2005-15
10è ANIVERSARI

titol

Edgar MORIN: La mente bien ordenada

LA MENTE BIEN ORDENADA

La reforma de la enseñanza, la reforma del pensamiento y la organización del conocimiento

  • La reforma de la enseñanza debe conducir a la reforma del pensamiento y la reforma del pensamiento debe conducir a la reforma de la enseñanza.
  • La aptitud de contextualizar e integrar es una cualidad fundamental del espíritu humano que conviene desarrollar más que atrofiar.
  • La «CULTURA HUMANISTA» es una cultura genérica que alimenta la inteligencia general, se enfrenta a los grandes interrogantes humanos, estimula la reflexión sobre el saber y favorece la integración personal de los conocimientos.
  • La «CULTURA CIENTÍFICA», separa los campos del conocimiento; suscita admirables descubrimientos, teorías geniales, pero no una reflexión sobre el destino humano y sobre el curso de la ciencia misma.
  • El debilitamiento de una percepción global conduce al debilitamiento del sentido de responsabilidad, así como al debilitamiento de la solidaridad.
  • Cuanto más técnica pasa a ser la política, más retrocede la competencia democrática.
  • Hoy nos encontramos ante un formidable desafío que nos encierra en un dilema siguiente: o bien sufrir el bombardeo de innumerables informaciones que nos llueven cotidianamente a través de los periódicos, radios y televisiones, o bien encomendarnos a unas doctrinas que no retienen más informaciones que aquellas que las confirman o les son inteligibles, rechazando como error o ilusión todo lo que las refuta o les son incomprensibles.

Realidad, pensamiento, conocimiento, saberes. Somos rehenes de un determinado tipo de pensamiento y educación… ¿Cómo nos han educado en relación al conocimiento del mundo y de nosotros mismos? Quienes tenemos ya una cierta edad, incluso aquellos que han tenido la oportunidad de acceder a un cierto nivel de educación, hemos sufrido un determinado tipo de enseñanza, muy constreñida por los condicionamientos sociológicos, científicos, educativos, etc. propios de una determinada época.

La democratización y el fomento de la Enseñanza y la Educación han mejorado mucho la situación... Sin embargo, nuestra forma de pensar y nuestra forma de enfocar y afrontar los problemas en demasiadas ocasiones resultan aún demasiado obsoletos. En nuestro contexto, ¿quienes toman, por ejemplo, las decisiones importantes y con qué grado de ponderación y conocimiento? Existe todavía un déficit democrático creciente debido a la exclusión en la toma de decisiones relevantes de la gran mayoría de la población y a la apropiación por parte de políticos, expertos, especialistas y técnicos, de un sinfín de decisiones trascendentales para todos en relación, por ejemplo, a problemas vitales, antropológicos, educativos, etc. llevadas a cabo no tanto con criterios debidamente contextualizados y visones amplias y “globales” de la problemática a abordar, sino a menudo con criterios miopes, mezquinos y cortoplacistas, atendiendo a criterios pragmáticos, utilitaristas, mercantilistas o políticos, con actitudes y enfoques que valoran sobre todo la utilidad y el valor práctico de las cosas y que minusvaloran todo aquello que aparentemente, ante una mirada superficial, compulsiva y epidérmica, aparece como “in-útil” . Esto es lo que suele suceder en campos como, por ejemplo, el antropológico, ideológico, educativo, religioso, etc. (ingeniería social, ideología de género, homosexualismo político, laicismo beligerante...) ya que no todo, por ejemplo, lo científicamente posible puede resultar a largo plazo adecuado y beneficioso para nuestra especie.

La propuesta de intelectuales como E. MORIN, filósofo y sociólogo francés de origen sefardí, va encaminada a percibir y afrontar los problemas con una mayor amplitud y hondura de miras. Edgar Morin ve el mundo como un todo indisociable, donde el espíritu individual de las personas posee conocimientos ambiguos, desordenados, que necesita acciones retroalimentadoras y propone un abordaje de manera multidisciplinaria y multirreferenciada para lograr la construcción de un pensamiento que se desarrolla a partir de un análisis profundo de un mundo singularizado por la complejidad y que se caracteriza por tener muchas partes que forman un conjunto intrincado y difícil de conocer. Se opone al aislamiento de los objetos del conocimiento, los restituye a su contexto y los reinserta en la globalidad a la que pertenecen y nos propone una reorganización del pensamiento y una mayor contextualización de las grandes áreas del saber.

PREFACIO

«Me gustaría de veras proseguir mi educación puramente humana. Pero el saber no nos vuelve ni mejores ni más felices. Sí, ¡si fuéramos capaces de comprender la coherencia de todas las cosas!

Cada vez estoy más convencido de la necesidad de una reforma del pensamiento, y por tanto, de una reforma de la enseñanza. He querido partir de los problemas que creo son los más urgentes e importantes y he querido indicar el camino para tratarlos. He querido partir de las finalidades y mostrar cómo la enseñanza, primaria, secundaria y superior, podía prestar servicio a estos fines. La complejidad es para mí un desafío que siempre he propuesto afrontar.

El presente libro, de hecho está dedicado a la educación y la enseñanza. Estos dos términos coinciden, pero se diferencian también. «Educación» representa la «puesta en práctica de los medios para asegurar la formación y el desarrollo de un ser humano. El término de «formación» da forma y conforma al individuo despertando, suscitando, favoreciendo la autonomía del espíritu. La «enseñanza», arte o acción de transmitir a un alumno unos conocimientos para que él los comprenda y asimile, es sólo cognitiva. La misión de esta enseñanza es transmitir una cultura que permita comprender nuestra condición y ayudarnos a vivir; al mismo tiempo ha de favorecer un modo de pensar abierto y libre. «El saber no nos vuelve ni mejores ni más felices.» Pero la educación puede ayudarnos a ser mejores y, si no dichosos, enseñarnos a asumir la parte prosaica y vivir la parte poética de nuestras vidas.

LOS DESAFÍOS

Nuestra universidad ha generado una proporción demasiado grande de especialistas en disciplinas predeterminadas, mientras que una gran parte de las actividades sociales pide personas capaces de un ángulo de visión mucho más amplio. Existe una falta de adecuación cada vez más grande entre nuestros saberes discordes, troceados, encasillados en disciplinas, y unas realidades o problemas cada vez más multidisciplinarios, transversales, multidimensionales, transnacionales, globales y planetarios.

La hiperespecialización (especialización que se encierra en sí misma sin permitir su integración en una problemática global) impide ver lo global (que fragmenta en parcelas), así como lo esencial (que disuelve). Los problemas esenciales nunca son parcelarios y los problemas globales son cada vez más esenciales. Los problemas particulares sólo pueden ser planteados y pensados correctamente dentro de su contexto.

1. El desafío de la globalidad y la complejidad

El desafío de la globalidad es pues al mismo tiempo un desafío de complejidad. Existe complejidad mientras sean inseparables los componentes que constituyen un todo y haya un tejido interdependiente, interactivo entre las partes y el todo, el todo y las partes. El enfoque reduccionista consiste en remitirse a una sola serie de factores para organizar la totalidad de los problemas. La inteligencia que no sepa otra cosa que separar, rompe la complejidad del mundo en fragmentos desunidos, fracciona los problemas. Atrofia las posibilidades de comprensión y de reflexión. Cuanto más multidimensionales se vuelven los problemas, más se da la incapacidad de considerar su multidimensionalidad. Una inteligencia incapaz de considerar el contexto nos hace ciegos, inconscientes e irresponsables. Los desarrollos disciplinarios de las ciencias no han aportado sólo las ventajas de la división del trabajo, sino también los inconvenientes de la superespecialización, del encasillamiento y el fraccionamiento del saber. Han producido el conocimiento y la elucidación, pero también la ignorancia y la ceguera.

El sistema de enseñanza y la fragmentación del pensamiento y los saberes. Desde la escuela elemental nos enseñan a aislar los objetos (de su entorno), a separar las disciplinas (antes que a reconocer sus solidaridades), a desunir los problemas, más que a unir y a integrar. Nos ordenan reducir lo complejo a lo simple, es decir, a separar lo que está unido, a descomponer y no a recomponer. El pensamiento que recorta, aísla, permite a los especialistas y expertos ser muy eficientes en sus compartimientos y cooperar eficazmente en los sectores de conocimiento no complejos, pero la lógica a la que obedecen extiende sobre la sociedad y las relaciones humanas su visión determinista, mecanicista, cuantitativa, formalista, ignora, oculta o disuelve todo lo que es subjetivo, afectivo, libre, creador. En estas condiciones, los espíritus jóvenes pierden sus aptitudes naturales para contextualizar los saberes e integrarlos dentro de sus conjuntos.

El conocimiento pertinente es aquel que es capaz de situar toda información en su contexto, dentro del conjunto donde la misma se inscribe. El conocimiento progresa principalmente por la capacidad de contextualizar y globalizar. La ciencia económica, por ejemplo, es la ciencia humana más sofisticada y la más formalizada. Sin embargo, es incapaz de considerar lo que no es cuantificable, es decir, las pasiones y las necesidades humanas. La economía es a la vez la ciencia más avanzada matemáticamente y la más atrasada humanamente. El problema de la enseñanza está en los efectos cada vez más graves del encasillamiento de los saberes y de la incapacidad de articularlos unos con otros, y que la aptitud de contextualizar e integrar es una cualidad fundamental del espíritu humano que conviene desarrollar más que atrofiar.

2. La expansión incontrolada del saber.

Detrás del desafío de lo global y lo complejo se esconde otro desafío, el de la expansión incontrolada del saber. T. S. Eliot decía: «¿Dónde está el conocimiento que perdemos con la información?» El conocimiento no es conocimiento si no es organización, puesta en relación y en contexto con las informaciones. Las informaciones constituyen parcelas del saber dispersas. En todas partes, en las ciencias como en los media, estamos inundados por las informaciones. El especialista de la disciplina más estrecha no llega ni siquiera a tomar conocimiento de las infor­maciones consagradas a su dominio. Cada vez más la gigantesca proliferación de conocimientos escapa del control humano.

Los conocimientos divididos, parcelados, no sirven para alimentar un pensamiento que considere la situación humana, en el seno de la vida, sobre la tierra, en el mundo. No llegamos a integrar nuestros conocimientos en orden a conducir nuestras vidas. De ahí el sentido de la segunda parte de la frase de Eliot: «¿Dónde está la sabiduría que perdemos con el conocimiento?».

Los tres desafíos que acabamos de afrontar nos conducen al problema esencial de la organización del saber, Veamos los desafíos que resultan de los tres desafíos anteriores.

3. EL DESAFIO CULTURAL

La cultura no sólo está recortada ya en piezas sueltas sino también partida en dos bloques. La gran desunión que existe entre la cultura de las humanidades y la cultura científica. La cultura humanista es una cultura genérica, que, por medio de la filosofía, el ensayo, la novela, alimenta la inteligencia general, se enfrenta a los grandes interrogantes humanos, estimula la reflexión sobre el saber y favorece la integración personal de los conocimientos. La cultura científica, separa los campos del conocimiento; suscita admirables descubrimientos, teorías geniales, pero no una reflexión sobre el destino humano y sobre el curso de la ciencia misma. La cultura científica, privada de reflexividad sobre los problemas generales y globales, pasa a ser incapaz de pensarse ella misma y de pensar los problemas sociales y humanos que plantea. El mundo técnico y científico no ve la cultura de las humanidades más que como un ornato o lujo estético mientras que ésta favorece la inteligencia general que el espíritu humano aplica a los casos particulares. El mundo de las humanidades no ve en la ciencia otra cosa que un agregado de saberes abstractos o amenazadores.

4. EL DESAFIO SOCIOLOGICO

El espacio sometido a los tres desafíos se extiende sin cesar con el crecimiento de los caracteres cognitivos de las actividades económicas, técnicas, sociales y políticas, especialmente con los desarrollos generalizados y múltiples del sistema neurocerebral artificial llamado impropiamente informático, que se sitúa en simbiosis con todas nuestras actividades. Así, cada vez más:

  • la información es una materia prima que el conocimiento debe dominar e integrar;
  • el conocimiento debe ser reconsiderado permanentemente y revisado por el pensamiento;
  • el pensamiento es más que nunca el capital más precioso para el individuo y la sociedad.

5. EL DESAFIO CÍVICO

El debilitamiento de una percepción global conduce al debilitamiento del sentido de responsabilidad, ya que cada uno tiende a no ser responsable más que de sus tareas especializadas, así como al debilitamiento de la solidaridad, porque nadie percibe ya su lazo orgánico con su ciudad y sus conciudadanos.

Existe un déficit democrático creciente debido a la apropiación por parte de los expertos, especialistas y técnicos, de un número creciente de problemas vitales. El saber se ha vuelto cada vez más esotérico (accesible sólo a especialistas) y anónimo (cuantitativo y formalizado). El conocimiento técnico está reservado a los expertos, cuya competencia en un dominio cerrado se acompaña de una incompetencia cuando este dominio es parasitado por influencias exteriores o modificado por un acontecimiento nuevo. En tales condiciones, el ciudadano pierde el derecho al conocimiento. Se ve desposeído en tanto que ciudadano de todo punto de vista globalizador y pertinente. Cuanto más técnica pasa a ser la política, más retrocede la competencia democrática.

El proceso tecno-científico actual, proceso ciego que escapa de la conciencia y de la voluntad de los mismos científicos, conduce a una fuerte regresión de la democracia. De este modo, mientras el experto pierde la aptitud de concebir lo global y lo fundamental, el ciudadano pierde el derecho al conocimiento. A partir de ahí, la desposesión del saber, muy mal compensada por la divulgación mediática, plantea el problema histórico, que será capital en lo sucesivo, de la necesidad de una democracia cognitiva.

Actualmente es imposible democratizar un saber compartimentado y esoterizado por naturaleza. Pero consideremos si no sería posible en adelante pensar una reforma del pensamiento que permitiera afrontar el formidable desafío que nos encierra en el dilema siguiente: o bien sufrir el bombardeo de innumerables informa­ciones que nos llueven cotidianamente a través de los periódicos, radios y televisiones, o bien encomendarnos a unas doctrinas que no retienen más informaciones que aquellas que las confirman o les son inteligibles, rechazando como error o ilusión todo lo que las refuta o les son incomprensibles. Este problema se plantea no sólo para el conocimiento del mundo en el día a día, sino también para el conocimiento de todas las cosas humanas y para el conocimiento científico en sí.

6. EL DESAFÍO DE LOS DESAFÍOS

Un problema crucial de nuestro tiempo es la necesidad de afrontar todos los desafíos interdependientes que acabamos de enumerar. La reforma del pensamiento permitiría el pleno empleo de la inteligencia para responder a estos desafíos y facilitaría la unión de las dos culturas separadas. Se trata de una reforma que concierne a nuestra aptitud para organizar el conocimiento.

Todas las reformas concebidas hasta el presente han girado alrededor de este agujero negro donde se encuentra la necesidad profunda de nuestros espíritus, de nuestra sociedad, de nuestro tiempo, y por lo mismo, de nuestra enseñanza. La reforma de la enseñanza debe conducir a la reforma del pensamiento y la reforma del pensamiento debe conducir a la reforma de la enseñanza.

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Fuente: Edgar MORIN: La mente bien ordenada. (Resumen del Prefacio + Cap. 1 Los desafíos)