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La cara oculta de las guerras:
Traumas a consecuencia de las guerras (II)

Los traumas de guerra y sus efectos psicológicos

A lo largo de la historia, la humanidad ha sido testigo de incontables conflictos bélicos que han dejado profundas huellas tanto en los individuos, como en las comunidades e incluso naciones enteras.

El conflicto armado crea gran escasez en los productos básicos. Es evidente que un conflicto bélico genera gran impacto a nivel social y económico, pero ¿qué hay de la huella que deja a nivel psicológico? ¿Cómo es el trauma de vivir en una guerra? Los traumas de guerra no solo afectan a los soldados que enfrentan directamente la violencia, sino también a las familias, los civiles y, en muchos casos, a generaciones enteras que crecen bajo las secuelas de estos conflictos devastadores.

Examinamos algunos traumas producidos por la guerra desde una perspectiva psicológica y social, centrándonos en cómo se manifiestan estos traumas y cómo impactan en la vida de las personas.

Las guerras

Las situaciones que pueden socavar la salud física y mental de la población son muchas y variadas: guerras, conflictos de todo tipo, pandemias, desastres naturales, guerras como las de Rusia y Ucrania o conflicto en Oriente medio, entre Israel y Gaza, guerra contra Irán y otros muchos conflictos que no acaparan tanto la atención de los medios de comunicación. El abanico de consecuencias también resulta variado: humanos enfrentados a pérdidas, lugares devastados, niños consternados, familias separadas, obligadas a abandonar sus hogares y países de procedencia.

Lamentablemente, son incontables las guerras y los conflictos bélicos que se han dado a lo largo de la historia de la humanidad. Múltiples y variados son los motivos que los han originado. Una guerra tiene grandes y graves consecuencias para las personas que la viven. Los distintos conflictos que hay en el mundo crean sin duda un gran dolor físico, pero no podemos olvidarnos del lado emocional. Ni, tampoco el que causa a personas que no están directamente implicadas en el conflicto.

La Guerra es el enfrentamiento organizado de grupos humanos armados, con el propósito de controlar recursos naturales, por razones religiosas o culturales, por mantener o cambiar las relaciones de poder, para dirimir disputas económicas o territoriales. Existen diferentes formas de guerra. Pero todas en dependencia de su magnitud traen consecuencias psicológicas para el ser humano.

La guerra es en su acepción más completa un verdadero desastre, provocada por el hombre, es una emergencia, un caos desde todos los puntos de vista: en el aspecto político a menudo se intenta socavar el régimen político existente. En el aspecto económico se destruye la infraestructura económica existente.  En el aspecto cultural es la pérdida de los valores históricos culturales atesorados por la nación o comunidad, el desarraigo de la cultura e imposición de una nueva que nada tiene que ver con la anterior. En lo social la guerra afecta a todos los sectores, se produce una desorganización de la sociedad. En el aspecto humano se presentan olas de violencia, violación, atropellos, deshumanización por el ocupante, pérdida de la espiritualidad, de la autoestima, de los atributos humanos. Constituye una violación flagrante de los derechos humanos. Se produce la desintegración de las familias, por muerte de sus miembros o desplazamiento, éxodo y refugio. Con relación al Medio ambiente la guerra causa destrucción física y perturbación de hábitats naturales. Perece la vegetación como resultado de las batallas; desertificación y extinción de especies o subespecies endémicas.

Para la Salud Pública las guerras pueden causar un número inesperado de muertes, lesiones o enfermedades, que exceden las capacidades de los servicios locales de salud. Destruye las infraestructuras locales de salud, como los hospitales, unidades de los ministerios de salud, clínicas privadas. También pueden alterar la prestación de los servicios rutinarios y actividades preventivas, con graves consecuencias a corto, mediano y largo plazo, en términos de morbilidad y mortalidad. Genera efectos adversos sobre el ambiente y la población al aumentar el riesgo de enfermedades transmisibles y los peligros ambientales. Afecta el comportamiento psicológico y social en las comunidades; generalmente luego de un desastre se presenta ansiedad, neurosis y depresión. Las poblaciones se exponen a un grado de tensión máxima o extrema con las consiguientes afectaciones a la salud mental. Causa grandes movimientos de población, espontáneos u organizados, a menudo hacia áreas donde los servicios de salud no pueden atender la situación.

Los traumas de guerra

Los traumas causados por la guerra hacen referencia a las huellas que ha dejado vivir una experiencia en la cual la integridad física de la persona ha corrido un grave peligro. El hecho de haber estado expuesto/a de alguna forma a un conflicto bélico genera, sin duda, consecuencias a nivel físico, emocional y/o psicológico. Las secuelas pueden variar en función de lo que cada persona haya experimentado y de sus propios recursos de afrontamiento.

La guerra trae consigo una serie de experiencias que pueden desgarrar la psique de los individuos, y, los traumas de guerra, en particular, se manifiestan en una variedad de formas que van desde el estrés postraumático (TEPT) hasta trastornos depresivos, ansiedad, entre otros. Las consecuencias psicológicas de vivir o participar en una guerra varía según las circunstancias, la duración del conflicto y la capacidad de resiliencia de la persona, pero los efectos son palpables y a menudo devastadores. El trauma de guerra no solo se experimenta en el campo de batalla, sino que sigue presente mucho tiempo después del cese de las hostilidades. Los individuos que lo padecen suelen revivir las experiencias traumáticas a través de pesadillas, flashbacks, y una sensación constante de alerta o hipervigilancia.

De acuerdo con estudios recientes, una gran proporción de los veteranos que han participado en conflictos bélicos presentan síntomas de TEPT, un trastorno que surge a raíz de la exposición a eventos traumáticos intensos. El trastorno por estrés postraumático es la entidad más frecuente en las víctimas de la guerra, pero existen otros trastornos mentales que hay que tener en cuenta. En víctimas de situaciones de combate en países de bajos ingresos se han encontrado prevalencias de TEPT de 15,8% en Etiopía, de 17,8% en Gaza, de 28,4% en Camboya y de 37,4% en Argelia. La OMS calcula que, en este tipo de conflictos, el 10% de las personas que viven experiencias traumáticas suelen sufrir graves problemas de salud mental y otro 10%, comportamientos que dificultarán su capacidad para vivir con normalidad.

Efectos de la guerra en la salud mental

Principales secuelas psicológicas y sociales. Algunos de los traumas de guerra que pueden presentarse: Trastorno de Estrés Postraumático, ansiedad y depresión, transmisión intergeneracional, dificultad de la reintegración social… Los traumas de guerra son heridas psicológicas profundas y persistentes, como el trastorno de estrés postraumático (TEPT), ansiedad, depresión y culpa del superviviente, que afectan tanto a combatientes como a civiles. Estos traumas pueden derivar en insomnio, pesadillas, disociación y comportamientos agresivos o de evitación.

Efectos psicológicos. Una de las consecuencias psicológicas observada con más frecuencia en personas que han vivido una guerra de alguna forma es el Trastorno por Estrés Postraumático (TEPT).  Este es una grave patología de salud mental que se caracteriza principalmente por la reexperimentación involuntaria del trauma. Los principales síntomas se asocian con recuerdos intrusivos sobre el suceso (o los sucesos) traumático —puede darse en forma de flashbacks y/o pesadillas recurrentes—, conductas de evitación, sentimientos de desesperanza, desconexión del entorno y de uno/a mismo/a, baja autoestima y dificultad para mantener los vínculos entre otros. Además, se pueden observar también dificultades de memoria, pérdida de interés en actividades que antes eran placenteras, cambios en el estado de ánimo y dificultad para sentir emociones agradables.

Además del Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT): Reexperimentación de eventos traumáticos, angustia extrema y pesadillas. Pueden darse también otros efectos :Fatiga de Combate: históricamente conocida, implica inestabilidad emocional, apatía, trastornos del sueño y síntomas físicos como temblores. Ansiedad y Depresión: la incertidumbre y la violencia continua generan crisis crónicas. Reacciones en Niños: incluyen enuresis, miedos, agresividad y dificultades en el desarrollo. Hipertensión Emocional: La ansiedad severa causa respuestas físicas, aumentando la presión arterial de forma crónica. Trastornos disociativos: disociarse consiste en desconectar a nivel emocional de lo que nos rodea. Es un mecanismo de protección de nuestro cerebro, pero que también tiene un coste. Al ser recuerdos, emociones y vivencias lo que nuestra mente bloquea, la persona no procesa lo sucedido, pero los sucesos se quedarán guardados con la misma intensidad que los ha vivido, pudiendo volver a activarse y experimentarse en cualquier momento. Ante situaciones de tal intensidad es esperable que se presente un estado de ansiedad reactiva entre la población, una respuesta proporcionada por nuestro organismo que nos permite adaptarnos a la situación que estamos viviendo y permite al ser humano sobrevivir y prepararse, sin embargo, si esta condición se mantiene en el tiempo dará lugar a una gran herida emocional tanto en niños como en adultos. Impacto a Largo Plazo: Trauma Intergeneracional: Estudios científicos sugieren que los traumas de guerra pueden heredarse biológica y psicológicamente a generaciones futuras. A pesar de la alta incidencia de enfermedades mentales en conflictos (1 de cada 5 personas), la atención a la salud mental suele recibir escasa financiación.

Efectos físicos. Si bien es cierto que las secuelas psicológicas de haber vivido una guerra son innegables, no podemos decir que sean las únicas. A nivel físico, las personas pueden haber padecido heridas, lesiones, amputaciones y cualquier otro tipo de afectación. Su intensidad y grado de limitación física variará en función de su exposición al conflicto o de su vivencia.

Además, los efectos y consecuencias psicológicas o emocionales, pueden desencadenar sintomatología física también. El cuerpo y nuestra mente están conectados, somos un todo, y en este tipo de situaciones es fácilmente observable la conexión. Es habitual encontrar dolencias físicas que, con frecuencia, no tienen un origen orgánico. En la misma línea, el estrés que se genera en el cuerpo tanto durante el conflicto como posteriormente puede tener graves consecuencias para la salud. El estrés crónico incrementa la probabilidad de padecer otro tipo de enfermedades como las cardiovasculares o gastrointestinales. Igualmente, se altera el funcionamiento del sistema inmunológico.

Efectos sociales y económicos. Ya se ha mencionado anteriormente que todo lo vivido tiene un impacto gravísimo a nivel individual, pero también afecta a los vínculos relacionales de las personas. Con frecuencia, las personas que están padeciendo de las secuelas de la guerra tienen una mayor tendencia al aislamiento social y refieren muchos problemas a nivel relacional —tanto con la familia como en el trabajo y con las amistades—. Estas dificultades para conectar a nivel interpersonal, junto con los problemas para regular sus propias emociones y sensaciones físicas, así como manejar la ira y las explosiones de agresividad, pueden contribuir a un incremento de los episodios de violencia doméstica. Las personas se suelen sentir aisladas, desconectadas de la sociedad y la comunidad.

A nivel social, es importante comprender que todo esto también genera un gran impacto. El trauma de guerra puede contribuir a la perpetuación de los ciclos de violencia debido a la falta de apoyo, comprensión de la situación y ausencia de abordaje de estas problemáticas. A nivel económico, el trauma de guerra puede contribuir a la perpetuación de la pobreza puesto que las personas que lo padecen pueden presentar dificultades reales para mantener sus puestos de trabajo. Además, no se puede obviar el elevado coste que puede llegar a suponer el tratamiento del mismo. Sin duda, pueden incrementarse las situaciones de dependencia hacia las ayudas o prestaciones sociales.

Las consecuencias sicológicas y psiquiátricas. La experiencia de vulnerabilidad y de peligro, de indefensión y de terror, puede marcar en profundidad el psiquismo de las personas, en particular de los niños. El espectáculo de violaciones o torturas, de asesinatos o ejecuciones masivas, de bombardeos y arrasamiento o exterminio de poblados enteros es casi por necesidad traumatizante, sobrepasa los mecanismos de reacción del individuo a situaciones extremas.

Consecuencias para los soldados

Las consecuencias para los soldados es otro aspecto de la guerra: Fatiga de Combate consecuencia directa del intenso estrés psicofisiológico sufrido en el combate. La fatiga de combate produce un deterioro del funcionamiento del combatiente y su manejo inadecuado puede determinar su evolución hacia un auténtico trastorno mental o baja psiquiátrica. Baja Psiquiátrica en Combate incapacita al sujeto para el combate, lo cual ocasiona baja sanitaria por alteración mental. Conductas Disrruptivas: indisciplina, el quebranto de las normas o de la ley, que pudiendo guardar alguna relación con el estrés bélico, repercuten negativamente en el desarrollo de las operaciones, y cuyo manejo requiere de intervenciones disciplinarias y no médicas. Síndromes de Evacuación que constituyen un amplio porcentaje del conjunto de bajas psiquiátricas y afectando significativamente al desarrollo de las operaciones. Trastornos de Frustración y Soledad. Bajas Psiquiátricas

Impacto sobre la población civil

En más de 100 conflictos bélicos que se han producido en los últimos diez años, más del 80 por ciento de las víctimas son civiles. Las consecuencias psico-sociales de la guerra en la población civil, blanco principal de las víctimas en la guerra contemporánea, es grave. Las consecuencias psicológicas de la guerra en la población civil, la utilización de los niños como soldados, la violencia sexual como arma de guerra. Las mujeres, las jóvenes, e incluso niñas, son a menudo sometidas, violadas, secuestradas y forzadas a la esclavitud sexual o cualquier tipo de abuso sexual son vejadas, humilladas y dañadas en lo más profundo de sus sentimientos psicológicos, y valores morales, lo que también trasciende al grupo social, comunidad, clase social o etnia a la que pertenecen. El deterioro o la destrucción de la infraestructura económica, social y política de las naciones en conflicto impide la atención de las necesidades básicas de la población.

¿Cómo afecta la guerra la salud mental de las mujeres?

A medida que las guerras y crisis se prolongan, el número de mujeres afectadas sigue aumentando. Las mujeres se enfrentan al trastorno por estrés postraumático (TEPT), traumas, ansiedad y depresión con escaso acceso a atención o apoyo. El número de mujeres y niñas atrapadas en conflictos está aumentando a toda velocidad. La proporción de mujeres que fueron asesinadas en conflictos armados puede alcanzar el 40% del total de muertes de la población civil. Hoy en día, más de 600 millones de mujeres y niñas viven en zonas afectadas por conflictos.

Mientras las bombas y balas acaparan los titulares, el trauma de la guerra, el desplazamiento y la represión está teniendo un efecto devastador en la salud mental de millones de mujeres y niñas. Casi todas las personas afectadas por una crisis humanitaria experimentan angustia psicológica. Alrededor de 1 de cada 5 personas desarrollan enfermedades mentales a largo plazo como depresión, ansiedad, TPET, trastorno bipolar o esquizofrenia. Sin embargo, solamente el 2% recibe los cuidados que necesita.

En el Afganistán, las mujeres son excluidas de la vida pública y privadas de futuro. Tras años de innumerables decretos talibanes, la autonomía de las mujeres y niñas ha quedado prácticamente destruida.  Las mujeres han sido eliminadas de la vida pública. No hay mujeres en puestos de liderazgo, y el 98% de las mujeres afirma tener una influencia limitada o nula en las decisiones que se adoptan en sus comunidades.

En Ucrania, la guerra ha provocado un retroceso para las mujeres en todos los frentes. Se dispara la violencia doméstica y la depresión en las mujeres ucranianas.  La violencia de género ha aumentado un 36% desde 2022, las mujeres soportan una mayor carga de trabajo de cuidados no remunerado —hasta 56 horas semanales solo en el cuidado de niñas y niños— y el desempleo se ha disparado. Todo ello está afectando al bienestar de las mujeres. Las mujeres de grupos marginados, incluidas las romaníes, las personas LGBTQI+ y las mujeres con discapacidad, se enfrentan a capas añadidas de trauma y a opciones de apoyo aún más escasas.

En Gaza, las mujeres viven atrapadas en el trauma. Los incesantes bombardeos, desplazamientos y privaciones han provocado una catástrofe humanitaria. Las mujeres y niñas viven bajo el asedio y la amenaza constante de violencia, por lo que se enfrentan a niveles extremos de miedo, trauma y agotamiento. 

Desde principios de 2024, casi el 85% de la población de Gaza se vieron desplazadas por la fuerza. Prácticamente no hay acceso a agua potable, alimentos o electricidad; gran parte de los sistemas sanitarios han sido destruidos y el 90% de la población carece de acceso regular a alimentos. Los sistemas de saneamiento han colapsado y las mujeres y niñas están atrapadas en refugios superpoblados, sin privacidad, servicios básicos ni seguridad.  En estas condiciones, la angustia psicológica es generalizada. Los datos de ONU Mujeres muestran que el 75% de las mujeres padece depresión de forma habitual, el 62% no puede dormir y el 65% sufre pesadillas y ansiedad. Pero, con un acceso limitado a los cuidados, la mayoría de ellas se ven obligadas a arreglárselas solas.Las mujeres no solo se enfrentan a sus propios traumas, sino que también intentan cuidar de sus hijas e hijos. La salud mental de las mujeres está al límite en Gaza. Las mujeres embarazadas, las madres y las niñas son especialmente vulnerables. La carga emocional de mantener las familias a flote recae en gran medida sobre las mujeres. La guerra contra la salud de las mujeres en Gaza no es únicamente física: es mental, emocional e implacable.

La violencia sexual como arma de guerra

A principios de los noventa, la violación como arma de guerra se empezó a utilizar de manera sistemática, primero en Bosnia y después en Ruanda. Las mujeres, las jóvenes, e incluso niñas, son a menudo sometidas, violadas, secuestradas y forzadas a la esclavitud sexual o cualquier tipo de abuso sexual, son vejadas, humilladas y dañadas en lo más profundo de sus sentimientos psicológicos, éticos y morales, lo que también trasciende al grupo social, comunidad, clase social o etnia a la que pertenecen.

Las mujeres violadas padecen durante mucho tiempo sufrimiento y trauma. A veces, esto se traduce en trastornos de salud mental mientras que otras veces se manifiesta de formas menos obvias como vergüenza, culpa, problemas de sueño, dificultades en el funcionamiento de la vida diaria y retraimiento. También presentan pérdida del sentido de la vida, sentimientos de odio, desesperación, desprecio, ira, sufren el síndrome del trauma de la violación, el trastorno por estrés postraumático, transformaciones persistentes de la personalidad tras experiencias catastróficas, angustia, trastornos depresivos. Las mujeres violadas con frecuencia, se ven rechazadas por la comunidad e incluso por sus propios maridos. Estas mujeres, aisladas y avergonzadas, se ven obligadas a sobrevivir como pueden en la pobreza.

Los niños y la guerra

En los últimos diez años, han muerto millón y medio de niños en conflictos armados. Unos 300.000 niños son usados como soldados en 30 países del mundo entero. La UNICEF subraya que las consecuencias psicológicas de este fenómeno, en ambos sexos, son bien conocidas: agresividad, terror durante la noche, ansiedad y depresión, SIDA y problemas de salud específicamente femeninos como lesiones vaginales y en el cuello del útero, abortos, además de retraso escolar y aislamiento general.

Los niños son la población más vulnerable sin duda, ya que su cerebro está en pleno desarrollo, y la situación les marcará de por vida. Convivir con bombardeos, escasez de alimentos, miedo y lejos de su familia y amigos puede generar problemas psicosociales a largo plazo. Esto puede desarrollar problemas de aprendizaje, de comportamiento, de terrores nocturnos, abuso de sustancias o tener una mayor reactividad al estrés. Los niños que han experimentado traumas y estrés severo pueden presentar cambios en su comportamiento y capacidad de aprendizaje, así como retrocesos en su desarrollo físico y emocional. El impacto del estrés prolongado también puede inhibir la creación de neuronas en el cerebro, perjudicando la función cognitiva, el aprendizaje y la memoria.

Los niños experimentan el trauma de la guerra en múltiples niveles. Además de estar expuestos a una violencia extrema, también experimentan el dolor de haber perdido a sus padres, a familiares, sus hogares, pertenencias, sus vínculos comunitarios y a sus amigos.

Y ¿cómo nos afecta psicológicamente a nosotros?

¿Cómo nos afecta psicológicamente toda esta situación a personas como nosotras, aunque lo contemplemos a distancia de alguna manera no nos afecta? La guerra, por lejos que esté, nos afecta a todos a nivel emocional y también a nuestro estado de ánimo. Ver imágenes de personas sufriendo, fallecidas o huyendo hace que empaticemos con ellas y se genere en nuestro interior un sentimiento de malestar. También, reabre heridas en la población que fue testigo de otros conflictos sobre todo en personas de edad avanzada.

Algunas conclusiones

La guerra constituye un verdadero desastre, una emergencia o un caos provocado por el hombre, que determina una desorganización total de toda la sociedad, afectándola desde todos los puntos de vista.

La guerra provoca una afectación ostensible de la salud mental del hombre y trae como consecuencia un aumento significativo de los trastornos mentales. La violencia sexual utilizada como arma de guerra ha traído como consecuencia que las mujeres, las jóvenes, e incluso niñas, son a menudo sometidas, violadas, secuestradas y forzadas a la esclavitud sexual o cualquier tipo de abuso sexual, son vejadas, humilladas y dañadas en lo más profundo de sus sentimientos psicológicos, éticos y morales, lo que también trasciende al grupo social, comunidad, clase social o etnia a la que pertenecen.

Los niños participando como soldados en la guerra o conflictos armados sufren de agresividad, terror durante la noche, ansiedad y depresión, SIDA y problemas de salud específicamente femeninos como lesiones vaginales y en el cuello del útero, abortos, además de retraso escolar y aislamiento general, entre otros síntomas.

Los trastornos psiquiátricos predominantes son: Trastorno por estrés postraumático, trastornos de ansiedad, trastornos depresivos, trastornos emocionales, conductuales, abuso de alcohol y otras sustancias y suicidio.

La salud mental no es un lujo

La guerra no termina cuando cesan los tiroteos. Sus horrores perduran en las mentes de quienes la han padecido. Para las mujeres y niñas que viven en zonas de conflicto, el apoyo a la salud mental no es un lujo. Es esencial para la recuperación, la dignidad y la supervivencia.  El cuidado de la salud mental debe ser una parte esencial de toda respuesta humanitaria, desde el asesoramiento para abordar el trauma o los servicios comunitarios hasta los espacios seguros donde las mujeres y niñas puedan empezar a sanar. 

Terapias para los traumas de guerra. Afortunadamente, en las últimas décadas ha habido avances importantes en el tratamiento de los traumas de guerra. Existen diversas modalidades terapéuticas que han demostrado ser efectivas para ayudar a los individuos a procesar y superar sus experiencias traumáticas. Una de las más comunes es la terapia cognitivo-conductual (TCC), que ayuda a las personas a identificar y cambiar patrones de pensamiento negativos que pueden perpetuar el trauma. Otra técnica innovadora es la desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares (EMDR, por sus siglas en inglés). Esta terapia ha demostrado ser especialmente útil para quienes sufren de TEPT, ya que permite a los pacientes procesar recuerdos traumáticos de una manera que reduce su impacto emocional. Además de las terapias individuales, los grupos de apoyo y las intervenciones comunitarias también juegan un papel crucial en la recuperación. En estos entornos, las personas que han vivido experiencias similares pueden compartir sus historias, obtener validación y recibir apoyo emocional.

Elaboración a partir de materiales diversos

Ver también:

No a la guerra

El sofriment en la societat del benestar

Afrontando las vivencias traumáticas

Los traumas de la guerra (I)

Secuelas de la guerra en la salud mental de los implicados

Traumas a consecuencia de las guerras (II)

 CULTURA DE LA PAU


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