2005-15
10è ANIVERSARI

titol

«Mundo educativo», ¿quo vadis?

  • Mundo educativo: ¿hacia dónde vas, hacia dónde apuntas?
  • Inicio de un nuevo curso académico, ¿persiguiendo qué meta, con qué orientación?
  • En pos de una Educación más auténticamente «humanizadora»

El hecho de ser un «homo sapiens» no me convierte necesariamente en verdaderamente «humano» ...

Poner el foco más en la lógica del «ser» y no tanto en la del «tener».

«Todos los seres humanos estamos llamados a la virtud, a vivir de una forma plena, a vivir de una forma bella...» Musonio Rufo, filósofo estoico del siglo I, maestro de Epicteto.

La «Educación», la «Formación» y la «Cultura» deben plantearse como primera exigencia que los ciudadanos sientan la necesidad de una vida más plena, más perfecta, más auténtica, porque así llegarán a ser más plenamente «humanos».

  • Una reflexión sobre la pertinencia o no de nuestros actuales planteamientos educativos…
  • Al sistema le interesa formar sobretodo gente «útil», aunque quizás no tanto «pensante».
  • El verdadero «progreso», requiere de una buena Educación. Y una buena Educación requiere de una idea clara acerca de la finalidad de la vida y un ideal nítido del tipo de ser humano que hay que forjar.
  • Atrapados por lo urgente, desatendemos lo esencial.
  • En un mundo tan acelerado como el actual, el «humanismo» y las «humanidades» nos permiten adoptar la distancia necesaria para poder mirar la vida con una mayor perspectiva.

Mucho se habla de la necesidad de reformar el sistema educativo. De derogar una u otra ley. De reformular la distribución de las competencias políticas en educación. De reforzar el aspecto tecnológico de la educación... La tendencia actual está orientada a potenciar los aspectos tecnológicos y científico-técnicos de la educación en detrimento de la formación «humanística». Parches cosméticos del sistema, epidérmicos y superficiales. Alejados del núcleo duro de la verdadera tarea educativa, esta queda muy amputada si se limita tan solo a potenciar el desarrollo intelectual de los ciudadanos. Tenemos una educación completamente supeditada al sistema productivo. Servil a los intereses del sistema económico. Por otra parte, oyendo la jerga reformista educativa al uso y la concepción de la Educación que en ella subyace, nuestros representantes políticos también dejan mucho que desear en este terreno. En ellos hay implícita y operan con una concepción muy reduccionista de lo que es el ser humano y de la noble y ardua tarea educativa a desarrollar. Nuestra problemática no deriva tanto de la falta de medios, sino de carencia de orientación adecuada y obnubilación ante los fines.

Limitarse a llevar a cabo el “programa oficial” para mejorar nuestra situación en el entorno educativo europeo o para mejorar nuestra posición en los rankings educativos es coger el rábano por las hojas y quedarse a mitad de camino, y también no haber comprendido el profundo alcance de la labor educativa, la altura y nobleza de la auténtica tarea educativa. También en el campo educativo se requiere de toda una revolución en sus planteamientos: Poner el foco más en la lógica del «ser» y no tanto en la del «tener». ¿Las actuales orientaciones educativas apuntan adecuadamente? ¿Qué concepción antropológica subyace en los actuales planteamientos educativos? ¿Inciden en aquello más esencial? ¿Tenemos los profesionales adecuados para ello…? Sin duda en esos diversos aspectos y también en el campo de la formación y selección del profesorado tenemos todavía mucho que mejorar.

Iniciamos un nuevo curso académico. El mundo educativo vuelve a las aulas. Nuestros pequeños, jóvenes y adultos se disponen a iniciar el nuevo curso académico. Todos, también los adultos, necesitamos mejorar nuestra Educación y Formación. El inicio de cualquier actividad es ocasión propicia para reflexionar sobre el trabajo que se va a realizar, para planear los objetivos y si fuera necesario replantarse las estrategias a seguir… El mundo educativo no puede vivir de rutinas y de inercias, no puede permanecer rehén del ciclo del eterno retorno. Lo que lleva entre manos es demasiado importante para instalarse en superficialidades. Permanentemente ha de replantearse las finalidades que persigue, la adecuación de sus objetivos, la actualización de sus métodos… y es en este punto dónde conviene reflexionar una y otra vez sobre la pertinencia o no de nuestros actuales planteamientos educativos…. ¿Qué perseguimos, qué orientación imprimimos a la tarea educativa, con qué disposición de ánimo, cuáles son las finalidades que se persiguen? El método puede ser diverso. La meta, debe estar clara.

El tipo de sociedad que hemos construido los humanos y en la que nos hallamos inmersos

El utilitarismo como medida de todas las cosas. El utilitarismo, el mercantilismo y el consumismo nos corroen, calan en todos los ámbitos, copan nuestras apetencias, impregnan nuestros deseos, empapan nuestras ambiciones, saturan nuestras inquietudes, nuestras aspiraciones… Nos encontramos en medio de una mentalidad utilitarista y mercantilista y una cultura científico-técnica que lo impregna todo, en medio de una sociedad compulsiva, primaria, poco reflexiva, agitada, acelerada, inquieta, apresurada, veloz... ávida de aplicar sus más conspicuos logros a los más inusitados ámbitos de lo humano…

El mundo actual parece solo valorar aquellas cosas que son prácticas y que tienen utilidad inmediata.

El utilitarismo aparece hoy como una especie de factótum que todo lo corroe. El mundo actual parece solo valorar aquellas cosas que son prácticas y que tienen utilidad inmediata. Deja en un segundo plano aquello que califica de inútil y teórico. Es por eso que en los sistemas educativos contemporáneos hay una tendencia soterrada pero cada vez más explícita a orillar todo aquello que no sea práctico y que no reporte utilidad inmediata, a orillar la formación humanística, a marginar las humanidades, concentrando sus mayores esfuerzos en las disciplinas prácticas, aquellas que pueden ayudar a reportar beneficios inmediatos a quienes sepan aprovecharse de ellas. Se focalizan las prioridades educativas, expresadas en el curriculum a desarrollar, en función sobretodo de la utilidad práctica de las materias, olvidándonos de aquello aparentemente in-últil, pero absolutamente necesario para orientarnos hacia una vida más digna y plena.

La demanda de mano de obra cualificada del sistema económico pesa mucho en el sistema educativo y éste suele estar supeditado a aquel. Al sistema le interesa formar sobretodo gente «útil», aunque quizás no tanto «pensante». Es necesario minimizar las «humanidades» para dar mayor espacio a lo útil, a lo práctico, a lo que de verdad hoy importa, ¿para qué perder el tiempo con literaturas, filosofías, historias, artes, religión…? ¿Para qué perder tiempo en cosas tan inútiles, se piensa desde el poder…? No sea que ayuden a abrir los ojos a la ciudadanía, a mirar las cosas desde una perspectiva menos acomodaticia, más juiciosamente, a despertar las conciencias, a pensar y además hacerlo críticamente…

«Enseñar» y «educar». Una cosa es «enseñar», mostrar, exponer, instruir ... y otra, no exactamente lo mismo «educar», es decir, ayudar a autoformarse, ayudar a forjar la personalidad, ayudar a «crecer» como personas. Se puede enseñar sin educar, esto es, se puede instruir, pero sin que esta instrucción se proponga «educar». La enseñanza, en la práctica, a menudo queda reducida a esto: en simple "mostración" y ahí se queda, sin plantearse ir más allá, carente de verdadero propósito educativo. La Enseñanza debe convertirse en auténtica Educación. Es posible enseñar y al mismo tiempo no educar; esto es así si lo que se enseña no incorpora un propósito verdaderamente educativo, es decir contribuir a la configuración de la personalidad del educando más allá de los aspectos meramente intelectuales y cognitivos. Cuando a la enseñanza le falta el propósito «educativo», entonces los enseñantes se quedan en simples «mostradores» de información, del saber, de la ciencia, pero no en verdaderos «educadores». Para el progreso de un país y para la mejora de la calidad del personal, la Enseñanza debe convertirse en auténtica Educación. Algunos malentendidos en el campo educativo derivan precisamente de esta falta de distinción. En general todo esto en España en la privada está mucho más claro que en la pública.

Fracaso «escolar» / fracaso «personal». Mucho se habla del llamado «fracaso escolar», sin embargo, mucho menos del más importante y transcendental fracaso «personal». La sociedad en general y el mundo de la Enseñanza están muy preocupados, y con razón, por superar el bajo nivel educativo de nuestro país en los rankings educativos y el grado de «fracaso escolar» que se produce en nuestro sistema educativo, obviando que este en excesivas ocasiones no es sino la manifestación, la expresión, la exteriorización de un fracaso más soterrado, velado, más profundo: el fracaso «personal» (a menudo muy ligado a la desestructuración familiar). El Sistema Educativo, además de preocuparse por superar el llamado fracaso escolar, debería velar también por contribuir a asegurar el todavía más importante éxito «personal».

Educación sí, ¿pero qué educación?

Una buena Educación requiere de una idea clara acerca de la finalidad de la vida y una idea nítida del tipo de «ser humano» que hay que alumbrar.

La educación tradicionalmente, en lugar de dedicarse a formar personas que sean capaces de responsabilizarse en sus quehaceres, de implicarse con el trabajo bien hecho, de formar en valores, de comprometerse y solidarizarse con los demás, a dar primacía al ser sobre el tener, se ha dedicado prioritariamente a formar profesionales, profesionales aptos para ocupar lugares relevantes socialmente, obtener beneficios materiales, conseguir reconocimiento externo y para objetivos similares, que potencian fundamentalmente las destrezas técnicas y los valores egocéntricos pero que hipertrofian, por falta del necesario laboreo y cultivo, las dimensiones más propiamente humanas.

El verdadero «progreso», requiere de una buena Educación. Y una buena Educación requiere de una idea clara acerca de la finalidad de la vida y una idea nítida del tipo de «ser humano» que hay que alumbrar, que hay que forjar. La Educación ha de ser eficaz pero no sólo persiguiendo el adecuado rendimiento intelectual (informes PISA), sino también una mayor plenitud humana. Pero para ello se requiere de un profesorado preparado no solamente para la didáctica, para «enseñar», sino auténticamente competente para «educar». Los poderes públicos, responsables de la orientación educativa, tienen una grave responsabilidad en ello … 

En busca de una vida más plena

El «ser humano» no sólo es trabajo, empleo, profesión, economía, «capital» humano; ni tampoco solamente: estudiante, ciudadano, cibernauta, productor o consumidor; es también un ser inserto en un proceso de desarrollo «personal», que hunde sus raíces más profundas en una estructura y unas relaciones familiares sanas, base del equilibrio personal y fundamento de cohesión social.

Todos buscamos una vida mejor, una vida más auténtica y más plena. La primera tarea de toda criatura es la de completar, llevar a cumplimiento, a su perfección, el icono de lo real que todos nosotros somos. Entendemos la plenitud del hombre como el ideal supremo de toda vida humana. Se trata de llegar a la plenitud. Hay en el hombre un deseo de plenitud y de vida, de felicidad y de infinito, de verdad y de belleza que va más allá de las contingencias religiosas y culturales. Quedarse a medio camino, humanamente hablando, es un fracaso. No queremos vivir simplemente vegetando, como si fuéramos vegetales. Queremos satisfacer el anhelo de plenitud de vida que se encuentra en el corazón de todo hombre. (R. Panikkar).

Todos queremos ser felices, en el fondo es lo que más anhelamos, lo que más nos importa. Lo buscamos con toda el ansia y todo nuestro ser. Muchos intuyen, aunque quizás no sean plenamente conscientes de ello, que eso se logra no solo con conocimientos útiles y prácticos, sino con lo que nos eleva humanamente… ¿Por qué arrastrarse por el suelo, pudiendo volar alto?

La «Educación», la «Formación» y la «Cultura» deben plantearse como primera exigencia que los ciudadanos sientan la necesidad de una vida más plena, más perfecta, más auténtica, porque así llegarán a ser más plenamente «humanos».

La felicidad solo se encuentra en lo infinito, y a eso se llega con la razón, mediante un proceso de autoconstrucción que solo se logra desde un pensamiento acabado, que nace del cultivo de eso que hoy se considera tan «inútil». En un mundo tan acelerado como el actual, el «humanismo» y las «humanidades» nos permiten adoptar la distancia necesaria para poder mirar la vida con una mayor perspectiva.

Todos los hombres y mujeres están destinados a ser y vivir en plenitud el verdadero ser humano que llevamos escondido dentro. Todo consiste en estar «maduro», decía Shakespeare. La preparación para la profesión es muy importante, pero más aún lo es la preparación para la vida. Podemos fracasar en nuestra tarea profesional, pero no podemos permitirnos el lujo de fracasar en nuestra primordial tarea existencial como seres humanos. (ver aquí) ¿Quo vadis, «Mundo educativo»?

VMC