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Las dos grandes interpretaciones de la realidad: la científica y la religiosa

Ciencia y religión: dos visiones del mundo

Nadie puede hoy dudar que la ciencia y la religión constituyen, sin lugar a dudas, las dos grandes visiones sobre el mundo. Aunque hay otras visiones, como la artística, estas dos tienen una extensión y fuerza que las sitúan como las dos más importantes maneras de mirar al mundo.

Lejos de la secular oposición, hoy se las concibe como visiones complementarias de la realidad.

Relaciones ciencia/religión. Para ciertas corrientes de pensamiento moderno la realidad física es la única realidad posible y toda referencia trascendente queda fuera de esta perspectiva.

La ciencia trata de comprender la naturaleza del mundo material que nos rodea, cómo ha llegado a ser, cómo lo conocemos y qué leyes lo rigen. La religión, por otro lado, trata de lo que transciende el mundo material y pone al hombre en contacto con lo que está más allá, lo numinoso, lo misterioso, en una palabra con el misterio de esa realidad a la que denominamos “Dios” y su relación con el hombre y el universo.

La ciencia y la religión tienen muchas cosas que decirse. Los científicos cada vez saben más cosas, pero aún se mueven en el campo de la pura especulación. Ambas disciplinas miran, de algún modo, al misterio. De esto la religión sabe bastante.

Tras el divorcio secular entre una y otra hoy se tienden nuevos puentes entre ciencia y religión. Es útil que ambas disciplinas hablen y se comuniquen entre ellas.

Las dos visiones del mundo: la científica y la religiosa

Ciencia y religión son las dos más importantes visiones del mundo. La ciencia —las ciencias naturales, sobre todo— y la religión son, sin lugar a dudas, las 2 grandes visiones sobre el mundo. Visiones que despliegan una serie de consecuencias para la vida misma del hombre: sea por parte de la ciencia en su aplicación, por la técnica; sea por parte de la religión que desde los primeros vestigios del hombre primitivo hasta el presente sigue siendo hoy un factor importante en la vida del hombre.

La religión y la ciencia constituyen formas de acercamiento a la realidad, es decir, formas de conocimiento con distintas peculiaridades. Es, por lo tanto, importante estudiar la distinta naturaleza de cada una de ellas y la relación que puede establecerse entre el conocimiento científico y el conocimiento religioso.

Definición de la CIENCIA:“una actividad humana encaminada al conocimiento organizado, racional, de la naturaleza, basado en la observación y el experimento y expresado en leyes y teorías, por medio de un lenguaje público inequívoco (idealmente matemático), avalado por los controles de la comunidad científica”.

La RELIGION se puede considerar como otra de las interpretaciones, hermenéutica de la realidad constituida por “como un sistema de creencias que intentan interpretar la realidad y generadoras de sentido de la vida y de valores que guían los comportamientos personales y sociales, que se expresan generalmente en ritos y que pueden fundar comunidades”.

A lo largo de la historia, la aportación de la ciencia para la explicación de la realidad ha sido innegable. Sin embargo, esa perspectiva, esa explicación no ha sido la única, ni la única posible.

La ciencia intenta responder a cómo como son las cosas, como se realizan las cosas. El porqué y el para qué es propio de la filosofía. Las pruebas científicas valen sólo para  aplicarlas sobre una parte de la realidad total, las cosas perceptibles por los sentidos. Dado que solamente sobre estas pueden ejercitarse los instrumentos de indagación y verificación de las que se sirve la ciencia.

En general, podemos decir que la ciencia trata de comprender la naturaleza del mundo material que nos rodea, cómo ha llegado a ser, cómo lo conocemos y qué leyes lo rigen.

La religión, por otro lado, trata de lo que transciende el mundo material y pone al hombre en contacto con lo que está más allá, lo numinoso, lo misterioso, en una palabra con el misterio de Dios y su relación con el hombre y el universo.

En el ámbito de lo religioso, se puede distinguir “la religión propiamente dicha como aquélla que mantiene la aceptación de una realidad (Dios) por encima de lo material, trascendente o inmanente, con la que el hombre puede relacionarse y que se estructura en tradiciones religiosas que crean comunidades de vida. La Teología constituye la formulación estructurada del pensamiento religioso.

Fe y experiencia religiosa forman el fundamento del conocimiento religioso que se formaliza en la teología, mientras el conocimiento científico está formado por un marco formal de leyes y teorías, relacionadas con una base empírica de experimentos y observaciones.

“En conclusión, esas dos grandes interpretaciones de la realidad, las visiones religiosa y científica del mundo, aunque distintas tienen puntos de contactos e históricamente han interaccionado entre sí de varias maneras a lo largo del tiempo. No podía ser de otro modo. Ya que se trata de interpretar un mismo “objeto de estudio”, de dos visiones del mismo hombre sobre el mismo mundo. Cuando las ciencias nos hablan del origen del mundo, de la vida y del hombre, éstas son cuestiones sobre las que la religión tiene también sus respuestas”.

Se las considera como dos visiones contrapuestas del mundo, que no pueden menos que chocar siempre entre sí. No solo esto, sino que cada una de ellas niega la validez de la otra. Hoy, además, se mantiene que solo la visión de la ciencia puede ser la verdadera, con lo que la visión religiosa tiene que ir poco a poco desapareciendo. Desde este punto de vista, el avance de la ciencia implica siempre un retroceso de la religión.

El origen del universo, la vida y el hombre

El hombre ha sentido siempre la necesidad de comprender la naturaleza y el origen de las cosas que le rodean, y de esta forma llegar a hacerlo también del conjunto de todas ellas, es decir, del universo y de una manera especial de la vida y de sí mismo. A lo largo del tiempo estas concepciones del universo o cosmologías han ido cambiando hasta llegar a la que tenemos hoy, que sin lugar a dudas cambiará también en los siglos futuros. Junto con la visión de la naturaleza del universo, se plantea también la de su origen y como ha llegado a ser como lo vemos hoy.

Al enfrentarse con el universo, y tratar de dar una respuesta a las preguntas que se le plantean sobre su naturaleza y origen, el hombre adopta diversos puntos de vista, que hoy podemos separar como científico, filosófico y teológico.

Hoy aparece con claridad la necesidad de un acercamiento de los discursos de la ciencia y de la teología para dar cuenta de la complejidad de lo existente. La coexistencia de ciencia y religión no sólo es posible sino necesaria, solamente unidas, podrán servir al interés común: superar todos los desafíos a los que en la actualidad se enfrenta el ser humano.

Los últimos descubrimientos de la ciencia han cambiado la percepción de la realidad, y eso requiere de una revisión teológica que explique dicha percepción, con un lenguaje diferente al de la ciencia, aunque en colaboración con ésta.

Cientifismo, dar valor exclusivo a las ciencias empíricas. Profetismo, descubrir el sentido de la existencia.

La naturaleza de la realidad: El alba de un nuevo paradigma

En la actualidad, la ciencia ha reemplazado a la teología y a la filosofía como principio directivo de la existencia humana, el cual se cree que es lineal, con una acumulación gradual de conocimientos sobre el universo, pero visto desde una perspectiva histórica y filosófica, la historia de la ciencia no puede ser lineal, ya que a pesar de los progresos tecnológicos, estas disciplinas científicas, no han podido dar respuesta a la realidad, porque no puede observar todas las variantes que intervienen en un fenómeno determinado y por más que quiera no puede evitar ciertas creencias.

Definición de Realidad

Se denomina realidad al conjunto de las cosas existentes, como así también a las relaciones que estas mantienen entre sí. Cierta corriente del pensamiento filosófico defendió que sólo existen las percepciones del mundo; en otras palabras podemos decir que existen percepciones del mundo, más no que exista el mundo. 

En la actualidad el problema de lo real es menos discutido, aunque aun quedan temas por tratar. El tratamiento de estos se relacionaría con nuestra capacidad de conocimiento de lo existente y por lo tanto, con los alcances de la ciencia.

Los paradigmas interpretativos: la crisis de los paradigmas

La crisis de los paradigmas científicos, que empieza a plantearse abiertamente a mediados de este siglo, en nuestros días ha estallado de manera incontenible e inocultable. No solamente estamos ante una crisis de los fundamentos del conocimiento científico, sino también del filosófico, y, en general, ante una crisis de los fundamentos del pensamiento. Una crisis que genera incertidumbre en las cosas fundamentales que afectan al ser humano.

El positivismo

El paradigma positivista también denominado empírico-analítico o racionalista, es el paradigma dominante en algunas comunidades científicas. 

El positivismo es una escuela filosófica que defiende determinados supuestos sobre la concepción de la realidad y del modo de conocerlo:

  1. El mundo natural tiene existencia propia, independientemente del sujeto que lo estudia.
  2. Está gobernado por leyes que permiten explicar, predecir y controlar los fenómenos del mundo natural y pueden ser descubiertas y descritas de forma objetiva con métodos adecuados.
  3. El objetivo que se obtiene se considera objetivo y factual, se basa en la experiencia y es válido para todos los tiempos y lugares, con independencia de quien lo descubre.
  4. Defiende la existencia de cierto grado de uniformidad y orden en la naturaleza. Su aspiración básica es descubrir las leyes por las que se rigen los fenómenos y elaborar teorías científicas. La función de la ciencia se limita a descubrir las relaciones entre los hechos.

El positivismo se ha constituido en el pensamiento hegemónico, en el estudio de las ciencias sociales, como resultado de la transferencia de las maneras de conocer al universo material, mediante el método científico. La teoría de la ciencia que sostiene el positivismo se caracteriza por afirmar que el único conocimiento verdadero es aquel que es producido por la ciencia, particularmente con el empleo de su método. Asume que sólo las ciencias empíricas son fuente aceptable de conocimiento.

Es un conjunto de reglamentaciones que rigen el saber humano y que tiende a reservar el nombre de ciencia a las operaciones observables en la evolución de las ciencias modernas de la naturaleza. El positivismo ha dirigido en particular sus críticas contra la reflexión que no puede fundar enteramente sus resultados sobre datos empíricos. El positivismo supone que la realidad está dada y que puede ser conocida de manera absoluta por el sujeto cognoscente. Se trata de aplicar el método adecuado y válido para descubrir esa realidad. Propone el uso de dicho método como garantía de verdad y legitimidad para el conocimiento: el protocolo del método científico. Por tanto, la ciencia positivista se cimienta sobre el supuesto de que el sujeto tiene una posibilidad absoluta de conocer la realidad mediante ese método específico.

El conocimiento científico o experimental no es el único modo de conocer. Hay realidades que se escapan al conocimiento experimental. La ciencia no lo explica todo. Hay realidades que se le escapan.

Dimensiones vitales como el mundo de los valores que fundamentan la convivencia o regulan las relaciones humanas, el mundo estético o la dimensión trascendente... son aspectos a menudo más importantes y trascendentales para la experiencia humana que no pueden ser sometidos a observación o experimentaciones pero de los cuales necesitamos hablar y ello lo hacemos mediante un lenguaje de tipo simbólico, metafísico, poético... Ningún lenguaje no puede sustituir la realidad, ni controlarla del todo.

Debemos ser conscientes que nadie tiene ninguna respuesta total a todo. Ni la ciencia ni ninguna fe no tienen un modelo explicativo de la totalidad de la realidad absolutamente satisfactorio. Solamente tenemos pistas que señalan caminos interesantes. Es necesario pues moverse en un agnosticismo respetuoso y sugerido, constructivo y contenido, profesando además la confianza con una mente sencilla y abierta.

Una cosa es indagar cómo es el mundo físico, cuál es su génesis y otra cosa es interrogarse por el sentido del mismo. Los grandes filósofos y físicos del siglo XX han puesto de manifiesto los límites del pensamiento científico para resolver tamaña cuestión.

En la miseria de nuestras vidas, la ciencia no tiene absolutamente nada que decirnos, pues excluye por principio los problemas que son más acuciantes para el hombre: saber si tiene o no tiene sentido la vida de uno tomada como un todo.

Pero saber que existe algo impenetrable hasta tal extremo que nuestra razón sólo puede acceder toscamente, este saber y este sentimiento constituyen la verdadera religiosidad.

La crítica al positivismo: la falacia del positivismo

En la anterior argumentación se oculta un razonamiento falso, propio de la ideología positivista hoy dominante. La falacia estriba en una opción inicial arbitraria:

  1. Se opta antes de todo por reconocer como única realidad (o como única realidad de la que se puede razonablemente hablar en términos de verdad) la realidad físico-natural;
  2. Y se concibe y define la existencia únicamente con respecto a dicha realidad.
  3. A continuación se declaran carentes de sentido las afirmaciones que no tienen relación con entes u objetos existentes en el ámbito de esa misma realidad físico-natural.

Es decir:

1) Se opta por admitir como única realidad el mundo físico-natural;
2) se define la existencia como presencia empírica o experimentalmente verificable de un tipo de entes en este mundo físico-natural;
3) se considera entonces que pueden ser sólo verdaderas o falsas las afirmaciones que conciernen a entes existentes con ese carácter;
4) las afirmaciones que no conciernen a tales entes no pueden ser entonces ni verdaderas ni falsas, y resultan, por lo tanto, carentes de significado.

Adaptació a partir de materials i recursos diversos

Ver también: Más allá de la «realidad» experimentable