2005-15
10è ANIVERSARI

titol

Maternidad subrogada: el factor bio-psico-emocional

EL VINCULO PRIMARIO madre-hijo

El vínculo. La herida. La causa de la herida

  • El vínculo madre biológica-hijo: naturaleza y características.
  • La formación del vínculo primario madre-hijo durante la gestación y las consecuencias de su alteración, deterioro o quiebra tras el nacimiento.
  • La continuidad y calidad del vínculo madre-hijo durante la gestación y tras el nacimiento constituye uno de los ejes vertebradores para un sano y equilibrado desarrollo bio-psico-emocional del futuro ser humano.

ECOLOGIA HUMANA: Por una gestación humana en condiciones y "digna".

La actualidad sociológica y política nos trae aquí…. En España el debate sobre la “maternidad subrogada” está en el candelero de la mano e interés de algunos partidos políticos. Sin embargo, en todas pero especialmente en algunas cuestiones (especialmente cuando nos referimos a cuestiones antropológicas) tendremos que ser especialmente cautos y ponderados puesto que en ello nos va el futuro ennoblecido o degradado de nuestra especie. Experimentar según con qué elementos de la realidad puede resultar estimulante y esperanzador, pero realizar según qué experimentos antropológicos con la especie humana no siempre acarrea resultados positivos y en ocasiones a la larga puede resultar hasta demoledor y destructivo, especialmente si se pretenden llevar a cabo alterando procesos bio-psico-emocionales que el ingente esfuerzo evolutivo de nuestra especie ha consolidado con éxito a lo largo de su arduo proceso filogenético. Hay toda una aportación al respecto de la investigación y la ciencia a tener en cuenta y que no conviene despreciar.

La ciencia y la técnica forman parte fundamental del ambiente cultural en el que vivimos. Ambas progresan a pasos agigantados. El abanico de posibilidades que nos ofrecen, impresionante. Sus repercusiones, muy grandes. Pero a pesar de su inmenso potencial, por si mismas, no nos indican cómo tenemos que orientarnos, hacia dónde tenemos que ir, qué camino debemos tomar, la orientación con la que debemos utilizarlas. Su utilización a lo largo de la historia ha servido para lo mejor, pero también para lo peor (holocausto, bomba atómica…). Su aplicación para determinados fines en el ámbito humano debería ser debidamente ponderada y adecuadamente regulada.

Los avances de la ciencia en materia de reproducción humana asistida han sido espectaculares en las últimas décadas. Nuevas técnicas están haciendo posible engendrar seres humanos en los llamados “vientres de alquiler”. Los medios de comunicación se hacen eco de ello, a menudo presentándolo jactanciosamente como un gran progreso de la civilización. El fenómeno, junto a otros que se están produciendo entre nosotros también en el ámbito antropológico, es crucial para el futuro de la humanidad por las implicaciones y consecuencias que conllevan (¿poshumanidad?).

Nos hallamos pues, sin duda, ante un debate cultural de fondo en el que está en juego la orientación del futuro antropológico de la especie humana. Resulta por tanto oportuno examinar este tipo de cuestiones ofreciendo al gran público otros referentes y puntos de vista, perspectivas lo más amplias posibles, que también forman parte del debate público y plantearnos algunas cuestiones relevantes en relación, por ejemplo, con la aplicación de ciertas técnicas reproductivas al ámbito humano y experimentos antropológicos concomitantes que, importados de otras latitudes, están irrumpiendo entre nosotros, a fin de comprender mejor las implicaciones y consecuencias derivadas de dichas prácticas. En el debate que se tiene sobre la también llamada “maternidad subrogada” aparecen aspectos diversos: técnicos, biomédicos, legales, jurídicos, sociológicos, éticos y morales… sin olvidar las consecuencias antropológicas, psicológicas, personales que se derivan para los directamente implicados y para el conjunto de la sociedad.

Las neurociencias nos muestran datos relevantes sobre las repercusiones de unas condiciones óptimas de gestación y el trato adecuado que se debe prestar al ser humano que se está engendrando para un sano y equilibrado desarrollo psíquico. La calidad de la relación madre-hijo, el vínculo establecido entre ambos, tanto durante la gestación como posteriormente la continuidad del mismo tras su nacimiento, aparece como eje vertebrador del desarrollo bio-psico-social del futuro ser humano. En el debate social a menudo se destaca el interés y el deseo de las parejas que acuden a dichas técnicas para ser padres... pero da la impresión que no siempre se prioriza pensando en función del mejor interés para los futuros hijos. Es la importancia capital de dicha relación la que nos proponemos resaltar ahora. Las nuevas investigaciones afirman que toda experiencia temprana a partir de la concepción afecta a la arquitectura del cerebro. Todo lo que la madre siente y piensa al estar embarazada se lo transmite a su hijo. Las primeras experiencias de vida constituyen los fundamentos de la personalidad futura. Las circunstancias en las que somos concebidos, gestados, paridos, nutridos y criados forman los patrones básicos de nuestra manera de ser, nuestras creencias implícitas y guion de vida.

Garantizar las adecuadas condiciones para un sano desarrollo humano: ¿Hacia dónde nos queremos encaminar: hacia un futuro ennoblecido de nuestros congéneres o degradado como especie? ¿No sería lo más razonable preservar y proteger las mejores y más óptimas condiciones de gestación de nuestros vástagos? ¿En dichas prácticas se garantizan las adecuadas condiciones de gestación, las propias de una «ecología humana» digna, a las que todo ser humano tiene derecho desde el momento de su concepción? El sano desarrollo humano es mucho más que la mera gestación biológica… No sólo se ha de garantizar el adecuado desarrollo biológico, sino asegurar también las condiciones que hagan posible el no menos importante y adecuado desarrollo psico-emocional del futuro ser humano, fundamento y base de su futura salud psíquica. No es solo cuestión de ciencia y de técnicas, de derechos o deberes, de altruismo o mercantilismo, etc… Otros muchos factores, entre ellos los de carácter bio-psico-emocional, inciden también sobremanera en la conformación de la dimensión psíquica de la nueva vida humana.

La calidad del vínculo madre-hijo: Las neurociencias nos indican que la consonancia emocional entre ambos es crucial. Y es ahí donde surgen también algunas razonadas prevenciones y objeciones, en concreto respecto a las condiciones de gestación del nuevo ser humano, la relación y consonancia emocional con la madre gestante, la “calidad” del vínculo establecido con ella, las consecuencias que se derivan de la continuidad o quebranto del mismo tras su nacimiento, la posterior consonancia emocional con los nuevos padres, las cuestiones relacionadas con la conformación de la propia identidad...  y las consecuencias de todo ello para el sano o patológico desarrollo psíquico de quienes, tras ser desvinculados traumáticamente de la madre gestante, con la que han estado fundidos emocionalmente durante el período de gestación, son transferidos a los nuevos padres con las repercusiones que de todo ello se derivan para el ulterior desarrollo psíquico del nuevo ser. Presentamos pues algunas reflexiones concomitantes con estas cuestiones.

La autora que vamos a seguir, madre de dos hijas -una adoptada- es graduada en psicología y poseedora de un master en Psicología clínica. Además de su trabajo clínico y en adopciones imparte enseñanzas sobre los efectos del trauma infantil y la privación precoz, causados por la separación prematura de la madre bajo diferentes circunstancias.

Antes de tomar cualquier decisión “política” convendría conocer mejor lo que acontece a lo largo de las 40 semanas de gestación a través del relato de la evolución de la primera célula en su maravilloso trayecto de feto a bebé no solamente desde un punto de vista fisiológico-anatómico, sino también desde una perspectiva bio-psico-emocional y anímica, la relación y el vínculo “telúrico” que se va urdiendo entre madre e hijo desde la concepción hasta el nacimiento y los riesgos de una eventual “alteración” de ese “natural e indestructible” vínculo antropológico antes y posteriormente al mismo.

Muchos médicos y psicólogos comprenden que el vínculo no empieza con el nacimiento, sino que es una secuencia de hechos fisiológicos, psicológicos y espirituales que empiezan en el útero y continúan a través de todo el período de vínculo postnatal. Cuando se interrumpe esta evolución natural a causa de una separación postnatal de la madre biológica, la experiencia resultante de abandono y pérdida queda troquelada de forma indeleble en el psiquismo inconsciente de estos niños, causando lo que nuestra autora llama la “herida primaria” N. NEWTON VERRIER (estudiosa e investigadora de los efectos del trauma infantil y la privación precoz, causados por la separación prematura de la madre).

  1. El debate sobre la maternidad subrogada y el factor bio-psico-emocional. La aportación de la investigación en torno la importancia determinante del vínculo madre-hijo.

    1. El debate En el debate público que se tiene sobre la llamada “maternidad subrogada” o popularmente también conocida como  “vientres de alquiler” se plantean aspectos diversos: mercantilistas, legales, jurídicos, técnicos, médicos, sociológicos, axiológicos, éticos y morales... pero a menudo se obvian aspectos no tan tangibles, aunque no por ello menos importantes, como el factor bio-psico-emocional, las consecuencias bio-psico-emocionales derivadas de dicha técnica de reproducción asistida para madre gestante e hijo, para su entorno familiar y en general para el conjunto de la sociedad. En el debate social a menudo se destaca el interés y el deseo de las parejas que acuden a dichas técnicas para ser padres... pero no siempre se prioriza pensando en función del mejor interés para los futuros hijos. Es pensando en el interés superior de los hijos que conviene resaltar un punto crucial: la importancia y calidad del vínculo madre-hijo y las consecuencias de su continuidad o deterioro, ruptura o quiebra tras el nacimiento. Es la importancia capital de dicha relación materno-filial y sus avatares diversos lo que nos proponemos resaltar ahora.
    2. Las primeras experiencias de vida constituyen los fundamentos de la personalidad futura.

      Las circunstancias en las que somos concebidos, gestados, paridos, nutridos y criados forman los patrones básicos de nuestra manera de ser, de nuestras creencias implícitas y de nuestro guion de vida. La conexión entre madre e hijo, llamado vínculo materno, comienza en la gestación. Es ahí cuando comienza el principio del todo, es ahí cuando madre e hijo se fusionan en un mismo ser, el cordón umbilical es la conexión física, pero existe una conexión natural muchísimo más fuerte que jamás podrá deshacerse.

      La vida intrauterina constituye nuestra verdadera escuela primaria. Lo que un niño sienta o perciba ya antes de nacer, comenzará a modelarlo e influirá en sus actitudes y expectativas de sí mismo. Los estados emocionales maternos durante la gestación pueden influir positivamente o negativamente al desarrollo emocional de un niño. Las neurociencias nos muestran datos relevantes sobre los efectos positivos de unas condiciones óptimas de gestación y crianza, el trato adecuado que debe dispensarse al nuevo ser humano que se está engendrando y las consecuencias beneficiosas o perjudiciales de esas prácticas para su sano y equilibrado desarrollo psíquico. La calidad de la relación madre-hijo, la calidad el vínculo establecido entre ambos, tanto durante la gestación como posteriormente la continuidad del mismo tras su nacimiento, aparece como eje vertebrador del desarrollo bio-psico-emocional y social del futuro ser humano. Todo lo que la madre siente y piensa al estar embarazada se lo transmite a su hijo.

      Las investigaciones afirman que toda experiencia temprana a partir de la concepción afecta a la arquitectura del cerebro. Existe cada vez una literatura experimental y clínica más amplia sobre la formación del vínculo madre/hijo durante la gestación y las consecuencias que acarrea la continuidad, discontinuidad o ruptura de dicho vínculo tras el nacimiento para el desarrollo psíquico del hijo, consecuencias que se arrastrarán no solamente durante la infancia sino también en el transcurso de su vida adulta.

    3. “Naturaleza” y “calidad” del vínculo: su importancia

      El niño ha compartido una sorprendente experiencia de 9 meses con una persona con la cual ha estado conectado biológicamente, hormonal, emocional y anímicamente y con la que se ha vinculado durante el período de gestación, de forma más o menos empáticamente en función de la “calidad” de ese vínculo. Ese vínculo, como cualquier madre conoce por experiencia propia, no comienza ex-novo con el nacimiento, sino que es una secuencia de hechos fisiológicos, psicológicos, emocionales y espirituales que empiezan en el útero y continúan a través de todo el período de desarrollo postnatal.

      La comunicación entre la madre y el feto durante la gestación es de naturaleza bio-psico-emocional y anímica. La existencia de un fortísimo vínculo de naturaleza no sólo biológica sino psicológica, emocional y anímica urdido entre madre e hijo a lo largo de todo el proceso de gestación es de capital importancia. Un torrente de hormonas y neurotransmisores son liberados por la madre a la circulación sanguínea y luego transmitidos a la circulación del bebé a través de la placenta. A ello no es ajeno el estado emocional y anímico de la madre. El estado emocional y anímico de la madre no es aséptico en dicha transmisión e intercomunicación y determinará en gran medida cuál vaya a ser la respuesta del feto a ese estado maternal. La “calidad” de ese vínculo es trascendental y condiciona indefectiblemente el desarrollo futuro del hijo. Un punto clave es el mayor o menor grado de implicación y “consonancia emocional” de la madre hacia el hijo que está gestando. ¿Qué sentimientos hay en la madre gestante y qué transmite al hijo que está gestando? ¿Qué vínculo establece la madre con el ser que está gestando?, ¿Cuál es la “calidad” de dicho vínculo? ¿Cómo repercutirá la calidad de ese vínculo en la construcción, por ejemplo, de la identidad personal y la salud psico-mental de ese hijo a lo largo de su vida?

      ¿Cuáles pueden ser los efectos y consecuencias de la falta de “consonancia emocional”, deterioro, rotura, quiebra de ese vínculo, tan laboriosamente tejido entre madre biológica-hijo para el más o menos saludable, equilibrado y armonioso desarrollo psíquico del bebé? El quebranto, la quiebra, la ruptura, la continuidad o no del vínculo (recordemos de naturaleza bio-psico-emocional) con la madre gestante, en ocasiones puede resultar demoledor para el futuro bebé. Que ese vínculo se extiende más allá del nacimiento físico haciendo posible el verdadero nacimiento psicológico del bebé es algo también fundamental para un sano, equilibrado y armónico desarrollo psíquico.

  2. Aportaciones de la investigación sobre los efectos del "trauma infantil" y la "privación precoz", causados por la separación prematura de la madre.

    1. Aportaciones

      Continuaremos nuestra reflexión siguiendo las aportaciones de N. NEWTON VERRIER quien en su obra (“El niño adoptado. Comprender la herida primaria” Ed.Albesa), hace unas interesantes aportaciones al respecto, basadas en su propia experiencia personal, en su doble condición de madre natural y madre adoptiva, y a partir de los estudios e investigaciones llevados a cabo por ella misma al hilo de los problemas que presenta una gran parte de la población adoptada, en concreto los efectos del trauma infantil y la privación precoz, causados por la separación prematura de la madre bajo diferentes circunstancias. Sus reflexiones y aportaciones, aunque centradas en la problemática que genera el fenómeno de la adopción sobre todo en los directamente afectados pueden ser extrapolables a otras circunstancias y situaciones que comparten con la adopción un, en el fondo, análogo denominador común: la perturbación, alteración, discontinuidad, quiebra o ruptura del intenso vínculo urdido entre madre biológica e hijo a lo largo del proceso de gestación.

      La autora, (madre de dos hijas -una adoptada- es graduada en psicología y una investigadora de los procesos psicológicos derivados del fenómeno de la “adopción”), partiendo de su propia experiencia como madre natural de una hija y como madre adoptiva de otra, ha podido experimentar los avatares del sufrimiento, trastornos de conducta y dificultades por los que atraviesan mucha de la población adoptada, planteándose e investigando clínica y científicamente las causas de dicha problemática…. Sus conclusiones y resultados son cotejados con las opiniones de otros estudiosos e investigadores de áreas concomitantes con dicha problemática. Parte de ellos son personalidades relevantes en la literatura de la deprivación, y la pérdida dentro del campo de la “deprivación afectiva” y lo que podríamos denominar psicología “carencial”.

      La autora en la primera parte de su obra nos relata la comprensión intuitiva de lo que le estaba ocurriendo a su propia hija adoptiva y los resultados de la investigación científica llevada a cabo posteriormente por ella misma y ampliada a otros muchos adoptados que presentaban semejante problemática. El meollo de la cuestión estaba centrado en indagar la importancia e influencia del vínculo establecido, dentro del útero entre la madre y el hijo durante el período de gestación, la existencia de una fortísimo y trascendental vínculo establecido entre ambos a lo largo de todo el proceso de gestación.

    2. La herida

      Notamos, afirma la autora, como nuestra hija adoptiva, alguien que fue adoptada casi en el momento del nacimiento, que no estuvo nunca en un orfanato y que fue verdaderamente deseada y querida por nosotros, parecía estar sufriendo un gran malestar. Algo les ocurría a los niños adoptados ya que bastantes de ellos estaban bajo tratamiento psicoterápico. Los niños adoptados que llevaban a cabo un tratamiento psicológico presentaban síntomas relativamente constantes de características impulsivas, provocativas, agresivas y antisociales. ¿Cuál es la causa de esta gran incidencia de trastornos sociológicos, escolares y psicológicos entre la población adoptada?

      No tenía la más remota idea de que la adopción tuviera nada que ver con los trastornos de conducta que estaba experimentando mi hija. Lo que descubrí es lo que llamo la “herida primaria”, una herida que es física, emocional, psicológica y espiritual, y una herida que causa un dolor tan profundo que ha llegado a ser descrita como una herida a "nivel celular”. Llegué a la conclusión de que esta herida era causada por la separación del niño de su madre biológica, el vínculo con la cual da la sensación de ser místico, misterioso, espiritual e imperecedero. En esos niños el abandono, la pérdida o la separación de la madre biológica produce un sentimiento profundo, a menudo desgarrador, desorganizador, como consecuencia de la quiebra, de ese vínculo natural (biológico, emocional, anímico…) que durante nueve meses el feto ha ido tejiendo con su madre natural-biológica…. se trata del "trauma inicial" o "herida primaria". Una herida presente en su psiquismo, del cual no tiene un recuerdo consciente... pero que está ahí gravada en su memoria corporal.

      Los investigadores de la vida prenatal enfatizan que lo que un niño sienta o perciba ya antes de nacer, comenzará a modelarlo e influirá en sus actitudes y expectativas de sí mismo. La fuente fundamental de estos mensajes modeladores es su propia madre. La disposición anímica, los estados emocionales maternos, pueden contribuir positivamente o negativamente al desarrollo emocional de ese niño que está gestando. La vida en el útero está completamente ligada a su madre y se verá afectado por todo lo que ella diga, sienta, piense o espere. Lo que esa madre puede estimular en el feto de positivo, serán tendencias profundas tales como sentido de seguridad y autoestima, creando un cálido, emocionado y enriquecedor ambiente intrauterino para el feto. Todo el flujo bioquímico y hormonal desencadenado a partir de ella bañará el hipotálamo (sector de nuestro sistema nervioso, responsable de ser el regulador emocional del organismo), la corteza cerebral y el sistema endocrino del bebé que reaccionarán y comenzarán a predisponer su conducta y sus respuestas.

      Otros investigadores señalaron que lo que encontraron fue una “sorprendente regularidad de los problemas de conducta entre los adoptados, tanto si la familia era funcional o disfuncional”. Según la opinión de nuestra autora, ello significa que hay algo intrínseco en la relación adoptiva que es único e inevitable, prescindiendo de la mayor o menos estabilidad que pueda tener la pareja adoptiva. En su búsqueda de este “algo intangible” se dio cuenta de que la literatura sobre la adopción no lo tenía en cuenta o sólo de manera implícita. Nadie hablaba de ello. Así pues, se hacía necesario ir más allá de la adopción e investigar las áreas de la psicología prenatal y perinatal del vínculo, del abandono y de la experiencia de la pérdida.

      En el útero y tras el nacimiento la madre lo es todo para el bebé, ella es “todo su mundo” (le proporciona alimento, seguridad, bienestar, confort...). La ruptura, la quiebra de aquella genuina “conexión” inicial (biológica, emocional, psicológica, anímica...) con la madre que lo está gestando… puede acarrear posibilidades de desarrollar trastornos diversos a lo largo de su desarrollo. La ruptura del vínculo ejerce un impacto tremendo y para siempre, tanto en la vida de la madre como en la del niño, afirma. Para estos bebés y sus madres, la renuncia y la adopción son experiencias de las cuáles nadie se recupera plenamente, termina sentenciando.

    3. La causa de la herida

      Muchos médicos y psicólogos comprenden que el vínculo no empieza con el nacimiento, sino que es una secuencia de hechos fisiológicos, psicológicos y espirituales que empiezan en el útero y continúan a través de todo el período de vínculo postnatal. Cuando se interrumpe esta evolución natural a causa de una separación postnatal de la madre biológica, la experiencia resultante de abandono y pérdida queda troquelada de forma indeleble en el psiquismo inconsciente de estos niños, causando lo que nuestra autora llama la “herida primaria”.

      Y Podemos preguntamos, ¿cómo se puede probar o ni siquiera sostener algo que es preverbal, es decir, una herida en el psiquismo, resultante de un trauma del cual la persona no tiene un recuerdo consciente?  ¿Cuál es la causa de que tenga lugar una herida tan devastadora en el psiquismo de los hijos que han sido separados de su madre biológica? Las implicaciones de este descubrimiento y las respuestas que suscita tendrán que influir, en el futuro, en la manera de pensar acerca de la importancia de la relación madre/hijo y en las consecuencias para la unidad familiar y su entorno de su comportamiento.

      Con demasiada frecuencia, en nuestra aproximación al recién nacido tratamos con él como si fuese exactamente eso; algo totalmente nuevo. Olvidamos el hecho que el recién nacido es en realidad la culminación de una experiencia asombrosa que ha durado 9 meses. Generalmente se ignora o se pasa por alto un hecho simple pero crítico: el niño que experimenta esos problemas “estaba allí”. Lo que en realidad experimentó es que era dejado por su madre biológica y cedido a unos “extraños”. Se trate de pocos días o pocos minutos no supone ninguna diferencia. El niño ha compartido una experiencia de 9 meses con una persona con la cual probablemente, se vinculó en el útero, y a la cual está conectado biológicamente y, quizá incluso de manera más importante, vinculado psicológica, emocional y espiritualmente.

      Mahler, Pine y Bergman suscriben la idea de que el nacimiento físico y el nacimiento psicológico no ocurren simultáneamente, y que durante algunos meses después de que el nacimiento físico haya tenido lugar el niño continúa, psicológicamente, fusionado con la madre. El fenómeno del nacimiento físico puede ser observado y documentado fácilmente. Contrariamente, el proceso intrapsíquico del nacimiento psicológico que se desarrolla lentamente ocurre de forma inadvertida para cualquiera que no sea la madre y el niño. El bebé, al ir madurando durante el primer año de vida, empieza a sentirse como un ser separado de su madre y no tanto como una prolongación de ella. Debido a este proceso la madre se convierte en la fuente de su seguridad y de satisfacción de sus necesidades. El significado de este proceso para el sentimiento de bienestar del niño nos debería poner en guardia del descalabro que puede producirse si este lazo se corta prematuramente debido a la interrupción de la continuidad del vínculo.

      Algunos clínicos que trabajan con niños adoptados han hecho notar que todos tienen, esencialmente, los mismos problemas, tanto si han sido adoptados en el momento del nacimiento, o en la pubertad y adolescencia. Estos problemas están centrados en las áreas de separación y pérdida, confianza, rechazo, culpa y vergüenza, identidad, intimidad, lealtad y dominio, o poder y control. Mi trabajo clínico, afirma la autora, me ha mostrado que la mayoría de estos problemas se presentan también en personas que han sido colocadas en incubadoras o que, por otras razones, han tenido que separarse de su madre biológica en el momento del nacimiento, aunque se hayan vuelto a reunir con ella posteriormente. La constante presencia de estos problemas entre los adoptados y los “bebés de incubadora” sugiere que es la experiencia de sentirse abandonado por la madre natural la que causa la “herida primaria”.

Fuente:N. NEWTON VERRIER: El niño adoptado. Comprender la herida primaria. Ed. Albesa

Ver también:

El útero, nuestra verdadera escuela primaria

«Vientres de alquiler»: ¿progreso o aberración antropológica?

Experiències primerenques

Actitud dels pares i regulació emocional de l'infant

EDUCACIÓ FAMILIAR