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2026 Tiempo de elecciones

En tiempo de elecciones conviene estar especialmente prevenidos… para evitar tener que lamentar posteriormente nuestra decisión política actual.

Para algunos dedicarse a “prestidigitar” resulta más rentable que dedicarse a transformar.

Presentar la realidad política ante la opinión pública lo más negra y lúgubre posible, más por lo que parece que por lo que es... ahí está el engaño, a esa ficción se ha dedicado la derecha y la ultradercha a lo largo de esta última legislatura.

  • Función «ideológica» ejercida por el «sistema»: su papel en la conformación de la mentalidad colectiva.
  • A la hora de elegir, el PROGRAMA es fundamental, pero el FACTOR HUMANO es clave. Para que la política sea creíble los políticos han de ser también creíbles
  • El ciudadano de a pie tiene que «afinar» mucho más a la hora de elegir a sus representantes políticos...

Hace 2500 años en su diseño de la sociedad "ideal" Platón aspiraba a construir una sociedad de ciudadanos felices, una sociedad educada y formada. Una sociedad orientada, dirigida y gobernada no por ciudadanos mediocres, sino por los mejores. Los ciudadanos serán felices si son gobernados por las personas más «sabias» y «justas». En aquella sociedad los «jefes políticos» deben ser los mejores, los más preparados. Lo que define a un "buen gobernante" no es su función, sino sus cualidades: aquellos que han sido capaces de entrever las virtualidades del bien común. Son sus virtudes morales las que deben regir el alma de los buenos gobernantes, para evitar que los mismos se desvíen y sean sometidos por bajas pasiones que los lleven a ser malos dirigentes ( -ver aquí- ).

La «política» no puede convertirse hoy en un circo mediático o un bochornoso espectáculo televisado, la «política» no puede quedar reducida a una incesante carrera para llegar al «poder», una carrera de asalto al «poder» a costa de lo que sea… En esta legislatura la principal aportación de la derecha política en España ha sido la creación de un peligroso «relato»: pretender imponer a la población una determinada percepción de la realidad política. En España, la política ya no necesita cambiar la realidad: le basta con pintarla de otro color.

  1. Ni la izquierda muestra todavía suficiente “madurez” para gobernar, no tanto por su vertiente "social", sino por su flanco "antropológioco", no por su concepción "social", su esfuerzo por la justicia social, la equidad, la igualdad de oportunidades, etc. sino por su déficit en su concepción de la dimensión "antropológica", más autodenominándose una parte de ella "verde" y "ecologista"... por estar para este s. XXI antropológicamente realmente "verde", por su inmadurez antropológica, por su cortedad y "miopía" antropológica y radicalidad básicamente "materialista". ¡Así no se puede ir por el mundo en este s. XXI, por muchos ropajes de progresismo con que se recubran! Arrastran una mochila muy negra, tienen un déficit muy acusado en su concepción "antropológica" manifiestamente mejorable. Y ello supone un grave lastre en sus políticas públicas al respecto al operar con una paupérrima concepción del ser humano, reducida y reduccionista (en relación, por ejemplo, al fomento de la dimensión trascendente del ser humano en la escuela, sus posiciones antropológicamente trasnochadas respecto al derecho a la vida del que está por nacer (aborto), respecto al fomento de la natalidad y apoyo a la maternidad, especialmente a la más vulnerable, feminismo radical, etc.)... en todo ello han de evolucionar y mejorar, no plegándose a las "perversidades" inconfesables que subrepticiamente nos impone un «sistema» despiadado y cruel especialmente con los más débiles.

    Acabar con la vida de un ser humano inocente en el vientre materno, matar a un ser humano en gestación, ¿consagrado en la constitución española en flagrante contradicción con el art 1. De los DD.HH. y el at. 15 de la Constitución española por mucha interpretación “política” interesada que se haga del mismo? ¿Es que Sánchez, deseperado en los últimos tiempos por el acecho de los datos demoscópicos, se ha tirado al monte? ¡Sánchez, con ABORTO no hay VOTO!, mientras no implementes políticas públicas alternativas al aborto a fin de superar la grave lacra social que supone un sistema abortista para una conciencia no narcotizada, plegándose a los dictados de las más perversas tesis del neoliberalismo: "Si el que viene no te va bien, deshazte de él, acaba con él, mátalo..." ¿mayor crueldad y perversidad? ¿mayor regresión civilizatoria? (- ver aquí -)

    Pretender "vender" el asesinato de un ser humano en el vientre materno como un «avance social» y un «progreso» es un grave insulto a una inteligencia no domesticada y a una conciencia no narcotizada. ¿Este es el gran «avance social», el gran «progreso» que una pseudo-izquierda antropológicamente echada al monte, servil y obediente a los inconfesables intereses que el «sistema», con su complicidad nihilista, pretende inocular en la mentalidad colectiva, en la conciencia de la ciudadanía? No, así no vamos por buen camino. Otro tipo de «progreso» es posible: un «progreso» diferente al que pretende abocarnos el vacuo y nihilista progreso de una pseudo-izquierda necesitada de un aggiornamento antropológico. El camino a seguir es otro: optar por un verdadero «progreso» que realmente avance hacia una sociedad auténticamente «humanizada» y «humanizante» y se convierta así en un verdadero progreso «civilizatorio».
  2. Ni la derecha ni la ultraderecha aptas tampoco para gobernar, mientras no aporten algo más positivo a lo aportado en esta legislatura, mientras no ofrezcan un proyecto de país de progreso social y humano, inclusivo y no excluyente, no uniformizante y respetuoso con los diferentes ritmos de desarrollo de la personalidad de cada uno de los pueblos de España, no clasista y verdadero defensor no solamente de los "grandes", sino de los más desfavorecidos. Cohesión territorial no uniformizante sí, pero siempre con respeto a la pluralidad y diversidad. territorial y social.
  3. Lo que está en juego no es solo quién gobierna, sino si España avanza en derechos y hacia un verdadero progreso o retrocede en protección social, igualdad, memoria democrática, etc. Gobernar no es únicamente sumar escaños, sino decidir qué tipo de sociedad se construye. Y en esto, a diferencia de la sociedad ideada por Platón, las aspiraciones de los partidos políticos hoy son realmente pobres.

En esta ocasión nos centramos fundamentalmente en el análisis del comportamiento de las derechas en esta última legislatura.

  • La derecha: Todo por los españoles (pero no ahora… sino cuando gobernemos nosotros)
  • La ultraderecha: Arriba España. Todos firmes.
  • La socialdemocracia: Quiero, pero no puedo…
  • La izquierda: Todos juntos..., podremos.

Para algunos dedicarse a “prestidigitar” al personal resulta más rentable que dedicarse a "transformar" la realidad. A eso básicamente se han dedicado derecha y ultraderecha a lo largo de esta leislatura. En los tiempos actuales la “percepción” que la ciudadanía tiene de la realidad se ha convertido en el arma más poderosa de la política. Hoy la percepción de la realidad se ha convertido en un “bien político” al alza y a ello se dedican con esmero los grandes partidos. En España, la política ya no necesita cambiar la realidad: le basta con pintarla del color que interese y presentarla así a la ciudadanía. La percepción de la realidad que se consigue implantar en la mentalidad colectiva da un rédito político incalculable. Así, la creación de esa “percepción” a implantar entre la ciudadanía se "crea" y se "fabrica". Se elabora cuidadosamente, se orienta convenientemente, se vende y se intenta implantar entre la población como un producto más, con la finalidad de sacarle el mayor rédito político posible. La investigación en asesoría política tiene claro que el ciudadano medio ya no exige soluciones: se conforma con un «relato» que le dé la razón. Según ello, para obtener un buen rédito político se trataría de prestidigitar y “lobotomizar” la mente del mayor número posible de españolitos que componen el cuerpo electoral y de cara a unas próximas elecciones orientarlos en una determinada dirección … Y a eso se han dedicado algunos en estos últimos años en cuerpo y alma, y en eso están… La verdad no es lo que más importa, lo que de verdad importa es la apariencia, presentar la realidad más por lo que parece que por lo que es... ahí está el engaño, pero eso es lo que mola, aunque no se ajuste demasiado a la verdad o a la realidad objetiva.

Y esa es la «comedia» que en España hemos estado contemplando en la escena política en esta última legislatura. Comedia representada e interpretada sobre todo por figurantes de una oposición que, tras haber ganado en escaños las últimas elecciones generales, no pudo formar gobierno por falta de apoyos parlamentarios, y en su marco mental no aceptó la formación del nuevo gobierno progresista considerándolo poco menos que implícitamente ilegítimo… En España tenemos una derecha y una ultraderecha que desde el minuto uno de la legislatura se han dedicado a construir un «relato» para presentar al gran público, compuesto por un tapiz lo más negro, sombrío y lúgubre y despiadado posible sobre la acción del gobierno progresista, partiendo en su marco mental de una premisa básica: considerar a este gobierno ilegítimo y “okupa”, es decir, que ha “okupado” el poder indebidamente, sin corresponderle…

Diseñando y difundiendo el «relato»

Y lo que los españoles nos hemos encontrado a lo largo de la legislatura por parte de algunos partidos políticos más que otros, ha sido: «relato», «relato», «relato»... Partiendo de la premisa que el gobierno era ilegítimo y "okupa", las derechas han ido construyendo «su relato».  A lo largo de la legislatura no han tenido mayor “pre-ocupación” y no han hecho nada más provechoso que emplear sus mejores energías en construir y difundir ese «relato» negativo del gobierno progresista y oponiéndose a todo, en lugar de contribuir con propuestas positivas alternativas a la mejora de los problemas de la población… otros al menos además de «relato», han intentado mejorar mínimamente el bienestar de los ciudadanos...

Un «relato» cuyo guion la oposición de derechas empezó a escribirlo desde el primer día de la legislatura y que desde el primer momento han estado difundiendo a largo y ancho del país, rociando constante y machaconamente la mente de los españoles con la inestimable colaboración de sus terminales mediáticas, entre las que lamentablemente y bochornosamente figuran los medios de comunicación de la iglesia católica que, lejos de ser imparciales y más plurales, sin rubor coquetean execesivamente con ella (no olvidemos que estas no son sino grupos de interés y de presión), intentando trasladar e instalar en la opinión pública la imagen diseñada en sus “laboratorios” ideológicos, una imagen sórdida, lúgubre, negra, funesta del clima político general y  del gobierno, especialmente de su presidente, de su entorno y de su acción política, con una estrategia discursiva y la práctica de una oposición “destructiva, faltona y basada en la crispación".

Nos hallamos pues en la última fase del lavado de cerebro practicado por la oposición de derechas a lo largo de la legislatura, tratando de instalar en la opinión pública un determinado marco mental e imponer una determinada percepción de la realidad sobre la ilegitimidad del nuevo gobierno y poniendo en práctica su actitud obstruccionista, negándose a prestarse a cualquier tipo de colaboración positiva con el mismo (en eso ha consistido la "gran aportación" y la “noble” tarea a la que se han dedicado las derechas a lo largo de la legislatura)… Nos encontramos, pues, en el último acto de una larga representación teatral que tendrá su desenlace final con las elecciones generales del 29-N...

Hoy en nuestra vida pública pululan por doquier engreídos personajillos paseándose por los diversos medios, lanzando mensajes y slogans, empeñados en persuadir a la población con la finalidad de conseguir determinado rédito político. Personajillos que, con sus trampas dialécticas y manipulando el lenguaje, pretenden atraer nuestra atención con la intención de embelesarnos y embaucarnos, yendo a la caza del voto cautivo. Como lluvia fina, van lanzando e inoculando sus mensajes para ver si calan al menos entre la parte más frágil de la opinión pública. Algunos destacan especialmente por su mordaz lengua viperina, aunque en tiempo de elecciones se muestran más cautos, dóciles, cercanos y persuasivos, revistiéndose como lobos con piel de cordero.

Lo importante es conseguir el objetivo, (el "quítate tú, para que me ponga yo") no importa a través de qué medios. Para ello algunos estarían dispuestos a aliarse hasta con el diablo si fuera preciso. Para ello, si es necesario tergiversarán la verdad, crearán realidades paralelas, construirán «relatos» ficticios, criminalizarán procesos políticos, negarán la realidad, manipularán el lenguaje, mentirán, insultarán, difamarán, deshumanizarán al adversario….

Manipulando masas...

Los medios de comunicación no sólo determinan los inputs que recibe el ciudadano medio, sino también la forma de operar con ellos, los valores, las ideologías y las percepciones subjetivas que interesan, generando en el receptor de esos mensajes simpatías y antipatías hacia unos u otros.

¿Pero cómo se consigue implantar ese «marco mental» … y que penetre sigilosamente en nuestras conciencias?  A través de un sinfín de mecanismos y técnicas de manipulación, todos ellos desempeñan un importante papel en manipulación de las masas: la manipulación del lenguaje, el control de los medios de comunicación de masas, a través de la distorsión de la realidad, el control de la información, las estrategias comunicativas privilegiando unos temas en detrimento de otros, la utilización interesado de creadores de opinión para decantar la opinión pública en un determinado sentido, etc... Son instrumentos que permiten, con todos los conocimientos desarrollados en psicología de masas e ingeniería social, el control de las mayorías sociales.

  • La manipulación a través de las redes sociales y los medios de comunicación. Los medios que se tienen hoy para llagar a penetrar las mentes ajenas son de una potencia inédita, y es posible ir decantando la opinión mayoritaria de la población en un determinado sentido en aquellas cuestiones que interesan al emisor. A esa estrategia contribuyen los bulos difundidos en las redes sociales, donde determinados propagandistas convierten sucesos aislados en supuestas pruebas contra comunidades enteras. Los algoritmos refuerzan prejuicios, multiplican mensajes alarmistas y encierran a los usuarios en burbujas ideológicas. La mentira repetida no se convierte en verdad, aunque consiga millones de visualizaciones. Cuando la desinformación se utiliza deliberadamente para enfrentar a la población, deja de ser una simple irresponsabilidad comunicativa y se convierte en un problema democrático.
  • La manipulación del lenguaje. La manipulación lingüística constituye una técnica central del adoctrinamiento de masas.  La perversión o tergiversación del lenguaje forma parte de este intento de manipulación de las masas.  En el marco de la intensa polarización política en España y formando parte de ese «relato funesto y lúgubre», en construcción permanente a lo largo de la legislatura, los principales partidos de la oposición de derechas (Partido Popular y Vox) no se han ahorrado una amplia variedad de descalificaciones, términos críticos y apelativos directos tanto a la coalición de gobierno progresista como a la figura del presidente, Pedro Sánchez: Okupa", "Felón" y "Traidor", "Ilegítimo" o "Gobierno Frankenstein", "Cómplice de un golpe de Estado", "Deriva autoritaria" y "Dictadura", "Asalto institucional" o "Abuso de poder", "Mentiroso compulsivo", "Autócrata" o "Caudillo"…

    Utilizar un cierto lenguaje sobre determinados asuntos “sensibles”(p. e. memoria democrática) en el imaginario colectivo implica una falta de sensibilidad hacia la memoria histórica y hacia las familias que aún buscan a sus seres queridos. O cuando un líder político insinúa que un presidente podría “alterar unas elecciones” no está lanzando una crítica más: está erosionando la confianza en el sistema democrático. Y eso tiene consecuencias. Porque cuando la ciudadanía deja de creer en las reglas del juego, lo que crece no es la alternativa política, sino la desafección, la polarización y el riesgo de fractura social.

  • La sutil manipulación de la mentalidad colectiva. El «sistema» mediante sus mecanismos y medios de manipulación y seducción abduce la mente de las masas. ¿Cómo han procedido las derechas en esta legislatura? Primero en nuestros laboratorios ideológicos diseñamos un "relato" claro y conciso: 1. El "sanchismo" es una perversidad para España. 2. Hay, pues, que derribar al "sancchismo". 3. "Quítate tú, para que me ponga yo". Posteriormente pasamos a difundir el mensaje entre la población, con la ayuda inestimable de nuestras terminales mediáticas y el apoyo de los "grupos de interés" que las sostienen. Así el «marco mental» a difundir se va imponiendo y penetrando en nuestras conciencias, imponiendo el predominio de una serie de valores que con el tiempo pasan a formar parte del ambiente psico-sociológico que respiramos. Ese «marco mental» nos penetra de modo indirecto, sin apenas darnos cuenta. Esa mentalidad va penetrando sigilosamente en nuestras mentes y con el tiempo va impregnando nuestras conciencias.

La acción del gobierno

A pesar de esa feroz y en términos prácticos y tangibles holgazana oposición, por parte del gobierno progresista se han construido avances significativos que han supuesto un paso importante en la protección social, permitiendo que miles de familias tengan acceso a lo esencial, medidas que han abierto la puerta a una mayor igualdad de oportunidades.

En este contexto, es imprescindible recordar de dónde venimos. Hubo un tiempo, no tan lejano, en el que personas con escasos recursos se veían obligadas a dejar medicamentos en la farmacia porque no podían pagarlos, personas no podían pagar medicamentos básicos, dejando recetas en la farmacia por falta de recursos. Aquella imagen simboliza una etapa en la que las políticas públicas no protegieron suficientemente a quienes más lo necesitaban. Hoy, aunque queda mucho por hacer, esa realidad se ha mitigado. Es un recordatorio de lo que ocurre cuando el equilibrio entre eficiencia económica y justicia social se rompe.

Frente a ese pasado, se han construido avances significativos. El Ingreso Mínimo Vital ha supuesto un paso importante en la protección social, permitiendo que miles de familias tengan acceso a lo esencial. No se trata solo de ingresos: se trata de dignidad, de poder comer, de poder vivir con un mínimo de estabilidad. Y más aún, este tipo de medidas han abierto la puerta a algo fundamental: la igualdad de oportunidades. Hoy, gracias a políticas públicas, personas con menos recursos pueden acceder a servicions antes reservados en gran medida a quienes podían permitírselo; hoy es, o debería ser, un derecho accesible en función del mérito y no de la renta. Ese es uno de los pilares de una sociedad más justa. Todo esto ocurre mientras España presenta indicadores económicos sólidos, con avances en empleo, salarios y protección social. Medidas como el Ingreso Mínimo Vital, rechazado en su momento por PP y Vox, han permitido que miles de familias salgan de la exclusión más dura.

Sin embargo, estos avances no están garantizados para siempre. Los avances sociales —desde el acceso a la sanidad hasta la educación o la protección frente a la pobreza— no son irreversibles. Requieren compromiso político, voluntad institucional y una ciudadanía consciente de su importancia. Las políticas que priorizan la reducción del gasto social o cuestionan el papel redistributivo del Estado pueden revertir estos logros. En ese sentido, los pactos con fuerzas que han mostrado posiciones contrarias, cuando no, opuestas hacia estas medidas generan una incertidumbre legítima sobre su continuidad.

Porque en el fondo, una democracia sólida no se mide solo por su capacidad de formar gobiernos, sino por su compromiso con la dignidad humana, la memoria histórica y la igualdad real. En ese sentido, no se puede ignorar que determinadas posiciones políticas recuperan marcos ideológicos que evocan etapas oscuras de la historia de España, vinculadas al franquismo y a una concepción excluyente de la sociedad. Recordarlo no es abrir heridas, sino evitar que se repitan, y defender que el progreso democrático solo puede construirse desde la memoria, los derechos y el respeto a todos. ¿Qué oposición hemos visto a lo largo de la legislatura ahora concluida?

Aportación de la derecha a la legislatura

La cuestión no es únicamente quién gobierna, si las derechas o las izquierdas, sino qué políticas se aplican y qué valores las sostienen. En el sistema político de España, la oposición parlamentaria tiene encomendadas las funciones esenciales de control al Gobierno, fiscalización de la acción ejecutiva, representación de la alternativa política y canalización del pluralismo democrático, garantizando el correcto funcionamiento del equilibrio de poderes bajo la Constitución de 1978. No es casualidad: cuando no se gana en las urnas, se buscan otros terrenos para ahcer oposición. Frente a los tímidos, pero indudables avances del gobierno progresista, la derecha ha optado por una oposición frontal al gobierno que en demasiadas ocasiones ha rozado lo destructivo, no solamente en lo estrictamente político, sino embarcándose en una clara deshumanización y destrucción personal del presidente del gobierno. Han votado en contra de medidas sociales clave, han judicializado la política y han intentado trasladar la batalla institucional a los platós y a determinadas portadas.

En los últimos años, España ha vivido algo más que una confrontación política: ha sido escenario de una campaña constante de desgaste contra el Gobierno legítimo de Pedro Sánchez, que ha traspasado con frecuencia los límites de la crítica democrática para adentrarse en el terreno del acoso político, mediático y personal. No hablamos de oposición —necesaria en cualquier democracia sana—, sino de una estrategia basada en la deslegitimación permanente.

Desde que Sánchez logró formar gobierno tras el bloqueo político, las derechas ante la incapacidad de articular una mayoría se han esmerado en afinar y poner en marcha el “arma” del «relato». El «relato» del Partido Popular y Vox ha sido claro en su mensaje implícito: si no gobiernan ellos, el sistema falla, el país se hunde. Han cuestionado reiteradamente la legitimidad del Ejecutivo, han pedido elecciones de forma insistente y han alimentado la sospecha sobre el funcionamiento de las instituciones.

Como ya se ha indicado hemos visto una derecha que desde el principio de la legislatura todo su diseño y programa político ha consistido en inundar la mente del español medio con 4 slogans de “diseño” elaborados meticulosamente en sus laboratorios ideológicos de "propaganda" cuyo contenido confluye en el constructo ideológido de "derribar al sanchismo". Toda su política ha consistido en el acoso y derribo de un gobierno que considera ilegítimo, con el apoyo de unos "poderes fácticos" en la sombra, con la inestimable colaboración de grupos mediáticos afines y un sector importante del poder judicial, y también con el apoyo inestimable, y para un cristiano sonrojante, de los medios de comunicación eclesiales… intentando "lavar el cerebro" del personal con un "relato" de la situación política cuanto más negra y ficticia mejor, con la práctica de una oposición destructiva de todo cuanto provenía del gobierno progresista, dedicada exclusivamente a acorralar y al derribo del adversario, y focalizando su relato en la "deshumanización" del adversario político, pero sin presentar un programa explícito para España, o con un programa oculto que no se han atrevido a mostrar a los ciudadanos, haciendo una oposición al gobierno de tierra quemada, para nada constructiva a favor de los "españoles" a quienes dicen defender, con el lema de que "cuando nosotros lleguemos lo haremos mejor" pero que no han demostrado en su práctica histórica, (sus años de dominio político en la comunidad valenciana son un buen ejemplo de mala gestión y corrupción a raudales), intentando condicionar la opinión general con su "relato político"... y con una gran incógnita sobre su programa político real, qué piensa hacer con España, territorialmente, por ejemplo,  ¿continuar con una concepción uniformizante de una realidad española que es diversa y pluranacional?..

La ultraderecha

Vox representa el ala más extrema del arco parlamentario español. Sus propuestas y su discurso lo sitúan claramente en un espacio radical y extremo dentro de la derecha política. En España tenemos una ultraderecha radical y extrema: una ultraderecha incivilizada, destructiva, faltona, gritona, soez, de la cual hay que huir, de la que solo oímos exabruptos, descalificaciones, deshumanización del adversario político, que ha agotado las palabras del diccionario para descalificar al rival, con unos dirigentes que se reprimen para no acabar de echarse al monte, a la redención del diferente, a la conquista del impío, a la reconquista de España para devolvernos a la edad media… menos mal que para canalizar el rencor que contienen usan la palabra en lugar de la violencia física pura y dura, pervirtiendo y derechizando hasta el extremo un partido que originariamente nació como moderado, como alternativa constructiva, propositiva y positiva al bipartidismo de las últimas décadas, y bajo cuyo paraguas se refugian los sectores más radicales y extremos (algunos violentos) de la sociedad española. En sus filas se refugian nostálgicos del régimen anterior, con un tufo de querer retrotraernos a las esencias del franquismo, refugio de neofranquistas y demás corrientes predemocráticas, declaradamente antinacionalistas, racistas, destilando odio por sus poros… en su esencia con actitudes antievangélicas, anticristianas, etc. No podemos aceptar discursos excluyentes ni normalizar ideologías o terminologías que atentan contra el respeto de la dignidad humana. No, de esta derecha extrema trumpista y emponzoñadora del clima político hay que huir.

Además hoy existe un fenómeno que merece una reflexión: la utilización del cristianismo como elemento identitario dentro de determinadas estrategias políticas y culturales de sectores de la derecha radical contemporánea. Determinadas narrativas procedentes de la nueva ultraderecha están penetrando en ambientes y medios de comunicación cristianos y reinterpretando el propio cristianismo desde categorías profundamente ajenas al Evangelio. Estamos ante una manipulación política y espiritual del cristianismo. "La apelación a las raíces cristianas para justificar la pureza de raza, la exclusión, el odio o la violencia contra cualquier persona, y menos aún una 'cacería humana', es una perversión y una contradicción flagrante de los valores evangélicos". En ocasiones se pueden observar un conjunto de rasgos concomitantes con actitudes fascistoides: culto de la tradición, rechazo del pensamiento crítico, miedo a la diferencia, obsesión conspirativa, construcción permanente de enemigos, elitismo, culto al héroe, machismo, populismo antidemocrático y manipulación deliberado del lenguaje.

¿Caerán también bajo las garras de Vox algunos sectores adeptos a una concepción burguesa de la fe, sectores que se refugian en ella buscando tranquilidad, felicidad personal, identidad y consuelo, pero que evitan preguntarse por las estructuras sociales que producen víctimas? ¿Sectores religiosamente muy "practicantes" pero que guardan silencio sobre estructuras económicas que producen pobreza? ¿Sectores que pueden movilizarse alrededor de determinadas cuestiones sexuales pero que permanecen indiferente ante la precariedad laboral, los migrantes muertos en las fronteras, el racismo o la destrucción ecológica? ¿Se puede reivindicar la familia cristiana mientras se apoyan estructuras económicas que impiden a millones de jóvenes formar dignamente una familia? ¿Se puede proclamar la defensa de la vida mientras se permanece indiferente ante las vidas destruidas por la guerra, el hambre, la pobreza o la exclusión?

Además se está haciendo una instrumentalización política de la migración, utilizando a las personas como arma arrojadiza para obtener réditos electorales y generando un discurso populista que es falso y errático, convirtiéndoles en amenaza. No aceptan tratar con la misma dignidad a nacionales y extraños, no quieren libertad para todos, solo para quienes según ellos lo merecen. Son contrarios a la universalización de la dignidad: quieren libertad, pero sólo para algunos, para los “buenos”; quieren prosperidad, pero sólo para los nuestros, las cárceles continúan siendo muy necesarias sobre todo para los de fuera, los diferentes sexuales, raciales, culturales... En resumen, son aislacionistas, antinacionalistas, uniformistas, machistas, clasistas, xenófobos, racistas, retrógrados.

Resulta especialmente llamativo el contraste entre el discurso patriótico de Vox y sus políticas reales. Hablan constantemente de España, de bandera, de identidad… pero ¿dónde queda la gente en ese relato? Porque España no es un concepto abstracto: son sus ciudadanos. Son quienes necesitan atención sanitaria, educación pública, empleo digno y protección social.

Cuando la patria es un eslogan: la derecha olvida a la gente de a pié. Mientras se envuelven en la bandera, PP y Vox erosionan la confianza democrática y recortan derechos esenciales. Mucho ruido patriótico, pero demasiadas decisiones que dan la espalda a la ciudadanía. Reducir la patria a un símbolo mientras se recortan derechos es una contradicción difícil de sostener. No hay patria sin ciudadanos con derechos. No hay España fuerte si se debilita su sanidad pública, si se precariza la educación o si se abandona a quienes más lo necesitan.

Dado que el discurso de odio de la ultraderecha no puede prescindir del enemigo interior y exterior, se han fabricado nuevos adversarios. El enemigo interior ahora es la ideología woke y el exterior, la inmigración.

Tratamiento que da a la inmigración

Hay discursos políticos que se envuelven en banderas, invocan la seguridad nacional y aseguran defender nuestras raíces, pero que, cuando se enfrentan al sufrimiento humano, olvidan la lección humanitaria más elemental. Cuando Vox y otros sectores de la extrema derecha convierten al extranjero en un enemigo, no solo alimentan la xenofobia: ponen a prueba la coherencia moral de una sociedad. Discursos políticos como el de Vox hacen del extranjero una amenaza. Vox convierte al inmigrante en enemigo y alimenta el miedo como arma política, sin aceptar que detrás de las fronteras, los bulos y las disputas de poder, lo que está en juego es nuestra propia humanidad.

Ahora a diferencia de los años 40 el enemigo no es el judío, sino el inmigrante, especialmente si es musulmán. Para la ultraderecha, el inmigrante es una mercancía que se explota y desecha. Su presencia solo es tolerada mientras aporta beneficios. En el resto de los casos, se le rechaza con muros, barreras naturales y deportaciones masivas. Y el odio como caldo de cultivo: el odio no aparece espontáneamente. Se construye. Se incuba, se programa, se cultiva y finalmente se normaliza. Los medios de comunicación tienen una enorme responsabilidad en la difusión de la mentalidad ultraderechista.

Una cosa es debatir sobre políticas públicas y otra muy distinta atribuir colectivamente a los inmigrantes la delincuencia, la inseguridad o la degradación social. El miedo puede proporcionar réditos políticos inmediatos; no por ello constituye una respuesta justa ni eficaz. La adopción de discursos que vinculan inmigración con inseguridad o delincuencia simplifica de forma injusta una realidad compleja. Las personas migrantes no son cifras ni herramientas políticas: son seres humanos con derechos, muchas veces en situaciones de extrema vulnerabilidad. Convertirlas en objeto de confrontación política no solo distorsiona el debate, sino que contribuye a su deshumanización. Detrás de las cifras hay familias, trabajadores, jóvenes y niños que buscan seguridad y una vida digna. La convivencia no elimina todas las dificultades, pero permite abordarlas sin convertir a nadie en culpable por su procedencia.

La cuestión no consiste en elegir entre una política migratoria ordenada y la ausencia de normas. Consiste en decidir si queremos gestionar esta realidad desde la responsabilidad y la humanidad o desde la manipulación y el odio. Podemos combatir las mafias, exigir cooperación internacional y defender una integración efectiva sin enfrentar a la población de acogida con quienes llegan. Ser "humano", significa tener humanidad y ello implica la responsabilidad infinita e ineludible de respetar y cuidar la vida ajena.

La prioridad nacional, actitud anticristiana

La prioridad nacional es un eufemismo que encubre una filosofía racista y excluyente. En una formación política que defiende muestras raíces cristianas, la prioridad nacional de la que hoy habla la ultraderecha es profundamente anticristiana, pues la prioridad no es el vecino o la familia, sino el prójimo en su sentido más amplio. “El prójimo no es solo el que es de mi partido, no es el que es de mi país, no es el que es de mi lengua, ni siquiera es el que es de mi religión. El criterio evangélico está por encima de cualquier otra consideración y la Iglesia tiene el compromiso de estar cerca de unos y otros”. A Abascal solo le interesa la versión “cristofascista” del Evangelio.

La “prioridad nacional” de VOX y el PP comparte la filosofía trumpista del “America First”. Los españoles deben ser los primeros en recibir ayudas o servicios. Los inmigrantes siempre deben ir después y los ilegales únicamente pueden aspirar a servicios básicos, como una atención de urgencias por una emergencia vital, pero en ningún caso pueden ser beneficiarios del sistema de salud. Si alguno sufre un atropello, será atendido, pero si se le diagnostica una patología oncológica, no se le reconocerá el derecho a ser tratado por la sanidad pública.

Esta discriminación choca con las normas de la Unión Europea y la Constitución Española, y, por supuesto, es incompatible con el espíritu cristiano. Aunque Abascal y michos de los suyos  se declaren católicos y se den golpes en el pecho, la tradición judeocristiana siempre ha prescrito la hospitalidad con el extranjero.

La jerarquía eclesiástica española no ha dejado de destacar la “prioridad del Evangelio” frente a la “prioridad nacional”. La prioridad del cristiano es abrir las puertas al otro, compartir la mesa con él, poner el corazón al servicio del que huye de la pobreza o la guerra. Solo los que opinan que todos los seres humanos son iguales, pero hay algunos más iguales que otros pueden justificar la prioridad nacional, una medida política que vulnera uno de los principales signos de identidad de la tradición cristiana: la hospitalidad, la acogida, el amparo.  En perspectiva cristiana, cerrar la puerta a un extranjero no es un simple gesto de egoísmo o insolidaridad. Es cerrar la puerta a Dios, aunque a muchos cristianos les cueste trabajo comprenderlo. Una verdadera actitud cristiana nos impulsa a atender en sus necesidades básicas a quienes llegan a nuestra tierra, en muchos casos, “en condiciones extremas”. Quienes, como Vox, censuran este comportamiento, no hacen otra cosa que mostrar “su rostro más insolidario”.

La prioridad la marcan “las necesidades, no la nacionalidad y la raza”. Por eso, “da igual que sea español o no español”. Simplemente, se debe atender primero “al que sea más necesitado”. Esto es el corazón del Evangelio. Y en él se sustentan “la compasión, la empatía” y la defensa de la “dignidad de toda persona humana”. Se está a favor de promover en los lugares de origen una migración regulada “con un papel y un trabajo determinado”. Pero mientras sigan llegando cayucos, tendremos que seguir atendiendo a las personas que llegan.

Corrupción. Tampoco conviene no olvidar que quienes hoy se presentan como garantes de la limpieza política arrastran importantes casos de corrupción. Desde la trama Gürtel hasta el caso Bárcenas en el PP, o las investigaciones que han salpicado a figuras vinculadas a Vox, la realidad desmonta cualquier intento de superioridad moral.

Pacto de derechas y consecuencias

En democracia, alcanzar acuerdos es legítimo y, a menudo, necesario. Sin embargo, no todos los pactos tienen el mismo valor ni las mismas consecuencias. Cuando la gobernabilidad se convierte en un argumento para asumir discursos y políticas que erosionan derechos fundamentales, conviene detenerse y analizar el alcance real de esas decisiones.

La gobernabilidad no puede convertirse en un fin en sí mismo si el precio es el retroceso en derechos, la erosión de la memoria democrática o el debilitamiento de la igualdad de oportunidades.

Los hechos. Allí donde gobiernan PP y Vox, ya sea en comunidades autónomas o ayuntamientos, se ha visto un patrón preocupante: recortes en servicios públicos, retrocesos en igualdad y abandono de políticas sociales y regresión cultural como la practicada por PP-Vox en la comunidad valenciana con todo lo que olía a reconstrucción “nacional” del país valenciano (recastellanizar el país, la educación, eliminar toda subvención a entidades culturales, dicen ellos, “catalanistas”, teledirigir los medios de comunicación autonómicos…. En Galicia, durante años de gobierno de Feijóo, se redujeron significativamente partidas esenciales como las destinadas al desarrollo rural, afectando a servicios básicos y acelerando la despoblación.

En otros territorios, los acuerdos entre PP y Vox han supuesto la eliminación de medidas contra el cambio climático, el recorte del apoyo institucional al colectivo LGTBI+ y el debilitamiento de políticas contra la violencia de género. Todo ello acompañado, en algunos casos, de discursos que criminalizan la inmigración y fomentan el rechazo al diferente.

Lo que está en juego no es solo quién gobierna, sino si España avanza en derechos y protección de los más débiles y necesitados o retrocede en igualdad y memoria democrática.

Gobernar no es únicamente sumar escaños, sino decidir qué modelo de sociedad se construye. Y en los territorios donde estas alianzas se han materializado, empiezan a observarse señales preocupantes: debilitamiento de servicios públicos, cuestionamiento de políticas de igualdad y una reorientación del gasto que afecta directamente a los sectores más vulnerables.

¿Qué modelo de país defender?

El Gobierno actual no ha sido perfecto, sus avances tienen que continuar. Quedan retos importantes: el acceso a la vivienda, la mejora de los servicios públicos, la derogación de leyes restrictivas o el refuerzo de derechos laborales. Pero una cosa es exigir más —legítimo— y otra muy distinta es dinamitar la confianza en el sistema para obtener rédito político.

La democracia no consiste en aceptar los resultados solo cuando son favorables. Consiste en respetar las reglas siempre, incluso cuando no se gana. Y ahí es donde la derecha española parece haber cruzado una línea peligrosa.

Cada avance en derechos y servicios no es una abstracción: es una mejora concreta en la vida de las personas. Y también por eso preocupa ver cómo se construye un discurso que prioriza el enfrentamiento sobre el bienestar común. La verdadera política no consiste en la acumulación desmedida de riqueza, la entrega de privilegios al propio clan ni el ejercicio ciego del poder, sino en la búsqueda incansable del bién común. Solo cuando el liderazgo se orienta hacia la justicia, la verdad y la dignidad humana, es posible construir una sociedad justa y sembrar una paz auténtica entre los pueblos.

Porque al final, la pregunta es: ¿qué modelo de país se defiende? Uno basado en el ruido, la confrontación y el retroceso, o uno que, con sus errores, apuesta por ampliar derechos y oportunidades.

España no necesita más gritos ni más sospechas. Necesita más democracia, más respeto institucional y más compromiso con la ciudadanía. Todo lo demás —por muy envuelto que esté en banderas— es, simplemente, otra cosa.

Apéndice para los que nos decimos cristianos

Por una política evangélica: amar y proteger al inmigrante, al huérfano y a Dios.

por Jesús Lozano Pino: Los que nos decimos cristianos
https://www.religiondigital.org/hacer_realidad_lo_posible-_jesus_lozano_pino/decimos-cristianos_132_1470766.html

Que quienes no se consideran creyentes ni seguidores de Jesús carezcan a veces de sensibilidad hacia los pobres, los descartados o los marginados del sistema, hasta cierto punto se entiende. Cada cual responde ante su propia conciencia y sus propios marcos éticos. Lo que resulta incomprensible —e inaceptable desde las entrañas del Evangelio— es la ceguera de quienes se llaman cristianos.

El amor a la manera de Jesús no es un sentimiento piadoso para consumir en la intimidad del templo. Es una praxis encarnada, un compromiso social y, sí, también una postura política en el sentido más noble y evangélico de la palabra.

¿Cómo ser cristiano y no entender esto? En vísperas de los decisivos comicios electorales de este próximo mes de noviembre en España, la tentación de la incoherencia se vuelve acuciante. Asistimos con perplejidad a discursos políticos que levantan banderas de "defensa de las raíces cristianas" mientras, al mismo tiempo, criminalizan al inmigrante que llega exhausto a nuestras costas, estigmatizan al vulnerado o proponen el desmantelamiento de las coberturas públicas para los más desfavorecidos.

Resulta alarmante constatar cómo no pocos creyentes compran y aplauden discursos de odio, insolidaridad o exclusión en nombre de una supuesta identidad confesional. ¿Qué fe es esa que pretende "proteger a Dios" encerrándolo en un dogma o en una estatua, mientras ignora al "Dios vivo" que clama en el huérfano, la viuda y el forastero?

Para la Biblia, Dios no habita en las trincheras del patriotismo excluyente. Dios habita en el clamor del desposeído. Proteger a Dios significa, indefectiblemente, proteger las carnes dolientes del pobre. Y cuando la política olvida este principio, se vuelve inhumana.

El voto y la coherencia del Evangelio. Los que nos decimos cristianos no podemos ir a las urnas en noviembre con la memoria anestesiada. La fe cristiana no dicta una papeleta única, pero sí impone límites morales infranqueables. Ninguna opción política que legitime la crueldad con los migrantes, la desprotección de los vulnerables o la codicia que ahoga a las familias más humilladas puede conciliarse con la praxis de Jesús de Nazaret.

Ante las urnas de este noviembre, la pregunta no es qué partido defenderá nuestros privilegios económicos o nuestras identidades culturales, ni quién sabrá instrumentalizar mejor la religión con fines partidistas. La pregunta genuinamente evangélica que determinará el juicio de la historia y de la fe es radicalmente otra: ¿qué política protegerá la dignidad del migrante, la vida del desamparado y el pan del necesitado? Amar a la manera de Jesús exige votar con el corazón puesto en Dios, las manos abiertas y la mirada fijada en el rostro del prójimo. Poner una papeleta que avale el desprecio a los vulnerables equivale a desmantelar la cruz; todo lo demás es fariseísmo y palabrería vacía.

Elaboración a partir de fuentes diversas

Ver también:

Hacia una sociedad más perfecta: el Esatdo ideal. La política y los políticos

Sobre la democracia imperfecta y la partitocracia

La clase política

Políticos corrosivos y democracia participativa

10 razones por las cuales Vox es de extrema derecha

Sobre la vida política en España: Cómo se “modela” la opinión pública + Profundizar en la «democracia»

Perfil del buen dirigente político


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