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El dulce néctar del amor

La silenciosa fuerza que mueve el mundo

Todo ser humano desea amar y ser amado. La felicidad humana pasa siempre por el amor. Lo que nos salva es la posibilidad del conocimiento del amor verdadero.

Es necesaria una Educación para el «amor», la fuerza que mueve el mundo.

El gran reto de Europa no es principalmente la competitividad en la ciencia, la cultura y la tecnología, sino la formación para la aventura del amor.

La pedagogía del amor y el deseo trata de orientar en el modo y manera que nos permita conducirnos para alcanzar la fuente deseada del amor.

Los sistemas educativos han de responder a las necesidades esenciales del ser humano. Nos hemos olvidado de quienes somos. El redescubrimiento de la propia identidad como seres humanos es fundamental. Todo ser humano desea amar y ser amado. Hace falta una pedagogía del amor y del deseo. Los sistemas educativos andan distraídos. Serviles al sistema imperante, se olvidan de lo esencial. Son incapaces de centrarse en lo verdaderamente importante para la vida del ser humano. En nuestras sociedades andan dispersos potenciando unas competencias de las que está ausente lo esencial que sustenta al ser humano. Les falta un modelo antropológico claro de referencia. En realidad andan descentrados porque no parten de una antropología adecuada.

La Educación que se practica pues anda desenfocada, desnortada porque, obviando las principales aspiraciones del ser humano, no está centrada en lo fundamental, se entretiene en lo accidental. Es la práctica del «amor» y el descubrimiento de lo que éste sea el más primordial de los aprendizajes a realizar por el individuo para su felicidad. Y sin embargo es uno de los terrenos en el que andamos más desorientados, en el que más naufragamos y para el que menos se nos educa en la familia, en la escuela y en general en la sociedad.

La práctica del «amor» y su descubrimiento es un arte del cual depende gran parte de nuestro éxito o fracaso existencial y ello requiere un arduo aprendizaje a menudo dejado al albur de cada cual.  

A continuación presentamos una sintética introducción en la cual se recoge lo esencial de dos artículos de Emilio LÓPEZ - BARAJAS sobre el amor, reproducidos aquí, y que pueden leerse en los enlaces que figuran al final del presente texto. La ciudadanía sabe, intuye, que el grado de felicidad que alcanza es correlativo con el amor. Frente al gran interés  que hay en la sociedad por los aprendizajes de tipo académico, existe una menor preocupación y una gran desorientación entre la ciudadanía por aprendizajes que resultan esenciales para la vida y de los cuales depende la felicidad de los ciudadanos: se trata de la pedagogía del amor y el deseo, del aprendizaje del «arte de amar».

 

La necesidad primaria de la ciudadanía es amar y ser amados.

El néctar del amorLa necesidad primaria de la ciudadanía, del varón y la mujer,  es amar y ser amados.  Lo que nos salva en todo caso de la aflicción y de la desgracia es la posibilidad del conocimiento del amor verdadero.

La ciudanía, en diversos coloquios,  demanda  que se escriba acerca de estos conceptos, acerca de la estrategia y la táctica educativa de cómo han de moverse en la escena de la vida los protagonistas del amor, es decir, los ciudadanos y ciudadanas de cualquier latitud y tiempo, particularmente en este desierto amoroso de la sociedad competitiva del Conocimiento y la información. La pedagogía del amor y el deseo trata de orientar en el modo y manera que nos permita conducirnos para alcanzar la fuente deseada del amor.

La ciudadanía sabe, intuye, con el tiempo experimenta, que el grado de felicidad que alcanza es correlativo con el amor. La estrategia y la táctica de la aventura del amor implican un conocimiento, un aprendizaje previo acerca de la naturaleza del amor. La ciudadanía tiene que aprender  el contenido esencial y el papel personal que ha de representar en el escenario de la sociedad actual,  para lo cual ha de sabérselo bien,  y  repasar el texto de vez en cuando, hasta lograr el dominio de lo aprendido, antes de salir a la representación en la vida misma.

La aventura del amor que es irrenunciable, hoy se ha de vivir en un escenario erotizado en el que predomina una visión muy reduccionista del amor. El deseo reducido a lo genital no es amor. El deseo huérfano de amor lleva a la angustia vital del desamor.

La aventura del amor como arte

La aventura del amor es ciencia y arte, y su representación ha de ser natural, sin artificios técnicos. Partimos de la constatación de que todo ser humano, hombre o mujer, desea amar y ser amado.

Una primera conclusión podemos establecer hoy: el gran reto de Europa no es principalmente  la competividad en la ciencia, la cultura y la tecnología, sino la formación para la aventura del amor.

Desde el relativismo imperante en nuestra sociedad se afirma que no es posible conocer lo que el amor sea en sí, es decir, como valor esencial. Afirma en consecuencia que el conocimiento humano del amor no puede ir más allá del correspondiente a una experiencia sensible, de la que solo es posible alcanzar un sentido «fenoménico», una realidad que no pasaría de ser una «representación mental» del mismo y sitúa el placer como finalidad última.

El navegante necesita de la «carta de navegación» donde encuentra datos útiles como son: el contorno de la costa, los faros, las boyas, las declinaciones magnéticas, las corrientes, los bajos y la calidad de los mismos, las sondas, etc. y, además, un piloto experto que sepa leer la brújula o las estrellas. La aventura del amor necesita de la «carta de la verdad» para que no se convierta en un proceso azaroso y acabe en el desamor. El relativismo no permite una aventura del amor sostenible porque ignora lo esencial del amor.

La aventura del amor entraña sin duda un riesgo, pero cuando se trata de esquivarla se expone uno a un peligro incluso mayor. Y esto es así porque la felicidad humana pasa siempre por el amor. El protagonista social moderno, que se monta en el carro del relativismo de los valores y por tanto «ignora» el sentido del amor en su contenido esencial, camina de forma decidida hacia el desamor, ya que se trasgrede la naturaleza de este don maravilloso, se considera que el amor «se hace, se construye» y no advierte que la clave está en descubrirlo.

El amor precede al deseo

Quien «hace» sólo el amor, donde está ausente la poesía, convierte el lecho, el jardín del amor, en un cierto  prostíbulo, si es que no lo era ya en su mente constructivista. Las mujeres que tienen un alma más sensible al verdadero amor detectan a diario este reduccionismo genital del amor. Además en las sociedades machistas al separar la sexualidad del amor envenenan el sexo hasta convertirlo en objeto de consumo.

Las cosas no son siempre como parecen. El amor no es la búsqueda de un emotivismo sin más,  no son sólo las impresiones, las sensaciones y las percepciones excitantes de lo inmediato las fuentes de la felicidad. El amor precede al deseo, ésta es la posición estratégica de la aventura del amor. Sitúa al amante y al amado en una posición de superioridad, antes de llegar a la táctica del «cuerpo a cuerpo», es más, para que emerja la chispa de amor humano, cada día, para que el hogar sea luminoso y alegre,  hay que respetar este «ordo amoris» de los sentimientos. De lo contrario, el sabor que parecía dulce como la miel nueva en el vino de Pramne, cuando se trasgrede la naturaleza del amor, se hace pronto amargo, letal para el espíritu.

A partir de los artículos que a continuación se presentan de Emilio LÓPEZ – BARAJAS, catedrático de Universidad en Fundamentos de Metodología Científica

Ver también:

La aventura del amor

Lado oscuro del relativismo del amor