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El camino cerebral hacia la plenitud

Objetivos mentales para una vida más plena y satisfactoria.
El necesario trabajo mental que nos encamine hacia la felicidad: la meta y el camino.

Nuestra meta: la plenitud

Nuestra naturaleza nos impulsa hacia la plenitud, nos impele hacia el absoluto. Así estamos constituidos y esa es nuestra condición. Ese es nuestro destino. El hombre está orientado a ir siempre más allá. Es la necesidad de trascender, de ir siempre más allá de lo que uno es y de lo que uno hace, de ir en busca de sentido. Tal orientación constituye  un factor esencial de la existencia humana. El hombre es un ser en busca de sentido.

Por otra parte, nuestra mente está continuamente en marcha, actuando, funcionando, atareada. La actividad mental está condicionada por multitud de factores y se nutre de infinidad de informaciones, conscientes unas, inconscientes otras.

Qué pulula por nuestra mente? Con qué la alimentamos? Qué  “brebaje” le ofrecemos a nuestro cerebro como materia prima para funcionar? Con qué tipo de “materiales” alimentamos, nutrimos, nuestro pensamiento? En qué ocupamos nuestra actividad psíquica, qué es lo que pre-ocupa y ocupa cotidianamente nuestra mente?  

Una gran parte de la producción mental, de los “productos” que pueblan nuestra mente dependen de nuestros afectos, de nuestros intereses personales, de las cuestiones en las que nuestra idiosincrática estructura mental acostumbra a focalizar su atención.  

“Fuentes” y competencia selectiva

tranajo mentalLas fuentes de donde bebe, de donde se nutre nuestra mente son muy diversas. A las preocupaciones propias de la situación y circunstancias personales, le sumamos las presentes en el ambiente, en el entorno social propio de cada uno, en la opinión pública. Nosotros mismos somos generadores de ingente cantidad de información. Nuestro propio cuerpo y nuestro psiquismo son constantes productores de informaciones múltiples.

Nos desbordan los estímulos de la realidad, de nuestro entorno, de los medios de comunicación social. Saturados de tantas informaciones recibidas, si no queremos ahogarnos en la marea de todos estos estímulos, en ese total revoltijo, tenemos que aprender a distinguir lo que para nosotros es importante y lo que no lo es, lo que tiene sentido y lo que no lo tiene.  Ello implica aprender a distinguir, aprender a ser selectivos.

Sin embargo esa es una competencia que no todos los individuos tienen adecuadamente desarrollada. La educación de hoy, desnortada en muchos aspectos y distraída de lo esencial, debería estar orientada más que nunca hacia una educación para la responsabilidad y aprender a “ser responsable” se empieza aprendiendo a ser “selectivo”.

Vivimos dispersos, distraidos. En nuestra experiencia diaria, sin embargo, podemos observar cómo muchos individuos tienen ocupada su mente con cuestiones que para la persona concreta sin duda son las más importantes, las que le pre-ocupan y ocupan, pero que desde la mirada objetiva de un observador externo quizás no dejan de ser objetivamente cuestiones secundarias, intrascendentes, algunas incluso triviales o banales. A menudo podemos comprobar como muchas personas, inmersas como todos en el mar de la cotidianeidad, absortos en sus quehaceres, sumidos en sus preocupaciones diarias, tienden a ignorar, les pasan desapercibidos –o a percibir como ajenos- valores, cuestiones y temas de capital importancia.

Un procesamiento selectivo

Nuestro cerebro «procesa» cantidades ingentes de información. Procesa unos 400.000 millones de bits de información por segundo. Pero nosotros solo somos conscientes de 2.000 de ellos. Lo único que “vemos”, es decir, de lo que realmente somos conscientes, es tan sólo la punta del iceberg.

Estamos bombardeados constantemente por cantidades enormes de información. Esta información entra en nuestro cuerpo por vías sensoriales, extrasensoriales,… y la procesamos.  En ese procesamiento la información percibida la vamos filtrando más y más…y vamos desechando la que no responde a nuestro interés. Es decir, nuestro cerebro actúa selectivamente. Finalmente, de todo lo que percibimos solamente nos quedamos con aquello que nos sirve mejor, con aquello que mejor se adecua con nuestros intereses.

Un cerebro en el que cabe todo: información consciente e inconsciente

El cerebro está lleno de cosas que vemos, que percibimos, de informaciones diversas: ideas, imaginaciones, sueños, … y realiza actividades como hablar, entender, recordar, imaginar... un conjunto de capacidades que lo llenan hasta rebosar... El cerebro tiene muchas más informaciones dentro, además de las que nos son conscientes.

El cerebro percibe la información objetiva de la realidad, aunque no siempre da acceso consciente a toda esa información. No sabemos realmente todo lo que hay dentro de nuestros cerebros porque realmente no somos conscientes de toda la información que alberga. Lo consciente es solamente una parte muy pequeña de todo lo que hay en el cerebro.

Por otra parte, nuestro cerebro a la hora de actuar se suele enfrentar a la realidad con una idea previa, con una expectativa, con un pre-diseño de lo que pretende llevar a cabo, de lo que quisiera hacer en un futuro; nuestro cerebro tiene la capacidad de imaginarse, representarse el futuro. Imagina lo que le gustaría realizar y luego busca los medios para conseguirlo. En la actividad mental entra en juego toda la información tanto consciente como inconsciente.

Jerarquizar los intereses… priorizar la atención

Dentro de nuestro cerebro caben muchas, muchísimas cosas… como acabamos de ver caber caben todas. Ahora bien, uno de los grandes desafíos para cada uno de nosotros es saber a qué dedicar preferentemente nuestra atención, a qué cosas de las que hay dentro de nuestro cerebro prestar atención. En este sentido uno de los grandes retos de nuestra vida es descubrir en qué cuestiones vale la pena focalizar nuestra atención mental; a qué cosas vale realmente la pena dedicar la atención, a cuáles de las cosas que pululan por nuestro cerebro prestarles la debida atención en vistas a nuestra satisfacción plena, en vistas a nuestra felicidad. Aprender a identificar las cuestiones que nos llenan, a cuestiones que sabemos que nos hacen realmente felices. Porque corremos el riesgo de que, en medio de ese proceloso mar de informaciones, nuestro cerebro se despiste, se distraiga de lo esencial, y nos dediquemos a prestar atención a cuestiones secundarias, a cuestiones que no nos llenan, a cuestiones triviales, banales, a cuestiones que no nos hacen realmente felices.

Hemos de aprender a establecer prioridades y descubrir, de entre la infinidad de informaciones que pueblan nuestra mente, a qué cosas vale realmente la pena prestar atención. Hemos de procurar prestar atención a aquellas cosas que realmente sabemos que nos van a llenar. Nuestro gran reto en vistas a una realización personal más plena consiste, pues, en aprender a prestar atención a las cosas realmente relevantes que  pululan por nuestro cerebro. E ir dedicando nuestras capacidades a aquellas cosas que intuimos que realmente nos van a hacer felices... En eso consiste el gran reto que tiene por delante  toda persona: descubrir todo aquello que resulte importante para la realización de una vida plena a fin de dedicarle la atención debida. Si cada uno de nosotros somos capaces de guiar nuestro cerebro para hacer eso habremos avanzado mucho humanamente.

En conclusión

A menudo ocupamos nuestra mente con pequeñeces, minucias insignificantes, cuando no con “pasatiempos” banales y estériles… nos distraemos con lo más “divertido, entretenido, ameno, grato” de nuestro entorno.

En eso consiste precisamente nuestra tarea existencial como seres humanos:descubrir a qué cosas vale la pena realmente prestar atención... aprender a dedicarles recursos... y ver qué priorizar en cada momento.

Es un deber ineludible de cada uno superar la mediocridad y la banalidad de la vida y centrarnos  en aquellas cuestiones de las que depende y está en juego nuestra propia felicidad.

Idea y adaptación, a partir del programa “Singulars” de TV3: Álvaro Pascual-Leone (III), catedrático de Neurología en Harvard  y otros materiales.

Ver también: Viaje indiscreto al interior de la mente.