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Una comunicación muy particular: la química del amor

Una hipótesis científica sobre el amor.

No sólo los filósofos y poetas han intentado definir qué es el amor. Desde el área de la ciencia nos encontramos con que los etólogos responde diciendo que las relaciones de amor se producen en relación con el instinto de conservación de la especie. Estamos programados genéticamente para que en la época de la adolescencia nos enamoremos y, al finalizar esta etapa, fundemos nuestra propia familia y procreemos. Esta pauta de comportamiento se repite de generación en generación.

Señal de alarma

Los psiquiatras observan lo siguiente: nosotros somos bombardeados simultáneamente por cientos de estímulos que son recibidos a través de los sentidos. Si atendiéramos a todos estos datos, probablemente enloqueceríamos. Por tanto, seleccionamos parte de la información que penetra en nuestro cerebro y otra parte la desechamos; este proceso se hace a través de filtros. El primer filtro es el perceptual. Entre todas las personas que vemos a nuestro alrededor a lo largo del día, e incluso en el transcurso de los días, de repente nuestras pupilas sufren un aumento de tamaño: hemos encontrado a alguien que nos atrae.

Esta imagen permanece entre 0.1 y 0.5 segundos en una memoria llamada "a corto plazo" situada en los nervios de los ojos. De ahí pasa al cerebro, a la zona de la memoria de corto plazo. Inmediatamente, nuestro revisor compara ese posible objeto de amor (la persona que nos atrajo) con un rápido chequeo, llevando a cabo una comparación entre nuestra "persona ideal" y la persona real. Si encuentra disonancias fuertes entre los dos, es rechazada; en caso contrario, se inicia el proceso verbal del cortejo. Entra en función en ese momento la memoria a largo plazo, donde permanecerá hasta que la memoria a corto plazo se vuelva a activar. Esta se pondrá en marcha para tomar la decisión de cómo conquistar a la persona elegida.

Cuando se encuentra, se produce la señal de alarma. Todo nuestro cuerpo se pone al rojo vivo; el corazón late más deprisa; la presión sanguínea sube; las grasas y los azúcares son liberados, aumentando su capacidad muscular con el fin de mejorar el transporte de oxígeno en la sangre, aumentando el número de glóbulos rojos. Todo ello es respaldado por la activación ejercida por el sistema nervioso autónomo a través de la orden que da el hipotálamo a las glándulas suprarrenales, mientras que el sistema nervioso central se prepara para transmitir una nueva información.

El cerebro, que siempre toma el control de todo lo que acontece en el organismo, interpreta todos estos eventos como una excitación emocional, sin importarle si es consecuencia del amor, de la ira o del miedo. Y es esta indiferenciación lo que produce que en momentos de  miedo, rabia, etc., podamos sentirnos como si nos hubiéramos enamorado.

Pero nuestro organismo, máquina perfecta de la vida, cuando nos enamoramos de verdad y no en las falsas alarmas, produce una sustancia: la feniletilamina, perteneciente a la familia de las anfetaminas. Su descubridor fue el psiquiatra doctor Leibowitz, director de la Clínica de Desórdenes de Ansiedad en el Instituto Psiquiátrico de Nueva York.

El proceso de enamoramiento

EnamoradosEl proceso químico del enamoramiento es muy complejo, y en él intervienen numerosos tipos de moléculas necesarias para que se llegue a producir lo "especial" que necesitamos cuando nos enamoramos; todo ello, claro está, bajo la dirección de la feniletilamina (de aquí en adelante FEA).

Éste proceso se compone de dos fases sucesivas: atracción y afecto. En la primera fase, la FEA dirige y controla la secreción de sustancias como la dopamina, o norepinefrina, que poseen una estructura muy parecida a las anfetaminas. Es lo mismo que sucede cuando tomamos anfetaminas: en un primer periodo sentimos momentos de gran euforia, pero cuando desaparece nos deja en un estado de desasosiego, esto es, provoca un gran vacío. Si el amor prosigue, es probable que el organismo pase a la segunda fase neuroquímica.

En la fase de afecto se continúan secretando sustancias similares a la morfina, como son las endorfinas y las encefalinas, dotando a las parejas estables de sensaciones de gran seguridad, paz y calma.

Los enamorados o amantes no tienen conciencia de esto, pero cuando un día su relación no funcione bien no funciona bien, o se produce una separación o la muerte de uno de los dos amantes, comienzan a sentir depresión, angustia, etc. Todo un cuadro que compone un síndrome de abstinencia similar al que experimenta um toxicómano.

Fuente: Como amamos nosotras las mujeres. Google e-Books