Estructura y funcionalidad del cerebro
Principales áreas cerebrales y sus funciones
Según una burda analogía, el cerebro puede concebirse como el equivalente neuronal de un dúplex adosado de tres plantas cuya estructura está dividida por la mitad (hemisferio derecho/hemisferio izquierdo) y cuyas tres alturas (tronco encefálico, sistema límbico y neocórtex) se construyen una sobre otra, de abajo arriba. Ello ilustra la división del cerebro en tres capas en función de sus rasgos evolutivos. El cerebro está compuesto por multitud de órganos, cada uno con una función diferente, pero relacionados entre sí. La división del cerebro en tres capas ayuda a poder entender mejor las diferencias entre el consciente (humano) y el inconsciente (animal). En el cerebro de los seres humanos existen unas áreas que regulan las emociones y otras que regulan la cognición y el pensamiento. No siempre van a trabajar con el mismo objetivo o las mismas prioridades. Una parte de la mente actúa por lo que cree lógico e indicado, y otra parte, en cambio, puede hacerlo por impulsos o emociones. Puede haber discrepancias entre lo que sabemos que es lógico y lo que dictan nuestras emociones y sensaciones. sentimos miedo cuando ocurre algo que pone nuestra vida en peligro, pero a menudo podemos sentir miedo y ansiedad sin saber cuál es la causa del malestar. No obstante, en ambos casos nos sentiremos incapaces de controlar las sensaciones desagradables o los pensamientos catastrofistas. La activación de las áreas subcorticales relacionadas con la defensa actúa de forma impulsiva y autónoma, independientemente de las áreas corticales que rigen los criterios racionales. Con el trabajo terapéutico se ayuda a los pacientes a aprender cómo gestionar esos desajustes a través del control de sus pensamientos, de sus emociones o la modificación de conductas nocivas. Ayudamos a los pacientes a que las áreas corticales modifiquen la activación de las áreas subcorticales y a regularse emocionalmente y a hacerlo en sintonía con los demás.

En los primeros meses de vida intrauterina, se forman las áreas cerebrales que compartimos con los reptiles: el tronco encefálico o cerebro reptiliano. En los siguientes meses de embarazo y en los dos primeros años de vida, se desarrolla el sistema límbico o cerebro mamífero: las zonas cerebrales que regulan las emociones. La parte evolutiva más reciente –la que nos diferencia de los demás seres vivos– es el neocórtex o cerebro humano, que aparece alrededor de los 2-3 años de vida y no se forma completamente hasta después de la adolescencia.
- Amígdala: Estructura límbica involucrada en muchas funciones cerebrales, que incluyen las emociones, el aprendizaje y memoria. Añade tono emotivo, afectivo a la memoria y estímulos sensitivos. Es parte de un sistema que procesa emociones “reflexivas” como el miedo y la ansiedad. Procesa y almacena respuestas emocionales, especialmente aquellas relacionadas con la supervivencia y el peligro. La ausencia o lesión de la amígdala hace que los animales de laboratorio se vuelvan más tranquilos y no reaccionen emotivamente a las amenazas. La estimulación de la amígdala produce sentimientos de miedo.
- Cerebelo: Ubicado en la parte posterior, coordina los movimientos voluntarios, el equilibrio, la postura y el aprendizaje motor. Gobierna el movimiento.
- Circunvolución cingulada: Desempeña un papel en el procesamiento de la experiencia emocional consciente.
- Fondo de saco: Una estructura en forma de arco que conecta el hipocampo con otras partes del sistema límbico.
- Lóbulo Frontal: Controla la planificación, el razonamiento, la toma de decisiones, la regulación emocional, el movimiento voluntario y parte del lenguaje. Ayuda a controlar los movimientos musculares especializados, el estado de ánimo, la planificación para el futuro, el establecimiento de metas y juicio de prioridades.
- Hipocampo:Es fundamental para la creación, consolidación y recuperación de nuevos recuerdos y aprendizajes. Juega un papel importante en la formación de recuerdos a largo plazo, reconocimiento de objetos, organización de objetos en el espacio.
- Bulbo raquídeo: Contiene centros para el control de procesos vitales tales como la frecuencia cardíaca, la respiración, la presión arterial y la deglución.
- Sistema límbico: Un conjunto de estructuras interconectadas que median emociones, el aprendizaje y la memoria.
- Lóbulo Occipital: Su función principal es procesar e interpretar la información visual, permitiendo reconocer formas, colores y movimientos. Ayuda a procesar la información visual.
- Circunvolución del hipocampo: Una vía de conexión importante del sistema límbico.
- Lóbulo Parietal: Procesa la información sensorial táctil (dolor, temperatura, presión), la orientación espacial y la capacidad de entender el entorno. Recibe y procesa información sobre la temperatura, el gusto, el tacto y el movimiento provenientes del resto del cuerpo. La lectura y la aritmética también se procesan en esta región.
- Puente tronco-encefálico: Conecta el cerebro con la médula espinal y regula funciones vitales e inconscientes, como la respiración, el latido cardíaco y la presión arterial. Contiene centros para el control de procesos vitales, que incluyen la respiración y las funciones cardiovasculares. También participa en la coordinación de los movimientos de los ojos y el equilibrio.
- Lóbulo temporal: Procesa la información auditiva, la memoria y juega un papel crucial en el aprendizaje y la comprensión del lenguaje. Procesa la audición, la memoria y las funciones del lenguaje.
- Tálamo: Actúa como centralita o estación de relevo que filtra la información sensorial antes de enviarla a la corteza cerebral. Una estación de relevo importante entre los sentidos y la corteza cerebral (la capa externa del cerebro que consiste de los lóbulos parietal, occipital, frontal y temporal).
1. Tronco encefálico (cerebro reptiliano)
Fue el primero en aparecer. Comprende el Tronco encefálico, Cerebelo y Sistema reticular. En estas zonas están las glándulas endocrinas más importantes: pineal y pituitaria. Regula la conducta automática o programada, lo que se refiere a la preservación de la especie y a los cambios fisiológicos necesarios para la supervivencia, la vida instintiva. No piensa ni siente emociones, es pura impulsividad. Solo actúa. Nos sitúa en el puro presente, es incapaz de aprender ni anticipar. El cerebro reptil sustenta una parte de la mente inconsciente, o subconsciente. Lleva al ser humano a comportarse como un animal salvaje.
A lo largo del desarrollo individual y de la evolución, lo primero que surge es el nivel «inferior» del cerebro, el tronco encefálico. Ya activo en el útero y plenamente operativo a nacer, el tronco encefálico debe menos a la experiencia y el aprendizaje que cualquier otra zona del cerebro. Situado en la base del cráneo sobre la columna vertebral. Regula los aspectos fisiológicos fundamentales para la supervivencia como la respiración, la temperatura o la digestión, así como los reflejos de apego más básicos para vincularse a los cuidadores en los primeros meses de vida. Modula la excitación y regula el sistema nervioso autónomo (Sistema Nervioso Autónomo). Los elevados niveles de excitación se relacionan con la activación del lado simpático del SNA, que nos prepara para la lucha o la huida acelerando la respiración y el ritmo cardíaco y desplazando la sangre a las extremidades. Los bajos niveles de excitación se asocian con la activación del sistema parasimpático, que conduce, en la situación extrema, a la inmovilidad tónica o la «parálisis».
El órgano más representativo de esta área es el hipotálamo, que desempeña un papel crucial en el sistema endocrino y el SNA. Este último, a su vez, se divide en dos ramas: la rama simpática que actúa como activador y la rama parasimpática que provoca desactivación. El hipotálamo participa en la alimentación, sexualidad, sueño, regulación de la temperatura, emociones, funciones endocrinas y movimientos. Regula el sistema nervioso autónomo. Contiene la glándula hipófisis (regula glándulas de secreción; produce hormonas). En el tronco encefálico nace el nervio vago, uno de los pares craneales, que modula nuestras respuestas características en situaciones que experimentamos como seguras, peligrosas o amenazadoras para la vida.
2. Sistema límbico (cerebro mamífero)
El tronco encefálico es análogo al cerebro del reptil, el sistema límbico puede compararse con el cerebro paleomamífero que compartimos con otros mamíferos. Este sistema, a veces denominado «cerebro emocional», es donde procesamos los sentimientos. Añade la experiencia actual y reciente a los instintos básicos. Está constituido por: la amígdala e hipocampo El sistema límbico integra funciones cerebrales y del tronco encefálico, participando en las emociones y respuestas viscerales y conductuales asociadas. El sistema límbico interviene en las funciones de la memoria, junto a otras zonas corticales. Actualmente, además de la evidencia de estar relacionado con el olfato, se acepta su relación con la emoción, la memoria y la capacidad espacial. Aquí se desarrollan funciones afectivas específicas, como la que induce a las hembras a cuidar y proteger a sus crías. Es el área del cerebro que permite que sintamos emociones como odio o amor, y que nos convierten en animales sociales y empáticos, regulando la comunicación no verbal. El sistema límbico es también esencial para la memoria, el aprendizaje y la motivación. El sistema límbico determina nuestro yo emocional. En este sistema se dan procesos emocionales y estados de calidez, amor, gozo, depresión, odio, ira, miedo, pasión, amor, y tristeza etc., y procesos que tienen que ver con nuestras motivaciones básicas. Esta parte es capaz de poner el pasado en el presente y por tanto se produce aprendizaje y se activa cuando nos emocionamos. Facilita la calidad de vida que da la calidez en las relaciones humanas. Proporciona el afecto que los mamíferos necesitan para sobrevivir: Dar o recibir afecto, recibir atención, consideración, escucha, compasión, ternura, empatía. El sistema límbico es el lugar donde confluyen los mundos interno y externo. Los órganos que lo forman van a tener muchísima importancia en nuestro trabajo terapéutico. El sistema límbico contiene muchos órganos, principalmente la amígdala, el hipocampo, la ínsula y el locus cerúleo.
- La amígdalapuede describirse como la puerta sensorial del sistema límbico. Evalúa y registra los recuerdos no conscientes o emocionales (implícitos). Nos aporta consciencia de la sensación visceral del mundo interno (corazón, pulmones, intestinos) y es responsable de las reacciones «viscerales» ante la experiencia. Es el órgano más importante relacionado con el miedo y el apego, y se encuentra completamente formada en el momento del nacimiento.. «Esencial para la supervivencia» debido a su función en el desencadenamiento de las reacciones de lucha o huida. Está dividida en tres áreas diferenciadas: una conecta con el córtex orbitofrontal y está relacionada con las relaciones interpersonales; otra conecta con el córtex frontal responsable de la cognición y el pensamiento, y una tercera con el hipotálamo, que a su vez regula las funciones corporales. Constituye un órgano mediador y regulador de todos los estímulos que percibimos tanto externa como internamente. La amígdala, que constituye tanto un órgano de memoria como de evaluación, registra la experiencia en forma de «recuerdos emocionales» presimbólicos no conscientes. Estos vestigios del pasado (sobre todo los del pasado traumático), lingüísticamente inaccesibles y situados al margen de la consciencia, sesgan nuestras evaluaciones de la experiencia en el presente. En los primeros años, la experiencia y el aprendizaje se registran en la amígdala como recuerdos emocionales inconscientes que tienden a ser globales, generalizados y, por lo tanto, desmesuradamente influyentes. Su función es recordar todo aquello que ha resultado peligroso en el pasado para poder enfrentarse a las amenazas de forma más adecuada en el futuro. El problema ocurre cuando se activa en situaciones que en el pasado fueron peligrosas, pero que en la actualidad han dejado de serlo, como por ejemplo en los casos de las fobias o en situaciones que provocan una vergüenza patológica. Ayuda a entender cómo algo que ocurrió en el pasado puede afectarles de forma tan negativa en el presente.Es posible que los recuerdos emocionales de la amígdala perduren siempre.
- El hipocampo modula la reacción de la amígdala, evitando reacciones indiscriminadas, incontrolables o irascibles; es decir, es un regulador de esta. Está relacionado con la memoria consciente o explícita. Está especializado en organizar la información según la secuencia y el contexto. El hipocampo es el freno que activa el sistema nervioso parasimpático, lo que nos permite tranquilizarnos (ralentizando la respiración y el ritmo cardíaco) cuando la emergencia se evalúa como una falsa alarma. Los recuerdos que se registran con ayuda del hipocampo –cuyas conexiones con los centros cerebrales superiores del córtex continúan madurando durante los últimos años de la adolescencia– son explícitos, lingüísticamente recuperables, y están contextualizados según el tiempo, el lugar y la persona. No aparece hasta los dos años de edad, aproximadamente. La amígdala no tiene filtro y activa directamente el sistema simpático; en cambio, el hipocampo filtra la información que recibe y activa el sistema parasimpático. La función del hipocampo consiste en recordar las variables contextuales en las que ocurrió el hecho (lugar, cuándo ocurrió, qué lo desencadenó etc.), pero si la estimulación es excesiva –por ejemplo, porque la situación era muy peligrosa– no va a poder activarse ni regular a la amígdala. En estos casos es cuando se generaría el trauma, con todas las características que lo acompañan de activación emocional, fobias o amnesias.
- La ínsula facilita la introspección y permite que evaluemos nuestros estados corporales y el estado emocional de los demás. La ínsula es vital para la «interocepción», es decir, la conciencia atenta de nuestros propios estados corporales, sobre todo los viscerales. Este órgano está conectado a la amígdala y al córtex orbitofrontal, provocando sensaciones agradables o desagradables frente a diferentes estímulos. Según Damasio (2011), nuestras emociones se sustentan en nuestras sensaciones corporales, por lo que la ínsula es vital a la hora de evaluar cómo percibimos a los demás y cómo sentirnos ante sus reacciones. Como la sensación somática sustenta la emoción, la interocepción en la que «participa la ínsula tal vez de forma más significativa que ninguna otra estructura» puede ser el motivo principal por el que sabemos cómo nos sentimos. Además, la ínsula puede ser la clave de nuestra capacidad de sentir las emociones de los demás, porque transmite del córtex a la amígdala nuestras impresiones sensorimotoras –la visión, el sonido y la «sensación»– de sus conductas afectivas. Éste es el terreno de la empatía y las neuronas espejo. Las neuronas espejo parecen simular en nosotros mismos tanto la conducta observada como los estados mentales inferidos (p. ej., las sensaciones) de los demás. El sistema neuronal especular se considera el sustrato neuronal de la empatía, la sintonía afectiva, la mentalización y la intersubjetividad. Puede ser incluso el fundamento de nuestra experiencia de la «unicidad» que compartimos con otros seres vivos. Cuando este órgano se encuentra dañado, los individuos no pueden empatizar con las emociones ajenas ya que, al no sentir nada no son capaces de interpretar lo que siente la otra persona. Esta información corrobora la importancia de las sensaciones sobre las emociones.
- Locus cerúleo o locus coeruleus: Es el órgano que regula la síntesis de la noradrenalina en el cerebro. Este neurotransmisor provoca reacciones de activación en el cerebro. Estimula a la amígdala para recordar el peligro y al hipocampo para recordar todas las variables contextuales relacionadas con la amenaza.
3. Neocórtex (cerebro humano)
El Sistema Neocortical es el lugar donde se llevan a efecto los procesos intelectuales superiores: resolución de problemas, análisis y síntesis de información, uso del razonamiento analógico y del pensamiento crítico y creativo, sentido de globalidad, síntesis e integración, capacidad de anticipar, planificar y visualizar, de poner el futuro posible en el presente. Este tercer cerebro es el que permite el razonamiento. Dispuesto sobre el tronco encefálico y el sistema límbico se halla el córtex cerebral, la parte del cerebro evolutivamente más reciente que compartimos con los primates, aunque en los humanos está mucho más desarrollado. Los Humanos poseen un cerebro mucho más especializado que los primates, por lo cual, además de sentimientos, manejan un proceso racional de entendimiento y de análisis. Su región frontal les permite adquirir conocimientos, desarrollar sociedades, culturas, tecnologías y lo más importante: comprender las leyes que rigen el universo. Este «cerebro neomamífero», común a nuestros parientes primates, interpreta la experiencia y organiza nuestra interacción con el mundo. Es la última parte del cerebro que surge, tanto en el plano evolutivo como en el desarrollo individual, y madura paulatinamente con la adición de experiencias y nuevos aprendizajes, casi a lo largo de toda la vida. Regula emociones específicas basadas en las percepciones e interpretaciones del mundo inmediato. Las partes posteriores del córtex se dedican a la percepción del mundo físico a través de los cinco sentidos y el cuerpo, mientras que las áreas frontales están especializadas en procesar la información procedente de otras partes del cerebro y en guiar la conducta. Está relacionada con el lenguaje, la cultura, el arte, la música, etc., y te permite, por ejemplo, leer este texto (el sistema límbico será el encargado de que lo disfrutes). Interpreta nuestras experiencias de forma cognitiva: representa el yo reflexivo. Para que pueda trabajar con normalidad es necesario que la amígdala no esté muy activada. (Frente a una amenaza, la amígdala nos impide pensar con claridad y tomar decisiones lúcidas y meditadas). Es la parte del cerebro que se desarrolla más tarde y, por tanto, no va a ser funcional en los primeros años de vida. Como consecuencia, durante esta etapa, todo el aprendizaje será emocional, es decir, inconsciente. El neocórtex se encuentra dividido en diferentes áreas con funciones específicas, destacando para nuestro propósito el córtex frontal y el prefrontal.
- El córtex frontal es el cerebro ejecutivo. El lóbulo frontal está formado por regiones distintas: corteza motora, visual, auditiva, gustativa y olfativa. Posibilita la planificación, la memoria y la acción consciente. Es donde se almacena la memoria semántica y episódica, esto es la memoria explicita. Posibilita también el ensamiento consciente, la planificación, la memoria, la acción deliberada, la atención dirigida y el razonamiento abstracto. Es la «sede» del lenguaje y de las ideas y representaciones mentales que pueden elevarse a nivel de la conciencia, donde se sopesan y manipulan. El córtex frontal aporta el sustrato neuronal para las dimensiones simbólica/representacional, reflexiva y atenta del yo. Entre sus funciiones: Selección de los movimientos (ojos, miembros…) que van a ser ejecutados (corteza premotora), como respuesta a una señal ambiental o interna. Control de procesos cognitivos para seleccionar los movimientos apropiados en el momento y lugar concretos (corteza prefrontal). Selección de conductas en función del contenido. Muy importante en animales sociales (Primates y humanos). La función del lóbulo frontal es seleccionar conductas en función del contexto y del conocimiento internalizado.
- El córtex prefrontal es la región cortical que está más desarrollada en los primates. El CPF es una colección de áreas neocorticales que envía y recibe proyecciones desde todos los sistemas corticales sensoriales y motores, y desde diversas estructuras subcorticales. Es la región cerebral más relevante en terapia. Está dividido a su vez en dos partes: la zona dorso-lateral (conectada con el hipocampo y el hemisferio izquierdo, y orientada al lenguaje). La zona dorsolateral se ha descrito como la «mente racional» (van der Kolk, 2006) y la clave del «cerebro volitivo» (De esta área nos interesan principalmente dos partes. Nos permite reflexionar de forma consciente sobre la experiencia, enfocando deliberadamente la atención hacia las percepciones, los recuerdos y/o las ideas, basándonos si es necesario en nuestras representaciones mentales del pasado, el presente y el futuro. Esta zona parece la localización neuronal de la memoria funcional, la «pizarra de la mente» donde utilizamos la cabeza para resolver problemas, sopesamos las decisiones e intentamos explicar las cosas. El córtex prefrontal medio es una zona integradora que enlaza el cuerpo propiamente dicho, el tronco encefálico, el sistema límbico y el córtex. Está profusamente conectado con la amígdala y el hemisferio derecho, y relacionada con las emociones. El córtex prefrontal medio es una zona integradora que conecta el cuerpo (por el tronco encefálico y el SNA), el sistema límbico y otras estructuras corticales. Zona mediadora de la conducta de apego, la regulación del afecto, la comunicación social y la mentalización. Tiene relación con las conductas de apego.
- La región orbitofrontal: Forma parte del CPF y regula los afectos y los vínculos de apego. Aunque anatómicamente pertenece a las regiones corticales, fisiológicamente actúa en coordinación con el sistema límbico. Está conectada con la amígdala y es responsable del control inhibitorio, por lo que es fundamental para la autorregulación emocional. Zona responsable de la decodificación de las señales emocionales a través de la capacidad que nos aporta de «leer» signos no verbales como la expresión facial, los gestos y el tono de voz. Representa la «parte pensante del cerebro emocional», desempeña un papel fundamental en la regulación del afecto, concebida como la finalidad y la consecuencia de los vínculos de apego seguro. En parte, tal regulación ocurre cuando el COF modula las respuestas rápidas de la amígdala ante la percepción de la amenaza. Además de responder a las expresiones faciales amenazadoras (al igual que la amígdala), el COF también contextualiza la amenaza y determina su grado (cosa que la amígdala no hace). Este tipo de discriminación facilita tanto la autorregulación como la vinculación social. A la inversa, el deterioro o el déficit orbitofrontal se asocia con la dificultad de gestionar las propias emociones, de evaluar el impacto de uno mismo en los demás y de responder adecuadamente a los estados anímicos y las señales sociales. Cuando se produce una ruptura grave en la relación de apego, esta área activa la amígdala, lo que provoca reacciones de miedo que impiden al niño aprender a regularse emocionalmente. EL COF, extraordinariamente conectado con todas las demás áreas del cerebro, representa una zona de convergencia y un órgano de integración que sintetiza el flujo de información transmitido a través de los canales corporales, emocionales y cognitivos. Esta capacidad de síntesis es esencial para la aptitud de actualizar los modelos internos y de sintonizar con otras personas, cualidades imprescindibles, en circunstancias de desarrollo difíciles, para forjar un apego seguro y una capacidad de inculcar seguridad en nuestros hijos.
- La región prefrontal recibe muchas aferencias nerviosas del hipocampo. Está implicada en las situaciones sociales y en la comunicación emocional, por ejemplo a través de la modulación de la voz.
La lateralidad: dos cerebros en uno
Los cerebros humanos tienen dos mitades funcionalmente distintas pero bien conectadas — el 'cerebro derecho' y el 'cerebro izquierdo' — que están bien adaptadas para interpretar la experiencia de ambas maneras, poética y práctica, y para mantener la comunicación entre sí al respecto. El lado derecho es más poético, mirando sin palabras el cuadro completo como con un foco de luz. El cerebro izquierdo es más práctico, enfocándose agudamente en el detalle, como con un foco de búsqueda. Es capaz de lenguaje, de palabras para describir lo que encuentra. Una alta funcionalidad como la conciencia espiritual implica la fusión de lo poético con lo práctico. Implica que todo el cerebro trabaje como uno. Los estudios de meditación apoyan esta observación. Cientos de cursos, diplomados y hasta maestrías se fundamentan en estas creencias con el fin de incidir directamente en la educación, con el diseño de currículos que integran prácticas que favorecen el desarrollo de una u otra parte del cerebro. Los entusiastas de este dogma afirman que el «cerebro izquierdo» (o sea el hemisferio izquierdo) es el asiento del pensamiento racional, el pensamiento intelectual, el análisis y el habla. Por consiguiente, aseguran que el hemisferio izquierdo está mejor equipado para tratar con asuntos relacionados con el lenguaje (leer y escribir), el álgebra, la solución de problemas matemáticos y las operaciones lógicas. Así resulta que el «cerebro derecho» (hemisferio derecho) es el asiento de la intuición, las emociones, el pensamiento no verbal y el pensamiento sintético, lo cual permite desarrollar representaciones en el espacio, la creación y la carga emocional. ¿Qué hay de cierto en todo esto? Por lo que se sabe hoy todo ello no es del todo cierto, en ocasiones esas "creencias" son el resultado acumulado de malas interpretaciones y distorsiones de estudios científicos. Algunas tareas como el lenguaje y el reconocimiento facial se realizan de modo predominante en un hemisferio, pero siempre se requiere que ambos hemisferios trabajen simultáneamente, lo cual invalida los conceptos de «cerebro izquierdo» y «cerebro derecho».
- Hemisferio Izquierdo (Lógico, "Analítico"): Procesamiento verbal, gramática y habla literal. Secuencial, detallado, lineal y analítico. Matemáticas, lógica, lectura y escritura. Es la sede de las áreas de Broca y Wernicke, esenciales para la producción y comprensión del habla estructurada. Maneja las matemáticas, la lógica pura, la clasificación de datos y los planes detallados secuenciales.
- Hemisferio Derecho (Creativo, "Holístico"): Tono emocional, metáforas, ironía y contexto. Holístico, global, intuitivo y sintético. Percepción espacial, reconocimiento de rostros y música. Destaca en la inteligencia y orientación espacial. Permite captar el lenguaje no verbal (gestos y expresiones), discriminar melodías musicales, identificar voces y procesar la empatía profunda.
Cada hemisferio cerebral está especializado en el procesamiento y la representación de la experiencia de un modo diferente. El hemisferio derecho está especializado en responder de forma emocional, holística, no verbal, intuitiva, relacional y receptiva. Tiene densas conexiones neuronales con el sistema límbico y el cuerpo –incluidos, en particular, la amígdala y el SNA–, por lo que puede responder ante la experiencia de manera visceral. Se dice que este hemisferio procesa la información de forma «analógica», captando y representando la experiencia como un conjunto integrado. A falta del tipo de análisis «digital» que muestrea y deconstruye la realidad con el fin de explicarla, el hemisferio derecho responde directamente a lo que es el contexto completo, las partes en su interrelación, más que en aislamiento. Como permite la consciencia del contexto y las perspectivas múltiples sobre la experiencia, y como está en sintonía para decodificar la comunicación no verbal, el hemisferio derecho puede entenderse como el sustrato neuronal del yo reflexivo o mentalizador. También se cree que el hemisferio derecho es la sede del inconsciente.
El hemisferio izquierdo está diseñado para responder en un registro totalmente diferente. Como fuente del pensamiento consciente, representa la experiencia de manera lingüística, según una lógica lineal. Su unidad primaria de información es la palabra. Si examinamos nuestro pensamiento consciente, normalmente descubrimos que consiste ante todo en una sucesión de palabras; aunque el contenido de nuestro monólogo interior puede estar informado por el hemisferio derecho, su expresión verbal es principalmente fruto del izquierdo. Si dependemos en exclusiva del hemisferio izquierdo, que está especializado en la atención a los detalles, los árboles no nos dejan ver el bosque.
También parece haber una división del trabajo emocional entre los dos hemisferios. El izquierdo parece activarse con la experiencia de las emociones moderadas y positivas, y el derecho con las emociones que son muy intensas y/o de carácter negativo. En consecuencia, parece que el hemisferio izquierdo media en la aproximación, mientras que el derecho media en el distanciamiento. El acceso a ambos hemisferios es esencial para la flexibilidad que posibilita la adaptación efectiva. Por lo tanto, a menos que no logren comunicarse entre sí, «es mejor tener dos hemisferios que uno». Afortunadamente, el cerebro está configurado para impulsar la comunicación entre los hemisferios. El cuerpo calloso, un haz de fibras nerviosas que conecta las dos mitades del cerebro, nos permite sacar partido de las capacidades especiales de cada hemisferio y beneficiarnos de su integración armónica; por ejemplo, la integración de la receptividad emocional del hemisferio derecho y el análisis del izquierdo.
La integración y el cerebro
En vista de este historial, se ha sugerido que el crecimiento del cerebro humano ha sido tan rápido y profundo que el resultado es, de hecho, patológico. El comportamiento normal depende de la preservación de una interacción equilibrada entre factores integradores y desintegradores.
La causa que la investigación contemporánea parece indicar respecto a ciertos desajustes en el comportamiento humano no es el aumento de tamaño, sino la coordinación insuficiente entre la arquicorteza y la neocorteza, es decir, entre las áreas filogenéticamente antiguas de nuestro cerebro y las nuevas áreas, específicamente humanas, que se superpusieron con una rapidez indebida. Esta falta de coordinación provoca, en una frase acuñada por P. MacLean, una especie de «dicotomía en la función de la corteza filogenéticamente antigua y la nueva que podría explicar las diferencias entre el comportamiento emocional e intelectual».
Los vínculos sanos de apego, sobre todo en los primeros años de vida, son necesarios para el desarrollo y la integración de las funciones del hemisferio derecho y el izquierdo, así como de las funciones límbicas y corticales. Tal integración propicia que las diversas capacidades cerebrales –sensorial, motora, emocional, analítica, etc.– se asocien funcionalmente para posibilitar el uso más coordinado y adaptativo de todos los recursos potenciales del cerebro. Estas variedades de integración cerebral (izquierda/derecha y abajo/arriba) son el corolario neuronal de integración psicológica. Este tipo de integración psicológica –que conecta los diversos estados anímicos así como la mente y el cuerpo, el pensamiento y sentimiento, la autodefinición y la vinculación– propicia que tengamos acceso a la profundidad y la amplitud de toda nuestra experiencia. Tal integración nos permite desarrollar y armonizar las múltiples dimensiones de yo, en lugar de sentir la necesidad de negar y repudiar algunas partes de nosotros mismos.
El cerebro del adulto, como el del niño en desarrollo, puede remodelarse mediante la experiencia actual, que no sólo establece nuevas conexiones neuronales sino que altera la estructura física del cerebro. Este hallazgo de la plasticidad neuronal sugiere que la recreación de una matriz de apego semejante a aquella en la que se desarrollan en un primer momento el cuerpo, el cerebro y la mente puede ser crucial para impulsar de forma efectiva el cambio terapéutico.
Fuente: L. ÁLVAREZ VALCARCEL: Cerbro, mente y consciencia + M. HARNANDEZ PACHECO: Apego y psicopatología + David WALLIN: El apego en psicoterapia
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«Es detestable ese afán que tienen quienes, sabiendo algo, no procuran compartir esos conocimientos».
(Miguel de Unamuno, escritor y filósofo español)
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