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EL PROYECTO SOCIALISTA: ¿UN «PROYECTO» ADECUADO PARA NUESTRA SOCIEDAD?

Más allá de las medidas concretas que se propugnan, ¿cuál es la esencia del proyecto socialista?

La «savia» corrosiva que recorre sus venas, puesta al descubierto.

La religión más auténtica es el hombre. Es el ser humano el que merece adoración, afirma Zapatero.

Los derechos de cada ciudadano, un producto sujeto a las reglas del mercado político, al albur de modas y coyunturas, y por lo tanto a precariedad y a la más absoluta inestabilidad.

Algunas claves para abrir los ojos a quienes aún no han comprendido la importancia y el calado de este proyecto.

Los partidos políticos en sus programas electorales nos presentan todo un proyecto de país y un proyecto de sociedad. ¿Hacia dónde desea usted que se oriente nuestro futuro? ¿Qué tipo de sociedad, con qué tipo de individuos y con qué valores desea usted construir ese futuro? ¿Qué proyecto social, político y antropológico desea para usted mismo, para el futuro de sus hijos y para la sana convivencia en nuestro país?. Más allá de las medidas concretas que se propugnen, ¿cuál es la esencia del actual proyecto socialista? ¿Qué se encierra en el fondo de ese proyecto? ¿Qué tipo de sociedad, de ciudadano y de individuo propugna y pretende implantar? Más en concreto, ¿en qué consiste el proyecto de “ingeniería social” que está llevando a cabo el socialismo español?

A las puertas de unas nuevas elecciones municipales y autonómicas bueno será repasar algunos referentes que vertebran ese proyecto. Un proyecto político se implementa y desarrolla a distintos niveles: el proyecto general de país se concretiza luego a nivel autonómico y municipal. Es a través de autonomías y ayuntamientos, las administraciones más cercanas al ciudadano, donde el proyecto se plasma en políticas concretas que tienen una acción directa sobre el ciudadano y su trasfondo ideológico aparentemente inocuo se desparrama, baña y tiñe al conjunto de la ciudadanía. Véase, por ejemplo, la orientación de ciertas políticas sociales desarrolladas por algunas administraciones locales en relación a la mujer, políticas de género, o sobre “formación” de la juventud. Las administraciones autonómicas y municipales, regidas muy a menudo, aunque no siempre, por políticos serviles incapaces de mostrar su independencia del patrón y del paraguas ideológico que les protege, se transforman hoy en un  apéndice más, ejecutor del proyecto general. Estas administraciones puestas al servicio de ese proyecto se convierten en correa de transmisión de la ideología de fondo que atraviesa todo el proyecto.

En estos últimos tiempos los españoles hemos podido ver lo que el socialismo, interpretado por unos cuadros dirigentes de salón y altamente ideologizados, da de sí. ¿Cuáles son sus actuales señas de identidad, sus referentes ideológicos, los valores hacia los que nos está abocando colectivamente? A continuación ofrecemos, siguiendo la obra de Arsuaga-Vidal: Proyecto Zapatero, algunas claves que ayudarán a penetrar en la verdadera esencia del proyecto socialista, una interpretación del mismo en sus diversas vertientes.

Un proyecto para la colectividad, pero contra el ser humano. 

La situación económica, el paro, la preservación del estado de bienestar, la actitud ante el terrorismo, la corrupción personal e institucionalizada, la independencia y autonomía de los tres poderes, el progresivo intervencionismo del Estado en la vida privada de los ciudadanos, el creciente clima de intolerancia… pueden ser algunos de los ejes vertebradores de la inminente campaña electoral. Pero más allá de esa problemática general que aparece como más evidente, existe una corriente de fondo menos perceptible por una parte de la ciudadanía que determina el inquieto ambiente político y el agitado malestar social actual.

En estos últimos tiempos, además de haberse perdido el control sobre la económica, se ha deteriorado el clima social, se ha embrollado el ambiente ideológico, y además  se ha puesto en entredicho el fundamento antropológico sobre el que  hasta ahora se ha asentado nuestra cultura. La religión más auténtica es el hombre. Es el ser humano el que merece adoración, afirma Zapatero. Según su ideología, se trata de convertir al hombre en el nuevo dios a quien reverenciar. Según esta nueva religión, a partir de ahora ¿se trata de adorar al hombre como el nuevo dios?

La izquierda y sus tentáculos disponen de un aplastante dominio mediático y de la mayor parte de los resortes que permiten crear y condicionar a la opinión pública. Sus ideas y opiniones son para el conjunto de la sociedad española el paradigma del pensamiento políticamente correcto. A lo malo del proyecto social se le une la corrosión y destrucción de las conciencias según un nuevo orden ético y antropológico. Constituir una sociedad donde la intromisión en la vida privada y el prohibicionismo del Estado sepulta la libertad individual, cuando por otra parte el liberticidio  individual es la medida de todas las cosas. La difusión del hedonismo, el utilitarismo, el feminismo radical suponen la destrucción de la moral y las conciencias....

El proyecto socialista se ha planteado reinventar el concepto mismo de ser humano. Su proyecto o modelo antropológico se caracteriza por tres grandes rasgos: relativismo moral, laicismo radical, ideología de género. Se trata de borrar la esencia de la persona, su condición natural, aquello que le permite ser hombre o mujer. En definitiva, un ser humano alejado de su condición natural, y por lo tanto artificial.

La nueva religión de Estado.

Roto el vínculo con la realidad, con la condición natural del ser humano, los derechos de cada ciudadano se convierten en un producto sujeto a las reglas del mercado político, al albur de modas y coyunturas. La ley sustituye a la verdad, a la realidad natural. La verdad deviene proscrita, delito, agresión antidemocrática contra esa otra verdad, la verdad legal, la que impone la mayoría. El bien común, lo bueno, es únicamente lo legal.

El Estado es el hacedor de esa «nueva» verdad, referente de la moral y artífice de los derechos. Fuera de él sólo existe el abismo antidemocrático. El Estado, sumo hacedor, todo lo envuelve; es absoluto. Todo lo que puede llegar a incumbir a los ciudadanos, cuanto puedan hacer, pensar y desear ahora y en el futuro, procede del Estado, que otorga y regula. Además el Estado también quiere controlar las mentes de los ciudadanos.  La omnipotencia del Estado arrincona a la disidencia. Ese proyecto busca también el fin de la disidencia individual. En este caso se trata de limitar la libertad de conciencia.

Próximamente los ciudadanos tendremos la posibilidad de pronunciarnos en las urnas y de ejercer nuestra responsabilidad cívica eligiendo a nuestros representantes autonómicos y/o municipales. Es conveniente fijarnos en el programa, pero también en la honradez e integridad personal de los candidatos que se presentan. El sistema actual de listas cerradas no nos lo pone fácil. Cada vez existen menos hombres y mujeres de talla, capaces de emanciparse de la tutela de sus patronos ideológicos. ¿En manos de quién está usted dispuesto a dejar el timón de nuestro destino colectivo en su ciudad o autonomía? ¿Es de fiar el proyecto que se nos ofrece? ¿Son gente de fiar los dirigentes que pretenden llevarlo a cabo?

Juzguen ustedes mismos y después decidan. De su respuesta dependerá el bienestar y el futuro más o menos en paz y armonía de nuestra convivencia colectiva.


«PROYECTO ZAPATERO»

CRÓNICA DE UN ASALTO A LA SOCIEDAD

«Proyecto Zapatero» es una obra escrita por
Ignacio Arsuaga Rato y Miguel Vidal Santos

«Si hay algo que caracteriza a esta etapa de Gobierno es que hay un proyecto [... ] de alcance en valores culturales, y por tanto ideológicos, que pueden definir la identidad social, histórica de la España moderna por mucho tiempo». Así lo ha confesado el propio secretario general del PSOE y presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero.

Un proyecto comandado por un político desconocido hasta su llegada al poder, que, en contra de lo que dicen algunos, no es un ignorante, ni un bobo, ni un oportunista.

«Proyecto Zapatero» es un audaz ensayo en cuyas páginas se desmenuza el entramado de ingeniería social y política que se ha puesto en marcha desde 2004 hasta nuestros días. En este profundo análisis sociopolítico accesible al gran público, Arsuaga y Vidal Santos detallan cómo se ha avanzado en el proyecto tiránico de destrucción de una nación, la española, «bajo el terciopelo de las palabras mágicas «progreso», «tolerancia» y «democracia»».

Un trabajo basado en datos concretos cuya aspiración última es abrir los ojos a quienes aún no han comprendido la importancia y el calado de este proyecto que también tiene sus seguidores más allá de los límites del PSOE y de la propia nación española. Un proyecto, frente al que se quieren dar motivos para la esperanza. Porque los hay: «Uno por cada ciudadano que ha dado un paso al frente».

La reinvención de lo humano o el desprecio a la naturaleza

El proyecto que Rodríguez Zapatero pretende imponer en España no es nuevo, ni del todo original. En distintos momentos a lo largo de la historia de España desde el siglo XIX han surgido propuestas de destrucción de los valores que sustentan la convivencia. La novedad en esta ocasión reside en que el proyecto está siendo impulsado desde el poder, en sus manifestaciones más radicales y a la mayor velocidad posible. Además nunca antes en la España democrática había existido un poder como el que ostenta Rodríguez Zapatero. El Partido Socialista Obrero Español gobierna durante la segunda legislatura de Zapatero en 23 capitales de provincia, más Santiago de Compostela, Mérida, Vigo y Gijón. Controla 9 autonomías e innumerables diputaciones. A través de la administración pública local y regional tiene en sus manos las llaves de numerosas cajas de ahorro y de instituciones financieras y económicas de todo tipo.

Desde 1977, fecha de las primeras elecciones democráticas, hasta nuestros días han pasado treinta y tres años. El PSOE ha gobernado más de la mitad de ese tiempo, veinte años, mientras el Partido Popular lo hacía durante ocho y la Unión de Centro Democrático, sólo cinco. Las rentas de esa larga estancia en el poder las ha recogido también Rodríguez Zapatero.

La izquierda y sus tentáculos controlan casi todo el mundo académico en todos sus niveles, desde los primeros años hasta la Universidad, y el mundo de la cultura, tanto en sus aspectos creativos como industriales. Disponen de un aplastante dominio mediático y de la mayor parte de los resortes que permiten crear y condicionar a la opinión pública. Las ideas y opiniones de la izquierda son para el conjunto de la sociedad española el paradigma del pensamiento políticamente correcto. Además, una parte de la judicatura está en sus manos y han logrado borrar las fronteras establecidas por Montesquieu.

Reinventar el concepto mismo de ser humano.

Con tan poderosos recursos en su haber, Rodríguez Zapatero se ha planteado reinventar el concepto mismo de ser humano. «En la medida en que he ido evolucionando y madurando, creo que la religión más auténtica es el hombre. Es el ser humano el que merece adoración, es el vértice claro del mundo tal como se nos ha mostrado, tal como lo hemos llegado a comprender.»

El líder del Partido Socialista propone romper de manera radical con la idea del ser humano tal como lo hemos conocido hasta nuestros días. Se trata de borrar la esencia de la persona, su condición natural, aquello que le permite ser hombre o mujer, manejar sus limitaciones y encauzar sus servidumbres, ser padre o madre.

Esta concepción antropológica del ser humano pasa a ser considerada como una forma de arcaica esclavitud, y debe ser sustituida por la mera voluntad. Una voluntad circunstancial, reversible, puntual, que puede cambiar de sentido cuantas veces se desee. Semejante ruptura antropológica radical conduce inevitablemente a la creación de una realidad situada más allá de la condición misma del ser humano.

Como un aprendiz de Nietzsche, Rodríguez Zapatero decreta la muerte del ser humano para anunciar el nacimiento del hombre poshumano, del «ser humano que merece adoración», alejado de su condición natural, y por lo tanto artificial.

Y rotos los puentes que nos unen a la civilización, todo vale. Un parlamento puede emplear su tiempo en considerar una ley que otorgue a los simios derechos humanos.

La propuesta antropológica del secretario general del PSOE se concreta en tres rasgos que marcan su acción legislativa:

  1. El relativismo moral, que se viste con el disfraz de la «extensión de derechos».
  2. Un laicismo extremo cuyo objetivo es implantar una suerte de religión de Estado.
  3. La ideología de género, que utiliza como banderín de enganche una pretendida igualdad y un combate sin fin contra la discriminación.

El Estado, hacedor de derechos

La reinvención del ser humano, resultado de la sistemática imposición de estos tres principios, convierte al Estado en el sumo sacerdote de la nueva antropología poshumana que propone Rodríguez Zapatero, en la cual:

El hombre ya no es portador de derechos. Es el Estado quien determina los derechos del nuevo hombre, los derechos poshumanos de los que éste carece. Queda así al arbitrio del Estado la propia condición humana. Como también queda a su voluntad la definición de lo que es un derecho.

Roto el vínculo con la realidad, con la condición natural del ser humano, los derechos de cada ciudadano se convierten en un producto sujeto a las reglas del mercado político, al albur de modas y coyunturas, y por lo tanto a la máxima precariedad, a la más absoluta inestabilidad. También al antojo y al capricho de quien controla los resortes del poder.

Así, el Estado (también con el fin de captar votos) puede convertir en leyes los deseos subjetivos de las minorías, como el deseo de los lobbies homosexuales de ver sus planteamientos sexistas convertidos en ley. El deseo se eleva de este modo a categoría política, aunque esto suponga derribar instituciones como la familia, que han sido y son el soporte de la sociedad.

La ley, verdad absoluta

La ley sustituye a la verdad, a la realidad natural. La verdad deviene proscrita, rebelde sin causa, delito, agresión antidemocrática contra esa otra verdad, la verdad legal, la que impone la mayoría. El bien común, el interés general, lo bueno, es únicamente lo legal. «Tienen que entender que en el ámbito de lo público la única moral posible es la de la Constitución.»

La referencia moral procede del Estado. No hay valores fuera de lo aprobado con los votos de la mayoría. Y cuando esa mayoría legisla contra natura, lo irracional se convierte en lo bueno, en lo adecuado y lo democrático. Es la nueva razón. «Padre» y «madre» dejan de ser realidades objetivas si la ley así lo decide. «Hombre» puede ser «mujer» si así lo determina la voluntad del individuo, sin más. Y «madre» desaparece, sepultada bajo el progenitor B.

«En este país ha habido demasiados momentos históricos en que se ha querido, y demasiada gente que quiere todavía, legislar la moral. Legislar la moral del país. Y el único orden que debemos establecer es el orden que da libertad a todos, no el que da la libertad de cada uno. Es la libertad la que nos hace verdaderos. No es la verdad la que nos hace libres.»

El fin de la disidencia

Si el Estado es hacedor de la verdad, referente de la moral y artífice de los derechos, y fuera de él sólo existe el abismo de lo antidemocrático entendido como resistencia a la mayoría (el paradigma del mal en la antropología de Rodríguez Zapatero), la disidencia no ha lugar, pierde por completo su sentido.

El Estado sumo hacedor todo lo envuelve, es absoluto, y según los viejos cánones hegelianos del marxismo, está dotado de una presencia de carácter dialéctico: es al tiempo realidad y crítica a esa misma realidad. Es el Estado global:

Todo cuanto rodea a cada uno de los ciudadanos, todo lo que puede llegar a incumbirles, cuanto puedan hacer, pensar y desear ahora y en el futuro, procede del Estado, que otorga y regula.

Semejante proposición nos recuerda al Estado orwelliano de 1984. En el proyecto Zapatero, como en la obra de Orwell, el Estado no es sólo la única instancia pública, también quiere controlar las mentes. El protagonista de la obra, el rebelde Winston Smith, será torturado hasta que admita que dos y dos son tres, cinco o lo que el Partido quiera que sean. El mismo protagonista había escrito que «la libertad es poder decir libremente que dos y dos son cuatro. Si se concede esto, todo lo demás vendrá por sus pasos contados».

Por lo tanto, no se puede disentir. El proyecto Zapatero restringe las libertades. Y la libertad de educación, la libertad de conciencia, la libertad religiosa son las primeras en ser recortadas.

Domesticar a la oposición

La omnipotencia del Estado que propone el proyecto Zapatero arrincona a la disidencia por partida doble: desde el punto de vista político y desde el punto de vista de las libertades individuales. El proyecto Zapatero se extiende mucho más allá de la labor de gobierno, de los tiempos que marcan las legislaturas y también de las siglas del PSOE. En el terreno político se propone domesticar a la oposición, para lo cual es preciso que el propio Gobierno socialista «refunde» el Partido Popular:

«La derecha tiene que refundarse cultural e ideológicamente. Lo mejor de esta etapa es que inevitablemente va a acabar en una derecha democrática europea, refundada. Absolutamente. Sí, sí.»

Rindiendo a toda oposición política, doblegando sus principios y valores, surgirá esa nueva derecha cultural e ideológica, «democrática» y «europea», es decir, al servicio de ese nuevo Estado que propone el proyecto Zapatero. El empresario Jesús Polanco lo decía con descarada frialdad a sus accionistas en marzo de 2007: «No tenemos un partido de derechas del que podamos decir: las alternancias en el poder no tienen más consecuencia que cambios de equipos de gestión.»

Restringir la libertad individual

Pero junto a la sumisión política, el proyecto Zapatero busca también el fin de la disidencia individual. En este caso se trata de limitar la libertad de conciencia. En las postrimerías del franquismo, desde los sectores más tolerantes del régimen se proponía que cada cual pensara como mejor le pareciera, siempre que no lo hiciera en público. Rodríguez Zapatero ha hecho suyo este planteamiento adaptándolo a su conveniencia: las creencias individuales pertenecen al ámbito de lo privado. Y sólo pueden asomar a la plaza pública en la forma en que lo determine la ley.

Al proyecto Zapatero no le estorban los principios y creencias de los ciudadanos, siempre y cuando queden recluidos de puertas para adentro. Lo que pone en riesgo sus planes es la visibilidad de esas creencias, su libre ejercicio ante la opinión pública.

Un proyecto de transformación global

Dotado de estos rasgos, el proyecto Zapatero busca la transformación de España en todos los órdenes. Se trata de una visión seudomilenarista que se concreta en el ámbito ideológico, cultural, legislativo, social y político.

Entre sus ambiciosos objetivos se encuentra incluso el de acabar con la identidad histórica, política y territorial de España para alumbrar una nueva identidad de nuestra Nación hecha a la medida del nuevo ciudadano que también se propone crear.

Ver: http://proyectozapatero.org/