titulo de la web

Trump y el retorno de la barbarie

Cuando la fuerza sustituye al derecho, la humanidad entra en zona de riesgo

Trump y el final del multilateralismo

La administración Trump representa hoy un peligro real para la humanidad, no por reproducir literalmente el pasado, sino por reactivar sus peores y siniestras lógicas.

Cuando Theodore Roosevelt (26.º presidente de los Estados Unidos 1901-1909) definió su política imperialista, rebasó el estático papel colonialista de los imperios y marcó tres características que han identificado la hegemonía USA en la Historia del siglo XX: a) El poder militar estadounidense, base para convertirse en potencia internacional. b) Materializó la doctrina Monroe -enunciada en 1823- arrogándose ilegítimamente el poder sobre los países de Latinoamérica. c) Ideaba para el capitalismo una forma más barata que la del colonialismo para explotar a los países bajo su dependencia: les dejaba “autogobernarse” y pagar sus propias cuentas, sin una dependencia orgánica respecto a la metrópoli; pero reclamaba sus recursos, bajo la exhibición de su fuerza. Inauguró así una nueva forma de relacionarse con el resto del mundo durante todo el siglo XX. Acabada la 2ª gran guerra, el conjunto de pueblos -impactado por la barbarie sin límites, iniciaron una obligada etapa de buscar instancias de diálogo, concordia y cooperación. Así nacen las Naciones Unidas en 1945, con su Corte Internacional de Justicia y su Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948; la Organización Europea para la Cooperación Económica, en 1948, que en 1961 se convirtió en la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico); la Comisión Económica Europea (1957), que culminó en 1993 en la constitución de la Unión Europea y otras organizaciones de diálogo y cooperación internacional, algunas nacidas como organismos de la ONU (Organización Mundial de la Salud, FAO, UNICEF, COP, o Convención sobre el Cambio Climático), y otras, como la Organización Mundial de Comercio. Nació la Era de la cooperación internacional, que lleva en sus raíces una concepción vinculada a los derechos civiles y sociales y una voluntad de entendimiento por la paz. Actualmente como nacionalismo supremacista, el imperialismo USA no está dispuesto a admitir a otro gallo en el corral del planeta. Lo que va dejando claro es que la Democracia y los Derechos Humanos y, por supuesto, el Derecho Internacional, le importan un bledo. Sólo cuenta, según él “mi propia moralidad (¿?), mi propia mente”; y uno de sus principales asesores, el tal Miller, nos dice que esto no va de democracia, que va de “poder y fuerza”.Todo esto no deja de pasarle factura en el interior de su sociedad: Estados Unidos es el segundo país del mundo en desigualdad social. El de Trump es un imperialismo extractivo avariento. (Fuente: José Luis Martín Palacín. Fuerza y poder: la barbarie del ilegítimo imperialismo USA).

Sirva lo anterior como preámbulo contextualizador para presentar a continuación un artículo en el que se describe lo que supone para toda la humanidad sobrepasar los límites establecidos por los grandes hitos civilizatorios alcanzados tras la 2ªguerra mundial, por parte del trumpismo autoritario, supremacista. Supone una peligrosa trampa para toda la humanidad, al actuar no con la fuerza de la razón sino con con la coacción, el chantaje y la amenaza de la utilización del poderío militar y el empleo real de la "convincente razón" de las armas.

Víctor M. Ruano

Introducción: cuando la historia deja de ser pasado

La historia no se repite de manera mecánica, pero sí retorna con inquietante fidelidad cuando las sociedades pierden la memoria moral que les permitió sobrevivir a sus propias catástrofes. En esos momentos los pueblos no asisten simplemente a una sucesión de acontecimientos políticos, sino a fracturas profundas del orden ético, jurídico y civilizatorio que sostiene la convivencia entre las naciones. El mundo contemporáneo bajo liderazgos supremacista y amantes de la guerra parece haber ingresado nuevamente en uno de esos umbrales peligrosos.

La guerra en mentes perversas vuelve a ser presentada como instrumento legítimo de la política. El uso de la fuerza se normaliza. El derecho internacional es relativizado. El multilateralismo es degradado a obstáculo incómodo para la afirmación del poder. Todo esto no ocurre de manera espontánea, sino como resultado de decisiones políticas concretas, de discursos que erosionan límites y de liderazgos que convierten la excepción en norma.

En este contexto, la advertencia formulada por el Papa León XIV ante el Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede (8 de enero de 2026) no puede leerse como una reflexión diplomática más. Se trata de un juicio histórico y civilizatorio: cuando se rompe el principio que prohibía el uso de la fuerza para violar fronteras ajenas, cuando la diplomacia del diálogo es sustituida por la diplomacia de la coerción y cuando la paz deja de ser un bien ético para convertirse en resultado de la dominación, la humanidad entra en una pendiente ya conocida, cuyas consecuencias fueron devastadoras en el siglo XX.

Desde esta perspectiva, la actuación de la administración de Donald Trump no puede analizarse como una simple variante más de la política exterior estadounidense ni como el estilo excéntrico de un liderazgo controvertido. Lo que está en juego es algo más grave: la normalización de una lógica de poder que hace trizas el derecho internacional, vacía de contenido el multilateralismo y reinstala la ley del más fuerte como principio ordenador del mundo.

1. Cuando el poder deja de reconocer límites

Uno de los rasgos más inquietantes de la política internacional contemporánea es la creciente aceptación de la idea de que el poder puede situarse por encima del derecho. Cuando un Estado se arroga el derecho unilateral de intervenir militarmente, de imponer sanciones extraterritoriales, de secuestrar actores políticos o de decidir quién tiene legitimidad para gobernar, el problema deja de ser coyuntural o regional. Se convierte en un riesgo sistémico para la humanidad entera.

El Papa León XIV identifica este punto como el núcleo de la crisis actual: el abandono del principio —establecido tras la Segunda Guerra Mundial— que prohibía explícitamente el uso de la fuerza para alterar por la vía armada el destino de otros pueblos. Ese principio no era ingenuo ni idealista. Era el resultado de una experiencia histórica límite: la constatación de que, sin reglas comunes, el mundo se precipita hacia la barbarie.

La administración Trump, al despreciar sistemáticamente las instituciones multilaterales y relativizar el derecho internacional, contribuye activamente a este quiebre. El multilateralismo deja de ser espacio de diálogo para convertirse en escenario irrelevante. La legalidad internacional pasa a ser selectiva. La fuerza se normaliza como lenguaje político.

2. El multilateralismo como última barrera civilizatoria

Conviene recordar que el multilateralismo no nació como una concesión benevolente de las grandes potencias, sino como una respuesta traumática al horror absoluto del siglo XX. Tras la Segunda Guerra Mundial, la humanidad comprendió que dejar el destino del mundo en manos de la fuerza desnuda conducía inevitablemente a la destrucción.

La Organización de las Naciones Unidas, el derecho internacional humanitario y el principio de soberanía de los pueblos fueron intentos —imperfectos, sin duda— de construir un marco mínimo de contención frente a la violencia. No eliminaron las guerras, pero las deslegitimaron. No hicieron iguales a los Estados, pero reconocieron su igualdad jurídica. No erradicaron el poder, pero intentaron someterlo a reglas.

El debilitamiento actual de este sistema implica algo más grave que una crisis institucional: supone la disolución de los límites éticos que contenían el uso del poder. Cuando esos límites desaparecen, el mundo deja de ser una comunidad internacional y se transforma en un escenario de dominación.

3. El orgullo como raíz de la guerra: una lectura desde san Agustín

Uno de los aportes más profundos del discurso del Papa León XIV a los diplomáticos acreditados ante El Vaticano, es la recuperación de la reflexión de san Agustín sobre la raíz moral de los conflictos. Para el obispo de Hipona, la guerra no nace simplemente del enfrentamiento de intereses, sino del orgullo, del amor desordenado a sí mismo (amor sui) que lleva al poder a absolutizarse.

Cuando un Estado se percibe a sí mismo como excepcional, autorizado a redefinir el derecho, la verdad y la paz según su conveniencia, el conflicto deja de ser accidente y se convierte en consecuencia casi inevitable. No se odia la paz; se busca una paz a la medida del dominador, una paz que no nace de la justicia, sino de la sumisión.

Esta intuición atraviesa tanto las tragedias del siglo XX como las prácticas contemporáneas de dominación. La guerra no se presenta ya como fracaso de la política, sino como instrumento legítimo para garantizar el orden deseado.

4. La guerra que “vuelve a ponerse de moda”

La guerra vuelve a estar “de moda”. El entusiasmo bélico se normaliza. El lenguaje se militariza. La violencia se justifica con eufemismos técnicos y morales.

Las agresiones se llaman “operaciones preventivas”. Las violaciones de soberanía se presentan como “defensa de la democracia”. El castigo colectivo se disfraza de “seguridad nacional”. Este vaciamiento del lenguaje no es neutro: rompe el vínculo entre las palabras y la realidad, debilitando la capacidad moral de la comunidad internacional para reconocer el mal cuando se produce. Cuando el lenguaje deja de nombrar la verdad, la violencia deja de parecer crimen y comienza a percibirse como necesidad histórica.

5. La comparación histórica como deber ético

Desde esta perspectiva, la comparación con el régimen de Adolf Hitler resulta incómoda, pero necesaria. No se trata de equiparar contextos ni ideologías, sino de identificar una lógica histórica recurrente: la de los poderes que, enfrentados a su propio declive, optan por destruir las reglas comunes antes que aceptar límites.

Hitler no fue solo una patología individual. Fue la expresión extrema de un sistema herido que sustituyó la legalidad por la violencia, el consenso por la imposición y la política por la guerra. La historia demuestra que cuando esta lógica se activa, el desastre deja de ser una posibilidad y se convierte en una probabilidad creciente.

Evitar esta comparación por pudor o corrección política no es prudencia: es amnesia histórica.

Conclusión: cuando callar se vuelve complicidad

Este artículo sostiene una tesis que no busca provocar escándalo, sino activar la memoria y la responsabilidad ética: la administración Trump representa hoy un peligro real para la humanidad, no por reproducir literalmente el pasado, sino por reactivar sus peores lógicas.

Cuando la fuerza sustituye al derecho, cuando el multilateralismo se vacía de contenido y cuando la guerra se normaliza, el problema ya no es un país ni un conflicto concreto. El problema es el mundo que estamos permitiendo que se configure ante nuestros ojos.

Callar frente a este proceso sería repetir uno de los errores más costosos de la historia. Y la historia, cuando se repite, nunca lo hace como farsa.

Fuente: https://www.religiondigital.org/opinion/trump-retorno-barbarie_1_1439268.html


Ver también:

Pel «diàleg» i per la «pau». Optando por un mundo «civilizado» y no por la «barbarie»

Son un «peligro» para la humanidad

Trumpismo, el autoritarismo supremacista fascistoide

Sección: CULTURA DE LA PAU


Per a «construir» junts...

«És detestable aquest afany que tenen els qui, sabent alguna cosa, no procuren compartir aquests coneixements».
(Miguel d'Unamuno, escriptor i filosof espanyol)

Si el que aquí se t‘ofereix ho trobes interessant…
No t’ho guardis per a tu sol…

Les teves mans també són necessàries...
comparteix-ho, passa-ho...

Junts podem contribuir a ampliar la consciència «global»
Para «construir» juntos...

«Es detestable ese afán que tienen quienes, sabiendo algo, no procuran compartir esos conocimientos».
(Miguel de Unamuno, escritor y filósofo español)

Si lo que aquí se te ofrece lo encuentras interesante...
no te lo guardes para ti solo...

Tus manos también son necesarias...
compártelo, pásalo...

Juntos podemos contribuir a ampliar la conciencia «global»