titulo de la web

Una espiritualidad para el siglo XXI (I)

  • Las religiones nos han transmitido imágenes del mundo y han intentado describir esa realidad primera a la que en Occidente hemos dado el nombre de «Dios».
  • Las religiones necesitan no sólo una reforma, sino una profunda transformación.
  • El verdadero significado de las religiones se encuentra en la experiencia de esta realidad última que denominamos «Dios».

El mundo moderno necesita una nueva visión de la «religión» y la «espiritualidad», de la que ojalá haga experiencia. Se trata de la unidad fundamental de la familia humana y del reconocimiento de que la estructura fundamental del universo es el amor.

La «religión» es una de las grandes dimensiones mentales y culturales de los seres humanos. La extensión universal de lo religioso entre los individuos y las culturas es evidente. La «religión» constituye una de las mayores experiencias humanas. En el seno del psiquismo humano parece haber arraigada una imperiosa necesidad de “trascender”. Dios es una palabra que pertenece al repertorio central de muchas de las religiones. El discurso sobre Dios depende esencialmente de nuestra visión del mundo, y esta visión del mundo ha cambiado radicalmente durante las últimas décadas. Dios es el nombre que damos a una realidad trascendente respecto a las realidades que pueden ser objeto de percepción y observación sensorial. Tomar en serio el tema religioso, se sea o no religioso, es un signo de respeto a la realidad.

Entresacamos algunos datos del Barómetro sobre la religiosidad y sobre la gestión de su diversidad en Cataluña 2023. El barómetro evalúa diversidad de aspectos de la religiosidad en Cataluña entre los cuales: la importancia de Dios en la vida, la influencia de la religión en la vida cotidiana, la práctica religiosa actual. Un 51% de las personas encuestadas declara carecer de creencias religiosas. En relación al posicionamiento sobre la existencia de Dios, un 28% afirma que sabe que Dios existe de verdad y no tiene ninguna duda, mientras que un 18% creen en Dios, pero con dudas o de forma intermitente. Por el contrario, un 21% manifiesta no creer en Dios y un 20% señala que no cree en un Dios personal, pero sí en algún poder superior. Un 15% y un 12% de las personas encuestadas se declara atea o agnóstica respectivamente. Un 33% de las personas encuestadas afirma que Dios no es importante en su vida. Sin embargo, un 23% declara que es muy importante. Globalmente, en una escala del 1 al 10, los encuestados sitúan la importancia de Dios en sus vidas en una media de 5. Los musulmanes y los cristianos evangélicos/protestantes sobresalen para afirmar que Dios es muy importante en sus vidas. Un 42% de las personas encuestadas afirma que la religión no tiene ninguna influencia en las decisiones que toma en su vida cotidiana. Los musulmanes y, a mayor distancia, los cristianos evangélicos/protestantes sobresalen por tener muy o bastante presente las creencias religiosas en las decisiones que toman en su vida cotidiana.

Las religiones son un factor importante en la evolución de la mayoría de los seres humanos. Nos remiten a lo esencial de la vida y la existencia. Las religiones han desarrollado imágenes del mundo y nos han ayudado a los seres humanos a interpretar el sentido de nuestra existencia. Sin embargo, los modelos de interpretación del mundo y del hombre deben ajustarse a la visión del mundo del siglo XXI. Son demasiados los que no encuentran ya ninguna ayuda ni ninguna interpretación de la vida en la representación tradicional de Dios. A «Dios» no hay que pensarlo, hay que vivirlo, hay que experimentarlo. La espiritualidad es una dimensión de nuestra condición humana que hay que experimentar y cultivar.Incluso la evolución filogenética de nuestra especie aporta razones para el cultivo del espíritu y el fomento de la espiritualidad ( - ver aquí - ). Para una interpretación convincente del sentido de nuestra vida necesitamos la vinculación a una realidad transpersonal. El fin propio y originario de la «experiencia religiosa»: la experiencia de la unidad con el Todo, de la vinculación en el amor que tolo lo permea. Presentamos unas reflexiones al respecto de Willigis JÄGER (*)

Las religiones son un factor importante en la evolución. Desde que la humanidad ha desarrollado el espíritu, se pregunta por «de dónde», «hacia dónde» y «por qué». No hay ninguna persona mentalmente alerta que no se plantee estas preguntas. Las religiones han desarrollado imágenes del mundo y nos han ayudado a los hombres a interpretar el sentido. Sin embargo, los modelos de interpretación del mundo y del hombre deben ajustarse a la visión del mundo del siglo XXI y tienen que cumplir los anhelos y las expectativas de los hombres, así como responder a las preguntas más elementales sobre el sentido de la vida.

Las religiones pueden compararse con los vitrales, que permanecen oscuros si no son iluminados desde atrás por la luz. Esta luz primordial no es aprehensible por el entendimiento y los sentidos, pero en los vitrales adquiere una estructura y se hace reconocible a todo hombre. Nunca deberíamos olvidar que lo último no es el vitral, sino la luz que lo ilumina desde atrás.

Las religiones esbozan imágenes de esta realidad primera según los tiempos, las culturas y las concepciones del mundo, pero todas son iluminadas por la misma luz. Todas ellas remiten al mismo trasfondo y son solamente modelos con los que tratar de explicar una realidad inaprehensible.

Las religiones pueden compararse con la Luna, que ilumina la Tierra, pero recibe su fuerza del Sol. La Luna no posee fuerza por sí misma, pues su brillo es sólo el reflejo del Sol. Si la Luna se coloca entre el Sol y la Tierra, se produce un eclipse de Sol y en la Tierra se hace la oscuridad. Lo divino puede compararse con el Sol: ilumina a las religiones para que nos den su brillo a los hombres y nos acompañen en la oscuridad de nuestra búsqueda.

Pero si las religiones se creen demasiado importantes y se colocan entre Dios y el hombre, oscurecen el trasfondo divino y producen un eclipse de Dios. Esto vale para todas las religiones. Lo exterior de las religiones, los escritos, los rituales y las tradiciones son sólo las cáscaras que hay que abrir para experimentar lo auténtico. La mística rompe esa cáscara.

Mística: punto de partida y fin de toda religión

En el curso de los siglos, los hombres han procurado llevar al plano racional e institucionalizar la experiencia originaria del ser propia de los sabios. De esas experiencias surgieron ideologías y dogmas que dieron a los hombres una interpretación de su vida. Lamentablemente, a estas ideologías se les atribuyó a menudo una vigencia inapelable y absoluta. En las religiones teístas, sólo la mística podía remitir una y otra vez, a pesar de todas las persecuciones, a ese fondo del ser. Por eso, la mística es el instrumento para la renovación interior de toda religión. La mística cobra vida siempre de nuevo cuando las experiencias espirituales de los sabios se vuelven rígidas en formas dogmáticas. Cada vez que el dogma sobre la experiencia personal comienza a predominar, han surgido movimientos místicos que buscan un contacto directo con el fondo primordial divino. Estos movimientos se sentían bajo la obligación de su propia conciencia. Por eso, las religiones teístas han tenido siempre dificultades con la mística, pues ésta es una reacción frente a la rigidez en la que las religiones caen con facilidad.

Las palabras «mística» y «místico» se utilizan de formas muy variadas. Yo empleo el concepto «mística» en sentido estricto como un plano de experiencia que podría llamar también «unidad vacía». La experiencia fundamental de la mística es «vaciedad» (zen), «nada» (san Juan de la Cruz), «divinidad» (Maestro Eckhart), «origen de todo ser» (Nicolás de Cusa), «causa primera» (Dionisio). La experiencia mística es una vivencia que se da en un plano de consciencia transracional y que, en última instancia, no se puede comunicar. Es una forma de comprender y conocer que trasciende lo personal y que es vertida por la razón en formas concretas.

La importancia de las religiones en la actualidad estriba en que remiten una y otra vez a esa realidad y conducen a los hombres a esa experiencia que se encuentra detrás de todas las imágenes y los conceptos. En la historia de la humanidad, las religiones han sido y son señales importantes que indican hacia esa otra dimensión. Pero ¿cómo podemos transmitir hoy las antiguas verdades en nuestro lenguaje, en nuestras imágenes y en nuestra visión del mundo, a fin de que lleguen a los hombres? Las religiones necesitan para ello no sólo una reforma, sino una profunda transformación.

Las religiones nos han transmitido imágenes del mundo y han intentado describir esa realidad primera a la que en Occidente hemos dado el nombre de «Dios». Pero esta realidad no tiene nada que ver con nuestra consciencia racional personal: pertenece a otra dimensión. Se encuentra detrás de todas las imágenes y de todos los conceptos.

El verdadero significado de las religiones se encuentra en la experiencia de esta realidad, y ahí deberían llevarnos las creencias. Ahí se encuentra también la unidad real. El diálogo interconfesional reviste una gran importancia. E, igualmente, es importante la creación de una ética mundial por parte de las religiones. Pero la verdadera unidad de las confesiones se encuentra en la experiencia de lo que anuncian sus libros sagrados y sus rituales. En última instancia, las religiones son sólo diferentes ascensos a la misma cumbre. La verdad sólo puede ser una, con independencia de que yo sea asiático, europeo o americano, budista, hindú, musulmán o cristiano.

Pero ¿qué es la espiritualidad? Espiritualidad es un concepto utilizado en múltiples sentidos. Yo quiero restringirlo a esta definición: «Espiritualidad designa el camino a un plano de experiencia transpersonal, transracional y transconfesional de la realidad». Los caminos espirituales quieren llevar al hombre a ese ámbito de consciencia trans-mental. Se trata de un plus de realidad y de un plus de vida. La espiritualidad no designa un estado del espíritu separado y elevado, de élite, sino una impregnación de la consciencia enteramente común de cada día mediante un fondo de ser al que el hombre de hoy presta demasiada poca atención. Puede dejarse al libre albedrío de cada uno llamar a ese plano de consciencia «vida divina», «religioso», «integral» o «espiritual».

Willigis JÄGER: Sabiduría eterna. Espiritualidad para el siglo XXI: surge un nuevo paradigma

Ver también:

¿Existen hoy en día en la Tierra seres humanos «completos»?

Religions: Panorama conceptual

LA REALITAT ÚLTIMA

RELIGIONS

INTERIORITAT, ESPIRITUALITATS, SAVIESA



Per a «construir» junts...

«És detestable aquest afany que tenen els qui, sabent alguna cosa, no procuren compartir aquests coneixements».
(Miguel d'Unamuno, escriptor i filosof espanyol)

Si el que aquí se t‘ofereix ho trobes interessant… No t’ho guardis per a tu sol... Les teves mans també són necessàries...

Comparteix-ho, passa-ho... Junts podem contribuir a ampliar la consciència «global»

Recorda, cada pensament que cultivem, cada acció que emprenem, cada petit acte d'amor i de comprensió que realitzem i cada connexió que establim amb altres ens apropa un pas més al futur que estem cridats a crear.
(Pierre Teilhard de Chardin (1881–1955) jesuïta, paleontòleg i filòsof francès)

Para «construir» juntos...

«Es detestable ese afán que tienen quienes, sabiendo algo, no procuran compartir esos conocimientos».
(Miguel de Unamuno, escritor y filósofo español)

Si lo que aquí se te ofrece lo encuentras interesante... no te lo guardes para ti solo... Tus manos también son necesarias...

Compártelo, pásalo... Juntos podemos contribuir a ampliar la conciencia «global»

Recuerda, cada pensamiento que cultivamos, cada acción que emprendemos, cada pequeño acto de amor y de comprensión que realizamos y cada conexión que establecemos con otros nos acerca un paso más al futuro que estamos llamados a crear. (Pierre Teilhard de Chardin (1881–1955) jesuita, paleontólogo y filósofo francès)