2005-15
10è ANIVERSARI

titol

De dónde venimos? (2)

Emergiendo la «vida»

Estamos acostumbrados a las maravillas, y por ello muchas maravillas ya no nos sorprenden. Que existan «vivientes» es ya una agradable sorpresa. La «vida» parece más bien una feliz ocurrencia infrecuente de algún planeta templado. La «vida» constituye una soberbia maravilla digna de contemplación y respeto, una espectacular cabriola de la materia en medio de las inmensidades del universo.

Un feliz incidente evolutivo permite que en unos vivientes aparezca un recurso vital que es la célula «nerviosa». A través de sutiles apariciones de células «neuronales», los vivientes empezaron a ser muy claramente sensibles a los retos ambientales y a poder actuar sobre ellos de forma rápida y móvil. Los tejidos nerviosos, enriqueciéndose y centralizándose fueron configurándose como los típicamente responsables de la gestión total del organismo y de su relación con el medio. «Vivir», aunque entre nosotros sea un fenómeno frecuente, sigue siendo una maravilla. R.M. NOGUÉS, Doctor en Biología, especialista en genética de poblaciones, catedrático emérito UAB.

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2. De la biogénesis a la antropogénesis

Según todo lo dicho, la célula o unidad de vida ha tenido antecedentes. Ha habido una biogénesis, un salto misterioso pero real, de las macromoléculas a los primeros seres vivos unicelulares. Esto no quiere decir que lo biológico pueda reducirse a lo físico-químico. El mecanicismo propio de las leyes físicas y químicas no puede explicar por sí mismo los fenómenos biológicos y en ello están de acuerdo muchos y muy acreditados teóricos de la biología 28. Por lo que hace al emergentismo, es decir, a la teoría de que la vida emerge de la materia, se puede admitir como afirmación de que lo material se autotrasciende hacia una forma cualitativamente distinta, por un proyecto previo inscrito en la misma materia evolutiva.

erasNo podemos conocer los detalles últimos y las circunstancias de la aparición de la vida porque el fenómeno, como hemos dicho, no se ha podido reproducir en el laboratorio, y en la Naturaleza los orígenes de todo cambio cualitativo son imperceptibles. La Historia natural no puede captarlos, tanto más cuanto que han sido necesarios millones de años para construir la nueva estructura. Pero la simplicidad en la forma, la simetría en la estructura, las dimensiones minúsculas, los seres que parecen poder ser clasificados entre lo no vivo y lo vivo, como los virus, nos están hablando de una proximidad y con mucha probabilidad de un paso de la materia a la vida 29. Tampoco podemos saber si el salto se dio en un solo caso o en muchos, o si en algún sitio se sigue dando, lo que no parece probable.

Lo cierto es que la aparición de la célula, o primer ser vivo, fue un hecho revolucionario de enormes consecuencias. La química nos enseña que la célula encierra múltiples substancias materiales (albuminoides, aminoácidos, agua, potasio, sodio, magnesio, compuestos metálicos diversos, etc.) y, en el núcleo, misteriosos cromosomas portadores y trasmisores de la herencia genética. La mayor parte de las células tienen dimensiones comprendidas entre 1 y 20 milésimas de milímetro. Algunas aún más pequeñas. Pero en ese espacio infinitesimal encierran una estructura muy compleja y perfectamente organizada para sus funciones específicas de las que luego hablaremos. De ellas se saben muchas cosas, pero el fondo último que explique adecuadamente qué es la vida, qué es el principio vital que confiere a los seres materiales propiedades admirables que no tienen los seres inertes, eso se ignora y tal vez se ignorará siempre. 30

Por eso, es inútil intentar definir la vida. Lo único que podemos hacer es describir las operaciones que los seres vivos realizan y que no realizan los seres no vivos. Estas son, principalmente, la organización, la nutrición, el desarrollo, la reproducción y la trasmisión de información. Las explicamos brevemente. Supongamos, como quieren los mecanicistas, que los seres vivos no son sino máquinas muy complejas que se rigen solamente por las leyes físico-químicas, mecánicas, ¡los seres vivos son máquinas bien curiosas! Porque el ser vivo consta de muchísimas piezas, pero de tal manera integradas que forman una unidad muy superior a la de una máquina, un ser-para-sí; la prueba es que, si se estropea o se destruye una pieza, el ser vivo la repara o la reconstruye. Más aún, el ser vivo –al menos los pluricelulares- nace imperfecto, sin desarrollarse, pero asimila el aire, la luz, el agua, los alimentos y él mismo se autoforma, a veces de manera muy compleja desde el germen inicial, con frecuencia pequeñísimo, hasta alcanzar la plenitud, tras de la cual decae y muere. Más asombroso aún es el hecho de que estas «máquinas», los seres vivos, poseen la propiedad de reproducir otros semejantes a ellos mediante procesos complejísimos. Toda célula, en un momento dado, se divide por cariocinesis y da nacimiento a una nueva célula semejante a ella misma. De este fenómeno elemental deriva toda la increíble potencia generadora de los movimientos ulteriores de la vida y la posibilidad de una expansión indefinida que cubrirá la Tierra y que Teilhard llama biosfera. Cuando uno piensa que de la fusión de una célula masculina y una femenina, aparece el cuerpo animal de tan asombrosa complejidad que se calcula que, por ejemplo, el cuerpo humano posee un número de células de aproximadamente 6x1012, perfectamente ensambladas y organizadas en tejidos, miembros, órganos y sistemas, constitutivos de una admirable unidad, uno no puede menos de permanecer atónito ante el misterio de la vida y preguntarse qué principio último regula todas las actividades vitales.

Otra propiedad específica del ser vivo es la capacidad de recibir y transmitir información. El ser vivo no se confunde con la información, sino que es el sujeto que la recibe y la transmite. En los cromosomas del núcleo de las células germinales se encierra la clave teleonómica, el proyecto de estructura y funciones que un ser vivo transmitirá a sus «hijos» y según el cual, con toda precisión, se desarrollará el nuevo ser vivo. La célula naciente está informada, según un cierto código químico, del programa que debe ejecutar, y que ejecutará. Pero la transmisión de un mensaje y la ejecución de un programa no comportan su conocimiento. La célula no es consciente de lo que va a hacer. Y, sin embargo, en ella hay programado un sentido, una teleonomía que se realizará paso a paso 31
No nos es posible entrar aquí en descripciones, detalles y disputas sobre los procesos evolutivos de la vida, más propios de los tratados de Biología o Genética. Para nuestro intento, que es buscar la ruta de la evolución que nos conduce hasta el hombre, basta decir que hay azar en la evolución, pero un «azar dirigido». El régimen normal de la vida es la constancia y la invariancia reproductiva. Pero de vez en cuando se verifica una mutación genética inesperada, azarosa. Lo curioso es que, al organizar sistemáticamente todo el conjunto de los seres vivos, aparecidos en millones de años, se hace visible un orden admirable que zoólogos y antropólogos representan por «el árbol de la vida», en el cual hay un tronco bien determinado por el que sube la complejidad de los seres y, con ello, su «conciencia», es decir, sus propiedades cada vez más elevadas 32.

Los seres vivos, plantas y animales, suelen clasificarse, de lo más universal a lo más concreto, en reinos, tipos, clases, órdenes, familias, géneros, especies y razas. La unidad de base se considera que es la especie que, en el sentido biológico, es un conjunto de individuos que son fecundos entre sí y dan origen a una prole a su vez fecunda. Toda especie se perpetúa por generación biológica 33. Se calcula que han existido más de un millón de especies animales y más de 250.000 especies vegetales. Tenemos que prescindir del reino vegetal para fijarnos exclusivamente en el animal y seguirle hasta la frontera con el hombre.

Fuente: http://historiaybiografias.com/archivos_varios4/tabla_geologica.jpg

Parece que, desde la aparición de la célula viva, hace 3.000 millones de años aproximadamente, pasaron más de 2.000 millones de años hasta que los organismos unicelulares comenzaron a complicarse en formas pluricelulares. Los restos más antiguos que conocemos (medusas y especies arcaicas de anélidos) datan de hace 650 millones de años 34. En el período Cámbrico, (entre 600 y 500 millones de años), gracias a la progresiva adaptación al medio ambiente submarino, muchos animales submarinos desarrollan zonas córneas como conchas o esqueletos y aparecen los trilobites dotados ya de ojos, además de caracoles, braquiópodos con valvas y otros moluscos primitivos. En el período siguiente llamado Ordovícico, (500-450 millones de años) los invertebrados marinos se multiplican en una inmensa variedad de especies. Los primeros vertebrados, los peces, aparecen en el período Silúrico, (hacia 400 millones de años). Se llaman vertebrados porque tienen ya esqueleto. Entre el Devónico y el Carbonífero (350-300 millones de años) los vertebrados comienzan a arrastrarse y poder respirar fuera del agua. Son los anfibios. En el Carbonífero se forman ya los reptiles, primeros vertebrados terrestres. Entre el Pérmico y el Triásico pueblan la Tierra reptiles gigantes, algunos de los cuales (el Cynognathus y el Dimetrodon) serán los progenitores de los mamíferos. Pero, en esta época, invaden la Tierra los gigantescos dinosaurios que reinan en ella durante 140 millones de años y luego desaparecen sin que se sepa exactamente la causa. En el Jurásico (hace 150 millones de años) los reptiles logran conquistar el aire, progresivamente producen alas y se transforman en aves. Durante el Cretácico (hace 100 millones de años) los dinosaurios siguen poblando la Tierra y se desarrollan otros mamíferos provenientes de los reptiles. Tres rasgos caracterizan a los mamíferos: la lactación que les da nombre, la homeotermia o regulación interna de la temperatura y el ser vivíparos, es decir, que nacen muy pequeños y desprovistos de la protección del huevo. En el Terciario (70-50 millones de años) la Tierra se puebla de mamíferos de sangre caliente, defendidos del frío por una capa de pelo que además les permite adaptarse a una variedad de condiciones climáticas. Todavía en el Terciario aparecen los Primates, descendientes de una rama de mamíferos. El nombre que han recibido es significativo: Primates, los primeros. La evolución se encamina hacia el hombre. Se caracterizan por los siguientes rasgos propios: desarrollo del cerebro y consecutiva reducción del rostro, presencia del pulgar cuya punta puede tocar a los otros dedos, desarrollo de la vista estereoscópica, sustitución de las garras por uñas, localización pectoral de las mamas, conservación de la clavícula, presencia de dos huesos en la pierna y en el antebrazo, de cinco dedos en las manos y en los pies. Entre 70 y 40 millones de años no ha habido más que estos Primates primitivos, llamados también Prosimios.

A partir de 40 millones de años aparecen Primates más complejos que reciben el nombre de Simios. Se caracterizan por el aumento de la talla, la independencia de las fosas temporales, el retroceso de las órbitas del rostro lo que produce una mejora de la vista. En los Primates del Oligoceno, descubiertos en El Fayoum, junto a El Cairo, (35 a 25 millones de años) aparecen ya sujetos con 32 dientes, como tendrá el hombre. Algunos son los antepasados de los simios que conocemos hoy (Gibbons, Gorilas, Chimpancés, Orangutanes). ¿Son también antepasados de los homínidos o incluso del hombre? Probablemente sí.

De aquellos Primates del Oligoceno se han derivado en el Mioceno tres líneas distintas, Ramapithecos, Gigantopithecos y Oreopithecos que aparecen en muchos sitios de la Tierra. Los Oreopithecos dan muestra de que hace 15 millones de años ya habían logrado la marcha bípeda al menos ocasional, han desarrollado el cerebro, su dentadura tiene ya parecido con la dentadura humana. Los Ramapithecos (20-7 millones de años) tienen rasgos que anuncian ya los homínidos más tardíos: incisivos y caninos pequeños, mandíbulas redondeadas, molares y premolares planos y largos, apretados los unos contra los otros para poder masticar, frente alta y breve, etc. Acaso han sabido elegir guijarros útiles. En cualquier caso, la bipedestación permite la utilización de las manos como instrumentos aprehensores y útiles.

El período siguiente, el Plioceno, entre 6-5 millones de años y 1 millón, o acaso 800.000 años, es decisivo en el proceso de hominización. En África del Sur, Tanzania, Kenya, Etiopía, aparece el simio más cercano al hombre y su más probable antecesor: el Australopitheco. Era bípedo y parece que sabía tallar la piedra y los huesos.

Es probable que en ese tronco de Australopithecos sea donde aparece un género nuevo de seres antropomorfos, al que los paleoantropólogos ya llaman homo, hombre 35. Esto ha podido suceder en la sabana africana hace dos millones y medio o tres millones de años aproximadamente. Era de talla más grande, de postura más recta, con una dentadura omnívora, una mandíbula más reducida y, sobre todo, un cerebro mucho más grande que el de los Australopithecos 36. Generalmente se consideran tres especies de este género: homo habilis, homo erectus, y homo sapiens 37. Hay que advertir que Ios paleoantropólogos están entre sí muy divididos en lo que concierne a las cuestiones de clasificación y de nomenclatura, en lo que concierne a la cuestión del límite entre los Australopithecos y Homo, en lo que concierne a la conservación para el hombre de la clasificación zoológica llamada linneana (género, especie, subespecie). No es nada fácil determinar con restos a veces muy incompletos si pertenecían a homínidos o a hombres. De ahí las diversas teorías y las discusiones y, con frecuencia, la confusión. Aquí conservamos las denominaciones más utilizadas, pero convendrá tener en cuenta estas advertencias.

Se considera que el más antiguo es el homo habilis una especie que marca un progreso notable con respecto a los Australopithecos, progreso que le acerca al hombre, aunque numerosos especialistas no le reconocen como perteneciente al género homo, sobre todo porque se tienen muy pocos datos. Se han encontrado junto a sus restos, útiles variados pertenecientes a una vieja industria de piedra que recibe el nombre de Olduwayana por el yacimiento de Olduwai, en Tanzania. Era cazador y consumidor de carne. En niveles de 1,8 y 1,6 millones de años se encuentran estructuras elementales de viviendas.

Como especie tal vez distinta, aunque muy semejante, se encuentra el llamado homo erectus que vive en una edad aproximada de entre 1,6 millones de años hasta hace 100.000 y quizá hasta hace 40.000 ó 30.000 años. De estatura de 1,80 cms. amplia capacidad craneana, entre 800 y 1100 cm3, dieta de carnes y peces, canibalismo. Practica una cierta industria de hachas y utiliza el fuego para acorralar a sus presas y para preparar los alimentos. Construye chozas en las que habitan hasta doce individuos. Es discutible que tuviera prácticas rituales o funerarias. Lo que es seguro es que el homo erectus se ha extendido «rápidamente» por la Tierra, con rapidez a escala geológica, naturalmente. Aparece el homo erectus en China, en Java, en Africa oriental, en Argelia, en Marruecos, en España, en Alemania.

Pero todos estos individuos han acabado por desaparecer totalmente y han dado paso a la especie triunfante, al fin, del homo sapiens, a la cual pertenecemos todos los hombres y mujeres actuales 38. Es el rnonophyletismo o tronco común que admiten todos, antropólogos, biólogos, genetistas y filósofos. Todos los seres humanos actuales provenimos de un mismo phylum, cuyas características estudiaremos más adelante. Se supone que el homo sapiens apareció hace poco más de cien mil años. Se han dado subespecies del homo sapiens, como el homo sapiens neandertalensis, cuyos restos aparecieron primero en el Valle del Neander, cerca de Düsseldorf, en Alemania –de ahí su nombre– y que desapareció hace cuarenta mil años, por razones desconocidas. Este hombre entierra a los muertos, tiene ritos funerarios y otras prácticas religiosas, como depositar ofrendas o alimentos por la creencia en una vida póstuma, cultiva la medicina y la cirugía, e introduce innovaciones en el tallado de las piedras aunque todavía no produce obras de arte. En su fisiología tenía una estatura entre 1,50 y 1,70 m., estaba provisto de una musculatura importante, de un tronco largo y fuerte y de una capacidad craneal de 1.700 cm3. Tenía el cráneo generalmente alargado, frente baja, órbitas masivas y prominentes, prognatismo todavía pronunciado, ausencia ordinaria de fosas caninas, ausencia de mentón, dientes masivos sin cuello distinto entre corona y raíz. Por una parte, dan la impresión de una fase terminal de una subespecie. Por otra parecen anunciar el advenimiento de otra nueva y juvenil. En algunos ejemplares neandertaloides, como el hombre de Steinheim y sobre todo los hombres de Palestina, se advierten rasgos indicativos de un futuro hombre más perfecto: cabeza más redonda, órbitas menos salientes, fosas caninas mejor marcadas, mentón inicial. Parece prenunciarse un ser nuevo.

Hace 35.000 años, más o menos, aparece efectivamente una subespecie que será la que se instalará definitivamente en la Tierra para conquistarla y dominarla, el llamado homo sapiens sapiens. Hace su aparición en el Paleolítico superior, morfológicamente es idéntico al hombre actual. Amplia capacidad craneal que puede llegar hasta 2.260 cm3, lo que facilita el aprendizaje; flexibilidad de las manos de modo que puede establecerse una correlación y un «diálogo» entre cerebro y manos, frente elevada, órbitas reducidas, parietales abultados, mandíbula fina, mentón prominente, cerebro abombado. Aparecen entre ellos las razas negras, blancas y amarillas, al menos iniciales, y estos grupos ya están situados en las mismas zonas geográficas que ahora. Tiene tendencia a formar grupos familiares y étnicos, a la división del trabajo. En los Neandertales la llama de la inteligencia estaba absorbida por la exigencia de sobrevivir y reproducirse. En cambio, ahora el pensamiento se libera definitivamente. Aparece el mobiliario y sobre todo el arte parietal, un arte naturalista todavía pero muy perfecto, como puede observarse en la cueva de Altamira (España). Un arte que, a veces, tiene significación mágica y religiosa y que, en cualquier caso, muestra el gran sentido de observación de los artistas, el gusto de la fantasía, la alegría de crear. Un conjunto de aspiraciones que son las nuestras. El hombre todavía no es adulto –¡tampoco lo es ahora!– pero ha alcanzado la edad de la razón. Al final del Cuaternario, el hombre en lo somático está acabado. En Europa es la época del hombre de Cro-Magnon.

Es preciso repetir que las relaciones taxonómicas y filogenéticas entre los representantes más antiguos de nuestro propio género homo permanecen inseguras. Los avances en las técnicas de datación y evaluación de fósiles tendrán que mostrar aún muchos datos para proceder con seguridad en la reconstrucción del proceso de hominización. En el n°. de 11 junio de 1992, la revista Nature ponía de manifiesto cierta decepción causada por los estudios sobre genética molecular 39.

Antes de terminar este apartado parece que tenemos fundamento suficiente para concluir que, cualesquiera que hayan sido los mecanismos y las infinitas variantes de la evolución, una cosa es cierta: que tal como la conocemos ha sido un proceso de complejificación y de convergencia que ha tenido como último resultado el homo sapiens sapiens, en el cual aparece un cerebro con un poder de pensamiento de reflexión y de libertad no imaginables antes. Ervin Laszlo confiesa: «el conjunto de la formación de todas las especies de los últimos cuatro mil millones de años muestran una convergencia precisa hacia niveles superiores de organización» 40. Era también la tesis de Teilhard de Chardin. Querer explicar este hecho sin una teleología o causalidad final es cerrar los ojos a la luz. 41

 

  1. La discusión sobre cuál sea la realidad última de la materia está abierta. Se puede afirmar que hoy nadie lo sabe. La ruptura de las partículas, que se consideran últimas produce ¡partículas! El filósofo de la ciencia venezolano, Carlos Ulises Moulines, retó a los materialistas de esta manera tan sencilla: Dado que en las presentes circunstancias ni los físicos ni los filósofos de la ciencia son capaces de dar una noción precisa de lo que es la materia, ¿cómo se atreven a declararse materialistas? Escribe: «Si uno afirma "todo es materia" pero no tiene una idea razonablemente clara de qué es la materia, entonces se halla en una posición tan incómoda como la de alguien que afirmara "todos los que viven enfrente son ugrofineses" y no supiera qué son los ugrofineses», C.U. MOULINES, Exploraciones metacientíficas, Madrid 1982, 358.
  2. Cfr. F.J. AYALA, Estudios sobre la filosofía de la biología, Barcelona 1983.
  3. Cfr. NI. AGENO, L'origine Bella vira sulla Terra, Bologna 1971; JOHN C. ECCLES, The Human Mysterv, The Gifford Lectures, University of Edinburgh 1977-1978.
  4. Sobre el origen y la constitución de Ios seres vivos pueden verse los estudio de V. VILLAR, Origen de la vida, y R. MARGALEF, Las formas inferiores de vida, en M. CRUSAFONT, B. MELÉNDEZ, E. AGUIRRE (ed.) La Evolución, Madrid 21974, 180-196, 197-226. Una obra más moderna es B. VOLLMERT, La molécula y la vida, Barcelona 1988, con opiniones menos exactas cuando entra en el campo de la Filosofía y la Teología.
  5. Una descripción sintética y completa de Ios procesos de transmisión y recepción del código genético se encontrará en J. CHOZA, Manual de Antropología Filosófica, Madrid 1988, 58-70.
  6. Muchos biólogos admiten el azar en la aparición de mutaciones genéticas. A nivel molecular consisten en alteraciones de la molécula del DNA por cambio de puesto de uno o más nucleótidos. Algunos biólogos niegan que esas mutaciones sean del todo casuales porque admiten leyes preferenciales que, entre las diversas mutaciones posibles, eligen las que son favorables al perfeccionamiento del viviente. El matemático Luigi Fantappié, partiendo de una investigación epistemológica de los presupuestos de la Física moderna proponía la introducción en la ciencia de un principio de finalidad. Cfr. L. FANTAPPIÉ, Sull'interpretazione dei potenziali anticipad della meccanica ondulatoria e su un principio de finalitá che ne discede, cit. en S. ARCIDIACONO, Genetica ed evoluzione, Cittá di Vita, 40/4 (1985), 435. Por su parte E. Agazzi refuta como dogmático el casualismo mecanicista darwinista, en cuanto que la casualidad sola no explica nada, lbid. 437.
  7. Sobre el concepto de especie y la taxonomía de los seres vivos puede consultarse R. ALVARADO, La especie biológica y la jerarquía taxonómica, en M. CRUSAFONT, B. MELÉNDEZ, E. AGUIRRE, (ed.) La Evolución, Madrid 21974, 497-537.
  8. Seguimos los datos básicos del libro editado por el Museo del hombre de Paris, bajo la dirección de Y. COPPENS, Origines de 1'honmie, Paris 1976.
  9. Los antropólogos se limitan, y deben limitarse, a describir los datos morfológicos de las especies. Intentar describir las actuaciones de determinadas especies fósiles siempre es arriesgado porque los datos, con frecuencia, son problemáticos. Mucho menos deben intentar dar una explicación completa del hombre. Ése es el cometido de la Filosofía.
  10. Una descripción detallada, aunque sólo aproximativa, del género Homo puede encontrarse en E. AGUIRRE, Documentación fósil de la evolución humana, en M. CRUSAFONT, B. MELÉNDEZ, E. AGUIRRE, (ed.) La evolución, Madrid 21974, 683-684.
  11. Mantenemos esta división aunque parece más probable que más que de especies diversas se deba hablar de una única especie «homo» en proceso evolutivo ascendente. Cfr. Apéndice al final del libro. En los últimos años, se habla de homo africanos, horno robustus, horno boisei, homo sapiens. Los antropólogos se enfrentan ante no pocos enigmas al tratar de interpretar fósiles recién descubiertos, ¿eran hombres?, ¿eran homínidos? Algunos proponen un antepasado común a esas especies que sería el homo gfarensis del que se derivarían las especies de habilis-erectus-sapiens, robustos, africanos, boisei y lo habrían hecho en el plazo relativamente breve de unos trescientos mil a quinientos mil años. Pero no podemos entrar en estas disquisiciones, cfi•. E. LASZLO, Evolución. La gran síntesis, Madrid 1988, 86-89. Otros piensan que más que de homo africanos, afariensis, robustos, etc., se debería hablar de australopithecus crfariensis, etc...
  12. Algunos paleoantropólogos admiten la existencia de una especie llamada Homo pre-sapiens que habría vivido desde hace 300.000 años o acaso 700.000. En los últimos años se ha descubierto el llamado Homo ergaster, en Kenia, remoto progenitor probable del Horno sapiens. Entre los dos estaría el Homo antecessor, descubierto (1997) en la sierra de Atapuerca (Burgos). Vivió hace 600.000 años.
  13. Cfr. N. GOLDMAN y N. H. BARTON, Genétics and Geography, Nature 357 (1992), 440-441, cit. en E. MUÑOZ, Aspectos de la Biología actual, Arbor 143 (diciembre 1992), 9-43.

  14. E. LASZLO, Evolución. La gran síntesis. Madrid 1988, 77-78.

  15. También la bibliografía sobre el tema de la antropogénesis es amplísima. Pueden verse como obras últimas además de las ya citadas, A. MOYA, Sobre la estructura de la Teoría de la evolución, Barcelona 1989; M. CADEVALL 1 SOLER, La estructura de la Teoría de la evolución, Barcelona 1988; F. CORDÓN, La evolución conjunta de los animales y su medio, Barcelona 1982. En ellas se encontrarán referencias o elencos bibliográficos. Sin embargo, hay que advertir que los naturalistas estudian Ios datos de la evolución de manera puramente empírica y analítica sin buscar una síntesis más general de la realidad, ni plantearse las últimas preguntas filosóficas que van implícitas en los hechos empíricos. El científico que hizo esa síntesis y respondió a estas preguntas fue Pierre Teilhard de Chardin, sobre todo en E/, fenómeno humano y en El grupo zoológico humano. Muchos otros hacen, a lo más, una metodología de la ciencia inspirados en Popper, Kuhn, Lakatos, van Fraasen, Suppe. Ayala, Dobzhansky. Willians y muchos otros, casi siempre del área anglo-sajona. Son recomendables los libros de E. MAYR, Histoire de la biologie. Paris 1993; D. BUICAN, La révolution de l'évolution, Paris 1989; M. BLANC. Les héritiers de Darwin, Paris 1990.

C. VALVERDE: "Antropología Filosófica" EDICEP. México-Santo Domingo

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