2005-15
10è ANIVERSARI

titol

«Manipulando voy, manipulando vengo» (II)

Descripción de la situación que estamos viviendo actualmente en España (2017)

Descripción de la situación que estamos viviendo actualmente en España (2017): la cuestión catalana. En España últimamente el ambiente político está revuelto. El punto fuerte de fricción actual es la llamada “cuestión catalana”, aunque en el fondo de lo que se trata es más bien del problema endémico que arrastra España desde hace mucho tiempo. La realidad es una. Las cosas son como son y no siempre como parecen o nosotros las percibimos, pensamos, dibujamos o describimos. Nuestra percepción siempre limitada y parcial de la realidad o la presentación sesgada que inconsciente o consciente hacemos de la misma puede llevarnos a tergiversar esa realidad. Veamos: entre nosotros coexisten dos visiones de España. Para algunos existe una única “nación” que es España (el nacionalismo español, visión hegemónica por el momento). Para otros España es una realidad plurinacional (nacionalismos periféricos). El nacionalismo español, jacobino y centralista, no reconoce, no está dispuesto a reconocer y aceptar, esa realidad “plurinacional” del Estado español. En su lugar blanda un constructo histórico, que cristaliza en la llamada unidad de España, unidad forjada a lo largo de siglos que, aunque convención histórica absolutamente respetable, ha convertido, con el consentimiento cierto de todos, en algo que considera como “sagrado” y que como tal no está dispuesta a cuestionar ni poner a debate. Algo sagrado, por tanto, para algunos incuestionable. Sin embargo, en pleno siglo XXI, esa realidad plurinacional del Estado español aflora más claramente y se ha hecho mucho más evidente. Cataluña es una “nación” y como cualquier otra “nación” tiene una serie de derechos que se le han de reconocer y respetar.

Hay una realidad: Cataluña es una “nación”. Sus orígenes, su historia, su cultura, su lengua, sus instituciones históricas milenarias, su carácter, su idiosincrasia, y de manera muy especial su conciencia nacional fuertemente enraizada, manifestada de forma perseverante a través de los siglos y actualmente cristalizada en una muy importante parte de la población catalana, manifestando su voluntad de ser, de decidir su futuro, de autogobernarse, de autodeterminarse, de poder ser de una forma completa y plena… la convierten en una comunidad política de facto, aunque no reconocida todavía de iure por el Estado. La negación histórica del Estado al reconocimiento de esa REALIDAD (cuestión no adecuadamente resuelta por la CE del 78 ) aletargó el problema, pero en los últimos años ha emergido nuevamente con fuerza.

El Estado español arrastra, pues, de forma endémica un problema: por parte del nacionalismo español el problema está en la no aceptación incluso negación de esa realidad (negación a consecuencia de determinados e inconfesables intereses en la distribución del poder). El problema consiste en la negación histórica por parte del Estado de la REALIDAD, en el NO reconocimiento legal de esa realidad palpable que en los últimos tiempos, como nunca antes había ocurrido, en la historia aflora de manera evidente en Cataluña. El problema está en la negación de esa realidad plurinacional, admitiendo solamente la existencia de una única nación, España, y negando, abortando, la existencia de esas otras “naciones” que coexisten dentro del Estado español. La negativa a considerar a esas “naciones” como un sujeto político con capacidad de decidir autónomamente su futuro. Hay, pues, quienes consideran que en España existe una única “nación”, un único sujeto político, y otros que España es una “nación de naciones”.

Si se acepta que una “nación” es un pueblo que se reconoce como tal, no hay ninguna duda de que Cataluña es una “nación”, una “nación” con la voluntad explícita de ejercer como tal, dotándose de un estado propio. El verdadero golpe, ninguneo, menosprecio, desdén histórico por parte del Estado hacia Cataluña es la negación del derecho a existir como “nación” de una forma completa y plena, el no reconocimiento de que Cataluña es una “nación”. Y que como tal tiene derecho a elegir su futuro, autodeterminarse. La ley (Constitución) debe aceptar esa realidad y ser reflejo de la misma. Y no un medio para encorsetar, anular, ahogar esa realidad. Negar la realidad no hará que ésta desaparezca.

Para explicar los distintos posicionamientos ante ese conflicto, en uno y otro bando, se construyen una serie de “relatos”. En un bando están los partidarios del derecho a decidir, el soberanismo, algunos de los cuales a su vez optan por la independencia o separación de España. En el otro bando se está criminalizando el movimiento soberanista catalán, hablando de “golpismo”, separatismo, secesionismo, levantamiento tumultuario, sedicioso… etc. En el imaginario colectivo uno y otro bando construyen, pues, una especie de realidad virtual, argumentando unos en contra de los otros. Es aquí dónde pretende incidir el siguiente artículo: en el análisis de la forma en la que se construyen dichos “relatos, la manera cómo se maneja la información, en el oscuro cambalache y no siempre sincero deslinde entre: Información, opinión, propaganda y manipulación, con la finalidad en última instancia de atraerse y “conquistar” los favores de las respectivas opiniones públicas.

La manipulación a través de la prensa. Es necesario un sano espíritu crítico ante noticias difundidas por televisión, radio y prensa que, a veces, son incompletas, tendenciosas, sectarias o pura falsedad. Con cierta frecuencia, los hechos objetivos vienen envueltos en opiniones o interpretaciones que deforman la realidad. De eso, como se puede comprobar en los últimos tiempos, algunos grupos mediáticos españoles al servicio de un nacionalismo español que se pretende totalitario saben bastante.

Produce asombro confrontar la realidad con lo que se dice en algunos medios de comunicación ya que ciertos informadores, mancomunada y sincrónicamente, van lanzando infundios, buscando trasladar a la opinión pública española determinados mensajes, mientras quienes conocen más cerca y con más detalle los hechos aprecian que la realidad auténtica es marginada sistemáticamente y contemplan una tergiversación de la misma. La veracidad es devorada por la utilización de la información al servicio de la manipulación y la propaganda. Ese es uno de los grandes males de nuestro tiempo. El trazo grueso por parte de cierto periodismo, que como lluvia fina, lanza hasta la abrumadora saturación una información teledirigida, al servicio de un fin manipulador y propagandístico a la busca y captura del favor de la opinión pública. En estas condiciones vivimos y hemos de ser conscientes de ello.

Eh ahí algunas de las malas prácticas empleadas: mentir, ocultar, distorsionar la realidad, la deformación grotesca de la realidad catalana. Mentir no es sólo no decir la verdad, es silenciarla, manipularla, mezclarla con verdades y medias verdades. Mentiras son, también, los silencios cómplices, las omisiones, la utilización de la información al servicio de turbios intereses. Se trata de saturar la mente de la opinión pública con unos intencionados y sesgados enfoques, esquivando una verdadera pluralidad de opiniones y el inexcusable auténtico contraste de pareceres. Presentando siempre los aspectos más negativos, criminalizando predeterminadamente lo que allí sucede, marginando lo bueno, lo positivo, el logro. Están tan acostumbrados a distorsionar la realidad que a veces nos da la impresión de que quienes hacen eso se creen sus propias mentiras. Se presenta así una caricatura negativa, criminalizada, de lo que sucede y se está viviendo en Cataluña. La consecuencia de todo ello es la tergiversación de la realidad por desconocimiento, mala fe o intereses espurios. Algunos quizás lo puedan envolver en la noble virtud de la defensa de valores superiores. En estas circunstancias el periodismo ha perdido toda credibilidad, y parece estar más interesado en servir al "dueño" que en ser un verdadero servicio a la sociedad. Víctima de toda esa manipulación es el conjunto de la opinión pública española.


La manipulación a través de la prensa

  • Por la necesidad diaria de ganar clientela y mantenerla, los medios de comunicación se ven urgidos a dar primacía a lo espectacular sobre lo profundo.
  • Este río de impresiones superficiales de todo orden anega el espíritu del hombre, no lo fecunda, porque invita a la recepción pasiva.
  • Estos recursos y otros semejantes son movilizados para convertir las personas en clientes y salvar el posicionamiento ideológico, político y económico de la empresa, del medio.
  • Toda su actividad está dirigida por un grupo de estrategas que persiguen una meta.
  • Es cierto que la libertad de informarse y de informar constituye un freno para los que ostentan el poder. Pero ella, a su vez, constituye una forma de poder que puede desmadrarse y volverse manipulador.
  • La prensa hablada y escrita ejerce actualmente un verdadero colonialismo de la opinión pública. La persona dotada de poder crítico no deja que los medios piensen y juzguen por él.
Alfonso LOPEZ QUINTAS
Catedrático-emérito de Filosofía en la Universidad Complutense (Madrid)
Miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas

Las formas de manipulación son diversas, pero tienen un rasgo común: destruyen la creatividad del hombre, su capacidad de pensar, sentir y querer por propia cuenta, con perfecta libertad interior. Y lo hacen de forma artera, solapada. Por eso debemos insistir en nuestro empeño de conocer a fondo los recursos manipuladores que permiten tergiversarlo todo de modo soterrado.

La democracia no garantiza la libertad interior

Hoy día es opinión general que basta vivir en un régimen democrático para tener a salvo la libertad. Tal ingenuidad nos deja desguarnecidos ante el fenómeno de la manipulación. En una dictadura no se disfruta de ciertas libertades, pero esta limitación es patente, y uno toma medidas para conservar e incrementar la libertad interior. Es admirable la resistencia de ciertas personas a dejarse despojar de su libertad creativa. En las democracias se presenta como meta máxima la libertad, cotas nunca alcanzadas de libertad. ¿De qué tipo de libertad? Se nos da una amplia libertad de maniobra -capacidad para elegir entre diversas posibilidades-, pero la libertad interior -la decisión para elegir en virtud del ideal auténtico de nuestra vida- debemos conquistarla nosotros con gran esfuerzo.

En las democracias se practica con frecuencia la coacción de guante blanco. Se procede como si se respetara la libertad, que es el término talismán por excelencia y resulta por ello intocable. "Sois libres de no pensar como yo -advierte la opinión pública a los ciudadanos independientes-; vuestra vida, vuestros bienes, todo lo conservaréis, pero desde ese día sois un extranjero entre nosotros”. Quien no se someta a los dictados de la opinión pública quedará fuera de juego; no recibirá posibilidades de su entorno, ni votos en las confrontaciones electorales, ni siquiera la estima del pueblo; lo abandonarán incluso los que creen que tiene razón cuando se opone al pensar general. Le va a ser muy difícil tener libertad interior y actuar con criterios propios.

La opinión pública es una realidad envolvente que actúa con la impunidad del anonimato y presiona sin mostrar un rostro preciso. Su fuerza está en proporción directa a su carácter difuminado y ambiguo. Nada extraño que el manipulador saque amplio partido a la fuerza de la opinión pública porque él tampoco actúa nunca a cara descubierta: desea modelar la mente, la voluntad y el sentimiento de personas y pueblos de forma dolosa, inadvertida. Se mueve siempre a impulsos de intereses inconfesables, y los oculta arteramente al tiempo que presenta una faz magnánima y bienhechora.

De ahí que la primera condición para conservar la libertad interior frente a las agresiones de los manipuladores sea poner al descubierto los recursos malabaristas que éstos movilizan. Con ese fin indicaremos sucintamente a continuación los principales grupos de manipuladores y sus ardides peculiares. (...)

La manipulación de la prensa

Los medios de comunicación tienden por principio a satisfacer la necesidad de información que siente el pueblo. El pueblo tiene derecho a estar informado, y hace surgir de sus filas grupos que se especializan en el arte de informar. Esta actividad procede de un derecho y supone, por tanto, un derecho.

Al constituirse en sociedades, los medios de comunicación cobran independencia respecto al pueblo del que proceden y al que deben servir. Un grupo que se propone una meta queda sujeto a las leyes que rigen el tipo de actividad que conduce a ella. Todo medio de comunicación se configura en secciones, y éstas deben ser llenadas día a día y requieren material adecuado.

Debido a ello, la sociedad acaba siendo reducida a la condición de mera fuente de "material noticiable". Ya sabemos que "noticiable " es para un periodista lo llamativo, lo novedoso. Por urgencias de su modo de ser, los medios de comunicación se convierten con frecuencia en voceros de lo no cotidiano, lo a-normal, lo raro y excepcional; pero lo excepcional sobre todo de signo negativo, pues lo positivo atrae menos la atención. Un periódico norteamericano que se propuso ofrecer casi en exclusiva buenas noticias y se llamaba precisamente Good news fracasó. Ahora bien. Lo anormal no suele ser edificante. Lo poco edificante tiene en los medios de comunicación un foro espléndido de exhibición y magnificación, pues ya sabemos que el mero presentar algo y prestarle atención lo exalta. Hagan un recuento de argumentos de películas, y vean en qué medida prevalecen las conductas desarregladas sobre las ordenadas. Un matrimonio que vive feliz no es noticiable, no ofrece el desgarramiento que produce tensión y aviva el interés.

Para los medios de comunicación y los espectáculos, lo importante se reduce casi siempre a lo interesante, lo excitante, lo que estimula los sentidos y enciende la pasión. Una cadena televisiva de cierto país basó la campaña publicitaria de su lanzamiento en esta frase: "La llave de la pasión". Y a su flanco se presentaban imágenes de escenas "apasionantes".

Por la necesidad diaria de ganar clientela y mantenerla, los medios de comunicación se ven urgidos a dar primacía a lo espectacular sobre lo profundo. Ello supone un cultivo prevalente de lo banal sobre lo valioso. Pero la sensibilidad humana se embota rápidamente, por razones internas, y requiere cada vez estímulos más incitantes si ha de conservar el mismo grado de vivacidad y excitación. Los medios de comunicación necesitan adoptar un ritmo rápido que no dé respiro a quien los lee, oye o contempla. Este río de impresiones superficiales de todo orden anega el espíritu del hombre, no lo fecunda, porque invita a la recepción pasiva, que es una forma de vértigo.

Tal agitación rítmica ha de unirse con la forma agresiva de presentar los contenidos a fin de que produzcan "impacto". De ahí que, en los medios de comunicación, el "altavoz" prevalezca sobre el mensaje transmitido a su través, de modo semejante a como, en ciertos tipos de mal llamada música, el martilleo rítmico y el volumen exacerbado del sonido ocultan del todo el núcleo musical.

Estos recursos y otros semejantes son movilizados para convertir las personas en clientes y salvar el aspecto económico de la empresa. Pero ésta juega un papel ineludible en el concierto sociopolítico de cada momento. Toda su actividad está dirigida por un grupo de estrategas que persiguen una meta. Esa meta consiste en difundir un sistema de ideas abierto, flexible, dialogante con los demás, o bien, por el contrario, una ideología , un sistema de ideas calcificado, cerrado en sí, monologante. En el primer caso, el medio de comunicación pondrá las cartas boca arriba, defenderá sus convicciones abiertamente, aportará razones, se dirigirá a la inteligencia de sus destinatarios. En el segundo caso, convertirá la información en propaganda, movilizará todos los recursos manipuladores para seducir al lector con ideas y orientaciones que no sabe defender gallardamente. Los medios de comunicación que siguen esta línea se convierten en persuasores ocultos, "seductores secretos".

Existen muchos ejemplos de manipulación periodística.(...) Es incalculable el daño que se puede hacer a una figura pública y -lo que es peor-al sistema de ideas que ella representa cuando un día y otro, tomando pie de cualquier motivo, se los zahiere sin dar razón alguna que pueda ser sometida a un análisis serio.

El subdirector de un programa de radio estatal manifestó en una entrevista escrita que el equipo director del mismo no es anticlerical y no quiere reírse del hecho religioso; se limita a "no tratarlo rigurosamente, sino en forma de ironía y chanza". Este profesional parece no saber que rebajar de rango una realidad constituye un acto de violencia y envilecimiento que resulta agresivo cuando se trata de algo que millones de personas consideran sagrado y vital, por constituir el sentido y el impulso de su vida. Pero no seamos ingenuos. Está lejos de ignorarlo; lo sabe muy bien y lo aplica a sus fines ideológicos. Es consciente de que un ataque frontal a lo religioso puede provocar una reacción adversa en el público creyente; por eso prefiere emboscarlo en la capa protectora de un supuesto "humorismo". Es el procedimiento cobarde y eficaz de la falacia manipuladora.

El abuso tiránico de la libertad de expresión

Los que dirigen y dominan la prensa hablada y escrita proclaman enfáticamente que ésta es la garantía de las libertades cívicas siempre que disfrute de una libertad de expresión absoluta. Es cierto que la libertad de informarse y de informar constituye un freno para los que ostentan el poder. Pero ella, a su vez, constituye una forma de poder que puede desmadrarse y volverse manipulador.

De hecho, la capacidad de expresarse en público es privilegio de muy pocas personas, casi siempre profesionales de la política y el periodismo. La mayoría de los ciudadanos -incluso los que ejercen profesiones muy prestigiosas-se ven reducidos al papel de lectores, radioescuchas y televidentes. Apenas tienen posibilidad alguna de exponer sus opiniones de palabra y por escrito. Los periódicos reservan un pequeño lugar para los lectores, en la sección de Cartas al Director. Pero incluso esta mínima posibilidad de hacerse oír pende de la decisión del periódico, no del autor de la carta.

En caso de polémica, este desequilibrio entre el poder de la prensa y el de la multitud de ciudadanos que carecen de medios de comunicación propios se hace abismal y dramático. Los recursos de un periódico para hacer sentir su prepotencia a quien se vea atrapado en una controversia son tan poderosos que hablar de libertad de expresión resulta un sarcasmo. Eres atacado en un periódico y pides derecho de réplica. Te lo conceden, haciendo alarde de liberalismo. Pero tardan en publicar tu contestación, te la mutilan, la sitúan en lugar poco destacado, y al lado te colocan otro escrito adverso... Entre el cazador y la presa hay menos diferencia en cuanto a poder de atacar y defenderse que entre un periódico y un ciudadano que se enfrenta con alguien afecto al mismo.

La prensa hablada y escrita ejerce actualmente un verdadero colonialismo de la opinión pública. Orienta al pueblo conforme a los dictados de su propia forma de pensar. Para ello selecciona los colaboradores, filtra las noticias, convierte las informaciones en interpretaciones y comentarios, destaca los datos que favorecen la propia posición o dañan la imagen del adversario ideológico. Basta confrontar dos periódicos o dos canales de televisión de orientación diversa para advertir de qué formas tan distintas puede interpretarse un mismo acontecimiento.

Esta parcialidad -a veces sectaria - de los medios de comunicación resulta muy peligrosa, pues buen número de ciudadanos no tienen otro contacto con la realidad que el que les facilitan tales medios. Lamentablemente, no puede ni siquiera hablarse de contacto con la realidad, pues lo que se ofrece al lector no es la realidad de lo acontecido sino una interpretación de la misma. La mayoría de las personas se mueve espiritualmente en un mundo configurado por los medios de comunicación según sus apetencias partidistas.

Si queremos perforar esta trama de interpretaciones y alcanzar en alguna medida la realidad en sí misma, debemos acudir a diversas fuentes de información y adoptar frente a ellas una postura crítica que permita ir entreviendo dónde está la verdad de cada suceso. Para tener poder de discernimiento, es necesario conocer un tanto la técnica periodística, porque ello permite tomar distancia y descubrir multitud de trucos. A veces se concede un titular de tres columnas ­que significa de por sí una alta valoración de lo noticiado- a cuestiones insignificantes que el medio quiere magnificar. El que está advertido no cae en la trampa de leer sólo el título, sino que se adentra en la crónica para juzgar por sí mismo el valor de lo comunicado en ella.

La persona dotada de poder crítico no deja que los medios piensen y juzguen por él. Mantiene la iniciativa en todo momento, aunque esté atenido a lo que se le ofrece a través de tales medios. Estos condicionan en gran medida a sus destinatarios. Pero no es menos cierto que ellos, si tienen personalidad, pueden ejercer una presión nada desdeñable sobre quienes pretenden sojuzgarlos. En definitiva, el cliente manda. Pero esta forma de mando exige un grado de formación no pequeño, que puede y debe ser adquirido por todo el que desee conservar en alguna medida la libertad interior que le compete como persona. El que es verdaderamente libre procura que los medios nutran su espíritu y no lo aneguen.

Es utópico esperar que los medios colaboren, siquiera mínimamente, al logro de tal formación. Sería limitar su libertad de maniobra, y esto resulta intolerable a quienes no admiten que la libertad de elección ha de estar supeditada al logro de valores más elevados que el que ella implica. Para no tener que perfeccionar su idea de libertad -lo que supondría una renuncia a las prácticas manipuladoras-, los medios suelen aferrarse a un estilo superficial de pensar y de expresarse.

Engarce de la manipulación ideológica con las demás formas de manipulación

Por razones de claridad, hemos distinguido diversas formas de manipulación, y hemos destacado entre ellas la ideológica. Era necesario hacerlo, debido a la temible peligrosidad que implica en sí misma y, además, porque los otros tipos de manipulación -la comercial, la intelectual, la política, la científica, la médica...-van aliados siempre con algún tipo de manipulación ideológica. La propaganda comercial no sólo promociona un producto; difunde una mentalidad consumista, hedonista, ambiciosa de parecer y destacar. El gobernante impone una interpretación del poder que facilita el ejercicio tiránico del mismo. Las leyes son promulgadas con frecuencia para regular conductas ya existentes, pero esas conductas han sido provocadas a través de una propaganda estratégica y son fomentadas ahora mediante el refrendo de la ley. Al promulgarlas, suele decirse que se regula democráticamente lo que ya está en la calle, pero en rigor se está dando carta de naturaleza a lo que previamente se había decidido que sucediera.

(…)

La manipulación ideológica afecta a las raíces de nuestra conducta, a la orientación que damos a nuestra existencia, a la concepción del mundo y de la vida que otorga sentido a nuestro ser. La manipulación comercial determina algunos de nuestros actos de elección. La manipulación ideológica decide nuestra opción fundamental: la del ideal que orienta e impulsa nuestra existencia. Con ello domina totalmente nuestra voluntad y nuestro sentimiento. Se adueña de nuestro espíritu.

Ejercicios

  1. Vea con ojos críticos la televisión y el cine; contemple de modo penetrante revistas ilustradas; oiga con atención los comentarios que se hacen en las tertulias radiofónicas a diversas cuestiones de actualidad..., y destaque los casos de manipulación que advierta.
  2. Reflexione sobre su modo de tratar a otras personas: amigos, hijos, padres, alumnos..., con la intención precisa de descubrir posibles actitudes manipuladoras.
  3. Advierta cómo se incrementan en ciertos espectáculos los elementos que -según los organizadores-aumentan la audiencia. Los que se dejan seducir por esas ofertas interesadas de erotismo y violencia ¿son conscientes de que están siendo reducidos a la condición paupérrima de "meros clientes", "consumidores de caramelos envenenados"?

Fuente: http://www.conoze.com/

23 ejemplos de manipulación en TVE con la información sobre Catalunya