El proceso de la muerte y la entrada al plano astral
Presentación de la obra: Joaquín CÁMARA, «Una vida infinita», descubriendo el viaje del alma tras la muerte. A lo largo de la historia, el conocimiento de la vida tras la muerte ha estado relegado a las religiones y el oscurantismo. Esto ha supuesto no poder acceder directamente a la realidad de la postvida, ya que esta se ocultaba y confundía bajo la mitología, parábolas y códigos herméticos que hacían muy difícil realizar una auténtica comprensión. Sin embargo, desde hace unas décadas y especialmente en los últimos años, hemos experimentado una auténtica revolución en la investigación científica, rigurosa y profunda sobre la vida después de la muerte física; los estudios realizados por psicólogos, psiquiatras y neurocientíficos desde universidades y hospitales internacionales han arrojado luz a lo que hasta ahora permanecía oculto y por primera vez se han podido confirmar aspectos tan importantes como la reencarnación, el karma o la supervivencia del alma.
En el libro “Una vida infinita ”, de Joaquín Cámara, se ha reunido por primera vez todo el conocimiento encontrado sobre la vida tras la muerte, trazándose así un mapa general tanto del proceso de la muerte como del funcionamiento de nuestra vida en el mundo espiritual. En este recorrido, el autor nos muestra el viaje del alma desde los instantes antes de la muerte física hasta nuestra siguiente reencarnación en la Tierra, profundizando especialmente en cómo es nuestra vida en los planos de existencia superiores y la influencia que ella tiene en nuestra actual vida en el mundo físico. De un modo esquemático, este es el proceso que todos atravesamos al morir y en el que el libro profundiza:
- Los días previos a la muerte, la persona moribunda comienza a tener contactos con el mundo espiritual. Aquí es frecuente que vean a sus seres queridos ya fallecidos, los cuales han venido a acompañarla en este proceso.
- El instante de la muerte. El alma se prepara para abandonar el cuerpo físico y comienza a salir poco a poco, a medida que la persona moribunda va perdiendo la consciencia física y activando su consciencia astral. Cuando el alma abandona el cuerpo definitivamente, se produce la muerte clínica.
- La vida en el plano astral. El plano astral es el primer lugar al que vamos tras la muerte y, además, está interconectado con la Tierra, de manera que desde ahí la persona que acaba de morir puede continuar cerca de sus seres queridos, viéndolos y enviándoles señales. La vida en este lugar es muy amplia, ya que hay diferentes lugares en donde se puede estar, por lo que la experiencia que cada persona vive allí puede ser diferente.
- La vida en el plano mental. Tras pasar un periodo de tiempo en el astral, todas las personas evolucionan hasta el siguiente plano, llamada por algunos “cielo” o “mundo espiritual”. Este es el lugar en el que estaremos más tiempo y desde donde tomaremos las decisiones sobre cómo será nuestra siguiente vida en la Tierra.
- Reencarnando nuevamente. Una vez que hemos estado en el mundo espiritual, llegará el momento de reencarnar de nuevo. Desde el plano mental hemos decidido todo aquello que necesitaremos vivir en la Tierra con la ayuda de los Sabios y Guías espirituales, y tras la reencarnación será el momento de desarrollar nuestros aprendizajes y nuestra evolución a través de nuestro plan vital.
Este es el recorrido que todos nosotros realizamos tras la muerte. Conocerlo en profundidad nos ayuda a comprender dónde se encuentran nuestros seres queridos fallecidos, resolviéndonos las dudas que todos nos hemos planteado tras perder a alguien: ¿Dónde ha ido? ¿Me sigue viendo? ¿Todavía me ama? ¿Estará bien? ¿Por qué no se comunica conmigo? ¿Qué sucede con quienes se han suicidado o han sido asesinados? Además, conocer la realidad de la vida tras la muerte resulta fundamental para entender nuestra actual vida en la Tierra: las situaciones difíciles que hemos atravesado, el sentido de nuestra vida aquí, nuestro plan vital o el porqué de algunas de las relaciones que hemos tenido.
Fuente: "https://circulodebusqueda.wordpress.com/2018/07/21/una-vida-infinita-descubriendo-el-viaje-del-alma-tras-la-muerte/"
“Cuando la muerte se precipita sobre el ser humano, la parte mortal se extingue; pero el principio inmortal se aleja sano y salvo”
(Platón)
Joaquín CÁMARA, psicólogo, terapeuta psicoespiritual (*)
Llega un momento en el que como seres humanos debemos enfrentarnos a la muerte física, ya sea a la propia o a la de un ser querido. A lo largo de nuestra vida, pocas veces nos hemos parado a pensar en ella como algo real, ya que nuestra sociedad trata por todos los medios de ocultarla; sin embargo, cuando la tenemos delante surge de nuestro interior una fuerte inseguridad, ansiedad, depresión, enfado, frustración u otra de las muchas manifestaciones que el miedo tiene. Este miedo a la muerte es algo natural y se produce, principalmente, por la incertidumbre o el desconocimiento que tenemos acerca de lo que nos sucederá una vez que abandonamos el cuerpo físico.
El proceso de la muerte no es más que un cambio de lugar, una sencilla transición desde este mundo material hasta el mundo espiritual; morir es abandonar un vehículo (el cuerpo físico) para instalarse en otro con el que seguir viviendo en un sitio diferente.
Para poder comprender bien cómo funciona este proceso, es necesario que antes conozcamos algunos conceptos básicos que nos serán de una utilidad fundamental.
Cuerpos y planos de existencia
Si te miras al espejo, observarás que lo único que ves es tu cuerpo físico; y es lo único que puedes ver porque te encuentras en el mundo físico y lo observas desde tus ojos físicos; pero esto no es todo lo que eres. Este cuerpo es solo uno de los muchos que tenemos y no podemos ver, ya que se encuentran en lugares o planos de existencia diferentes. Veámoslo con un sencillo ejemplo:
Imagina que somos una cebolla con siete capas y en el centro, bajo todas las capas, el corazón de la cebolla. La capa más exterior sería nuestro cuerpo físico; como en este momento te encuentras viviendo físicamente, todo lo que ves y lo que crees ser es físico. Al morir, nos desprendemos de esa primera capa, dejamos ese primer cuerpo y pasamos entonces a vivir desde la segunda capa a la que llamamos cuerpo astral. Pasado un tiempo, ese cuerpo también muere, comienza a desintegrarse, y el alma pasa entonces a vivir desde la tercera capa, la que llamamos cuerpo mental; así sucesivamente a lo largo de las siete capas de la cebolla, los siete cuerpos que todos tenemos. Lo que tú eres realmente es el corazón de la cebolla, lo que está debajo de todas las capas: el Ser o chispa divina, a la que a veces llamamos alma. En el siguiente esquema te muestro gráficamente lo que acabamos de comentar para que puedas verlo de un modo más claro.
Esquema de cuerpos y planos de existencia. En la parte derecha del esquema puedes ver esta especie de cebolla. Cada capa representa un cuerpo, un vehículo, mientras que en el centro de todo, simbolizado por un triángulo, se encuentra tu Ser, tu verdadero Yo, el alma. Esta alma habitará cada uno de esos vehículos para vivir en los diferentes lugares en los que existimos. En la columna de la izquierda están los nombres de cada uno de esos cuerpos, llamados igual que los mundos o planos en los que habitan. Por tanto, si nos preguntamos para qué necesitamos tantas capas, tantos cuerpos, la razón es muy sencilla: cada cuerpo nos sirve para vivir en un lugar diferente; tenemos siete cuerpos para vivir en siete planos, siete mundos.
En este momento tú te encuentras en el plano físico, en la Tierra, de manera que tu alma utiliza este primer cuerpo para vivir aquí. Una vez que hemos terminado nuestro trabajo en este mundo, nuestro cuerpo físico muere y el alma comienza entonces a vivir en su segundo cuerpo: el astral, que es el vehículo necesario para poder vivir en el siguiente plano, llamado también astral. Y así sucesivamente, el alma irá cambiando de vehículo para poder moverse por los diferentes planos de existencia; tú eres siempre la misma persona, esa alma, pero los cuerpos con los que te mueves irán cambiando.
Ahora que hemos visto qué son y cómo funcionan los diferentes cuerpos del alma y los planos en los que habitamos, podemos adentrarnos ya en el proceso de la muerte física.
El proceso de la muerte y la entrada al plano astral
Una vez que hemos finalizado nuestro trabajo en la Tierra el alma debe abandonar su cuerpo físico, el vehículo que ha estado utilizando hasta ahora para vivir en este mundo. A esto es a lo que llamamos desencarnación o muerte, aunque en realidad lo único que muere es ese cuerpo, esa primera capa de la cebolla.
Durante el transcurso de la desencarnación, el alma comienza a abandonar su cuerpo material y pasa a vivir desde su siguiente cuerpo: el astral. A nivel físico, podemos observar que la persona va perdiendo la consciencia, el cuerpo también se va apagando y, cuando el alma finalmente sale de él, el cuerpo físico muere definitivamente, el vehículo queda vacío. Esto es lo que todos podemos ver cuando estamos cerca de un moribundo, pero ¿cómo vive esto quien está muriendo?
Justo en el momento de la muerte, la persona pierde la consciencia física, escucha unos fuertes y extraños zumbidos y de pronto sale de su cuerpo, produciéndose la muerte clínica definitiva. Ella continuará viendo y oyendo todo lo que sucede a su alrededor, pero desde un nuevo cuerpo y en un nuevo plano; en ese momento seguirá teniendo las mismas emociones, pensamientos y personalidad, pero desaparece cualquier enfermedad o discapacidad que tuviera en el mundo físico.
Estas tres fases son experimentadas por todas las personas durante el momento de su desencarnación; sin embargo, dependiendo de si la muerte es esperada o inesperada, se producirán algunas diferencias en el resto del proceso.
Cuando la muerte es esperada
Si la persona va a desencarnar como consecuencia de una larga enfermedad o debido a fallos de salud propios de la edad, ese proceso de muerte al que va a enfrentarse es esperado. Cuando sucede de esta manera, ella tiene tiempo para asimilar lo que le está sucediendo y eso puede ayudarla a aceptar el final de esta vida, de modo que el paso al siguiente plano se producirá de un modo más pausado, tranquilo y consciente. En estas condiciones, es frecuente que unos días antes de la muerte haya estado alternando su consciencia entre el plano físico en el que aún se encuentra y el siguiente plano al que va a ir, el astral, de tal modo que estando viva físicamente ya puede comenzar a conectar con el lugar al que se dirige. Es habitual que cuando comentan estas experiencias con quienes tienen a su alrededor, estos crean que se trata de alucinaciones; sin embargo es un auténtico contacto con el mundo que les espera tras la muerte.
La conexión que las personas moribundas tienen con el plano astral durante su proceso de muerte suele producirse de dos maneras: por un lado, viendo a seres queridos que murieron antes y que ahora vienen a visitarlas y, por otro lado, saliendo y entrado del propio cuerpo físico. Veamos esto detenidamente.
Visiones de seres queridos fallecidos con anterioridad. Es bastante frecuente que días o minutos antes de su muerte, comience a ver o a escuchar a algunos de sus seres queridos que han muerto antes que ella, ya sea mientras está despierta o cuando duerme. Durante este contacto con el astral, sus seres queridos desencarnados suelen hablarle, enviarle energía y, sobre todo, mostrarle su apoyo. Ellos vienen a acompañar a la persona moribunda en este proceso, y es lo que le hacen saber en estos contactos, que no está sola. Estos contactos generan a los pacientes una mayor serenidad y bienestar ante el difícil proceso que estaban viviendo.
Salidas y entradas al cuerpo físico. Es frecuente que mientras duermen salgan de su cuerpo físico de manera semiconsciente durante unos minutos, de modo que pueden pasear por ese plano y luego regresar al cuerpo. El final de este proceso de muerte esperada llega con la salida del alma fuera del cuerpo físico de manera ya definitiva. En ese preciso momento, quien está muriendo atraviesa las fases de las que hemos hablado anteriormente: pierde la consciencia, siente un fuerte zumbido en sus oídos, un hormigueo, a la vez que el alma sale suavemente del cuerpo sin ningún dolor; cuando ha terminado su salida, se produce entonces la muerte física irreversible.
La persona que ha muerto es plenamente consciente de lo que ha sucedido. Lo primero que verá será el lugar en el que ha desencarnado: sigue en el mismo sitio, pero en un cuerpo y plano diferentes. Por ejemplo, si ha muerto en la habitación de un hospital continúa en ese lugar, viendo y escuchando todo lo que está sucediendo a su alrededor; puede ver su cuerpo físico ya sin vida, a sus seres queridos junto a ella, a los médicos, etc. Lo ve todo de modo similar a como lo veía físicamente, aunque ya se encuentra en el plano astral.
Durante las sesiones de regresión espiritual mediante hipnosis, los pacientes suelen ver cómo murieron en sus vidas anteriores, de manera que pueden explicar perfectamente lo que vieron y sintieron tras la muerte. Este fue el caso de Claudia, una de mis pacientes de regresión, quien relató de este modo cómo fue su salida definitiva del cuerpo:
“Me siento muy cansada, estoy muriendo, me duele todo el cuerpo. Veo a lo lejos a mis abuelos, ellos murieron hace mucho tiempo… pero están ahí. Me dicen que no tenga miedo, que no pasa nada (…) Siento un ruido intenso en mi cabeza, no me hace daño, es solo un ruido… estoy saliendo del cuerpo (…) ¡Qué descanso!, estoy aliviada, me siento bien, muy tranquila… ya estoy fuera (…) Veo mi cuerpo en la cama, está muerto, siento un poco de tristeza al verlo así, le tenía mucho cariño... pero yo ya no estoy en ese cuerpo. Sigo en el hospital, puedo ver perfectamente la habitación, están entrando dos enfermeros corriendo (…) Mis padres están llorando, están abrazando mi cuerpo… [Se emociona] Ojalá pudiera decirles que estoy viva, que estoy bien... lo intento, les hago señales, pero no me ven. Tengo una sensación extraña… me siento aliviada, con mucha paz, pero al mismo tiempo con tristeza por dejarlos así. No veo a mis abuelos... ya no están aquí... creo que ellos han venido solo a calmarme mientras salía del cuerpo, porque ya no están”.
Cuando la muerte es inesperada
Cuando la muerte se produce de manera inesperada como consecuencia de un accidente, un asesinato, suicidio o muerte súbita, el proceso es algo diferente. En estas ocasiones, el alma abandona el cuerpo con mayor rapidez, por lo que es frecuente que el zumbido en los oídos y el hormigueo de los que hablábamos anteriormente sean mucho más rápidos y sutiles, pasando casi desapercibidos. Sin embargo, la diferencia más relevante es que la persona no ha podido prepararse ante la muerte de un modo sereno y consciente, así como tampoco ha tenido un contacto previo con el plano astral que le ayude a conocer el lugar al que se dirige. Debido a esto, hay quienes pueden sentirse confusos durante los primeros momentos tras la muerte, sin saber exactamente lo que les ha pasado o dónde se encuentran. Este estado de confusión inicial finaliza pronto, ya que en un breve periodo de tiempo entiende que han muerto y que se encuentran en otro lugar de existencia. Por lo demás, todo es similar a cuando la muerte se produce de manera esperada: la persona verá todo lo que hay a su alrededor y aunque haya muerto lejos de sus seres queridos, podrá ir junto a ellos rápidamente.
Estas diferencias serán solo momentáneas, ya que pasado un breve periodo de tiempo todos entienden que han muerto. Del mismo modo, sea cual sea la forma en la que se ha muerto, el camino hacia el mundo espiritual será exactamente igual para todos.
Dudas frecuentes sobre el proceso de la muerte y la entrada al plano astral
¿Cuál es la diferencia entre la muerte definitiva y una experiencia cercana a la muerte?
Las experiencias cercanas a la muerte (ECMs) son aquellas que se producen en personas que parecen morir durante un breve periodo de tiempo (y médicamente es así) y regresan a esta vida mediante reanimación médica. Esta circunstancia hace que salgan de su cuerpo, vean el plano astral, contacten con algún ser querido fallecido y regresen de nuevo a la vida física. El proceso que estos pacientes experimentan tiene aspectos parecidos al que atraviesan aquellos que van a morir definitivamente, pero también tiene características que lo hacen muy diferente.
La primera diferencia consiste en que cuando alguien experimenta una ECM, el alma abandona el cuerpo físico sin perder su conexión con el él, ya que continúan unidos mediante el llamado cordón de plata, una especie de cordón umbilical que mantiene unida al alma con el cuerpo. En cambio, cuando la muerte es definitiva ese cordón se rompe, de manera que no hay modo de volver a esta vida.
La segunda diferencia está en lo que experimentan a lo largo de esta situación. Generalmente, quienes atraviesan una ECM ven tras salir de su cuerpo el lugar físico en el que se encuentran y, seguidamente, un túnel oscuro con una luz al final. En ese túnel suelen ver pasar ante ellos escenas de su actual vida física, especialmente de los momentos más importantes que han vivido en la Tierra; pero no solo ven las escenas, sino que experimentan los sentimientos y emociones que ahí vivieron, tanto propios como los que hicieron sentir a los demás. Se trata de una especie de revisión completa y profunda de su vida.
El Dr. Raymond Moody ha dedicado la mayor parte de su vida a investigar las ECMs. Cuando habla de este túnel y la revisión de la vida que los pacientes realizan en él, lo explica del siguiente modo:
[Cuando veían pasar toda su vida por delante de ellos nadie los juzgaba], “el juicio procedía del interior de ellos mismos (…) En ese estado, parecían entender por sí solos lo que deberían y no deberían haber hecho, y son capaces de juzgarse correspondientemente a sí mismos (…) Aparte de sus actos, ven representadas ante ellos las consecuencias de los mismos para los demás. Y no es como si contemplasen una película, ya que sienten realmente todas aquellas cosas. No se pierden ni siquiera los pensamientos… también aparecen todos los pensamientos que la persona ha tenido”.
Después de experimentar esto, continúan acercándose a la luz que hay al final de ese túnel, normalmente en un estado de absoluta paz. Algunos pueden ver a través de esa luz, sin llegar a entrar, y contemplar el mundo espiritual durante unos segundos. En ese plano de existencia el tiempo es diferente, por lo que ellos experimentan haber estado más tiempo del que ha pasado en la Tierra.
Así lo relataba una paciente:
“A lo lejos, en el final de ese túnel, pude ver una ciudad de luz. Había edificios resplandecientes, brillantes. La gente era muy feliz allí. Había agua centelleante, fuentes… era maravillosa, todo era resplandeciente”
Otros, en cambio, no pueden asomarse a esa luz, de modo que no ven el mundo espiritual, pero sí tienen un encuentro con un ser especial que les aconseja y les transmite paz. Este fue el caso de Alberto, quien me relató su propia experiencia a lo largo de una de nuestras sesiones:
“Fue hace cuatro años, yo tenía veinte, pero lo sigo recordando con mucha intensidad porque eso cambió mi manera de entender esta vida. Yo me sometía a una operación de corazón como otras tantas que ya me habían hecho. Estaba desanimado, sin ganas, pero no quedaba más remedio que hacerlo. La operación duró ocho horas y en ese tiempo yo morí durante unos segundos que para mí fueron mucho más, hasta que los médicos me reanimaron.
En mitad de la operación me vi de repente fuera de mi cuerpo. Podía ver perfectamente a los cirujanos intentando reanimarme, pero yo me sentía más vivo que nunca ahí, fuera de este cuerpo; notaba una enorme paz interior, una tranquilidad maravillosa que no había experimentado nunca. De golpe dejé de ver el quirófano y me encontré en un túnel muy oscuro, donde solo veía una diminuta luz al final de él. Seguía sintiéndome muy bien, aunque también sentía un poco de miedo. Fue entonces cuando vi a mi abuela a lo lejos; aunque no podía verla con mucha nitidez, sí la escuchaba perfectamente. Sentí cómo su amor me inundaba. No puedo expresártelo con palabras, yo ya no sentía miedo. Fui acercándome hasta ella, casi podía tocarla. Yo no quería volver al mundo, quería quedarme ahí y acercarme a la luz que estaba viendo detrás de ella, una luz muy blanca y potente pero que no hacía daño a la vista... sentía que esa paz procedía de la luz.
Mi abuela empezó a hablarme de un modo muy dulce, me estaba haciendo comprender que debía volver, que mi vida en la Tierra aún no había acabado; me sentí tranquilo por sus palabras, me prometió estar allí cuando me llegue la hora. Entonces sentí un fuerte empujón. Volví en sí y desperté en el área de cuidados intensivos, desorientado y profundamente triste por haberme marchado de ese lugar, pero a la vez sentía que todo tenía un sentido, que esta vida era algo más de lo que yo creía hasta ese momento”.
Tal y como acabamos de ver en este relato de Alberto, en todos los casos llega un momento durante la ECM en el que un ser de luz les indica que no ha llegado su momento de desencarnar, de manera que regresan a su cuerpo físico instantáneamente.
Cuando la muerte se produce de manera definitiva, no vemos directamente ese túnel ni hacemos esa revisión de vida, ya que eso queda para un tiempo posterior en el mundo espiritual.
He visto morir a dos familiares. Uno de ellos murió con mucha paz, pero el otro parecía estar sufriendo, agonizando. ¿Puede haber personas que sufren mientras mueren?
Durante el proceso de desencarnación la persona puede sentir molestias físicas, por supuesto, dependiendo del tipo de muerte que esté teniendo. Sin embargo, una vez que el alma comienza definitivamente a salir del cuerpo, el dolor va desapareciendo y comienza a experimentar una gran sensación de alivio y paz.
He escuchado que justo tras morir nos sentimos muy bien y recibimos todo el conocimiento del mundo espiritual, nos volvemos sabios, ¿esto es así?
No. Esta creencia está muy extendida, pero no es así en absoluto. Cuando morimos es cierto que desaparece el dolor y las limitaciones físicas, lo que nos hace sentir mucho mejor; también hallamos al principio una gran paz que nos inunda. Sin embargo, esa paz puede ser momentánea, dependiendo de las circunstancias personales de cada uno. Lo que no es cierto en ningún caso es que nos volvamos más sabios de repente; de hecho, tras la muerte continuamos teniendo básicamente los mismos conocimientos, emociones, creencias y pensamientos que teníamos durante nuestra vida física.
Es verdad que con el paso del tiempo y a medida que ascendemos por los planos espirituales, el bienestar y la intensa paz nos invadirán y se quedarán con nosotros, haciéndonos sentir maravillosamente bien; del mismo modo, cuando alcanzamos los planos superiores recibimos un mayor conocimiento y sabiduría. Pero esto no sucede al momento de morir ni en los meses posteriores en los que habitamos el plano astral, sino que va surgiendo a medida que transcurre el tiempo y nos elevamos hacia el mundo espiritual.
¿Hay alguna manera de ayudar a quienes están atravesando el proceso de la muerte?
Sí. Hay diferentes maneras de ayudar a la persona moribunda en sus últimos días en este plano físico, tanto a nivel psicológico como espiritual. En el capítulo 8 recogemos algunas de las principales tareas que pueden sernos útiles durante ese periodo de transición.
Fuente: Joaquín Cámara, UNA VIDA INFINITA. Descubre en profundidad el revelador viaje del alma tras la muerte (cap. 2 resumido)
Ver también:
¿Qué sucede después de morir? Los científicos finalmente revelan la verdad
Secció: LA MORT NO ÉS EL FINAL
(*) Joaquín CÁMARA es psicólogo, especialista universitario en psicoterapia de Duelo y experto en Regresión y conexión espiritual. Comenzó su práctica profesional en hospitales y centros de salud pública, en las áreas de Psicooncología, Cuidados Paliativos, Salud Mental y Sexología, utilizando psicoterapia convencional, pasando posteriormente al trabajo enfocado desde la Terapia Psicoespiritual en la práctica privada. Desde este enfoque, se incluyen tratamientos provenientes tanto de la psicoterapia convencional de tercera generación como de la profundización espiritual. En la actualidad desarrolla su trabajo como psicólogo en Madrid (España), dirige el blog Círculo de búsqueda (con más de 1.500.000 de lectores).
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