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La «realidad» y las posibilidades de su conocimiento: El paradigma positivista

La concepción que cada época tenga de la realidad no es baladí. Contamina los moldes culturales de su tiempo y los enfoques y perspectivas de los individuos, encorsetando o ampliando sus horizontes vitales.

¿Qué aproximación hace el positivismo a la realidad? Para el positivismo sólo existe lo que puede ser verificable empíricamente.

¿Qué entendemos por «realidad»? ¿La «realidad física» es la única realidad posible? ¿Los sentidos son el único medio para acceder a la realidad?¿Existe la posibilidad de una realidad más amplia que la que podamos experimentar con nuestros sentidos? ¿Cómo se concibe la «realidad» desde el pensamiento moderno?

 

Se denomina «realidad» al conjunto de cosas existentes y las relaciones que estas mantienen entre sí. La «realidad», experimentable o no, está ahí independientemente de la concepción o interpretación que hagamos de ella. Para la ciencia sólo es «real» aquello que puede someterse a verificación científica. La ciencia intenta responder a cómo como son las cosas, como se realizan las cosas. El porqué y el para qué es propio de la filosofía. Todo lo científico es «real», pero no todo lo real es «científico.

¿Cómo podemos conocer la «realidad»? El estudio de las formas de conocimiento, de acercamiento a esa «realidad», es propio de la Epistemología. La epistemología (del griego ἐπιστήμη episteme), "conocimiento", y λόγος (logos), "estudio") es la rama de la filosofía cuyo objeto es el estudio del conocimiento y los problemas que se presentan para su obtención. La epistemología se ocupa de problemas tales como las circunstancias históricas, psicológicas y sociológicas que llevan a la obtención del conocimiento, y los criterios por los cuales se le justifica o invalida. Intenta responder a preguntas como: Qué podemos conocer o cómo sabemos que aquello que creemos sobre la «realidad» es verdadero? La epistemología encuentra ya sus primeras formas en la Grecia Antigua.

Las concepciones culturales y las ideologías predominantes en cada época impregnan la mentalidad colectiva y a través de ella llegan a condicionar la mentalidad individual de sus gentes.  Esas concepciones inspiran, se proyectan y plasman en concepciones antropológicas, ordenamiento social y político, corpus jurídico, ideológico, cultural… contaminan los moldes culturales de la época y los enfoques y perspectivas de los particulares, encorsetando o ampliando sus horizontes vitales.

Cómo se entiende, cómo se concibe, la realidad desde el «positivismo»?  El Positivismo es una corriente o escuela filosófica que afirma que el único conocimiento auténtico es el conocimiento científico, y que tal conocimiento solamente puede surgir de la afirmación de las teorías a través del método científico.

Los grandes paradigmas interpretativos de la realidad en Occidental.

Cuatro son, básicamente, las orientaciones epistémicas, en la secuencia histórica del pensamiento de la cultura occidental, que se podrían calificar como “paradigmas epistémi­cos”: el paradigma teológico, el filosófico, el científico-positivista y el postpositivista.

El fin de una era teológica. Desde sus orígenes la teología marchó junto con la razón: sea por medio del encuentro que se produjo entre cristianismo y helenismo (civilización de la razón por excelencia), sea durante su convivencia, dos veces milenaria, con la cultura occidental. Por eso, no sería excesivo afirmar que la teología hasta hoy ha tenido un único paradigma: el de la razón occidental.  

Fue en el s. XIV donde se encuentran los fundamentos que han modelado la razón moderna.  La «razón moderna»  se ha transformado en objeto de muchas críticas. Las perspectivas pueden variar, pero todas acaban por denunciar el mismo mal: el carácter unilateral, fragmentario, instrumental del conocimiento científico como prototipo del conocimiento humano. La razón moderna cada vez más se revela como una razón fragmentada, incapaz de encontrar la unidad que existía en el universo racional de la sabiduría griega y, menos aún, en el teocentrismo del mundo cristiano-medieval. Por ello, ahora que ha entrado en crisis la pretendida consistencia de la “razón moderna”  no es de extrañar que también ella sufra los impases de la crisis de esa razón.

En el pensamiento actual la «ciencia» está dejando de ser el paradigma epistemológico para los otros ramos del saber. Mediante ese desencanto se expresa el agotamiento de un modelo de conocimiento, insuficiente en sí mismo e insatisfactorio en sus resultados. Insuficiente porque manifiesta un estrechamiento en el modo de entender la razón humana, característica de la modernidad. Insatisfactorio porque el ser humano no logra controlar ya las consecuencias del poder creciente que tiene en sus manos. Insuficiente por no responder a las exigencias de unidad y de sentido inscritas en la experiencia humana.

Mas no se trata hacer de la «ciencia»  el chivo expiatorio de esta situación. Las causas se tienen que encontrar en los inicios de la época moderna. En particular en aquel tiempo de transición que fue el s. XIV. Porque es ahí donde se encuentran los presupuestos y las opciones que han modelado la razón moderna y, por lo tanto, la concepción del ser humano absolutizado pero curvado sobre sí mismo. De algún modo todavía vivimos de los resultados de esa conquista y de las consecuencias que representó ese cambio para el orden social y político.

Una de las expresiones o manifestaciones más extremas de la “razón moderna” ha sido el positivismo. El positivismo cientificista pretendió que todo lo que es se puede conocer con métodos empíricos y que solo es verdad aquello que conocemos empíricamente y formulamos matemáticamente. Es el triunfo del “interés”: conocimiento de lo inmediato, de lo verificable, de lo útil, de las causas “primeras”, sin capacidad para remontarse hasta las “últimas” causas.

La crisis de los paradigmas científicos, que empieza a plantearse abiertamente a mediados de este siglo, en nuestros días ha estallado de manera incontenible e inocultable. No solamente estamos ante una crisis de los fundamentos del conocimien­to científico, sino también del filosófico, y, en general, ante una crisis de los fundamentos del pensamiento. Una crisis que genera incertidum­bre en las cosas fundamentales que afectan al ser humano.

El paradigma positivista

El paradigma positivista, también denominado paradigma cuantitativo, empírico-analítico, racionalista, es el paradigma dominante en algunas comunidades científicas. Tradicionalmente la investigación ha seguido los postulados y principios surgidos de este paradigma. El positivismo es una escuela filosófica que defiende determinados supuestos sobre la concepción del mundo y del modo de conocerlo:

En el ámbito educativo su aspiración básica es descubrir las leyes por las que se rigen los fenómenos educativos y elaborar teorías científicas que guién la acción educativa. Como señala Popkewitz (1988), este enfoque se puede configurar a partir de cinco supuestos interrelacionados: a) La teoría ha de ser universal, no vinculada a un contexto específico ni a circunstancias en las que se formulan las generalizaciones. b) Los enunciados científicos son independientes de los fines y valores de los individuos. La función de la ciencia se limita a descubrir las relaciones entre los hechos. c) El mundo social existe como un sistema de variables. Éstas son elementos distintos y analíticamente separables en un sistema de interacciones. d) La importancia de definir operativamente las variables y de que las medidas sean fiables. Los conceptos y generalizaciones sólo deben basarse en unidades de análisis que sean operativizables.

El positivismo se ha constituido en el pensamiento hegemónico, en el estudio de las ciencias sociales, como resultado de la transferencia de las maneras de conocer al universo material, mediante el método científico. Asimismo, es una corriente de pensamiento cuyos inicios se suele atribuir a los planteamientos de Auguste Comte, y que no admite como válidos otros conocimientos sino los que proceden de las ciencias empíricas. Tan importante es la influencia de Comte que algunos autores hacen coincidir el inicio del positivismo con la publicación de su obra “Curso de filosofía positiva”. Sin embargo, otros autores sugieren que algunos de los conceptos positivistas se remontan al filósofo británico David Hume y al filósofo francés Saint-Simon. De acuerdo con Dobles, Zúñiga y García (1998) la teoría de la ciencia que sostiene el positivismo se caracteriza por afirmar que el único conocimiento verdadero es aquel que es producido por la ciencia, particularmente con el empleo de su método. En consecuencia, el positivismo asume que sólo las ciencias empíricas son fuente aceptable de conocimiento. Según Kolakowski (1988) el positivismo es un conjunto de reglamentaciones que rigen el saber humano y que tiende a reservar el nombre de ciencia a las operaciones observables en la evolución de las ciencias modernas de la naturaleza. Durante su historia, dice este autor, el positivismo ha dirigido en particular sus críticas contra los desarrollos metafísicos de toda clase, por tanto, contra la reflexión que no puede fundar enteramente sus resultados sobre datos empíricos, o que formula sus juicios de modo que los datos empíricos no puedan nunca refutarlos.

Otra de las características relevantes del positivismo tiene que ver con su posición epistemológica central. En efecto, el positivismo supone que la realidad está dada y que puede ser conocida de manera absoluta por el sujeto cognoscente, y que por tanto, de lo único que había que preocuparse, indican Dobles, Zúñiga y García (1998), era de encontrar el método adecuado y válido para descubrir esa realidad. En particular, asume la existencia de un método específico para conocer esa realidad y propone el uso de dicho método como garantía de verdad y legitimidad para el conocimiento. Por tanto, la ciencia positivista se cimienta sobre el supuesto de que el sujeto tiene una posibilidad absoluta de conocer la realidad mediante un método específico.

Otro aspecto importante del positivismo es el supuesto de que tanto las ciencias naturales como las sociales pueden hacer uso del mismo método para desarrollar la investigación. De acuerdo con Tejedor (1986), (citado por Dobles, Zúñiga y García 1998), los científicos positivistas suponen que se puede obtener un conocimiento objetivo del estudio del mundo natural y social. Para ellos las ciencias naturales y las ciencias sociales utilizan una metodología básica similar por emplear la misma lógica y procedimientos de investigación similares. Desde esta perspectiva se considera que el método científico es único y el mismo en todos los campos del saber, por lo que la unidad de todas las ciencias se fundamenta en el método: lo que hace a la ciencia es el método con el que tratan los “hechos”. Como consecuencia de lo anterior, podemos indicar, siguiendo a Gutiérrez (1996), que los positivistas buscan los hechos o causas de los fenómenos sociales con independencia de los estados subjetivos de los individuos. De acuerdo con Dobles, Zúñiga y García (1998) el positivismo se caracteriza por postular lo siguiente:

Fuente: Elaboración a partir de materiales diversos