El viaje de nuestros tiempos
Presentamos un resumen de la interesante obra de Patricia MAY URZÚA, DE LA CULTURA DEL EGO A LA CULTURA DEL ALMA. Cap1: el viaje de nuestros tiempos. Entrando en contacto con el libro rápidamente uno se percata de la carga de profundidad crítica que supone para el estilo de vida que predomina en la actualidad... el libro me ha parecido sugerente y motivador para tomar conciencia de hasta qué punto somos títeres de la matriz cultural en la que hemos sido ahormados en los útimos siglos y la necesidad de liberarnos de la misma para permitir que se manifieste y resplandezca la voz interior que clama por expresarse para ofrecer así la mejor versión de nosotros mismos.... Somos algo más de lo que la cultura materialista nos ha imbuido y el alma nos demanda hacer el esfuerzo evolutivo necesario para "volar más alto"... El rico caudal de reflexiones y sugerencias contenidas en su libro nos mueve a darlo a conocer al gran público... y especialmente a las personas que puedan estar interesadas y comprometidas en el recorrido vital transformador que en esta obra se suscita.
Sabemos que ni el estado del mundo, ni nuestra vida responden a nuestros anhelos más profundos. Necesitamos hacernos conscientes del ambiente competitivo y acelerado en que hemos estado inmersos en las últimas décadas y hacer el cambio a otros valores y en otra dirección, cambiando el rumbo. Las soluciones a las grandes cuestiones de nuestro tiempo sólo pueden encontrarse con un nuevo modo de pensar y sentir la vida. Mientras no nos percatemos de la visión del mundo que promueve el modo egocéntrico, antropocéntrico o etnocéntrico, sólo estaremos parcheando situaciones, estaremos aliviando los síntomas, pero no estaremos yendo a la raíz del problema. Sólo cuando encontremos un estado interno de plenitud podremos liberarnos de la esclavitud de los condicionamientos externos, postulando vidas más simples y cotidianamente más humanas.
Patricia MAY URZÚA*, antropóloga y escritora, co-creadora de la Escuela del Alma
Hasta el presente gran parte de la evolución humana ha estado caracterizado por el estado de conciencia «egocentrado». Y en estos últimos tres millones de años hemos ido constituyendo y afianzando un «yo» separado, con su peculiar perspectiva del mundo.
El «egocentrismo» puede ser entendido como un estado de conciencia en el que estamos inmersos, en que nos vemos, sentimos, pensamos. La «conciencia egocéntrica» nos lleva a ver el mundo constituido por «yoes» como entidades escindidas y en lucha por prevalecer. Desde aquí surgen valores y modos de relacionarse que generan una cultura centrada en priorizar la parte por sobre el todo, el «yo» por encima de los «otros».
El viaje de nuestros tiempos va desde la conciencia focalizada en el «ego» al despertar de nuestra esencia personal profunda, el Alma. Ello implica el abrir el horizonte a una nueva manera de ver y entender el mundo, al ser humano y su propósito.
Algunas ideas destacadas:
- El estado de conciencia «egocentrado» ha caracterizado la gran parte de la evolución humana y en estos últimos tres millones de años hemos ido constituyendo, afianzando un "yo" separado, con su peculiar perspectiva del mundo.
- El «yo» manifestado a través del «ego» constituye el gran logro de la evolución humana. Supone un gran avance respecto a la conciencia masiva e indiferenciada más primitiva. Contamos ya con «yoes» en proceso de ser plenamente conscientes de sí y de su interconexión con el mundo, que en adelante podrán hacer el camino hacia la integración en total voluntad y libre albedrío.
- El «egocentrismo» y la cultura que éste ha generado supone una etapa en el desenvolvimiento humano; un tránsito necesario que nos ha permitido potenciar la individualidad, es lo que hemos llegado a ser hasta el momento.
- No da lo mismo pensarse y pensar la vida como un agregado de entidades independientes en lucha y permanente competencia, a visualizar que todo está interrelacionado y que el bien de cada uno está ineludiblemente asociado al bien de todos y Todo.
- Estamos transitando hacia una nueva fase evolutiva en que la conciencia global juega un rol fundamental, en que la interconexión mundial a todos los niveles nos hace despertar a la percatación de que los bienestares locales no son posibles.
- El gran desafío de estos tiempos es avizorar, entre tanta confusión, en ese viaje. Por el momento es una aspiración presentida por muchas personas que actúan desde los más diversos ámbitos intentando aportar una nueva impronta a la conciencia humana. Un impulso interior que, nos remueve una nueva comprensión de lo que somos, para qué vivimos y adónde vamos
- Estamos ante una crisis que remodela en forma sutil pero profunda nuestra postura ante la vida, nuestro sentido, nuestras prioridades y que nos obliga a trabajarnos a nosotros mismos.
- Necesitamos líneas de pensamiento y acción que nos muestren un camino hacia más allá, que nos hablen de nuestra Esencia Espiritual, de nuestra unidad con todo lo que existe. Sólo si desplegamos un nuevo pensamiento respecto de lo que somos, de nuestro proceso y misión en el «Kosmos» podremos transitar en claridad y conciencia hacia nuevas etapas.
- Las grandes Ideas que conducen el proceso Kósmico emergen del seno del Todo y son transmitidas e impulsadas por las grandes Conciencias que estimulan la evolución. Los más intuitivos o mentalmente depurados son quienes las captan y transmiten.
- Las nuevas tendencias hacia un pensamiento integral que incluye la dimensión espiritual de la existencia, comienza a sensibilizar e impulsar a muchos seres humanos.
- La tarea humana sería entonces, despejar el ruido del pequeño «ego» para sintonizar con mayor fidelidad los impulsos del Todo.
- Los grandes líderes o precursores sintonizan líneas de pensamiento y acción que están vibrando en las dimensiones más expandidas y puras del campo mental de la humanidad,
- Si visualizamos al pensamiento global de la humanidad como una dinámica que rodea e impregna el campo psíquico del planeta, podemos imaginar cuán oscura debe ser en sus niveles más densos con todas las emanaciones de egoísmo, violencia, exclusión, crítica y soberbia que caracterizan un porcentaje elevadísimo del pensamiento actual.
- Pensar es crear realidades y éstas no son más que el reflejo materializado de nuestros pensamientos. Así como pensamos el mundo, así será y a partir de algunos pensamientos o enfoques básicos se desgajan en cascada diversas visiones que más tarde se harán carne, acción, vida. De allí la importancia del tipo de pensamiento o paradigma que sustenta a una cultura. Así como pensamos el mundo, así lo construiremos.
- Los enfoques o paradigmas que están enclavados en nuestro campo psíquico nos condicionan. Estamos condicionados por ideas subyacentes, como por ejemplo, que vivir es una escalada por sobrepasar a los otros o que el ser humano es esencialmente egoísta, que la vida es cargar una cruz, que el placer es pecaminoso, que sólo el dolor nos hace crecer, que el dinero es signo de superioridad, que la enfermedad es un enemigo, que la realidad es sólo lo palpable, que hay un Dios externo que me mira y me juzga permanentemente.
- Nuestros pensamientos se derivan de una matriz mental colectiva a la cual llamaremos cultura. Detrás de nuestros actos, de nuestros modos de enfocar y pensar sobre nosotros, los otros y la vida, hay un modelo, un patrón que es traspasado de generación en generación y es compartido por el grupo social al que pertenecemos.
- La cultura está constituida de aquellas pautas mentales, valores y creencias que compartimos con un grupo social y que son, consciente o inconscientemente, nuestras guías de ruta y modelos de acción.
- No es fácil percatarse de los presupuestos culturales en que se afinca nuestro vivir. Su huella es tan profunda que simplemente nos parece que ese es el modo correcto de vivir. Sin embargo, debemos tomar conciencia que es el consenso social el que les da el carácter de absoluto y la sensación de estar en lo “correcto y lo bueno. La cultura es una construcción social y, a pesar de que nos identifiquemos con ella, no somos "eso". Liberándonos de esas ataduras, de esas creencias, nos damos cuenta que nuestro modo de “ser humanos” no es único y que hay otras posibilidades, otros valores y creencias más racionales y humanos en los que anclar nuestras vidas.
LA PERSPECTIVA EGOCÉNTRICA
Egocentrismo
El «egocentrismo» y todos los «ismos» asociados a él: etnocentrismo, clasismo, racismo, nacionalismo, partidismo, exclusivismo religioso, pueden ser entendidos como estados de conciencia en que nos vemos, sentimos, pensamos; o sea, nos identificamos con un núcleo determinado en oposición a otros núcleos que distinguimos como separados de nosotros (otra persona, país, clase social, empresa, religión…). La «conciencia egocéntrica» nos lleva a ver el mundo constituido por «yoes» y «otros» como entidades escindidas y en lucha por prevalecer. Desde aquí surgen valores y modos de relacionarse que generan una cultura en que la mirada está apasionadamente centrada en la parte por sobre el todo, en mi por sobre los otros (o en mi familia, partido político, país, religión). Esta mirada parcial, desde mi y desde el filtro particular con que veo o co-creo la realidad, no es sólo una cuestión intelectual, sino una vivencia profundamente arraigada en las emociones, hasta un punto que no nos permite expandirnos a ver que el bien de uno y del otro están en íntima relación e interdependencia.
Con distintos visos, etapas y niveles de maduración, el estado de conciencia «egocentrado» ha caracterizado a la evolución humana y podríamos decir que en estos tres millones de años hemos ido constituyendo, afianzando y experimentando al yo separado, con su peculiar perspectiva del mundo. El «yo» manifestado a través del «ego» constituye el gran logro de la evolución humana. Aun cuando nos parezca cruel, por las consecuencias que ha generado, es un avance respecto a la conciencia masiva e indiferenciada de la naturaleza. Contamos ya con «yoes» en proceso de ser plenamente conscientes de sí y de su interconexión con el mundo, que en adelante podrán hacer el camino hacia la integración en total voluntad y libre albedrío.
El egocentrismo como una etapa del viaje
La mirada global con que desde aquí observaremos el proceso humano, nos conduce a entender el «egocentrismo» y la cultura que éste ha generado como una etapa en el desenvolvimiento humano; un tránsito necesario que nos ha permitido potenciar la individualidad. Sin embargo, el «ego» o la unidad ciegamente separada, no es la esencia de lo que somos, sino sólo lo que hemos llegado a ser hasta el momento.
No da lo mismo pensarse y pensar la vida como un agregado de entidades independientes en lucha y permanente competencia, a visualizar que todo está interrelacionado y que el bien de cada uno está ineludiblemente asociado al bien de todos y Todo. De cada una de estas visiones resulta un mundo, una realidad en que habitaremos. La realidad del mundo actual es un resultado de la primera visión y aquí sostenemos que estamos transitando hacia la segunda, en que la conciencia sistémica juega un rol fundamental, en que la interconexión mundial a todos los niveles nos hace despertar a la percatación de que los bienestares locales no son posibles.
Quizás pasará tiempo antes que lo que planteamos tenga posibilidad de concretizarse a nivel global. Sin embargo, las iniciativas personales y micro intentos sociales de generar un vivir de hermandad, confianza y creatividad son una de las tareas de estas generaciones. Después de todo, “el viaje de cien mil leguas comienza con un sólo paso”, como dice el Tao Te Ching.
El gran desafío de estos tiempos es avizorar, entre tanta confusión, ese viaje, ese paso. Por el momento es una aspiración que, como nunca en la historia, es presentida por muchas personas que actúan desde los más diversos ámbitos del quehacer intentando aportar en la acción una nueva impronta a la conciencia humana. No se trata pues de una utopía teórica sustentada por grupos o personas excéntricas, sino de un impulso interior que, sin saber de dónde viene ni adónde va, nos remueve una nueva comprensión de lo que somos, para qué vivimos y adónde vamos, llevándonos a poner en duda los cimientos de nuestra existencia, incitándonos a una profunda transformación.
Estamos ante una crisis espiritual que no tiene que ver con cuestiones cosméticas, aparentes o espectaculares; sino con asuntos radicales e invisibles que remodelan en forma sutil pero profunda nuestra postura ante la vida, nuestro sentido, nuestras prioridades y que nos obliga a trabajarnos a nosotros mismos para ser coherentes con la nueva dinámica. Esta crisis puede ser profundamente perturbadora y desorientadora. Es posible que en una primera etapa la vivamos como una presión interna que nos rompe el marco conceptual, la perspectiva e ideas de fondo en que hemos cimentado nuestra vida. Se trata de un derrumbe personal: aquello en que hemos centrado nuestros esfuerzos, lo que hemos deseado y por lo que hemos luchado, deja de ser importante. Se nos desarma el mundo y no sabemos hacia dónde ir.
Por ello, necesitamos líneas de pensamiento y acción que nos muestren un camino más allá, inspiradas en una visión que trascienda los límites que hasta ahora hemos tenido respecto de lo humano, que nos hablen de nuestra Esencia Espiritual, de nuestra unidad con todo lo que existe. Sólo si desplegamos un nuevo pensamiento respecto de lo que Somos, de nuestro proceso y misión en el «Kosmos» podremos transitar en claridad y conciencia hacia nuevas etapas. (La palabra «Cosmos» alude sólo al universo material o físico. El concepto de «Kosmos» que viene de la antigua Grecia, alude a la trama de la existencia en todos sus niveles: físicos, biológicos, mentales, espirituales).
UNA NUEVA VISIÓN PLENA DE SENTIDO
Una nota del Gran Concierto
En medio de sociedades que niegan crecientemente el ámbito espiritual de la vida, que exaltan una lógica ultra racionalista y materialista, el ser humano va perdiendo el Sentido. Vivir se convierte en un hacer y hacer, lograr y lograr sin conexión con una razón de fondo que dé una motivación a nuestro quehacer cotidiano.
La humanidad emergente necesita una claridad que signifique su quehacer, que le dé una razón trascendente a su vivir. Anhelamos entender qué Sentido tienen nuestros esfuerzos cotidianos, para qué el trabajo, el compromiso afectivo, la maternidad o paternidad, para qué ocuparse del bienestar y la salud. Necesitamos vivir desde una motivación que nos comprometa desde el Alma y alivie el profundo anhelo de que las cosas signifiquen algo más que simplemente ser llevados por la corriente y que nuestro quehacer sea el regalo que hacemos a la vida, la expresión de lo mejor de nosotros. Sólo cuando nos veamos en el contexto mayor como eslabones de la gran cadena evolutiva, como gotas de una Gran Corriente que se continúa en nosotros, sólo cuando tengamos una conciencia íntegra de que donamos nuestra vida a los que vienen, entonces nos conectaremos con un Sentido que nos impulse a vivir. Es radicalmente distinto levantarse cada mañana viéndose a uno mismo como una nota de una gran Sinfonía Kósmica, que hacerlo sintiéndose solo en una batalla para salir adelante. El Gran Concierto del Kosmos tiene una partitura y un Gran Sentido que las personas empiezan a intuir cuando se conectan con su Alma. La vida del ser humano cobra irradiación, plenitud, en la medida que puede saberse y sentirse canal viviente de esa Voluntad Mayor que se despliega en el universo; en la medida que su chispa es un aporte a la manifestación del Todo y cada día y cada acto pueden inspirarse en colaborar y dar lo mejor de sí. Esto inevitablemente convierte la vida en un gran desafío por mejorar la calidad personal para hacer un aporte más depurado al medio.
Visión e intuición
Las grandes Ideas que conducen el proceso Kósmico emergen del seno del Todo y son transmitidas e impulsadas por las grandes Conciencias que estimulan la evolución. Los más intuitivos o mentalmente depurados son quienes las captan y transmiten. Muchos de los nuevos desarrollos evolutivos han constituido una locura para la mentalidad común de su tiempo y sólo porque algunos se atrevieron a hollar nuevos caminos, a pensar de manera más vasta y a jugársela por sus visiones, así se fueron desenvolviendo estados más complejos de evolución.
Las nuevas tendencias hacia un pensamiento integral que incluye la dimensión espiritual de la existencia, comienza a sensibilizar e impulsar a muchos seres humanos. No son propiedad de nadie. Aparecen por todas partes, vienen de las dinámicas que se despliegan desde la cara interna de la vida, de una dimensión subyacente de la cual no somos conscientes. La tarea humana sería entonces, despejar el ruido del pequeño «ego» para sintonizar con mayor fidelidad los impulsos del Todo. Los adelantados de una época son aquellos cuyas antenas mentales son más sensibles y se conectan antes con estas tendencias, constituyéndose así en precursores, pioneros y guías del resto de la masa humana.
Los conceptos que llevaron al énfasis cósmico de las Altas Culturas, al asentamiento del neolítico, al florecer del pensamiento griego, al Renacimiento, constituyeron en su momento tendencias de pensamiento al que dieron forma los más intuitivos de su tiempo. Los grandes líderes o precursores sintonizan líneas de pensamiento y acción que están vibrando en las dimensiones más expandidas y puras del campo mental de la humanidad, lo que explica el que los nuevos conceptos broten en muchas partes al mismo tiempo.
LA REALIDAD COMO UNA CREACION DEL PENSAMIENTO
El pensamiento como una dinámica
Teilhard de Chardin habló del pensamiento humano como una energía a la cual llamó Noosfera, una capa pensante que recubre a todo el planeta. Este modo de entender al pensamiento: una dinámica vibrante en una dimensión invisible a los ojos y con la cual estamos permanentemente interactuando, está presente en gran parte de las tradiciones espirituales. En la dimensión mental vibran las líneas de pensamiento humano. Las ideas no son algo difuso que cobra existencia sólo cuando las expresamos a través del lenguaje o la acción, sino que son una dinámica viva que afecta la mente, emociones y cuerpo de los demás y de nosotros mismos. Al pensar creamos realidades en la dimensión mental de la existencia. Somos responsables de lo que pensamos, influenciamos al medio con nuestros pensamientos. Por ello, es preciso cultivar un pensar descontaminado, puro, sereno que aporte claridad al mundo.
Si visualizamos al pensamiento como una dinámica que rodea e impregna el campo psíquico del planeta, podemos imaginar cuán oscura debe ser en sus niveles más densos con todas las emanaciones de egoísmo, violencia, exclusión, crítica y soberbia que caracterizan un porcentaje elevadísimo del pensamiento actual. Quizás eso sea lo que habitualmente llamamos “infierno”, una dimensión donde la Luz integradora del Alma no puede llegar por las densas nubes que lo conforman. En la medida que las personas estimulan este tipo de ideas y emociones, están cargando la dinámica mental de más oscuridad y, al mismo tiempo, atrayendo más resonancias de este tipo a sí mismas y a su entorno.
Esto nos lleva nuevamente a la importancia de concientizar y luego transmutar nuestra dinámica mental, como un aporte de “aire fresco” al entorno mental. Esto, evidentemente requiere de un fuerte trabajo personal hecho en honestidad y conciencia. Al mismo tiempo, en los niveles más depurados de la dimensión mental, resuenan los pensamientos de libertad, unidad, comprensión, expansión, presencia, belleza y armonía depositados como un tesoro por los pensadores preclaros de todos los tiempos.
Creación de mundos a través del pensamiento
El pensamiento toma forma en el lenguaje y la acción. Pensar es crear realidades y éstas no son más que el reflejo materializado de nuestros pensamientos. Así como pensamos el mundo, así será y a partir de algunos pensamientos o enfoques básicos se desgajan en cascada diversas visiones que más tarde se harán carne, acción, vida. De allí la importancia del tipo de pensamiento o paradigma que sustenta a una cultura. Así como pensamos el mundo, así lo construiremos. Al enfocar o ver la vida de un modo determinado, generamos consecuencias, realidades específicas en las cuales habitaremos, pequeños claustros que guardarán definiciones sobre nosotros mismos, los otros, la naturaleza del ser humano y del mundo que afectarán todos los ámbitos de nuestro vivir.
El estado del mundo tiene que ver con las ideas de fondo que sustentan las sociedades. Descubrir las ideas simiente que nos han llevado a generar estados no deseados a nivel mundial, social y personal es el camino para dejarlas atrás. Darnos cuenta, por ejemplo, de cómo la idea que somos superiores a la naturaleza ha marcado nuestro proceder o, más ampliamente, la idea de organizar el mundo en escalas jerárquicas ligadas al poder de unos sobre los otros, ha influido históricamente las relaciones hombre-mujer, entre los miembros de una organización, entre clases sociales o entre países.
Es preciso concientizar los pensamientos y emociones que conducen nuestras vidas para hacernos responsables de nuestra creación del mundo, del aporte que inevitablemente hacemos en cada instante sólo por existir. Pensar y actuar en líneas que abran caminos de esperanza es uno de los servicios vitales que podemos y debemos hacer en la vida.
Al pensar, hablar y actuar estamos potenciando modos de ver mundos y realidades. Participamos permanentemente de visiones de cuyos efectos en el vivir no somos conscientes. Los enfoques o paradigmas que están enclavados en nuestro campo psíquico nos condicionan desde lo interno, lo cual muchas veces permanece fuera de nuestra conciencia. No los vemos y, por ello, se constituyen en dictámenes internos, que nos llevan a tomar rumbos que quizás en conciencia no quisiéramos seguir. Estamos condicionados por ideas subyacentes, como por ejemplo, que vivir es una escalada por sobrepasar a los otros o que el ser humano es esencialmente egoísta, que la vida es cargar una cruz, que el placer es pecaminoso, que sólo el dolor nos hace crecer, que el dinero es signo de superioridad, que los niños no saben nada y son una tábula rasa que los adultos deben llenar, que la enfermedad es un enemigo, que la realidad es sólo lo palpable o lógicamente accesible, que hay un Dios externo que me mira y me juzga permanentemente.
Desde estos pensamientos hemos desplegado aconteceres, realidades que nos duelen y de las cuales muchas veces culpamos a Dios. Sin embargo, somos nosotros mismos quienes modelamos el mundo, nosotros quienes necesitamos ajustarnos a un pensamiento más sintonizado con las leyes de armonía expresadas por la Gran Mente en el universo. Así como pensamos la vida, así será. El estado actual de cosas en el mundo está sostenido por un modo de ver. Dar pasos para hacernos conscientes de él, es abrir el camino hacia la liberación de los parámetros que nos han llevado a construir una vida donde el stress, la falta de sentido y de tiempo para Vivir son pan de cada día.
La Cultura como creación de realidades colectivas
Nuestros pensamientos se derivan de una matriz mental colectiva a la cual llamaremos cultura. Detrás de nuestros actos, de nuestros modos de enfocar y pensar sobre nosotros, los otros y la vida, hay un modelo, un patrón que es traspasado de generación en generación y es compartido por el grupo social al que pertenecemos. La cultura es una Matriz en términos que nos contiene, nos da seguridad, nos cobija en certezas socialmente compartidas, como una “madre” o un útero y es, al mismo tiempo, una Pauta en el sentido que nos dirige, nos pone los límites dentro de los cuales se moverá nuestro sentido de realidad, nos impulsa en ciertas líneas de acción, como un “Padre”. Así la integramos, tanto desde la emoción y la necesidad de ser protegidos y amados, como desde la razón que nos ofrece un modelo de mundo. La cultura está constituida de aquellas pautas mentales, valores y creencias que compartimos con un grupo social y que son, consciente o inconscientemente, nuestras guías de ruta y modelos de acción. Es un modo de construir la realidad que integramos desde que nacemos, en los brazos de nuestros padres, en la vida cotidiana. Su huella es tan profunda que simplemente nos parece que ese es el modo que la vida es. La cultura nos permite pertenecer, vivir en forma compartida. Nos da la sensación de estar en lo correcto, de vivir manifestando valores, creencias y estilos “reales”, puesto que todas las personas de “mi mundo” ven en forma semejante. Este “ver en común” nos permite compartir los consensos básicos de la convivencia desde una realidad predefinida. Nos da certeza que el “otro” es “como yo” y puedo relacionarme con él sin incertidumbre ni temor. No es fácil percatarse de los presupuestos culturales en que se afinca nuestro vivir, puesto que “las cosas son así, así es la vida”. Sin embargo, las culturas no son la realidad, sino el modo en que ordenamos la multiplicidad de posibilidades de ser; es el consenso social el que les da el carácter de absoluto y la sensación de estar en lo “correcto y lo bueno”.
Así, la cultura ordena desde nuestros modelos de percepción toda nuestra realidad. Para un indígena americano será perfectamente natural la percepción del espíritu de un antepasado y para un occidental urbano cualquier percepción semejante será negada, reprimida o tratada como fantasía, ya que esa experiencia no pertenece al mapa perceptual aceptado por su cultura. El estudio de diferentes culturas nos permite percatarnos de esto. Nos damos cuenta que nuestro modo de “ser humanos” no es único, que hay otras posibilidades, otros valores y creencias. La cultura es una construcción social y, a pesar de que nos identifiquemos con ella, no somos Eso. Aquello que llamamos real es una construcción, no es Real con mayúscula, en este sentido puede ser entendido como una ilusión.
Continuará...
Fuente: Patricia MAY URZÚA, De la cultura del ego a la cultura del alma (cap1: EL VIAJE DE NUESTROS TIEMPOS)
Ver también:
De la cultura de l'«ego» a la cultura de l'«ànima» (0)
De la cultura de l'«ego» a la cultura de l'«ànima» (I)
(*) Patricia May Urzúa es Antropóloga y Escritora, se ha dedicado al estudio, práctica y profundización del conocimiento de quiénes somos, de dónde venimos y adónde vamos, desarrollando una línea de pensamiento que incluye la antropología espiritual, la evolución de la conciencia humana y las filosofías espirituales. Es co-creadora de la Escuela del Alma, espacio desde donde guía y acompaña el proceso de despertar espiritual consciente en el mundo actual.
Per a «construir» junts...
«És detestable aquest afany que tenen els qui, sabent alguna cosa, no procuren compartir aquests coneixements».
(Miguel d'Unamuno, escriptor i filosof espanyol)
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Recorda, cada pensament que cultivem, cada acció que emprenem, cada petit acte d'amor i de comprensió que realitzem i cada connexió que establim amb altres ens apropa un pas més al futur que estem cridats a crear.
(Pierre Teilhard de Chardin (1881–1955) jesuïta, paleontòleg i filòsof francès)
Para «construir» juntos...
«Es detestable ese afán que tienen quienes, sabiendo algo, no procuran compartir esos conocimientos».
(Miguel de Unamuno, escritor y filósofo español)
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Recuerda, cada pensamiento que cultivamos, cada acción que emprendemos, cada pequeño acto de amor y de comprensión que realizamos y cada conexión que establecemos con otros nos acerca un paso más al futuro que estamos llamados a crear. (Pierre Teilhard de Chardin (1881–1955) jesuita, paleontólogo y filósofo francès)

