2005-15
10è ANIVERSARI

titol

El «valor» de la vida humana en gestación y su reconocimiento social

La batalla por el reconocimiento de la «condición humana» de nuestros congéneres en gestación.

El «derecho a la vida» tiene su fundamento no en un acto de la voluntad humana sino en la misma naturaleza y dignidad de la persona.

Una batalla a favor del reconocimiento como «seres humanos» y de la «dignidad» de quienes «son de los nuestros» en su fase de gestación.

«Nuestra meta no es simplemente hacer que desaparezca la inhumana y cruel lacra social del aborto, sino revertir la perversa mentalidad abortista y en su lugar construir una verdadera cultura de la vida».

La historia de la civilización occidental es la historia de una persistente y dolorosa lucha por los derechos de las personas. A lo largo de la historia hemos visto como colectivos que en un principio no eran considerados «sujetos de derechos» han visto reconocida posteriormente su dignidad, y sus «derechos» han pasado a ser protegidos. En todas épocas ha habido intereses diversos para no reconocer sus derechos a seres o colectivos marginales, porque eso suponía tener que reconocerlos como personas y tratarlos dignamente.

Pero desde siempre se han alzado voces denunciando la injusticia de esta situación. La historia es un drama en el que los derechos de los débiles son una y otra vez pisoteados por los fuertes. Pero es también la larguísima sucesión de generaciones en que la conciencia de que los derechos humanos eran los derechos de TODOS ha ido haciéndose cada vez más clara, hasta llegar a la evidencia de los tiempos modernos.

Los derechos fundamentales como el derecho a la vida, a la libertad religiosa, a la libertad de pensamiento, de expresión… a los cuales la sociedad actual les confiere particular y justa relevancia tienen su fuente no en las decisiones fluctuantes de los poderes legislativos de la época sino en la estructura misma del ser humano y del justo orden que debe reinar en la convivencia social.

Nos hallamos bien entrados ya en pleno s. XXI. No valen ya las ideologías «pseudoprogresistas». La clave del «progreso» está en descubrir, reconocer  y  potenciar «el valor del ser humano». La ciencia nos desvela cada día con mayor evidencia la génesis, desarrollo y naturaleza de la vida humana en gestación.  Existe, sin embargo, todavía una mentalidad muy extendida que, siguiendo inercias anteriores ahormadas por un cierto pseudoprogresismo postmoderno, continúa instalada en sus tópicos pseudoprogresistas. En nombre de una impúdica idea de «libertad» (rayana a una concepción liberticida de la misma o a necrófilos aires de impostados trenes de la libertad) o en nombre de una falaz libertad/liberación (¿?) de la mujer, se niega a reconocer como «humanos» a quienes son nuestros congéneres en sus primeros estadios de desarrollo.  

Cada vez, sin embargo, son más las voces que en todas partes están dispuestas a proclamar lo que es una evidencia científica y contribuir a revertir la todavía predominante mentalidad abortista en las sociedades occidentales.

El maravilloso proceso de la vida humana en gestación

Cuando hablamos de «vidas humanas en gestación» de qué estamos hablando? Estamos hablando de uno de los procesos más maravillosos que conocemos de la especie humana. Dos células se unen y cada una de ellas pasa de tener una esperanza de vida de 48 horas a formar una nueva célula con identidad genética propia, una enorme potencialidad fisiopsicobiológica y una esperanza de vida de unos 80 años, ¡maravilloso!

Uno de los tópicos pro-abortistas consiste en difundir la idea entre la población de que lo que crece en el vientre de la mujer no es un ser humano. A lo sumo el embrión es un proyecto, una posibilidad, un esbozo remoto de una persona. Carece de identidad orgánica y genética, afirman. No es viable. Sin embargo, vamos a mostrar cuál es la realidad biológica de eso que para algunos es poco menos que un engendro, un amasijo de células en el vientre de la madre.

Mostrar la maravillosa realidad emergente que supone la vida humana en gestación, tal como nos lo muestra la ciencia, puede contribuir a la toma de conciencia de lo que está en juego y al cambio de actitud de cualquier mente con un mínimo de sentido común, no cegada por apriorismos ideológicos. La contemplación y el conocimiento de esa realidad favorecen la valoración positiva de los extraordinarios hitos que progresivamente se van sucediendo en ese continuo y  prodigioso proceso de despliegue de la vida humana en gestación. Tal ejercicio robustece la transformación de las actitudes personales en cuanto a la valoración positiva de la vida humana en cualquier fase del proceso vital en que ésta se encuentre. Ello puede favorecer una mayor toma de conciencia por parte de la mujer y del conjunto de la opinión pública de lo que allí está en juego, contribuyendo así a la liberación de narcotizantes prejuicios ideológicos y por tanto disponiendo de mayor conocimiento de causa para una decisión más fundada y consecuentemente más libre. Veamos, pues, cuáles son los principales hitos del maravilloso proceso gestatorio humano:


Cronología de la vida humana en gestación

Respetar sus derechos

Día 1: Inmediatamente  después de la fecundación comienza el desarrollo celular. Ya hay vida humana. Incluso antes de la implantación el sexo de la nueva criatura puede ya determinarse y tiene ya los 46 cromosomas del código genético que programan y dirigen el desarrollo de la nueva vida humana.

Día 8:(semana 1) Se produce la implantación:  la nueva vida está compuesta por cientos de células y ha desarrollado una hormona protectora que evita el rechazo de la nueva criatura por parte del cuerpo de la madre.

Día 17: (semana 2) A los 17 días el hígado de la nueva vida ha desarrollado sus propias células sanguíneas, la placenta es parte de la nueva vida y no de la madre. Todos los órganos se están formando: el cerebro, los riñones, los huesos...

Día 18: A los 18 días ya se pueden apreciar las contracciones en el músculo del corazón.

Día 19: A los 19 días comienza el desarrollo de los ojos.

Día 20:(semana 3) A los 20 días aparece la base completa del sistema nervioso.

Día 24: A los 24 días el corazón ya tiene sus latidos rítmicos.

Día 28: (un mes) A los 28 días, cuarenta pares de músculos se han desarrollado a lo largo del tronco de la nueva criatura. Se están formando los brazos y las piernas. Mide 6 mm. (poco más de medio centímetro) y pesa medio gramo. Ahora es cuando la madre sospecha su presencia porque no ha tenido la menstruación.

Día 30: A los 30 días la sangre fluye con regularidad por el sistema vascular. Comienza el desarrollo de orejas y nariz.

Día 35: (semana 5) A los 35 días ya mide 1 cm. y pesa un gramo. En sus ojos ya se distinguen la retina, el cristalino y los párpados. Poco a poco las orejas y la nariz van adquiriendo forma.

Día 40: A los 40 días la energía del corazón alcanza casi el 20% de la de un adulto. Ya se le puede hacer un electrocardiograma.

Día 42: (semana 6) A los 42 días se completa esqueleto y aparecen los reflejos. Los órganos genitales están bien diferenciados.  En las manos y en los piés empiezan a distinguirse  los dedos.

Día 43: A los 43 días su cerebro ya da señales de actividad eléctrica, evidencia absoluta de que ese sistema nervioso empieza a funcionar coordinadamente.  Ya es posible registrar sus ondas cerebrales en un electroence falograma.

Día 49: (semana 7) Mide dos cm. y pesa 2 gramos, los labios se entreabren, hace pequeñas muecas y de vez en cuando saca la lengua, si le hicieran consquillas,  las sentiría. El cerebro ya está completo. Los dedos se van alargando y las huellas digitales de los piés han quedado fijadas para siempre. Se le pueden distinguir perfectamente  orejas y naríz.

Día 56: (semana 8) A los 56 días todos sus órganos -estómago, hígado, riñones, cerebro - funcionan. El desarrollo futuro  de esta vida consiste únicamente en un refinamiento y aumento de tamaño hasta aproximadamente  los 23 años de edad.

Día 60: Han terminado los sesenta días más importantes de su vida. Mide 3 cm. y pesa 3 gramos.

Días 63-70:(semana novena y décima) Todos sus órganos funcionan. Músculos y nervios van sincronizados.  Mueve los brazos y las piernas. Incluso, si quiere, puede chuparse el dedo. Dá volteretas y nada en el líquido amniótico. Puede agarrar un cabello. Si le pinchan, siente dolor. Oye ruidos y los recuerda.

Días 71-90: (semanas once y doce) Respira y exhala el fluido amniótico. Aparecen las uñas. Mide ya 8 cm. y pesa 25 gramos. Se despierta cuando su madre se despierta. Duerme cuando ella duerme. Está tranquilo cuando ella está serena. Siente que ha estado preocupada por él, con esa vaga sensación de ansiedad tan frecuente en los primeros meses de embarazo. Es el miedo a lo "desconocido",  la responsabilidad  de ser portadora de una nueva vida.

Semana 16: (4 meses) Los órganos genitales se aprecian con toda claridad, abre y cierra las manos, da patadas y gira sobre sí mismo (aunque aún no lo siente la madre).

Semana 18: (cuatro meses y medio) Ya funcionan las cuerdas vocales, puede llorar.

Semana 20: (5 meses) Aparece el peso en su cabeza, pesa 520 gramos y mide 30 cm. Tiene y incluso las huellas dactilares.

Cumple 266 días: (9 meses) Sale del seno materno y continúa su desarrollo. Ha cambiado su ambiente, su forma de respirar, su sistema de alimentación, pero él sigue creciendo y su vida continúa.

Este proceso, maravilloso a los ojos de cualquier mente mínimamente sensible, de la mano de la ciencia cada día nos es mejor conocido. Podemos apreciarlo en los siguientes videos:

El milagro de la la vida: http://youtu.be/SfDVR6BVKfA        http://youtu.be/a2AqT_pbZLI

¿Ante realidad científica tan evidente, qué hacer, qué actitud adoptar? El debate sobre si esa vida humana en gestación debe ser considerada un sujeto de derechos o no, no es un debate menor.¿Qué nos indica la ciencia? A partir de tales evidencias científicas la conclusión respecto a cada una de estas vidas humanas es clara: se trata de uno de los nuestros, un ser humano como cada uno de nosotros en sus primeras fases de desarrollo. En opinión de muchos expertos los enormes avances de la embriología y la genética durante el siglo XX ya no dejan lugar a ninguna duda: desde el punto de vista científico es una verdad perfectamente demostrada que el embrión humano es un ser humano desde su concepción. En la concepción surge un nuevo individuo de la especie humana, un ser humano distinto del padre y de la madre, único e irrepetible, dotado de la capacidad de desarrollarse de un modo gradual y continuo. Cada una de esas vidas humanas es además intransferible, única e irrepetible.

Reconocimiento y protección jurídica

¿Reservado el derecho de admisión? Hay unas exigencias morales objetivas, de naturaleza pre-política, anteriores a la sociedad y el Estado que han de ser reconocidas, respetadas y garantizadas. Hay principios y valores que deberían ser irrenunciables en la construcción de una auténtica «polis».

Los «derechos humanos» no los crea el Estado, ni son fruto de un consenso político, ni pueden estar al albur de la voluntad de mayorías históricas coyunturales.

Los «derechos humanos» no los crea el Estado, ni son fruto de un consenso político, no son concesión de ninguna ley positiva, ni otorgamiento de un determinado ordenamiento social. Como si derecho tan primordial y conquista civilizatoria tan excelsa, como el «derecho a la vida», estuviera en cada momento al albur de consensos o a voluntad de mayorías históricas coyunturales. Estos derechos son anteriores e incluso superiores al mismo Estado o a cualquier ordenamiento jurídico regulador de las relaciones sociales; el Estado y los ordenamientos jurídicos han de reconocer, respetar y tutelar esos «derechos» que corresponden a cada ser humano, corresponden a su naturaleza y verdad más profunda. ¿A quiénes reconocemos la condición de «humanos»? Si la vida humana emergente ya es un sujeto de derechos, entonces debe tener, como mínimo el «derecho a la vida» y el derecho a ser tratado con respeto, independientemente de sus características físicas y anatómicas.

El Tribunal constitucional español en sentencia 53/1985 afirma que el nasciturus es un ser humano vivo y distinto; que, no obstante, no es titular de derechos porque todavía no ha alcanzado su personalidad jurídica, la cual se adquiere con el nacimiento, y que, aun así, el nasciturus, por su condición de ser humano vivo y distinto, es un bien jurídico que merece protección. El concepto de «personalidad jurídica» que a veces se esgrime, hoy a la vista de las actuales evidencias científicas ya no tiene sentido, representa una antigualla jurídica y resulta absolutamente obsoleto. Nuestra legislación debe actualizarse urgentemente también en este punto.

La corriente cultural de fondo

Europa se encuentra hoy inmersa en una batalla ideológico-cultural en diversos campos, uno de ellos gira en torno a la «cultura de la vida» frente a la implantación de una especie de cultura de la muerte de la mano de una izquierda pseudoprogresista empeñada desde hace ya décadas en imponer al conjunto de la sociedad una mentalidad abortista, heredera de una perversa mentalidad comunistas según la cual la razón abortista fundamental no era sino la necesidad de incorporar a la mujer a la industria y al trabajo de la agricultura colectivizada. Para ello el comunismo consideró que era mejor que no tuviera hijos.

El simple reconocimiento jurídico del ser recién concebido como «ser humano» se percibiría por la sociedad como un gran progreso cultural-civilizatorio.

Quién debe ser reconocido como «ser humano» se ha convertido en una cuestión social fundamental. La cultura moderna considera que su mayor conquista civil ha sido el reconocimiento de los derechos humanos y la igualdad de todos los seres humanos. Pero esa proclamación de los derechos humanos no tiene sentido si el sujeto al que conciernen no es reconocido. El principio de igualdad se contradice si se permite una discriminación en diferentes categorías de los seres humanos. El tema del «derecho a la vida» debería basarse, en primer lugar, como parte de los derechos humanos. El simple reconocimiento jurídico del ser recién concebido como «ser humano» se percibiría por la sociedad como un gran progreso cultural-civilizatorio y produciría un inmediato efecto pedagógico que redundaría en una defensa de la vida desde los primeros momentos de su desarrollo.

El reconocimiento del recién concebido como “uno de nosotros” – que significa que es un sujeto y no un objeto, un fin y no un medio, una persona y no una cosa- es la respuesta indispensable para llegar a construir una cultura de la vida basada en la razón. Se trata de  trabajar  para reconocer el «derecho a la vida» del recién concebido, puesto que el valor de la vida humana es la primera y esencial expresión de dignidad. No puede haber completa igualdad si aceptamos la discriminación entre seres humanos nacidos y todavía no nacidos, y si no reconocemos que esos derechos humanos pertenecen a cada individuo viviente de la especie humana.

La cultura de la vida parte de una mirada, que no ignora el entorno, pero que sabe como contemplar la maravilla de la vida humana desde el primer momento de su existencia. Reconocer al embrión humano como “uno de nosotros”, haría imposible negar el derecho a la vida desde la concepción.

No todos, sin embargo, por intereses espurios diversos están dispuestos a aceptar y reconocer tan evidente realidad científica. En un mundo en dónde se idolatra la ciencia, algunas legislaciones consideradas postmodernas se sitúan, rehenes de ideologías obsoletas e intereses espurios, en una posición acientífica. En pleno s. XXI  todavía hay fuerzas sociales y políticas que por ideología o por razones partidistas menosprecian, ningunean e infravaloran estas vidas, no reconociendo la condición de «seres humanos» a nuestros congéneres en sus primeras fases de gestación (esos seres humanos sin voz y sin voto no cuentan para ellas). Ante la problemática de los embarazos no planificados, el aborto no es la solución. ¿Hay otras alternativas! Fuerzas sociales y políticas que son incapaces de abandonar obsoletas y cavernarias posiciones ideológicas y hacer una apuesta decidida por opciones de futuro, auténticamente humanizantes y civilizatorias. Y eso debe tener por parte de los ciudadanos, que creen en un auténtico progreso humano y civilizatorio, su respuesta en las urnas.

La «cultura de la vida»: un tsunami cultural que viene para quedarse

El movimiento pro-vida es una corriente cultural de fondo, corriente de presente y sobre todo de futuro,  que va recorriendo lenta pero progresivamente toda la faz de la Tierra. Un tsunami cultural que en este s. XXI viene para quedarse. Tres de sus grandes funciones: A. Contribuir a difundir en el conjunto del cuerpo social las evidencias científicas sobre la génesis y desarrollo de la vida humana en gestación.  B. Trabajar para conseguir el pleno reconocimiento social, jurídico, político de la condición de «humanos» de quienes se encuentran en sus primeras fases de gestación. C: Reconocimiento de su dignidad y su derecho a la vida, el reconocimiento del no nacido como sujeto de derechos: que el no-nacido sea considerado como «ser humano» desde el mismo momento de su concepción y por tanto como sujeto de derechos (al menos como sujeto del primordial derecho a la vida). Tal principio debería considerarse como una conquista definitiva e irrenunciable para cualquier sociedad madura que se precie de auténticamente civilizada.

Ante la problemática de los embarazos no planificados, el aborto no es la solución. ¿Hay otras alternativas!

El movimiento pro-vida trata de concienciar al conjunto del cuerpo social sobre el incalculable valor que toda vida humana encierra y convertir en una responsabilidad compartida, de toda la tribu, con el Estado a la cabeza, el reconocer, valorar, proteger, cuidar y velar por la condición de humanos de “quienes son de los nuestros” y su derecho fundamental e inalienable a la vida, independiente de la fase de desarrollo en que se encuentre. Porque un clima social favorable a la vida y en apoyo total a la mujer necesitada y a la maternidad podría hacer disminuir las razones para el aborto y porque una sociedad sana no infravalora una vida humana en gestación y se plantea proteger la vida humana al menos tanto como la de los linces. Esa debería ser la actitud propia de toda sociedad que se precie de civilizada y auténticamente avanzada y progresista, (no cegada ni narcotizada por ideologías nihilistas y pseudoprogresistas), ante cualquier vida humana.

Al conjunto de la sociedad y a sus dirigentes políticos

Más allá de aspectos parciales o colaterales nos encontramos con lo nuclear. No existe un supuesto derecho al aborto, existe sí el derecho humano a la vida. El conjunto de la sociedad española debe comprender con toda claridad y madurez el profundo trasfondo de la lucha por el reconocimiento social de la Dignidad Humana y el Derecho a vivir de quienes son nuestros congéneres en gestación, de quienes, congéneres nuestros, el «abortismo»  intenta enmascarar su realidad, no queriendo reconocer ni su Dignidad Humana ni su Derecho a vivir. Se trata no sólo de una batalla ideológico-cultural, sino de una lucha por el progreso civilizatorio a favor del reconocimiento como «seres humanos» y de la «dignidad» de quienes «son de los nuestros» en su fase de gestación. Esta es nuestra lucha. Esta es nuestra causa.

Sería mucho más positivo y supondría un gran progreso civilizatorio... si por parte de algunos en lugar de alentar, jalear, justificar y liberalizar una práctica tan cruel e inhumana como el aborto, segando vidas humanas en el seno materno y convietiéndolo en una verdadera lacra social indigna de una sociedad civilizada, instituciones públicas o privadas, medios de comunicación, creadores de opinión y particulares hiciésemos una apuesta decidida por la VIDA, construyendo entre todos un CLIMA SOCIAL FAVORABLE A LA VIDA NACIENTE para que ésta pueda llegar a buen término en TODOS los casos, implementando los cambios necesarios en la estructura social, axiológica y mental del conjunto del cuerpo social, a fin de hacerlo posible. Esa sería la senda del auténtico progreso en humanidad y no el falaz y obsoleto discurso abortista que algunos pretenden inocular en el seno de nuestra sociedad.

Elaboración propia, a partir de materiales diversos