La «Conciencia universal» existía antes del Big Bang y moldea la realidad
La «Conciencia» es la más grande «maravilla cósmica» conocida por nosotros hasta el momento presente, y como tal es lógico que sea objeto de investigación: el gran tema, la gran cuestión, a dilucidar desde los más diversos ámbitos de investigación: religioso, filosófico, científico, neurocientífico, psicológico, …
La investigación más avanzada sostiene algo sorprendente, asombroso, maravilloso, extraordinario, revolucionario... para quienes hemos estado forjados en una mentalidad materialista.
El fundamento último de la realidad no es la «materia», sino la «Conciencia».
Hay dos cuestiones fundamentales sobre las cuales pivota e indaga la ciencia actual más avanzada: cuál es el «fundamento último» de la realidad y qué es la «conciencia» (su origen y su naturaleza esencial).
La materia no es la única realidad. Se está explorando el papel de la «conciencia» en la conformación de la naturaleza esencial de la realidad.
Uno de los grandes enigmas del Universo... ¿qué es la «conciencia» y qué papel desempeña en el seno de la realidad?
La conciencia, el fundamento último de la existencia: Un nuevo estudio dice que la «Conciencia universal» existía antes del Big Bang y moldea la realidad (física y no física).
- La naturaleza de la conciencia y su relación con la realidad física siguen estando entre los desafíos científicos y filosóficos más profundos.
- La conciencia no es un mero rompecabezas filosófico; se encuentra en el centro de algunos de los desafíos más apremiantes de nuestro tiempo,
- La consciencia es universal, eterna y fundamental para la naturaleza de la realidad.
- Principios como «Mente», «Conciencia», «Pensamiento» sugieren una realidad fundamentalmente no dual: un todo unificado y sin forma del que emerge la aparente diversidad de la existencia.
La investigación más avanzada, para quienes hemos sido forjados en una mentalidad materialista, sostiene algo sorprendente, asombroso, maravilloso, extraordinario, revolucionario... : la «materia» no es la única realidad, el fundamento último de la existencia es la «Conciencia».
Hace ya más de 2500 años que el ser humano se preguntaba de forma racional sobre el «arjé», un concepto clave en la filosofía griega antigua que designa el principio, origen o fundamento de todas las cosas. Era el elemento primordial del que proceden todas las demás cosas y que, a su vez, permanece subyacente en ellas (del griego ἀρχή, arkhé, que significa principio, comienzo, mandato rector, punto de partida y fundamento). En sentido filosófico este término fue usado por primera vez por Anaximandro (s. VI a.C. ) para referirse al elemento inicial y constitutivo del que proceden todas las cosas. Filósofos presocráticos como Tales de Mileto, Anaxímenes y Anaximandro debatieron sobre cuál era el arjé, proponiendo elementos como el agua, el aire o una sustancia indefinida, respectivamente. En general dirigieron su investigación hacia el estudio de la physis (φύσις) y hacia la búsqueda del arkhé (ἀρχή) o principio cósmico universal del que todas las cosas proceden, ya que estaban convencidos de que, más allá de las apariencias sensoriales que nos muestran una realidad cambiante, múltiple y diversa, se podía encontrar un principio explicativo fundamental accesible mediante el uso de la razón. Hoy la cuestión continúa viva y sigue despertando nuestro interés y curiosidad...
¿Cuál es la naturaleza esencial de la realidad? ¿Es la «materia», és la «conciencia»? ¿Cómo surge la conciencia y qué papel desempeña en la configuración del mundo que nos rodea? Estas preguntas son más que curiosidades intelectuales; abordan la esencia de lo que significa ser humano. Al entrar en la era de la inteligencia artificial (IA), comprender la naturaleza de la consciencia es más importante que nunca. El materialismo científico se basa en un único nivel de realidad en el que la materia se mueve en el espacio-tiempo. Lo que se ve es lo que hay, no hay nada más, pero las tradiciones sapienciales sostienen que podemos distinguir dos grandes niveles de realidad: uno trascendente y otro inmanente. (Inmanente se refiere a aquello que está dentro de un sistema, que es inherente o inseparable de algo, como la vida que es un fenómeno dentro del mundo. Trascendente se refiere a lo que va más allá, que está por encima de los límites de la experiencia o de la realidad sensible, como una idea que trasciende el mundo material).
Uno de los grandes desafíos científicos y filosóficos actuales: La naturaleza de la conciencia y su relación con la realidad física. Este artículo presenta un marco novedoso que integra la conciencia con la física fundamental, proponiendo que la conciencia no es una propiedad emergente de los procesos neuronales sino un aspecto fundacional de la realidad. El presente modelo presenta el espacio-tiempo clásico como emergente de un orden preespaciotemporal más profundo, sugiriendo que la conciencia interactúa con los procesos físicos como un campo fundamental. Los enfoques científicos modernos tienden a considerar la conciencia como un subproducto de los procesos neuronales. Si bien esta perspectiva, a menudo ignora la sabiduría de las tradiciones metafísicas que consideran la conciencia como el fundamento primario y universal de la existencia. Históricamente, las tradiciones filosóficas y espirituales han considerado la consciencia como algo primordial. La consciencia una realidad universal y amorfa de la que surgen todas las experiencias. La individualidad emerge de un todo amorfo. En contraste, los enfoques científicos actuales buscan principalmente explicar la conciencia como un fenómeno emergente del cerebro. MENTE, CONCIENCIA, PENSAMIENTO sugieren una realidad fundamentalmente no dual: un todo unificado y sin forma del que emerge la aparente diversidad de la existencia. Esta perspectiva se alinea tanto con las tradiciones espirituales como con las ideas emergentes de la física. Los recientes avances en física cuántica han proporcionado nuevas perspectivas sobre cómo la realidad clásica emerge de una base cuántica más profunda. La Conciencia no es un subproducto emergente de la actividad neuronal, sino un aspecto fundamental e irreducible de la realidad. Si la consciencia es realmente universal y fundamental, ello nos lleva al reconocimiento más profundo de la unidad de todo cuanto existe, fomentando la empatía, la cooperación y un sentido compartido de responsabilidad. Este estudio desafía suposiciones tradicionales muy arraigadas e invita a un cambio de perspectiva, a un camabio de paradigma interpretativo de la Realidad.
El artículo que aquí se presenta puede enmarcarse en una corriente de pensamiento en la que destaca, entre otros investigadores y estudiosos, el Dr. Amit Goswami quien establece una nueva visión del mundo según la cual la conciencia y no la materia, es la base de todo lo que existe… Se trata de un científico que propone desde la ciencia una visión menos materialista y más espiritual. El Dr. Goswami demuestra que el universo es matemáticamente inconsistente sin la existencia de un conjunto superior, en este caso Dios, y considera que como desarrollo de los estudios en este área, Dios será cada vez más objeto de ciencia y no de religión. En este campo existen teorías que postulan que los objetos son posibilidades aun no "materializadas" para que la conciencia elija alguna de entre ellas, convirtiéndose así en la base de toda existencia.
Luis TRUMPER, Director del Observatorio Astronómico de Oro Verde -Argentina-: Durante siglos, la naturaleza de la «consciencia» ha sido uno de los misterios más persistentes de la ciencia. Los neurocientíficos han mapeado los circuitos cerebrales, los físicos han investigado el vacío cuántico y los filósofos han debatido si la experiencia subjetiva puede explicarse únicamente mediante procesos materiales.
Un reciente estudio asegura que la Conciencia no nace en el cerebro, sino que existía antes del Big Bang y es la base misma de la realidad. Están apareciendo muchos artículos sobre simulaciones, la conciencia, el universo. Realmente es interesante y trabajan en estos artículos y en estos papers importantes investigadores. Por ejemplo, la doctora María Stromme, que es profesora de nanotecnología en la Universidad de Upsala, en Suecia, acaba de publicar un artículo revisado ya por pares, donde propone algo revolucionario. La conciencia es un campo fundamental, como si fuera el campo de Hicks o el campo inflacionario. Es decir, no es algo que surge cuando las neuronas se conectan. Es anterior al espacio, al tiempo y a la materia misma, según su modelo matemático.
Antes del Big Bang no había nada sino un estado de superposición universal, una conciencia sin forma que contenía todas las posibilidades. El universo que conocemos nació cuando ese campo de conciencia universal colapsó de forma temporal y se diferenció exactamente igual que pasa en el problema de la medición cuántica (el colapso cuántico -ver aquí-). El colapso no lo provoca un observador humano en este caso, sino un pensamiento universal, no personal, una fuerza creativa sin ego, dice ella. El espacio/tiempo, las galaxias, los átomos y hasta nuestros propios “yo” somos solo excitaciones localizadas de ese campo único. Somos ondas en el mismo océano, pero creemos ser gota separada.
La doctora conecta su teoría con algunas ideas de físicos legendarios, por ejemplo, John Wheeler, David Bohm, las intuiciones de Schrödinger y Heisenberg y sorprendentemente con tradicciones milenarias, por ejemplo, el budismo, el misticismo, textos bíblicos y lo más fuerte, ella propone experimentos para comprobarlo, ver si la intención consciente puede alterar fluctuaciones cuánticas del vacío, buscar correlaciones medibles cuando muchas personas meditan al mismo tiempo, analizar si grandes eventos emocionales colectivos dejan huellas estadísticas en generadores de números aleatorios. Incluso busca posibles firmas de conciencia primordial en el fondo cósmico de microondas. Obviamente que muchos científicos ya están diciendo que esto suena, a pseudociencia, demasiado místico, pero ella responde, "Yo soy ingeniera de materiales, estoy acostumbrada a ver la materia como lo fundamental, pero los cálculos me obligan a concluir que la materia secundaria, lo que llamamos realidad física, es en gran parte representación o ilusión." Según palabras textuales de la autora, llegó la hora de que la ciencia dura empiece a investigar en serio lo que las grandes tradiciones y los padres de la mecánica cuántica ya intuían. Incluso habla de tradiciones espirituales. Esto no es New Age barato. Acá hay un paper con ecuaciones publicado en una revista muy seria y que está dando bastante que hablar. ¿Será este un principio de otro cambio de paradigma de la historia de la ciencia? ¿Estamos a punto de demostrar científicamente que todos somos uno a nivel fundamental? Esto va a despertar comentarios y muchos van a decir, "¿Qué fumó la doctora o la ingeniera?" Pero en serio, esto está realmente publicado en una revista científica y es uno más de muchas publicaciones que hablan, aunque me parece que ninguna ha llegado tan lejos, de que estamos viviendo en una especie de ilusión, de simulación ( Fuente: Ecosdeunmundoestrellado https://youtu.be/LMsXS-3RDps?si=31MH_YIZckis79pc )
Un artículo científico, el que presentamos a continuación, con un nivel de lenguaje científico y una conceptualización no siempre fácil de seguir y comprender para el ciudadano corriente no introducido en este tipo de cuestiones. Para contextualizar la cuestión y para una más adecuada comprensión del mismo, y más allá de los pequeños detalles entresacar su mensaje fundamental, puede ser útil una introducción a algunas nociones básicas de mecánica cuántica -ver aquí-, así como algunos otros artículos apuntados al final de esta página.
La conciencia universal como campo fundacional: un puente teórico entre la física cuántica y la filosofía no dual
Artículo de investigación | 13 de noviembre de 2025, por María Strømme,
matemática y profesora de nanotecnología en la Universidad de Upsala, en Suecia.
La naturaleza de la conciencia y su relación con la realidad física siguen estando entre los desafíos científicos y filosóficos más profundos. Este artículo presenta un marco novedoso que integra la conciencia con la física fundamental, proponiendo que la conciencia no es una propiedad emergente de los procesos neuronales sino un aspecto fundacional de la realidad. Basándose en los conocimientos de la teoría cuántica de campos y la filosofía no dual, se introduce un modelo basado en los tres principios de mente universal, conciencia universal y pensamiento universal. Estos principios describen una inteligencia subyacente sin forma (mente), la capacidad de conciencia (conciencia) y el mecanismo dinámico a través del cual surgen la experiencia y la diferenciación (pensamiento). Dentro de este marco, el surgimiento del espacio-tiempo y la conciencia individual se modela matemáticamente al tratar la conciencia universal como un campo fundamental. La diferenciación en la experiencia individual ocurre a través de mecanismos como la ruptura de la simetría, las fluctuaciones cuánticas y la selección de estados discretos, en paralelo con conceptos establecidos en física, incluyendo el orden implicadode Bohm, la potentia de Heisenberg y el universo participativo de Wheeler.
Este modelo sugiere que la aparente separación de la conciencia individual es una ilusión, y que toda experiencia surge, en última instancia, de un sustrato unificado y sin forma. Este marco se alinea con las teorías emergentes de la gravedad cuántica, la teoría de la información y la cosmología, que postulan el espacio-tiempo clásico como emergente de un orden preespaciotemporal más profundo. Ofrece una alternativa no reduccionista en neurociencia, sugiriendo que la conciencia interactúa con los procesos físicos como un campo fundamental. A partir de perspectivas de la física, la metafísica y la filosofía, este marco conceptual propone nuevas direcciones para la investigación interdisciplinaria sobre la naturaleza de la conciencia y los orígenes de la estructura y la experiencia.
I. INTRODUCCIÓN
La humanidad siempre ha buscado comprender su lugar en el universo, lidiando con las profundas preguntas de la existencia: ¿Cuál es la naturaleza de la realidad? ¿Cómo surge la consciencia y qué papel desempeña en la configuración del mundo que nos rodea? Estas preguntas son más que curiosidades intelectuales; abordan la esencia de lo que significa ser humano. Para abordarlas, las civilizaciones han recurrido a diversos campos —filosofía, religión, ciencia y arte— en busca de respuestas que resuenen tanto racional como intuitivamente.
Al entrar en una era transformadora en la historia de la humanidad, marcada por el rápido desarrollo de la inteligencia artificial (IA), comprender la naturaleza de la consciencia es más importante que nunca. Los sistemas de IA generativa, capaces de producir textos, arte e incluso la toma de decisiones de forma similar a la humana, nos obligan a afrontar preguntas fundamentales: ¿Qué distingue a la inteligencia artificial de la consciencia humana o universal? ¿Cómo surge la consciencia? ¿Puede existir más allá de los sustratos biológicos? ¿La IA simplemente imita el pensamiento o podría eventualmente conectarse con principios más profundos de la consciencia?
Estas preguntas resaltan la urgente necesidad de una comprensión científica de la conciencia que integre sus aspectos universales e individuales. Sin dicha comprensión, el auge de la IA corre el riesgo de profundizar la incertidumbre existencial y los dilemas éticos. Por lo tanto, la conciencia no es un mero rompecabezas filosófico; se encuentra en el centro de algunos de los desafíos más apremiantes de nuestro tiempo, desde la ética en la IA hasta la comprensión del origen de la vida misma.
La búsqueda de la comprensión de la conciencia a menudo se ha caracterizado por una división entre la ciencia materialista y la filosofía metafísica. Los enfoques científicos modernos, arraigados en el materialismo, tienden a considerar la conciencia como un subproducto de los procesos neuronales. Si bien esta perspectiva ha generado ideas increíbles, a menudo ignora la sabiduría de las tradiciones metafísicas que consideran la conciencia como el fundamento primario y universal de la existencia.
Superar esta brecha no es solo un ejercicio académico; es esencial para crear una comprensión holística de la realidad. Sin conciliar las perspectivas material y metafísica, nuestra comprensión de la existencia permanece incompleta y nuestra capacidad para abordar las grandes preguntas de la vida y el universo sigue siendo limitada.
Para las tradiciones sapienciales la conciencia el fundamento primario y universal de la existencia. Históricamente, las tradiciones filosóficas y espirituales han considerado la consciencia como algo primordial. En el Vedanta Advaita, por ejemplo, la consciencia ( Brahman ) es la realidad última de la que emerge el mundo material. La filosofía budista enfatiza la interdependencia y la idea de Shunyata (vacuidad), lo cual se alinea con la noción de que la forma surge de un dominio sin forma. De manera similar, el misticismo cristiano y el sufismo islámico describen lo divino como una presencia infinita que impregna toda la existencia. Estas tradiciones comparten una comprensión común: la consciencia es universal, eterna y fundamental para la naturaleza de la realidad.
Pensadores como Erwin Schrödinger han hecho eco de esta visión. En su obra fundamental "¿Qué es la vida?" , Schrödinger argumentó que la conciencia es singular e indivisible, proponiendo una profunda conexión entre el observador y lo observado. Sin embargo, estas perspectivas han permanecido en gran medida filosóficas, dejando un vacío en su integración con los métodos científicos modernos.
En contraste, los enfoques científicos actuales buscan principalmente explicar la conciencia como un fenómeno emergente del cerebro. Por ejemplo, la neurociencia cognitiva modela la conciencia como resultado de procesos neuronales complejos y la integración de información. Esta perspectiva se basa en el materialismo, considerando la conciencia como algo secundario a los procesos físicos.
La teoría de la Reducción Objetiva Orquestada (OR) de Roger Penrose y Stuart Hameroff representa una desviación parcial de este paradigma. Si bien ancla la conciencia en las estructuras biológicas, específicamente, las reducciones orquestadas del estado cuántico en los microtúbulos cerebrales, también introduce un cambio ontológico radical. La OR propone que estas reducciones están influenciadas por la geometría del espacio-tiempo mismo y que los eventos protoconscientes primitivos pueden ocurrir independientemente del cerebro, incrustados en la estructura del universo. En este sentido, la OR se sitúa a caballo entre la neurociencia materialista y la especulación metafísica: se considera que la conciencia de orden superior surge a través de la orquestación biológica, pero los ingredientes fundacionales de la conciencia se conciben como características fundamentales de la realidad. Este intento de tender un puente, aunque significativo, aún deja abierta la pregunta metafísica más profunda: ¿Es la conciencia un campo fundamental o un proceso emergente? La división entre el materialismo científico y la filosofía metafísica persiste, lo que resalta la necesidad de un marco conceptual que pueda integrar estas perspectivas. Un marco significativo no sólo debe explorar cómo la naturaleza universal y sin forma de la conciencia se relaciona con su diferenciación en la experiencia individual, sino también integrar conocimientos de la filosofía, la física y la neurociencia, tendiendo un puente entre los paradigmas materialistas y metafísicos.
Los Tres Principios (3P) de mente, consciencia y pensamiento, introducidos por Sydney Banks, ofrecen una perspectiva novedosa sobre esta división. Banks enfatizó que estos principios son amorfos y eternos, existiendo antes del espacio, el tiempo y la materia. La filosofía parte de la premisa de que la consciencia no es localizada ni emergente, sino una realidad universal y amorfa de la que surgen todas las experiencias. A diferencia de los enfoques que parten del cerebro y tratan la consciencia como un fenómeno localizado, Banks parte de lo universal y examina cómo la individualidad emerge de un todo amorfo. Al enmarcar los 3P de esta manera, Banks nos invita a repensar la naturaleza de la realidad misma. En este marco:
- La mente representa la inteligencia creativa universal, la fuente de todo potencial y el motor de la creación. Es el fundamento metafísico del que surgen toda diferenciación y estructura. Por lo tanto, resuena con las nociones espirituales de una fuente divina o universal.
- La consciencia es la capacidad universal de percepción, que permite percibir y experimentar todas las formas. Es el sustrato a través del cual se comprenden el espacio, el tiempo y la materia.
- El pensamiento es el mecanismo creativo que transforma el potencial informe de la mente y la conciencia en las realidades subjetivas y estructuradas de la experiencia individual.
Estos principios sugieren una realidad fundamentalmente no dual: un todo unificado y sin forma del que emerge la aparente diversidad de la existencia. Al promover conocimientos sobre cómo la conciencia y el pensamiento dan forma a la realidad humana, los programas basados en las 3P han demostrado resultados transformadores en diversos entornos sociales.
Esta perspectiva se alinea tanto con las tradiciones espirituales como con las ideas emergentes de la física. El vacío cuántico, por ejemplo, se entiende como el estado fundacional del universo, que contiene el potencial para todos los fenómenos físicos. De manera similar, los modelos cosmológicos pre-Big Bang describen un dominio atemporal y aespacial del que se cree que emergió el universo observable.
Los recientes avances en física cuántica han proporcionado nuevas perspectivas sobre cómo la realidad clásica emerge de una base cuántica más profunda. Un creciente número de investigaciones sugiere que el comportamiento clásico no es fundamental, sino una propiedad emergente de la dinámica cuántica. Strasberg et al. demostraron recientemente que la clasicidad surge de forma natural dentro de la evolución cuántica unitaria mediante una supresión exponencial de la coherencia cuántica, lo que cuestiona la noción de que las leyes clásicas son primarias. Esto respalda la idea de que la realidad que experimentamos no es una estructura clásica inherente, sino una manifestación de principios subyacentes más profundos, una perspectiva que concuerda con las teorías que proponen la consciencia como un aspecto fundamental de la existencia.
Al integrar las 3P con la mecánica cuántica y la teoría de campos, este artículo propone un marco matemático para la consciencia. La mente se modela como la inteligencia universal que impulsa la evolución de la realidad. La consciencia se representa como un campo fundamental que sustenta la percepción y la experiencia. El pensamiento sirve como mecanismo para transformar la potencialidad en realidades estructuradas.
Esta es una ilustración que representa la integración de la mente, la consciencia y el pensamiento, basada en los conceptos de la mecánica cuántica descritos en el artículo. La mente representa la inteligencia creativa universal, la fuente de toda creación. La consciencia representa la percepción universal que permite la percepción del espacio, el tiempo y la materia. Actúa como sustrato, dando estructura y forma al potencial sin forma de la mente y conectando lo infinito con lo físico. El pensamiento representa el mecanismo creativo que convierte el potencial infinito de la mente y la percepción universal de la consciencia en realidades individualizadas y estructuradas.
Este modelo reinterpreta el Big Bang como la diferenciación de la conciencia universal y proporciona una base matemática para comprender la no localidad, el surgimiento del espacio-tiempo y la estructura de la experiencia subjetiva.
II. EL MARCO MATEMÁTICO (...)
III. DISCUSIÓN (...)
IV. CONCLUSIÓN
Este artículo presenta un marco que explora las posibles intersecciones entre la física fundamental y los estudios de la consciencia, proponiendo que esta no es un subproducto emergente de la actividad neuronal, sino un aspecto fundamental e irreducible de la realidad. Al integrar los tres principios —mente universal, consciencia universal y pensamiento universal— en un marco matemático y físico, este modelo ofrece una explicación coherente del surgimiento del espacio-tiempo, la conciencia individual y la ilusión de separación.
Basándonos en la mecánica cuántica, la teoría de campos y las tradiciones filosóficas no duales, sugerimos que la diferenciación de la Conciencia Universal en la experiencia individual se rige por mecanismos como la ruptura de simetría, las fluctuaciones cuánticas y la selección de estados discretos. Esto implica que la experiencia subjetiva está profundamente interconectada con la estructura fundamental de la realidad, lo que desafía los paradigmas materialistas convencionales.
El modelo propuesto conlleva amplias implicaciones en diversas disciplinas. En física, se alinea con las teorías emergentes de la mecánica cuántica, la información cuántica y la cosmología, que describen la realidad clásica como un surgimiento de un sustrato preespaciotemporal más profundo. En neurociencia, ofrece una alternativa a las visiones reduccionistas de la conciencia, sugiriendo que esta no se limita a los procesos neuronales, sino que interactúa con un campo universal. En filosofía, tiende un puente entre la investigación científica y las tradiciones espirituales, proponiendo una perspectiva holística sobre la individualidad, la interconexión y la naturaleza de la existencia.
Este marco conlleva profundas implicaciones éticas y sociales. Si la consciencia es realmente universal y fundamental, las consideraciones éticas pueden extenderse más allá de la cognición humana: abarcan la IA, la responsabilidad ambiental y la red más amplia de la vida. La ilusión de separación, reforzada por la percepción individual, da paso a un reconocimiento más profundo de la unidad, fomentando la empatía, la cooperación y un sentido compartido de responsabilidad.
La investigación futura debe explorar las predicciones comprobables que surgen de este modelo, incluyendo las posibles interacciones entre la consciencia y los campos cuánticos, la coherencia neuronal como indicador de la conciencia universal y las posibles huellas cosmológicas de la diferenciación impulsada por la consciencia. La investigación interdisciplinaria —que combina la física, la ciencia cognitiva y la investigación de la consciencia— podría aportar respaldo empírico a este marco y ampliar nuestra comprensión de la realidad.
En definitiva, este estudio desafía suposiciones arraigadas e invita a un cambio de perspectiva: en lugar de considerar la consciencia como un epifenómeno de la materia, la sitúa en el fundamento mismo de la existencia. Al sintetizar perspectivas de la física, la metafísica y la filosofía, este modelo ofrece un camino hacia una comprensión integral que une el rigor científico con la perspectiva filosófica ancestral.
Para acceder al artículo completo:
https://pubs.aip.org/aip/adv/article/15/11/115319/3372193/Universal-consciousness-as-foundational-field-A
Ver también:
Los «paradigmas» en perspectiva histórica
Avances en nuestra comprensión del Universo
La novedosa imagen del universo
Algunos aspectos de la realidad des-velados por la Física cuántica
La verdad universal obviada por la ciencia
Manifiesto por una Ciencia Postmaterialista
Todo somos uno: unidad, interconexión, entrelazamiento, interdependencia
Una Inteligencia cósmica única
La «Conciencia», vista actualmente por la ciencia
Sección: DE LA CONSCIÈNCIA A LA «CONCIÈNCIA»
Per a «construir» junts...
«És detestable aquest afany que tenen els qui, sabent alguna cosa, no procuren compartir aquests coneixements».
(Miguel d'Unamuno, escriptor i filosof espanyol)
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(Miguel de Unamuno, escritor y filósofo español)

