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LA MENTALIDAD COLECTIVA
 
Retazos de la mentalidad de una época: La Edad Media
 
Iniciamos una pequeña serie destinada a analizar algunos aspectos del pasado que nos ayuden a una mejor comprensión del presente, contemplándolo con una cierta perspectiva histórica.

 
LA MENTALIDAD COLECTIVA: el papel que desempeña en una sociedad.
 

Las sociedades están formadas por individuos, estructuras e instituciones. La sociología estudia el funcionamiento de las estructuras (geográficas, económicas, políticas, religiosas…) y las instituciones sociales. Pero las estructuras y las instituciones tienen su contexto psicológico y, en cierta forma, su proyección en el pensamiento de los individuos que las viven. Una sociedad es, esencialmente, un grupo de personas de mentalidad análoga. Pertenecer a una sociedad significa esencialmente poseer su mentalidad. La mentalidad es el lazo más resistente que une al individuo con el grupo. Nuestra mentalidad es una condensación interiorizada de la vida social.

El marco geográfico, la estructura económica, social, política, religiosa, la mentalidad colectiva… condicionan la vida de los pueblos, influyen sobre la conducta de los individuos y sobre las concepciones del conjunto la sociedad. Históricamente no siempre se han tenido las mismas ideas sobre el Cosmos, la Naturaleza, el mundo, sobre la vida o la muerte, la propiedad, la riqueza, el trabajo, la belleza, el amor, la felicidad, los valores o la propia realización personal. La mentalidad colectiva es reflejo de la visión del mundo que una sociedad tiene en una determinada época. La mentalidad colectiva es fruto de la realidad presente pero también de la herencia del pasado.

Los individuos de una determinada época comparten determinadas concepciones, tienen una serie de ideas en común respecto a una serie de aspectos relacionados con  la interpretación del mundo, de la existencia y de la vida:  cómo se representa el mundo, qué es el hombre, su relación con los demás hombres, los valores imperantes en la época. La mentalidad dominante en una determinada época condiciona nuestra manera de ser, de pensar, de obrar y de interpretar el mundo.

Algunas de las piezas que constituyen la mentalidad colectiva: cosmología, moral, concepciones éticas y religiosas, la técnica, los valores… La ética se refiere a la manera de ser que uno ha ido moldeando, forjando, construyendo. El êthos o carácter de una persona estaría configurado por un conjunto de hábitos. Este êthos o carácter nos lleva a obrar de una determinada manera que proviene de nuestra manera de ser. La ética es también la teoría o ciencia del comportamiento moral de los humanos en sociedad determinando qué es lo bueno y cómo se debe actuar. La moral es un conjunto de normas, aceptadas libremente y conscientemente, que regulan la conducta individual y social de los humanos. Se entiende así que moral es el conjunto de comportamientos y normas que solemos aceptar como válidos.  La moral expresa la forma en que el ser humano entiende sus relaciones con los demás y con las cosas y determina las normas de conducta de los individuo a tanto en sociedad como en su vida privada. La estética: representa la forma en que los hombres entienden la belleza, el arte. La religión: el hombre siente la necesidad de explicar los fenómenos incomprensibles de la realidad. La concepción científica del mundo: su finalidad es lograr una imagen correcta de la realidad objetiva. Su objetivo es el conocimiento y dominio de las fuerzas que rigen la naturaleza y la sociedad con el fin de poder influir en ellos de acuerdo con los intereses y las necesidades de los hombres.

La mentalidad colectiva determina las actitudes, valores y decisiones que en un sentido u otro dirigen el rumbo de la sociedad. Influyen en las reacciones de los individuos frente a las presiones a las que se ven sometidos. Los procesos de transformación de la mentalidad colectiva ocurren lentamente, y por lo general, de modo inconsciente. La mentalidad del hombre actual es fruto de la mentalidad de una época: la era industrial; pero en esa amalgama que constituye la mentalidad actual confluyen también herencias de la antigüedad clásica, medieval, renacentista, moderna…

 
Retazos de la mentalidad de una época: La Edad Media
 

Cada sociedad y cada época tienen su forma de ver las cosas. Cada grupo humano tiene su propia concepción del mundo, del hombre, su manera de entender la vida. Su concepción del mundo, de las cosas, su manera de enfocar los problemas, la mentalidad colectiva es lo que mueve a los hombres de una determinada situación histórica a obrar de un modo y no de otro, a respetar unos valores y no otros, a admirar o rechazar determinadas cuestiones. La mentalidad de una época es el fruto de antiguas herencias, creencias, inquietudes, preocupaciones o temores, transmitidos a través de generaciones y generaciones.

La Edad Media va desde la caída de Roma el año 476 d. C. hasta el Renacimiento, ya en el siglo XV. Es un milenio que se suele calificar como teocéntrico porque en él Dios ocupa el centro de la vida intelectual. Se pasa del predominio de un discurso racional en la antigüedad clásica al predominio de un discurso religioso. El pensamiento de la época se ocupa preferentement de la relación entre la fe cristiana y la razón. La tutela religiosa de la cultura queda reforzada por el hecho que la Iglesia es la única institución estable en medio de los constantes conflictos políticos que debilitan el poder civil.

En el pensamiento medieval hubo una clara sumisión de la razón a la fe. La filosofía se supeditaba a la teología y la Biblia era la principal fuente de conocimiento pues representa la Revelación divina. El hombre medieval tenía una idea del mundo mecánica y pasiva. El universo constituía un sistema fijo e inmutable ante el cual el hombre lo único que podría hacer era admitir resignadamente su condición pequeña y miserable. Una atmósfera religiosa recubría toda aquella sociedad. Todos los acontecimientos que le rodeaban y cuantas preguntas pudiera hacerse sobre el origen del hombre, la forma o amplitud de su mundo geográfico, las lluvias y las sequías, la enfermedad o la muerte tenían sus respuestas imbuidas de un fuerte sustrato religioso y transmitidas con gran autoridad a lo largo de los siglos. Era una visión fuertemente impregnada del sentimiento religioso propio de aquella época. Esa interpretación religiosa del mundo influía sobre importantes aspectos de la vida: actitud ante la vida, normas morales, concepción del trabajo, rol del hombre y la mujer…

La sociedad medieval se montó sobre la idea de la existencia de dos ciudades: la “ciudad terrena” y la "Ciudad de Dios". El hombre imposibilitado por el pecado original de conseguir la “perfección” y alcanzar la felicidad en la "ciudad terrena" debe confiar en conseguirla en la "Ciudad de Dios", más allá de la muerte. Por lo tanto, esta vida es solo un pequeño lapso de tiempo hacia la otra, más importante. Dios es la meta del hombre y de la sociedad, los cuales no deben tener otra finalidad que llegar a Él, a través de la Iglesia. Dios es el centro de esta sociedad (sociedad teocéntrica). El espíritu de la época, la mentalidad del hombre medieval es pues trascendente; su finalidad más directa e importante está fuera de la Tierra, está en Dios. La Iglesia es la que debe dirigir e instruir convenientemente para que se logre esta finalidad. La concepción religiosa del mundo y de la vida domina la mentalidad de la época. De aquí que en la Iglesia deban confluir el poder político y religioso. Es la Iglesia la que tiene "las llaves reino". Todo comportamiento del hombre medieval está condicionado por esta mentalidad.

El hombre medieval, guiado por una visión teocéntrica del universo, contempla el mundo como un todo armónico regido por la Providencia divina y sometido a una jerarquía inmutable; siente que el orden social, político y religioso debe ser respetado como obra de Dios y sabe que el pueblo ha sido creado para trabajar, la nobleza para ser modelo de rectitud y valor, y la clerecía para propagar la fe cristiana. La obediencia a unos principios dictados por una autoridad indiscutible y el respeto al orden jerárquico establecido se convierten así en la norma capital de la sociedad de la época.

El sentido trascendente que se da a la vida lleva consigo un concepto peyorativo del mundo presente; sus advertencias serán siempre las mismas: todo lo humano es caduco, el tiempo acaba en los bienes terrenos, nada de este mundo tiene un valor permanente. La mentalidad religiosa de la época no sólo inspira la expresión artística del hombre medieval sino que rige todas las grandes empresas emprendidas en la época: las cruzadas, la reconquista... Cultura, sentido del orden y de la jerarquía, universalidad, espíritu religioso: he aquí, pues, lo que la acción de la Iglesia significa para la Edad Media.

 
Elaboració pròpia, a partir de materials i recursos diversos