En proceso de transformación personal
Un relato en primera persona
Una muestra de metanoia, conversión, metamorfosis interior, transformación personal (un relato contado en primera persona)
A menudo nos encontramos instalados en una determinada situación, nos hemos creado e instalado en unas circunstancias que nos hacen la vida si no agradable, si al menos mansamente satisfactoria y ligeramente placentera, y allí, en esa situación, transcurren nuestros anodinos días. Nos cuesta abandonar esa nuestra situación actual, quizás larga y tan laboriosamente conseguida. Pero la vida es también evolución, no estancamiento, ganas de mejorar, de progresar, de encaminarnos hacia una vida más plena, de liberarnos de ciertas seguridades y embarcarnos en una nueva y quizás incierta aventura. Si no queremos permanecer estancados en nuestras placenteras seguridades, si queremos progresar, si nos impulsa el deseo íntimo de superarnos a nosotros mismos, hemos de estar dispuestos a abandonar nuestra zona de confort.
Todos estamos llamados a convertirnos en artistas de nuestra propia vida. Poseemos un potencial magnífico del que con frecuencia estamos desconectados. Estamos dormidos a nuestro verdadero ser y nos mantenemos limitados a nuestras concepciones sobre nosotros y sobre la realidad. Estamos llamados a crecer, a desplegarnos, a evolucionar humanamente, a progresar anímica, espiritualmente. Llevar a cabo una transformación personal es un proceso profundo que no ocurre de la noche a la mañana, pero que se vuelve manejable si lo divides en etapas claras. La transformación personal no es un cambio impuesto desde fuera. Es una decisión interna, un compromiso contigo mismo que nace cuando te atreves a mirarte con honestidad. ¿Quién soy hoy y quién quiero ser? El primer paso para el desarrollo personal es saber quién eres. Conocerte a ti mismo te permite crecer como persona y gobernar tu vida de acuerdo con unos valores, creencias e intereses. Este saber es la esencia de la madurez humana y del desarrollo personal. Este primer paso es el más poderoso porque abre la puerta a una nueva forma de estar en el mundo, una que resuena contigo de manera auténtica. La transformación personal supone la evolución de una persona de manera muy profunda. Esa transformación es la que persiguen «los buscadores», aquellas personas cuya dimensión emocional o espiritual les impulsa a vivir experiencias en las que encontrar respuestas a sus preguntas más anheladas o la eterna cuestión de quién soy yo y qué quiero hacer con mi vida. Transformarse conscientemente es mucho más que hacer ajustes superficiales en tu vida. Es un proceso que comienza por reconocer y aceptar quién eres en este momento, y desde esa base, tomar decisiones que alineen tu ser con la persona que estás destinado a convertirte. Es mirar de frente tus creencias, tus hábitos y tus resistencias, no para juzgarlos, sino para entenderlos y decidir qué necesitas soltar, transformar o integrar. Y cuando eliges embarcarte en este viaje, algo extraordinario sucede: no solo cambias tú, sino que inspiras transformación en quienes te rodean. Cualquier cambio profundo que hacemos en nuestras vidas afecta a todas nuestras dimensiones, una oportunidad de ser más libre que afecta a tu dimensión mental, emocional, física y espiritual. Y es curioso porque inspira también en ti la necesidad de desarrollar tu vocación, de contribuir a lo colectivo, de influir positivamente en tus entornos.
Para la persona madura la vida es algo más que la comida, la bebida, la seguridad o la sexualidad… El verdadero instinto básico del ser humano no es la simple supervivencia, es la expresión libre y diáfana de nuestra verdadera identidad, nuestra alma. Anteriormente ya hemos presentado la vida humana como un proceso de aprendizaje existencial cuyo propósito es ir perfeccionando el instrumento, nuestra «personalidad» o «ego», que es lo que le permite al alma expresarse en el mundo de la materia. Un instrumento —la personalidad, el ego— que sea totalmente flexible y receptivo a la energía y a la voluntad del alma, para que esta pueda expresar lo mejor de sí misma, en este mundo de la materia. En eso consiste nuestra verdadera tarea existencial aquí en la Tierra ( -ver aquí- ). Viniste aquí para descubrir realmente quién eres, para evolucionar conscientemente desde el punto Alfa hacia el punto Omega. Viniste aquí para ir limpiando las capas del ego hasta que brille tu esencia divina ( -ver aquí- ) y -también aquí- (recordemos que el camino que hemos de transitar va desde el predominante «egocentrismo» actual que nos domina al despertar de nuestra esencia personal más profunda, el «Alma».) En eso ha consistido verdaderamente la tarea los auténticos "sabios" y "verdaderos filósofos" que el el mundo han sido.
Como subraya M. CAVALLÉ, asesora filosófica sapiencial, el término “filosofía” es de origen griego y significa amor o disposición a consagrarse a la sabiduría. A su vez, la sabiduría no se entendía como un saber meramente teórico, sino como un saber práctico, vital e integral, que incumbía al ser humano en su totalidad. Sabio era el que se esforzaba por comprender la verdadera naturaleza de las cosas, por ver el mundo tal como es, y el que vivía en armonía con esa visión, es decir, en conformidad con la realidad. Se consideraba que esta vida respetuosa con la realidad era la que satisfacía las necesidades más profundas del ser humano, la que favorecía la expresión de sus mejores posibilidades (la capacidad de pensamiento autónomo, el conocimiento propio y de nuestro lugar en el mundo, la libertad interior, la serenidad, el amor desinteresado…) y, por lo tanto, la que le permitía alcanzar la forma más elevada y estable de felicidad a la que podía tener acceso. Las enseñanzas de Heráclito, Parménides, Pitágoras, Platón o Sócrates, las de los pensadores estoicos, cínicos, epicúreos, escépticos, neoplatónicos, etcétera, no eran meras teorías especulativas sobre la naturaleza última de la realidad; eran, indisociablemente, prácticas orientadas a la realización operativa de las posibilidades latentes en las estructuras profundas de todo ser humano, caminos de plenitud y de liberación interior.
Los grandes filósofos de la antigüedad, los auténticamente "sabios" no se limitaban a elaborar y postular sistemas teóricos, sino que, ante todo, encarnaban en ellos mismos todo un modelo de vida e invitaban a los aspirantes a "filósofos" a los amantes de la sabiduría (aquellos que se consagraban a descubrir la verdadera sabiduría de la vida), a adentrarse en una iniciación vital tras la cual no serían los mismos ni verían el mundo del mismo modo. Entendían que solo podía penetrar bajo la superficie de las cosas y vislumbrar las claves de la existencia quien había accedido a cierto estado de ser, quien se desenvolvía en un determinado nivel de conciencia. No se consideraba genuino filósofo aquel que se dedicaba a elucubrar teorías o hipótesis más o menos plausibles en torno a las cuestiones últimas, careciendo de un compromiso activo con su propio autoconocimiento. Eran la autenticidad y hondura del ser del verdaderamente "filósofo" las que garantizaban la profundidad de su visión. «El lugar arquetípico de la sabiduría, en buena medida silenciado en nuestra civilización, es precisamente aquel que aúna, de forma indisociable, conocimiento, experiencia directa, transformación personal y liberación interior. El que evidencia que no hay verdadera filosofía (amor a la sabiduría) sin “despertar”: sin una modificación profunda de nuestro ser que es el preámbulo de la visión interior; que el compromiso con la verdad pasa por el compromiso con la propia veracidad, y que, cuando no es así, el conocimiento filosófico no sólo es estéril, sino falaz: un mero mecanismo de auto-justificación; que el saber más profundo no es el que versa sobre la realidad, sino el que consiste en la experiencia de comulgar con ella; y el que evidencia, por último, que esta experiencia es solo posible a través de la comprensión de nosotros mismos, ahondando en las raíces de nuestra identidad». En la filosofía recobrada (M. Cavallé).
Podremos facilitar esa gran transformación personal y, además, orientarla de modo consciente, si sabemos reconocer su origen y comprender su significado profundo. Porque tras haber recorrido el itinerario necesario para esa transformación el cambio que se experimenta es de tal índole que no depende de las condiciones externas –al menos no esencialmente- sino del nivel de conciencia en el que nos encontremos los seres humanos, tanto individual como colectivamente. El secreto de un cambio tan decisivo está dentro de cada uno de nosotros, y también en nuestro interior se encuentra la fuerza y la energía necesarias para concretarlo en el mundo actual en pos de un más alto grado de nivel de conciencia, que sea expresión pura de las más altas cualidades del espíritu y del corazón humanos. Una persona debe cambiar sus perspectivas cada cierto tiempo, eso es sinónimo de avance en el crecimiento, da lo mismo si lo que piensa actualmente es contrario a lo que pensaba antes, de eso se trata la vida, de adquirir entendimiento y ese proceso debe ser flexible por lo que respecta a nuestras creencias y percepciones.
A continuación, a título de ejemplo y como botón de muestra, ofrecemos con sus popias palabras unas breves pinceladas sobre la evolución personal / transformación integral de Gonzalo RODRÍGUEZ-FRAILE, según el relato que él mismo hace del itinerario seguido personalmente, en el prólogo de su obra "¿Un nuevo paradigma de la realidad?" Libro en el que se pretende vislumbrar lo que puede suponer para los humanos el acceso a un nuevo conocimiento, a una nueva "percepción/visión" de la realidad, y cuáles son los cambios en el interior de uno mismo que cualquiera puede llevar a cabo a la luz de esta información, teniendo siempre presente que “el mapa que se muestra no es el territorio”; con esto se quiere decir que "conocer los conceptos" no es lo mismo que "vivirlos", "asimilarlos", "experimentarlos" personalmente, que una cosa es saber intelectivamente algo y otra muy distinta es haberlo asimilado, integrado, pasando así a formar ya parte inextricable, inseparable, de nuestra personalidad.
G. RODRÍGUEZ-FRAILE, autor de ¿Un nuevo paradigma de la realidad? (Resumen del Prólogo)
Sin un rumbo claro
Hace unos quince años comencé un viaje que cambió mi percepción sobre el sentido de la vida. Cuando tenía unos 40 años, un buen día decidí pausar y hacerme una pregunta: ¿Cómo era posible no ser capaz de ser feliz en todo momento, a pesar de contar con todos los ingredientes para ello? Aparentemente, todo en el exterior estaba bien —unos hijos estupendos, éxito profesional, abundancia de recursos, salud, etc.—; pero no era posible para mí escapar de muchos momentos de angustia, estrés, preocupación y pequeños problemas de salud asociados al estado de mi mente. Como todo el mundo, en la vida había experimentado éxitos y fracasos, pero más los primeros que los segundos, y no había tenido que enfrentarme a muchas situaciones dramáticas que sí ocurrían a otras personas cercanas a mí. Aun así, no todo estaba bien en mi interior, y ello a pesar de que había gozado de una extensa formación, tanto académica como religiosa.
En pos de una vida más plena
Vida plena pero de qué tipo. Me dije a mí mismo: ¿De qué sirve el éxito externo si no me lleva a estar siempre feliz y en paz? Comprendí que lo que podía aprender de la cultura predominante seguiría sin resolver ese problema, y decidí embarcarme en un viaje de investigación externa y al mismo tiempo de introspección; en él he invertido algunas miles de horas. Este viaje se convirtió en un propósito central de mi vida a partir de ese momento.
Como era una persona más bien “mental”, y mi educación había sido racional, decidí comenzar por investigar el conocimiento disponible. Inicié el estudio tanto de la sabiduría expresada por todo tipo de pensadores a lo largo de la historia (en Oriente y Occidente), como de las conclusiones de la nueva investigación en algunas de sus facetas —física, cosmología, psicología, filosofía, epigenética, teología, etc.—.
El principio del viaje, que duró varios años, consistió fundamentalmente en la acumulación de datos. La nueva comprensión de la realidad que comenzó a emerger ante mis ojos me convenció de la necesidad de empezar a vivir de acuerdo con esa nueva información adquirida; así que ese fue el enfoque que adopté en los siguientes años. Al comprobar el efecto y la transformación que tanto esa nueva comprensión como mi entrenamiento en ella me habían producido, pensé que también podría hacerlo en otros, y durante los últimos años he dedicado gran parte de mi vida a transmitir esa información. El siguiente objetivo era lograr sintetizarla de forma que otras personas pudiesen ir más rápido que yo.
Indagando el sentido profundo de la realidad
En este proceso comprendí, en primer lugar, que la manera que mi mente tenía de interpretar la realidad era incorrecta. La cultura en la que me eduqué no había entendido todavía el funcionamiento del Universo como actualmente lo explica la física moderna; eso era, precisamente, lo que me impedía vivir con comodidad las enseñanzas espirituales en la realidad. Mi mente era un obstáculo porque aún creía en una visión “materialista” de la realidad originada en el conocimiento de la física clásica, desde la que fundamentalmente se piensa en la realidad como un conjunto de objetos suspendidos en el espacio y separados entre sí, sin gran relación entre ellos. A través de la investigación de los nuevos conocimientos de la ciencia y la filosofía, y su interrelación con las grandes enseñanzas espirituales de la Humanidad, comprendí que las cosas no eran como pensaba hasta ese momento, y que tampoco el ser humano era como yo creía. Descubrí que el Universo no está fragmentado, sino que es un sistema unitario que integra todas las partes, y en el que todo está interconectado. Además, el Universo posee inteligencia e intención propias; esta última es la evolución creativa. Y que el ser humano no consiste en un cuerpo y una mente que además tiene un alma, sino fundamentalmente en un alma que posee un cuerpo y una mente temporales para poder experimentar y evolucionar en el mundo material.
Estos dos descubrimientos lo cambiaron todo en mi comprensión. Comprendí que el Universo es multidimensional, y que las dimensiones de más alta vibración —las más sutiles, que no se perciben a través de los sentidos o sus extensiones— ejercen una influencia total y un enorme poder causativo sobre las más densas —que se corresponden con la tercera dimensión que sí es posible percibir a través de los sentidos—.
En este libro pretendo explicar que todo lo que ocurre es perfecto y necesario para la evolución de las almas; de lo contrario, no ocurriría, porque la inteligencia del Universo que causa la manifestación es muy eficiente, y no comete errores ni malgasta energía.
Hacia la transformación / conversión interior
Si todo esto era así, se hacía evidente que era necesario afrontar un cambio en la polaridad interior: el énfasis tenía que ser situado “dentro” de uno mismo, y no “fuera”. Es decir, si la realidad es perfecta y necesaria, y yo he venido al mundo con el propósito de crecer, y no con otro, tengo que trabajar en mi interior para “perder agenda propia” y poder fluir con la manifestación (la realidad), en vez de trabajar “fuera” para cambiarla de forma que se acomode a mis gustos particulares.
Cuando comprendí la existencia y el significado de los niveles de consciencia mi mente dispuso de un “mapa” claro y seguro, que me ayudaba en gran medida a saber hacia dónde dirigir los esfuerzos. También contribuyó a que pudiera, por fin, identificar correctamente la principal causa de las dificultades humanas. Comprendí también cómo aumenta el potencial humano disponible a medida que se asciende a los niveles superiores, y cómo la felicidad correlaciona con esos niveles. Comprendí, así mismo, el funcionamiento del ego, y que el crecimiento espiritual consiste en una pérdida sucesiva de ego, que se traduce en un cambio en la experiencia psíquica interna, más que en un control de la conducta externa. Una vez producido el cambio interno, lo externo cambia solo y sin dificultad.
Concluí, por tanto, que esta nueva visión de la realidad se producía por la convergencia de muchas disciplinas del conocimiento que habían de integrarse para comprender mejor la realidad unificada —ya no fragmentada—. Al estudiar tanto las enseñanzas como los procesos de los místicos, en Oriente y en Occidente, me sorprendió que sus testimonios eran esencialmente los mismos, a pesar de las diferencias culturales bajo las que fueron expresados. También comprendí que los maestros espirituales del pasado, en su conjunto, habían hablado de casi todo aquello. Me resultó muy útil conocer las enseñanzas de muchos maestros, para así conseguir cubrir todos los aspectos de la realidad.
Aplicación práctica de las "comprensiones" alcanzadas
Todas estas comprensiones cambiaron mi mente y mi corazón, y me dispuse a intentar practicar esta nueva información en la vida diaria. Poco a poco fui entendiendo mejor cuáles eran los cambios internos que era necesario hacer. A lo largo del proceso comprendí que era mi obligación desarrollar la aceptación y la autorresponsabilidad de mi propio crecimiento. También fui entendiendo cómo tenía que utilizar la herramienta del pensamiento y cómo “soltar” apegos y condicionamientos para generar una mayor paz interior, que es la puerta de entrada a las facultades superiores de la consciencia.
Pero, sobre todo, y por primera vez, comprendí la existencia de las Leyes Universales y su funcionamiento. Esto me permitió intentar fluir con ellas, ya que su cumplimiento es inexorable y desconocerlas no nos exime de experimentar sus resultados.
Confío en que este itinerario sea de utilidad para todas las personas que están buscando la información y comprensión que les permita acelerar y hacer más eficiente su proceso de evolución de consciencia. Éste es, en definitiva, el propósito de nuestra existencia en este mundo de la forma.
Fuente: G. RODRÍGUEZ-FRAILE: ¿Un nuevo paradigma de la realidad? (resumen del Prólogo)
Ver también:
¿Qué es salir de la matrix y con qué te vas a encontrar?
El ser humano integral e integrado
¿Cuál es el verdadero sentido de la vida?
De la cultura del «ego» a la cultura del «alma» (I)
Per a «construir» junts...
«És detestable aquest afany que tenen els qui, sabent alguna cosa, no procuren compartir aquests coneixements».
(Miguel d'Unamuno, escriptor i filosof espanyol)
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«Es detestable ese afán que tienen quienes, sabiendo algo, no procuran compartir esos conocimientos».
(Miguel de Unamuno, escritor y filósofo español)

