está vacía.

Vamos a intentar aquí algo similar a lo que realizaba el sabio Sócrates. El filósofo ateniense desarrollaba su método de acceso al conocimiento —la mayeútica— llevando inicialmente a su interlocutor a reconocer su ignorancia. A partir de ahí, se abordaba el descubrimiento del saber genuino. Suya es la célebre afirmación de «Solo sé que no sé nada». También que «El auténtico conocimiento comienza con el asombro». Así, el reconocimiento de la propia ignorancia y el contemplar la realidad con la inocencia de un niño eran para Sócrates los cimientos del auténtico saber.

Siguiendo estos sabios pasos, si queremos salir de la incertidumbre y el extravío, lo primero que debemos reconocer es que sabemos muy poco; en realidad, no sabemos casi nada. Es preciso reconocer que la Existencia nos resulta un misterio, comenzando por el misterio que son el nacimiento y la muerte. Si creemos que sabemos, la mera presunción de saber nos veta el acceso al saber verdadero.

La creencia en el geocentrismo y el giro copernicano

Un ejemplo que ilustra apropiadamente lo difícil que puede ser salir de una creencia errónea es el caso de la teoría geocéntrica versus la teoría heliocéntrica.

Hoy sabemos que la Tierra y los restantes planetas del sistema solar giran en torno al Sol. A pesar de ello, la humanidad mantuvo durante milenios la creencia de que la Tierra estaba fija e inmóvil en el centro del universo y que todo él giraba en torno a la Tierra, lo cual se conocía como geocentrismo. Ciertamente eso es lo que parecía a simple vista. Pero la verdad es tozuda y las cosas no son lo que parecen. El tiempo demostró que Galileo tenía razón y los inquisidores no. Se necesitaron miles de años, pero, al cabo, fue inevitable aceptar que la Tierra giraba sobre su eje y se trasladaba alrededor del Sol, a pesar de que no era eso lo que parecía suceder en realidad. Este hecho evidencia hasta qué punto podemos dejarnos engañar por las apariencias.

La física cuántica y la separación sujeto/objeto

Otra creencia fundamental de nuestra cultura es considerar que estamos separados de la realidad que nos circunda. Sin embargo, en la actualidad, esta creencia también es cuestionada por hechos que afloran desde la física cuántica. El problema, según Max Planck, premio nobel de física en 1918, reside en que: «[…] La ciencia es incapaz de resolver el misterio último de la naturaleza. Y ello se debe, en último análisis, a que nosotros mismos formamos parte de la naturaleza y, por tanto, del misterio que estamos intentando resolver». Siendo así, es preciso incluir en la ecuación el conocimiento del hombre mismo si queremos resolver el enigma de la existencia, tal como figuraba en el pronaos del templo de Apolo en Delfos.

No obstante, a raíz de la formulación de las leyes de Newton, y hasta finales del siglo XIX, predominó una concepción mecanicista y dual de la realidad, según la cual espacio y tiempo eran absolutos e independientes, y sujeto y objeto (es decir, el hombre y el resto de la existencia) estaban separados y eran igualmente independientes. En consecuencia, los físicos estaban convencidos de que la Realidad podía ser observada objetivamente sin afectarla.

La imagen con la que describían este hecho era la de que el científico era un observador que atestiguaba el teatro del mundo desde fuera de la acción y sin afectar en nada al desarrollo de la función que se representaba en el escenario. Las observaciones de la física moderna (por ejemplo, la naturaleza dual onda-partícula de la luz) derrumbaron esta hipótesis. La nueva física, la mecánica cuántica, nos dice que no es posible observar la realidad sin cambiarla. Si observamos un experimento relacionado con la colisión de una determinada partícula, podemos probar que el resultado Del experimento no sería el mismo puesto que el resultado obtenido está afectado por el hecho de que lo estamos observando. Observaciones cada vez más precisas llevaron a la conclusión de que no existen «partículas subatómicas» en sí, sino «probabilidades», las cuales se sustancian (es decir, se concretan) cuando interaccionan con un observador (por ejemplo, a través de una medición).

Una prueba de ello lo hallamos en la naturaleza onda-partícula de la luz. Para total desconcierto del mundo científico, la luz manifestaba ambas naturalezas, lo cual era (y sigue siendo) una tremenda paradoja. Los hechos demostraron una y otra vez que la luz se manifestaba de un modo u otro en función de lo que «el observador» quisiera probar. Esta constatación condujo a una conclusión irrefutable: la luz tenía una doble naturaleza potencial, y solo al entrar en contacto con un observador, actualizaba una u otra de sus potencialidades (pues no puede manifestar ambas de modo simultáneo). ( -ver aquí- y también - aquí- ). Una partícula (o un cuanto de luz, ya sea onda o partícula) es solo una potencialidad hasta que interacciona con un observador. En ese instante, la función de onda, que hasta entonces era una potencialidad «sí-y-no» (donde «sí» y «no» coexisten simultáneamente de manera potencial), se colapsa, es decir, se sustancia o se manifiesta concretamente en un «sí» o un «no» mutuamente excluyentes.

Pero la física cuántica todavía fue más lejos. Ante los hechos observables, la interpretación de Copenhague adoptó una interpretación tan pragmática como radical, la cual presenta las siguientes conclusiones:

  1. No podemos saber qué es la Realidad, ya que la mente no puede interaccionar directamente con ella, sino que ha de hacerlo por mediación de los sentidos (un sistema perceptivo limitdo); de modo que solo podemos tener una idea limitada (es decir, una interpretación mental) de ella.
  2. No importa tanto saber qué es la Realidad, sino saber cómo funciona; y la experiencia demuestra que la Realidad funciona como una potencialidad (es decir, una probabilidad) que se sustancia cuando interacciona directamente con un observador.
  3. La conclusión es que no hay una realidad sustantiva ajena al observador (es decir, al sujeto), sino una potencialidad que solo se concreta en la interacción con un observador. Si la posición de la mecánica cuántica es correcta, la conclusión que se obtiene es que no existe un mundo físico sustantivo, objetivo.

A partir de las precisas observaciones y experiencias de la física moderna, comienza a desmoronarse nuestra concepción tradicional de que existe ahí fuera una realidad separada e independiente de nosotros, los observadores humanos. Desde Einstein se sabe que espacio y tiempo ya no son absolutos, sino relativos e interdependientes. También que la materia y la energía no son realidades separadas, sino dos estados de una misma y única existencia. Ahora resulta que tampoco el observador y lo observado (es decir, el sujeto y el objeto) son independientes ni están ya separados, sino que ambos sustancian a la vez la Realidad de manera simultánea e inseparable. De este modo, los hechos parecen apuntar a que, al contrario de lo que se pensaba a principios del siglo XX, no solo no hay dualidad «espacio y tiempo», o «materia y energía», sino tampoco «sujeto y objeto»; por tanto, lo que hay es una unidad de «espacio-tiempo», «materia-energía» o «sujeto-objeto». Lo que parece evidenciarse es que no hay una realidad que sea solo sujeto o solo objeto de manera independiente. Al igual que ocurrió antaño con otros cambios de paradigma, como fue el caso del giro copernicano, también ahora la cultura necesitará algo de tiempo antes de ser capaz de asumir un cambio tan radical como el que implica el paradigma no-dual sujeto-objeto. Ello es así debido a que este nuevo enfoque desmonta los fundamentos mismos de nuestra concepción acerca de la Realidad. La psique colectiva necesita tiempo para aceptar algo tan revolucionario. Pero lo destacable es que el antiguo paradigma dual, según el cual el sujeto y el objeto están separados y son independientes, ha sufrido un serio impacto en su línea de flotación, dado que empieza a resultar imposible desdeñar las evidencias en su contra. De hecho, la concepción no-dualista sujeto-objeto que se desprende de la física cuántica, según la cual la Realidad es insustancial (es decir, existe solo de manera potencial) hasta que interacciona con un observador, es la que mejor se ajusta a los hechos observados.

La Interpretación de Copenhague de la mecánica cuántica conduce directamente a la conclusión de que el mundo físico no existe en sí mismo. Nuestra inclinación es rechazar esta declaración como el loco producto de intelectuales enclaustrados. Sin embargo, hay varias buenas razones para no ser tan apresurados en nuestro juicio. Una de ellas es que la física cuántica es un sistema lógicamente consistente, es decir, consistente consigo misma y consistente con todos los experimentos conocidos.

Sobre las creencias

Vemos, así, que lo que consideramos«realidad» no es, en el fondo, más que un conjunto de creencias que se van desmontando con el tiempo, dando lugar a nuevas creencias.

Las religiones también son creencias, pero son creencias muy visibles y evidentes; son muy fáciles de ver. Aunque las creencias auténticamente condicionantes son aquellas de las que somos inconscientes y con las cuales edificamos nuestra percepción del mundo.

Por ejemplo, la creencia de que percibimos el mundo exactamente tal cual es. La realidad es que no percibimos el mundo tal como es, sino una imagen muy limitada del mundo, la cual es suministrada por unos limitados sentidos perceptivos. Por tanto, desde este enfoque el mundo nos resulta un misterio insondable. ¿Cómo no va a ser un misterio si ni siquiera somos capaces de percibir la realidad directamente tal cual es? Vamos a tientas por el mundo, llegando a conclusiones y aparentes certezas de todo tipo a partir de la creencia (falsa) de que lo que estamos percibiendo es la realidad.

Otra creencia común es que somos realmente el individuo que pensamos que somos, que un día nació y que tiene una historia personal y unos recuerdos que lo definen. Creemos ser este "ego", del mismo modo que creemos ser el personaje que soñamos ser mientras estamos soñando. Todo ello no son más que percepciones limitadas de nosotros mismos que nos ofrece nuestra limitada capacidad perceptiva y, sin embargo, estamos convencidos de que estamos percibiendo la realidad (que realmente eso es lo que somos), y no que eso es una simple creencia de lo que creemos ser. Así pues, nos mantenemos atrapados y enganchados a la creencia de ser esa "falsa" imagen que nos hemos formado de nosotros mismos.

También creemos que poseemos libre albedrío y que somos los forjadores de nuestro diálogo interno, cuando el diálogo ocurre por sí mismo. Y también parece muy real nuestra creencia de que somos seres independientes y separados del Universo que nos rodea. No obstante, gracias a la mecánica cuántica, esta creencia también comienza a desmoronarse.

De lo que estamos hablando no es de creer en un dios u otro, en unos dogmas religiosos u otros, en unas ideas u otras, sino que hablamos de las creencias que cultivamos y anidan en lo profundo de nuestro subconsciente, aquellas que secretamente nos definen, limitan, nuestra percepción de la realidad y configuran de modo implacable la jaula de cristal en la que estamos aprisionados.

Por ejemplo, ¿qué crees acerca del nacimiento y de la muerte? ¿Ya existías antes de nacer? ¿Desaparecerás al morir? El nacimiento y la muerte constituyen un misterio fascinante absolutamente crucial, el mero hecho de que ignoremos la verdad que encierra ese misterio evidencia la ignorancia en que habitamos. La ciencia ha demostrado sobradamente el principio de conservación de la energía, según el cual la energía ni se crea ni se destruye, sino que solo se transforma. Entonces, ¿es racional concluir que la vida aparece de la nada y desaparece luego en la nada, dado que eso es lo que "parece"? ¿No es acaso más racional concluir que lo que esa apariencia evidencia es que nuestra capacidad perceptiva es limitada, y que esa es la razón de que no alcancemos a ver de dónde surge la vida y a dónde va?

En vez de reconocer humildemente el misterio y la limitación de nuestra capacidad perceptiva, optamos por creer que la vida surge de la nada y desaparece en la nada, simplemente porque "parece", porque eso es lo que simplemente alcanzamos a ver, entonces quedamos irremediablemente atrapados en nuestra "creencia" y esta nos impide avanzar hacia el conocimiento real.

Ningún buscador auténtico puede conformarse con sus creencias. No hay creencias buenas o malas, todas ellas son "creencias"; no son realidades directas. Esas "creencias" nos limitan y destorsionan nuestra comprensión de la realidad. Lo que no es una realidad directa, inmediata, nos limita y nos extravía en nuestra búsqueda de la verdad y la libertad.

Necesitamos liberarnos de nuestro "sistema de creencias"

Así pues, ¿qué quieres creer? Porque puedes elegir tus creencias. Ese será "tu sistema de creencias". Pero, también puedes elegir no albergar ninguna "creencia". Puedes librarte de toda creencia. Puedes salir de la mente pensante y de sus relatos. Puedes detener la ilusión que forja el diálogo interno. Puedes abandonar el lastre de tu historia personal, tus memorias, y las programaciones y enganches inconscientes. Todo ello es posible. De eso trata la práctica meditativa.

Lo que realmente importa es darse cuenta de hasta qué punto todos estamos sometidos, limitados, esclavizados por las creencias inconscientes que albergamos, tanto las colectivas como las personales que nos hemos formado desde nuestro nacimiento, de los traumas que nos imprimieron pautas conductuales y reflejos condicionados, etc.; en definitiva, energía atrapada y congelada en nuestro interior en forma de "creencias" (percepciones limitadas y a menudo falsas que nos hemos ido formando a lolargo de nuestra vida). Somos esclavos de nuestro inconsciente y de las "creencias" que en él anidan. ¡De eso es de lo que buscamos librarnos! De eso trata precisamente el "despertar".

Consiste, simplemente, en aquietarse, silenciarse, y contemplar cómo surgen los pensamientos y verlos surgir por sí mismos desde el inconsciente. A eso lo llamamos meditar. No es en "creencias" en lo que hemos de fundamentar nuestra vida. De nada nos sirven las "creencias" si previamente no hemos procurado "verificarlas". No sirve de nada cambiar unas creencias por otras creencias. Necesitamos liberarnos de nuestras creencias, de todas ellas, si queremos ser libres. Necesitamos ver y comprender cómo nuestras creencias resultan de los pensamientos que brotan automáticamente de las profundidades de nuestra psique, constituyendo lo que se denomina diálogo interno.

Es posible liberarse del diálogo interno, de la historia personal, de los cuentos que nos contamos, del yo que pensamos que somos. Es posible dejar de identificarnos con lo que nuestro "ego" nos dice que somos. Para ello es necesario dar un salto en la consciencia a un estado de consciencia más expansivo donde se revela la realidad que hasta entonces aparecía enigmática y azarosa.

Vivimos presos de nuestras creencias sobre la realidad, hasta que aparece el espíritu y desmonta nuestros sueños, ya sea a través de una inspiración o una llamada, o a través de un encuentro, una crisis, una enfermedad o una adversidad, a veces muy dolorosamente. Sin embargo, esa crisis o ese dolor no son una maldición del espíritu. Esa crisis o ese dolor son un regalo. Ese dolor despierta. Ese dolor encierra la oportunidad de saltar a la libertad y a una plenitud que no imaginábamos posible.

Yo puedo afirmar con toda certeza, desde mi vivencia, que el salto al Ser Real, a la conciencia plena que ya somos, es realizable, y que ese salto desvela el misterio de la existencia. No podemos abarcar el misterio desde nuestro nivel de consciencia actual, pero hay otros niveles de consciencia que lo desvelan; y es posible saltar a esos niveles de consciencia más expandidos.

Basta con entender que el estado de pensamiento usual de la vigilia es muy limitado e ignorante, y que hay otros estados de consciencia más expandidos, exactamente igual que existe el sueño dormido y el despertar del sueño en la cama. Así de simple. Lo que ahora creemos que somos es efímero. Un día empezó y un día acabará. Esa fugacidad demuestra que la creencia de lo que somos es ilusoria; no es real, porque nada que sea efímero puede ser real.

Lo que perseguimos los buscadores espirituales es el descubrimiento de lo eterno, de lo que nunca cesa, de lo que nunca comenzó; esa realidad absoluta que dota de sentido y de significado todo cuanto acontece y todo cuanto es. Buscamos despertar de lo contingente para nacer a lo trascendente. Buscamos salir de lo limitado para abarcar lo infinito. Buscamos la respuesta definitiva. Buscamos la libertad total. En conclusión, nos buscamos a nosotros mismos en la totalidad que somos, más allá de las apariencias, más allá del sueño, más allá de la ilusión.

Fuente: VIÑES ROIG, Jorge. La aventura de la conciencia. Cap 15 Reconocer nuestra ignorancia (resumen)

Ver también:

«Creencias»: nuestro sistema de creencias


Per a «construir» junts...

«És detestable aquest afany que tenen els qui, sabent alguna cosa, no procuren compartir aquests coneixements».
(Miguel d'Unamuno, escriptor i filosof espanyol)

Si el que aquí se t‘ofereix ho trobes interessant… No t’ho guardis per a tu sol... Les teves mans també són necessàries...

Comparteix-ho, passa-ho... Junts podem contribuir a ampliar la consciència «global»

Recorda, cada pensament que cultivem, cada acció que emprenem, cada petit acte d'amor i de comprensió que realitzem i cada connexió que establim amb altres ens apropa un pas més al futur que estem cridats a crear.
(Pierre Teilhard de Chardin (1881–1955) jesuïta, paleontòleg i filòsof francès)

Para «construir» juntos...

«Es detestable ese afán que tienen quienes, sabiendo algo, no procuran compartir esos conocimientos».
(Miguel de Unamuno, escritor y filósofo español)

Si lo que aquí se te ofrece lo encuentras interesante... no te lo guardes para ti solo... Tus manos también son necesarias...

Compártelo, pásalo... Juntos podemos contribuir a ampliar la conciencia «global»

Recuerda, cada pensamiento que cultivamos, cada acción que emprendemos, cada pequeño acto de amor y de comprensión que realizamos y cada conexión que establecemos con otros nos acerca un paso más al futuro que estamos llamados a crear. (Pierre Teilhard de Chardin (1881–1955) jesuita, paleontólogo y filósofo francès)