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EL LUGAR DEL SER HUMANO EN EL CONCIERTO DEL UNIVERSO
 
En busca de la propia identidad: qué somos o quiénes somos
 
Uno de los 7 grandes saberes necesarios para el hombre de hoy hace referencia a la necesidad de conocer y comprender las características de la condición humana a fin de que cada persona tome conciencia de su identidad personal y de su identidad común con el resto de seres humanos, con la finalidad de ir comprendiendo lo que en realidad significa ser «humano». El aprendizaje de la condición humana debería ser objetivo esencial de cualquier educación.

En todo planteamiento educativo y cultural hay una concepción determinada sobre el ser humano explícita o implícitamente manifestada. A pesar de la importancia vertebral e influencia que la concepción antropológica de la que se parta tiene en cualquier planteamiento, a menudo esta cuestión es obviada en los currículos a nivel de formación básica de personas adultas.

El educador y cada persona en particular necesitan saber lo que el ser humano es, lo que puede llegar a ser, y lo que debe ser. Ese conocimiento no es espontáneo y por tanto debe ser objeto de enseñanza. El ser humano tiene que aprender a ser lo que es, necesita proponérselo y para ello es necesario habituarse a reflexionar sobre estas cuestiones. He aquí, pues, una reflexión entre otras sobre nosotros mismos y sobre nuestro lugar en el cosmos.

 
Qué somos
 

En medio de la realidad se encuentra el ser humano. Uno de los impulsos vitales que desde siempre ha acompañado a la especie humana en su peripecia histórica ha sido el deseo de conocer, de saber, el deseo de comprender. Desde un primer momento, el ser humano ha pensado en sí mismo, en su origen, en su papel en el mundo.

¿Qué somos nosotros? Cada cultura, cada saber y cada persona tratan de comprender y de encontrar una respuesta a esta pregunta. La mayoría de las aproximaciones son parciales, rehenes de cierto tipo de visión. Otras contribuciones nos aportan visiones más totalizantes y complejas del ser humano, concibiéndolo como una parte del proceso global, físico, biológico y cultural. Pero dichas aportaciones no acallan la pregunta; al contrario, la radicalizan.

Somos un eslabón más en el concierto del cosmos.¿Qué somos? Algunas interpretaciones conciben al ser humano como una manifestación del estado de energía de fondo, de donde todo proviene, un ser cósmico, parte de un universo entre otros paralelos, formado por los mismos elementos fisicoquímicos y por las mismas energías que componen todos los seres. Es habitante de una galaxia, una entre doscientos mil millones, que depende del Sol, una estrella entre otras trescientos mil millones, situada a 27 mil años luz del centro de la Vía Láctea, cerca del brazo interior de la espiral de Orión. Mora en un planeta minúsculo, la Tierra. Somos un eslabón de la corriente única de la vida, un animal de la rama de los vertebrados, sexuado, de la clase de los mamíferos, del orden de los primates, de la familia de los homínidos, del género homo, de la especie sapiens; dotado de un cuerpo con 30.000 millones de células, continuamente renovado por un sistema genético formado a lo largo de 3.800 millones de años, portador de tres niveles de cerebro con diez a cien mil millones de neuronas: el cerebro reptiliano, surgido hace 200 millones de años, alrededor del cual se formó el cerebro límbico, hace 125 millones de años, completado finalmente por el cerebro neocortical, surgido hace cerca de 3 millones de años, con el cual organizamos conceptualmente el mundo. Es portador de una psiqué de la misma antigüedad que su cuerpo, que le permite ser sujeto, una psiqué estructurada alrededor del deseo, de arquetipos ancestrales y de todo tipo de emociones, coronada por el espíritu -aquel momento de la conciencia por el cual se siente parte de un todo-, que lo hace siempre abierto al otro y al infinito, capaz de crear y captar significados y valores, y capaz de preguntarse sobre el sentido último del Todo, hoy en su fase planetaria, rumbo hacia una unidad superior en la que mentes y corazones convergirán en una humanidad unificada.

Pero somos mortales. Nos cuesta acoger la muerte dentro de la vida y el drama del destino humano. Presentimos que hay algo que va más allá de la muerte. Y sospechamos que en el balance final de todas las cosas, un pequeño gesto de amor verdadero que hayamos hecho vale más que toda la materia y la energía del universo juntas. 

Nadie mejor que Pascal (+1662) para expresar el ser complejo que somos: "¿Qué es el ser humano en la naturaleza? Nada comparado con el infinito y todo comparado con la nada, un eslabón entre la nada y el todo, pero incapaz de ver la nada de donde es sacado ni el infinito hacia el que es atraído”. En él se cruzan los tres infinitos: lo infinitamente pequeño, lo infinitamente grande y lo infinitamente complejo (Chardin). Siendo todo eso, nos sentimos incompletos, y naciendo todavía. Estamos siempre en la prehistoria de nosotros mismos. Y a pesar de eso experimentamos que somos un proyecto infinito que reclama su objeto adecuado, también infinito, a quien llamamos Dios.

 
Quiénes somos
 

¿Somos algo más que pura materia cósmica? En la antigüedad clásica, la filosofía griega tras un período de especulación cosmológica se orientó hacia la reflexión antropològica, definiendo al ser humano como «animal racional». Sócrates dedicó poca atención a los interrogantes de la física y la cosmología. Incluso no ocultó su desprecio por esos interrogantes cuando los comparaba con interrogantes íntimamente ligados al hombre, su naturaleza y su destino.

Más recientemente nos dice Ortega: «Cuando vemos el cuerpo de un hombre, ¿vemos un cuerpo o vemos un hombre? Porque el hombre no es sólo un cuerpo: es un cuerpo, un alma, espíritu, conciencia, psique, yo, persona, como se prefiera llamar a toda esa porción del hombre que no es espacial, que es idea, sentimiento, volición, memoria, imagen, sensación, instinto.» En efecto, Ortega apunta aquí a lo esencial: ¿definimos o comprendemos cabalmente lo que es un hombre haciendo exclusivamente un análisis meramente fisiológico de su cuerpo?; ¿un análisis, químico o bioquímico del ser humano, es decir, desde la perspectiva natural, agota la comprensión del mismo? La respuesta, tanto para Ortega como para Husserl y para la fenomenología en general, es que no. No se dice con ello que los análisis naturales que practican las ciencias sobre el hombre sean irrelevantes: ahora bien, esa «racionalidad de la exterioridad», tal y como la definió Husserl, esa perspectiva exterior del ser humano que nos ofrecen las ciencias naturales y que significa tratarlo desde la misma óptica que a cualquier otro cuerpo, ya sea material o animal, no sólo no agota la totalidad de lo que es el hombre, sino que elimina de raíz aquello que lo va a definir como tal, su condición de sujeto, de yo, su interioridad.

¿Qué significa ser «humano»? El hecho de ser un «homo sapiens» no me convierte necesariamente en «humano»; aquella denominación de homo sapiens no significa otra cosa más que el que soy una bestia racional; el llegar a ser «humano» es algo mucho más profundo y difícil de alcanzar. La «humanidad» alcanzada por cada individuo es el resultado de la combinación de un desarrollo personal, intelectual y moral, así como la comprensión de lo que significa «existir»: una constante búsqueda de respuestas a preguntas tan fundamentales como: ¿Quién soy?, ¿Qué soy?, ¿Dónde estoy?, ¿De dónde vengo?, ¿Hacia donde voy? ¿Qué es el ser humano? ¿En qué consiste vivir?¿Qué sentido tiene la existencia humana? Se trata de ir tomando conciencia de lo que supone la "riqueza" de la pròpia existencia.

Frente a la corriente positivista que tiñe los aires de la modernidad la Educación debe recuperar la centralidad de la enseñanza de la condición humana. En su momento el verdadero humanismo "significó la educación del hombre de acuerdo con la verdadera naturaleza humana, con su auténtico ser". Este humanismo tiene que ver con el conocimiento del ser humano mismo y la realización de su ser. Ello debe ser objeto esencial de enseñanza. Forma parte de una vida cualitativamente plena. Es algo de lo que una buena Educación debe sin duda ocuparse.

 
Adaptació a partir de materials i recursos diversos